Cincuenta Sombras Liberadas
- Автор: Джеймс Эрика Леонард
- Серия: Cincuenta Sombras #3
- Год: 2012
- Язык: испанский
- Жанр: Романы для взрослых
Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
– Espero que hayas metido en la maleta las botas de senderismo -me dice con voz cariñosa.
– ¿No vamos a esquiar?
– Puede que eso resulte un poco difícil, dado que estamos en agosto -me explica divertido.
Oh, claro.
– ¿Sabes esquiar, Ana? -nos interrumpe Elliot.
– No.
Christian me suelta la rodilla y me coge la mano.
– Seguro que mi hermano pequeño puede enseñarte. -Elliot me guiña un ojo-. Es bastante rápido en las pendientes, también.
No puedo evitar sonrojarme. Miro a Christian, que está mirando a Elliot impasible, pero creo que es para no demostrar que le hace gracia. El avión empieza a moverse y se dirige hacia la pista de despegue.
Natalia nos explica las instrucciones de seguridad del avión con voz clara y resonante. Lleva una bonita camisa azul marino de manga corta, una falda lápiz a juego y el maquillaje impecable. Es muy guapa, sí. Mi subconsciente levanta una ceja perfectamente depilada dirigida a mí.
– ¿Estás bien? -me pregunta Kate-. Después de todo el asunto de Hyde, quiero decir.
Asiento. No quiero hablar de Hyde, ni siquiera pensar en él, pero Kate parece tener otros planes.
– ¿Y por qué se volvió majareta? -pregunta yendo directamente al grano con su inimitable estilo. Se aparta el pelo, preparándose para indagar más a fondo.
Mirándola con frialdad, Christian se encoge de hombros.
– Porque le despedí -dice directamente.
– ¿Ah, sí? ¿Y por qué? -Kate ladea la cabeza y veo que acaba de ponerse en modo señorita Marple.
– Porque me acosó sexualmente e intentó chantajearme -le digo con un hilo de voz. Intento darle una patada a Kate por debajo de la mesa, pero fallo. ¡Mierda!
– ¿Cuándo? -me pregunta Kate mirándome fijamente.
– Hace un tiempo.
– No me lo habías contado -me dice ofendida
Me encojo de hombros a modo de disculpa.
– No puede ser por eso… Su reacción ha sido demasiado extrema -prosigue Kate, pero ahora se dirige a Christian-. ¿Es mentalmente inestable? ¿Y qué pasa con la información que tenía de los miembros de la familia Grey? -Que esté interrogando a Christian de esta forma me está poniendo los pelos de punta, pero ya sabe que yo no sé nada y por eso no puede preguntarme a mí. Qué irritante.
– Creemos que hay alguna conexión con Detroit -dice Christian en voz baja. Demasiado baja.
Oh, no, Kate, por favor, déjalo estar por ahora…
– ¿Hyde también es de Detroit?
Christian asiente.
El avión acelera y yo le aprieto la mano a Christian. Él me mira tranquilizador. Sabe que odio los despegues y los aterrizajes. Me aprieta la mano y me acaricia los nudillos con el pulgar, algo que me calma.
– ¿Qué sabes tú de él? -pregunta Elliot, ajeno al hecho de que estamos dentro de un pequeño jet, acelerando en la pista y a punto de subir al cielo, e igualmente ajeno a la creciente exasperación que ya le ha creado Kate a Christian. Kate se inclina hacia delante para escuchar con toda su atención.
– Os cuento esto extraoficialmente… -dice Christian dirigiéndose directamente a ella. La boca de Kate se convierte en una fina línea muy sutil. Yo trago saliva. Oh, mierda-. Sabemos poco sobre él -continúa Christian-. Su padre murió en una pelea en un bar. Su madre se ahogó en alcohol para olvidar. De pequeño no hizo más que entrar y salir de casas de acogida… Y meterse en problemas. Sobre todo robos de coches. Pasó un tiempo en un centro de menores. Su madre se rehabilitó con un programa de servicios sociales y Hyde volvió al buen camino. Al final consiguió una beca para Princeton.
– ¿Princeton? -Ha despertado la curiosidad de Kate.
– Sí, es un tío listo. -Christian se encoje de hombros.
– No será tan listo si le han pillado… -murmura Elliot.
– Pero seguro que no ha podido montar esto solo… -aventura Kate.
Noto que Christian se tensa a mi lado.
