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Un Puerto Seguro

Электронная книга - «Un Puerto Seguro». Краткое содержание книги:

Hannah Drake, una de las siete hijas de un linaje de extraordinarias mujeres, ha sido el escurridizo objeto de los afectos de Jonas Harrington desde que el hombre tiene memoria. Ojalá la despampanante súper-modelo se dejara llevar por otra pasión que no fuera su carrera. Pero Jonas no es el único que desea a Hannah.
Desde las sombras ha emergido una vengativa figura que acecha a la belleza con un espeluznante propósito: despojarla de todo cuanto es y destruirla. Sólo un hombre está destinado a ser su protector. Ahora Jonas deberá ayudar a la mujer que ama a salir del remolino de siniestra oscuridad que amenaza no sólo a Hannah, sino también a toda la familia Drake
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– ¿Perder tu empleo? -le sonrió-. No tendría que preocuparme porque te disparasen otra vez.

– Pero entonces moriríamos de hambre.

– Jonas, me ganaba bastante bien la vida y la mayor parte está en el banco o invertido en acciones muy seguras. No vamos a morirnos de hambre.

– Me das dolor de estómago. No quiero saber que tienes más dinero que yo.

Lo golpeó fuerte en las costillas.

– Eres un machista.

– Absolutamente. Te mantendré mientras te quedas en casa y crías a nuestros niños. No quiero a una desconocida criándolos. Y no los quiero yendo a la escuela a una edad aborrecible solamente porque sean listos. Los mantendremos en casa y cuidaremos nosotros de ellos.

– ¿Eso haremos?

La miró.

– Sí. A menos que tengas una idea mejor

– Esa era mi idea. Te la conté cuando tenía ocho años. Me ignoraste por esa horrible Sherrie Rider. Gracias a Dios que se mudó cuando tenía diez años. Eructaba todo el tiempo. No tengo ni idea de por qué la encontrabas interesante.

– Hacía deporte, Hannah. Y tú querías jugar con muñecas o algo por el estilo. Tío. El baloncesto o las Barbies, venga ya.

La risa de ella fluyó sobre él otra vez, haciéndole querer sonreír.

– Estamos en zona de peligro y tus hermanas nos están esperando. ¿Estás lista, cariño? Porque te llevaré aunque tenga que compartir tu trasero con los fotógrafos.

– Mi héroe. Sin embargo, no será necesario. -Levantó sus brazos hacia el cielo y comenzó a mover sus manos en suaves patrones.

Oyó voces femeninas en el viento como si provinieran del océano, conduciendo el banco de niebla delante de él hacia las farolas circundantes. Las aves surcaron el aire, volando tierra adentro, avanzando hacia los acantilados y los árboles cuando Hannah y Jonas, cogidos de la mano, corrieron a toda velocidad subiendo las escaleras que conducían a la casa de las Drake.

CAPÍTULO 15

– Hannah, te importaría bajar la escalera -llamó Sarah-, nos gustaría hacerte otra sesión curativa. Libby se siente en plena forma. Jonas no está y la casa está en modo protección, así es que deberíamos tener algunas horas sin interrupciones.

Hannah cerró los ojos brevemente y arrastró la manta más cercana a su alrededor. Jonas no se había ido para todo el día, y entonces, ¿por qué estaba deprimida?, no lo sabía. Detestaba estar enjaulada en su cuarto, pero ¿dónde si no podía ir? Si bajaba la escalera, entonces todo el mundo le hablaría en el tono apaciguador que había llegado a despreciar. No podía decir nada porque no quería herir los sentimientos de nadie. Así es que mantenía una lastimosa fiesta de primera clase en su habitación en espera de que Jonas regresara y la tratara con normalidad otra vez.

– ¡Hannah! -Esta vez la voz de Sarah sonaba imperiosa, tanto como podía hacer únicamente una hermana mayor-. Baja aquí.

Hannah le hizo una mueca a la puerta, sintiéndose infantil. Sarah los podía reducir a todos a niños cuando estaba en su papel. Era más fácil simplemente estar de acuerdo con lo que quería que tratar de discutir con ella. Hannah tiró su manta en la cama y a regañadientes abrió la puerta de su dormitorio. De inmediato, los familiares perfumes llenaron el aire. El silbido alegre de la tetera y la risa contagiosa de Joley entremezclada con la de Libby. Hannah se detuvo en el vestíbulo por un largo momento, respirándolo todo. Los amaba, sobre todo a sus hermanas aunque la mataran con tanta bondad. Y nadie se reía como Joley. Podría iluminar una ciudad entera, y mucho más un cuarto.

