Cincuenta Sombras Liberadas
- Автор: Джеймс Эрика Леонард
- Серия: Cincuenta Sombras #3
- Год: 2012
- Язык: испанский
- Жанр: Романы для взрослых
Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
– ¿La señorita Kathie?
– Mi profesora de piano.
Suelto una risita.
– Me encanta ese sonido -me dice-. ¿Vamos a ver si hoy tenemos un día mejor?
– Vale -le digo-. ¿Qué quieres hacer?
– Después de hacerle el amor a mi mujer y que ella me prepare el desayuno, quiero llevarte a Aspen.
Le miro boquiabierta.
– ¿Aspen?
– Sí.
– ¿Aspen, Colorado?
– El mismo. A menos que lo hayan movido. Después de todo, pagaste veinticuatro mil dólares por la experiencia de pasar un fin de semana allí.
Le sonrío.
– Los pagué, pero era tu dinero.
– Nuestro dinero.
– Era solo tu dinero cuando hice la puja. -Pongo los ojos en blanco.
– Oh, señora Grey… Usted y su manía de poner los ojos en blanco -me susurra mientras su mano recorre mi muslo.
– ¿No hacen falta muchas horas para llegar a Colorado? -pregunto para distraerle.
– En jet no -dice dulcemente cuando su mano llega a mi culo.
Claro, mi marido tiene un jet, ¿cómo puedo haberlo olvidado? Su mano sigue ascendiendo por mi cuerpo, subiéndome el camisón en su camino, y pronto se me olvida todo.
Taylor nos lleva en coche hasta la pista de aterrizaje del aeropuerto de Seattle y después hasta el sitio justo donde nos espera el jet de Grey Enterprises Holdings, Inc. Es un día gris en Seattle, pero me niego a dejar que el tiempo me estropee el buen humor. Christian también está de mejor humor. Está entusiasmado por algo: se le ve tan ansioso como en Navidad y a punto de explotar, como un niño con un gran secreto. Me pregunto qué habrá preparado. Se le ve risueño con el pelo alborotado, la camiseta blanca y los vaqueros negros. Hoy no parece en absoluto el presidente de la empresa que es. Me coge la mano cuando Taylor se detiene al pie de la escalerilla del jet.
– Tengo una sorpresa para ti -me susurra y me da un beso en los nudillos.
Le sonrío.
– ¿Una sorpresa buena?
– Eso espero. -Me sonríe tiernamente.
Mmm, ¿qué puede ser?
Sawyer salta del asiento delantero y me abre la puerta. Taylor abre la de Christian y después saca nuestras maletas del maletero. Encontramos a Stephan al final de la escalerilla cuando entramos al avión. Miro al puente de mando y veo a la primera oficial Beighley accionando interruptores en el impresionante panel de mando.
Christian y Stephan se dan la mano.
– Buenos días, señor. -Stephan sonríe.
– Gracias por hacer esto avisándote con tan poca antelación. -Christian le responde también con una sonrisa-. ¿Han llegado nuestros invitados?
– Sí, señor.
¿Invitados? Me vuelvo y me quedo con la boca abierta. Kate, Elliot, Mia y Ethan me sonríen desde los asientos color crema. ¡Uau! Me vuelvo para mirar a Christian.
– ¡Sorpresa! -exclama.
– ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quién? -murmuro incoherente, intentando contener el placer y el júbilo que siento.
– Me has dicho que no ves a tus amigos todo lo que querrías. -Se encoge de hombros y me dedica una media sonrisa de disculpa.
– Oh, Christian, gracias. -Le rodeo el cuello con los brazos y le doy un buen beso delante de todos. Él me pone las manos en las caderas, engancha los pulgares en las trabillas para el cinturón de mis vaqueros y hace el beso más profundo.
Oh, madre mía…
– Sigue así y acabaré arrastrándote al dormitorio -me avisa Christian.
– No te atreverás -le susurro junto a los labios.
– Oh, Anastasia… -Sonríe y niega con la cabeza. Me suelta sin previo aviso, se agacha, me agarra los muslos y me levanta en el aire para colgarme después de uno de sus hombros.
– ¡Christian, bájame! -le digo dándole un azote en el culo.
Veo la sonrisa de Stephan un instante antes de que se vuelva para entrar en el puente de mando. Taylor está de pie en el umbral intentando ocultar su sonrisa. Ignorando mis súplicas y mis forcejeos, Christian cruza la estrecha cabina pasando junto a Ethan y Mia, que están sentados uno frente a otro, y después junto a Kate y Elliot, que está chillando como un mono enloquecido.