– Todavía no sabemos nada -responde en voz muy baja.
Maldita sea. ¿Puede que haya alguien más por ahí colaborando con él? Me giro y miro a Christian horrorizada. Él me aprieta la mano otra vez, pero no me mira a los ojos. El avión sube con suavidad y empieza a surcar el aire y yo noto esa horrible sensación en el estómago.
– ¿Qué edad tiene? -le pregunto a Christian, acercándome a él para que no nos oiga nadie. Por muchas ganas que tenga de saber lo que está pasando, no quiero animar a Kate a que siga haciendo preguntas porque sé que eso está poniendo nervioso a Christian. Además sé que él no le tiene mucha simpatía desde la noche que me arrastró al bar a tomar cócteles.
– Treinta y dos, ¿por qué?
– Curiosidad, nada más.
Veo tensión en la mandíbula de Christian.
– No quiero que tengas curiosidad por Hyde. Solo alégrate de que esté encerrado. -Es casi una reprimenda, pero decido ignorar su tono.
– ¿Crees que le estaba ayudando alguien? -La idea de que puede haber alguien más implicado me asusta. Significaría que esto no ha terminado.
– No lo sé -responde Christian y vuelvo a ver esa tensión en su mandíbula.
– Tal vez sea alguien que tenga algo contra ti -le sugiero. Demonios, espero que no sea la bruja-. Como Elena, por ejemplo -continúo en un susurro. Me doy cuenta de que he dicho su nombre un poco más alto, pero solo lo ha podido oír él; tras mirar nerviosamente a Kate, compruebo que está enfrascada en una conversación con Elliot, que parece enfadado con ella. Mmm…
– Estás deseando demonizarla, ¿eh? -Christian pone los ojos en blanco y niega con la cabeza disgustado-. Es cierto que tiene algo contra mí, pero ella no haría algo así. -Me atraviesa con su mirada fija y gris-. Y será mejor que no hablemos de ella. Sé que no es tu tema de conversación favorito.
– ¿Te has visto cara a cara con ella? -vuelvo a susurrarle, pero no estoy segura de querer saberlo.
– Ana, no he hablado con ella desde mi cumpleaños. Por favor, déjalo ya. No quiero hablar de ella. -Me coge la mano y me roza los nudillos con los labios. Sus ojos echan chispas, fijos en los míos, y veo que es mal momento para seguir con este tipo de preguntas.
– Buscaos una habitación, chicos -bromea Elliot-. Oh, es verdad, si ya la tenéis. Pero Christian no la ha necesitado hasta ahora.
Christian levanta la vista y fulmina a Elliot con una mirada gélida.
– Que te den, Elliot -le responde sin acritud.
– Tío, solo cuento las cosas como son. -Los ojos de Elliot brillan divertidos.
– Como si tú pudieras saberlo -murmura Christian irónicamente, arqueando una ceja.
Elliot sonríe, disfrutando del intercambio de bromas.
– Pero si te has casado con tu primera novia… -dice señalándome.
Oh, mierda. ¿Adónde quiere ir a parar con esto? Me sonrojo.
– ¿Y te parece raro, viéndola? -continúa Christian dándome otro beso en la mano.
– No -ríe Elliot y niega con la cabeza.
Me ruborizo más aún y Kate le da a Elliot un manotazo en el muslo.
– Deja de ser tan gilipollas -le regaña.
– Escucha a tu chica -le dice Christian a Elliot sonriendo. Parece que su turbación de antes ha desaparecido.
Se me destaponan los oídos cuando ganamos altitud y la tensión de la cabina se disipa cuando el avión se nivela. Kate mira a Elliot con el ceño fruncido. Mmm… ¿Les pasa algo? No estoy segura.
Elliot tiene razón, de todas formas. Me río para mí por la ironía. Es verdad que soy (era) la primera novia de Christian y que ahora soy su mujer. Las quince anteriores y la maldita señora Robinson… bueno, no cuentan. Pero es obvio que Elliot no sabe nada de ellas y que Kate no se lo ha contado. Le sonrío y ella me guiña el ojo cómplice. Mis secretos están a salvo con Kate.
– Bien, señoras y caballeros, vamos a volar a una altitud de unos diez mil metros aproximadamente y el tiempo estimado de duración de nuestro vuelo es de una hora y cincuenta y seis minutos -anuncia Stephan-. Ahora ya pueden moverse libremente por la cabina, si lo desean.