Hannah descendió las escaleras de caracol y descubrió que el piso inferior estaba alumbrado sólo con velas. El perfume de canela y la mezcla de flores secas de manzana llenaron el aire. La luz oscilante proyectaba danzantes sombras en las paredes. Esperó que la luz de las velas también aliviase el efecto de las heridas en su cara.

Su cuerpo ya estaba cicatrizando. Sus hermanas se reunían dos veces al día, empujando para impulsar a la habilidad de su cuerpo para recobrarse. Las heridas se habían cerrado y esta tarde se dio cuenta de que la coloración roja en carne viva ya se desvanecía. Desafortunadamente, las sesiones de curación tenían poco efecto en el trauma. Con Jonas a su lado, podía dormir un poco, pero sola, le aterrorizaba cerrar los ojos.

Algunas veces trataba de recordar el momento del ataque en un esfuerzo por contarle a Jonas más detalles, pero su mente no hacía frente adecuadamente al trauma y se empeñaba en negarse a recordar cualquier otra cosa que le pudiera ayudar. Lo único que recordaba con absoluta certeza era el traumatizante corte del cuchillo. Aunque tenía poco sentido, podría jurar que recordaba a su asaltante murmurando una disculpa mientras le hundía el cuchillo una y otra vez.

Sus hermanas estaban congregadas en el amplio salón, donde usualmente se encontraban por las tardes cuando todos regresaban a casa. El tiempo en el que la casa familiar se llenara por completo con sus habitantes había pasado. Sarah vivía al lado con Damon, y Kate y Matt hicieron una casa del viejo molino en el risco. Abbey y Alexandre estaban comprando una casa de dos pisos con vistas al mar a una milla por debajo de la casa Drake, y Tyson y Libby tenían una extraordinaria casa que él había encontrado para ella rodeada por fantásticos acres de tierra privada. Sólo Hannah, Joley y Elle usaban todavía la casa familiar como base permanente cuando no viajaban.

Hannah ondeó su mano hacia la chimenea y las llamas brincaron con vida.

– Horneé galletas más temprano, pero no pensé en eso -saludó a sus hermanas, forzando una alegre sonrisa.

– Eso está bien -dijo Kate-. Yo misma hice algunas. -Arqueó una mirada por encima del hombro hacia Joley-. Todo yo misma.

– ¡Oye! -objetó Joley-. Comencé la primera hornada y me sacaste a patadas fuera de la cocina.

– Incendió el horno -aclaró Sarah.

– No fue culpa mía -dijo Joley-. Puse las galletas y simplemente me olvidé de que estaban en el horno. ¿Sabías que las galletas pueden convertirse en carbón vegetal si están en el horno el tiempo suficiente? Y luego, realmente pueden prenderse fuego.

– ¿Prendiste fuego a las galletas, Joley? -Hannah se cubrió la boca para ahogar una risa, y apartó la vista de su hermana menor. Por primera vez desde el accidente, se sintió más cómoda con sus hermanas, y se dio cuenta de que no podía advertir esa abrumadora piedad en ellas. Si la sentían, tenían el cuidado de protegerla de sus emociones. Estaban actuando mucho más normalmente, y la guasa de Joley era habitual. Ella simplemente les había dado tantas oportunidades.

– Sí, realmente lo hice, y resultaron sorprendentemente resistentes a ser arregladas.

La alarma se difundió.

– ¿Usaste magia para arreglarlas? -Hannah repartió una mirada aterrorizada casi burlona-. ¿Nadie las ha comido?, ¿alguna lo ha hecho?

Sus hermanas negaron con la cabeza. Joley se puso en jarras.

– No siento amor aquí. Fue muy problemático tratar de arreglar esas galletas; lo mínimo que podríais hacer es al menos intentarlo. Qué banda de gallinas.

– Joley, no puedes arreglar galletas quemadas con magia -dijo Hannah-. ¿Qué hechizo usaste?

– Lo contrarresté -dijo Elle-. Lo siento, Joley, pero eso era lo más seguro. Considerando el humor del que estabas y la forma en la que mascullabas acerca de Prakenskii, tuve miedo de que tu hechizo tomara un giro equivocado y las convirtieras en explosivos o algo así.

– Está bien, cariño -dijo Libby, posando el brazo alrededor de Joley-. Al menos tu corazón tenía buena intención.

Las chicas lanzaron almohadas al suelo y formaron su círculo familiar.

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