– Si me disculpáis -dice dirigiéndose a nuestros cuatro invitados-. Tengo que hablar de algo con mi mujer en privado.
– ¡Christian! -grito de nuevo-. ¡Bájame!
– Todo a su tiempo, nena.
Veo un segundo a Mia, Kate y Elliot riéndose. ¡Maldición! Esto no es divertido, es embarazoso. Ethan nos mira fijamente con la boca abierta y totalmente asombrado mientras desaparecemos por la puerta del dormitorio.
Christian cierra la puerta detrás de él, me suelta y me baja pegada a su cuerpo lentamente de forma que puedo sentir todos sus músculos y tendones. Me sonríe con esa sonrisa de adolescente, muy orgulloso de sí mismo.
– Menudo espectáculo, señor Grey. -Cruzo los brazos y le miro con fingida indignación.
– Ha sido divertido, señora Grey. -Su sonrisa se amplia. Oh, mi niño. Se le ve tan joven…
– ¿Y piensas seguir con esto? -le pregunto arqueando una ceja, no muy segura de cómo me hace sentir eso; los otros nos van a oír, por todos los santos… De repente me siento tímida. Miro nerviosa la cama y siento que me ruborizo al recordar nuestra noche de bodas. Hablamos tanto ayer e hicimos tantas cosas… Siento como si hubiera superado un obstáculo desconocido. Pero ese es precisamente el problema: que es desconocido. Mis ojos encuentran la intensa pero divertida mirada de Christian y no soy capaz de mantener la expresión seria. Su sonrisa es demasiado contagiosa.
– Creo que sería muy maleducado dejar a los invitados esperando -me dice dulcemente acercándose a mí. ¿Cuándo ha empezado a importarle lo que piense la gente? Doy un paso atrás y me encuentro con la pared del dormitorio. Me tiene aprisionada y el calor de su cuerpo me mantiene en el sitio. Se inclina y me acaricia la nariz con la suya.
– ¿Ha sido una sorpresa buena? -me pregunta con un punto de ansiedad en la voz.
– Oh, Christian, ha sido fantástica. -Le subo las manos por el pecho, las entrelazo en su nuca y le doy otro beso.
– ¿Cuándo has organizado esto? -le pregunto separándome de él y acariciándole el pelo.
– Anoche, cuando no podía dormir. Le escribí correos a Elliot y a Mia y aquí están.
– Ha sido muy considerado por tu parte. Gracias. Seguro que nos lo vamos a pasar bien.
– Eso espero. He pensado que sería más fácil evitar a la prensa en Aspen que en casa.
¡Los paparazzi! Claro, tiene razón. Si nos hubiéramos quedado en el Escala, tendríamos que estar encerrados. Un estremecimiento me recorre la espalda al recordar los disparos de las cámaras y los fogonazos de los flashes de los fotógrafos que Taylor ha conseguido esquivar esta mañana.
– Vamos. Será mejor que nos sentemos. Stephan va a despegar dentro de poco. -Me tiende la mano y los dos volvemos a la cabina.
Elliot nos vitorea al entrar.
– Eso sí que es un servicio aéreo rápido -bromea.
Christian le ignora.
– Señoras y caballeros, por favor, ocupen sus asientos porque en breves momentos vamos a comenzar la maniobra de despegue. -La voz de Stephan resuena, tranquila y autoritaria, a través de los altavoces de la cabina.
La mujer de pelo castaño (mmm… ¿Natalie?) que nos atendió durante el vuelo en nuestra noche de bodas aparece por el pasillo y recoge las tazas de café vacías. ¡Natalia! Se llama Natalia.
– Buenos días, señor y señora Grey -dice con voz melosa. ¿Por qué me hace sentir incómoda? Tal vez sea porque tiene el pelo castaño. Como él mismo ha reconocido, Christian no suele emplear a chicas castañas porque las encuentra atractivas. Christian le dedica a Natalia una sonrisa educada y se sienta frente a Elliot y Mia. Yo le doy un abrazo breve a Kate y a Mia y saludo con la mano a Ethan y a Elliot antes de sentarme al lado de Christian y abrocharme el cinturón. Él me pone la mano en la rodilla y me da un apretón cariñoso. Parece relajado y feliz aunque estamos con gente. Sin darme cuenta me pregunto por qué no puede ser siempre así, nada controlador.