Un Puerto Seguro
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Un Puerto Seguro». Краткое содержание книги:
Desde las sombras ha emergido una vengativa figura que acecha a la belleza con un espeluznante propósito: despojarla de todo cuanto es y destruirla. Sólo un hombre está destinado a ser su protector. Ahora Jonas deberá ayudar a la mujer que ama a salir del remolino de siniestra oscuridad que amenaza no sólo a Hannah, sino también a toda la familia Drake
– Sólo podría ofrecerte caos y conmoción, conmigo sufriendo una crisis nerviosa cada dos por tres, y mereces algo mejor que eso, Jonas. -Ignoró el salvaje anhelo que su voz, sus manos y la expresión de su cara le provocaban.
Sujetó uno de sus rizos detrás de su oreja, deslizando su mano hasta la nuca para sujetarla.
– Si sufres una crisis nerviosa, puedo estar allí contigo.
– Eso no es cómo quiero que seamos. No quiero que tengas que recoger los pedazos. -Ahora sabía exactamente lo que quería decir-. Quiero averiguar lo que quiero.
La mirada de Jonas se volvió oscura y caliente, bajando hasta sus labios. Su estómago saltó. El calor abrasador se propagó a través de su abdomen.
– No me importa ayudarte a entender lo que quieres, Hannah. Puedes… hablar… conmigo de todo lo que quieras.
La evidente insinuación en su voz curvó los dedos de sus pies en la arena. Su palma rodeó su nuca, suave y caliente, sujetándola eficazmente delante de él. De repente él estaba cerca. Supo que se había movido, acercándose. No lo había visto, pero repentinamente estaba allí, su cuerpo a una solo centímetro del de ella. Podía sentir el calor de su cuerpo, los poderosos músculos de los muslos y del pecho, pero no eran tan conmovedores como la mano que rodeaba su nuca. El susurro de su aliento descendió sobre ella, dentro de ella. Sentía que respiraban juntos.
– Jonas. -Trató de poner advertencia, censura en su voz, pero era imposible, no cuando sus ojos eran tan oscuros y hambrientos.
No se molestó en disfrazárselo o envolvérselo en algo bonito. La dejó ver la necesidad sombría en él, la pesada protuberancia en el frente de sus vaqueros, la carrera de su pulso y su sonrisa traviesa y sexy cuando su cálida mirada recorrió su cara. Tocó con la lengua su labio inferior e instantáneamente él dirigió allí su atención.
– No vas a seducirme. -Alzó su mano en advertencia, indecisa entre el deseo de correr, reírse o lanzarse a sus brazos.
– ¿No? ¿Estás segura de eso? -Su pulgar acarició su sien que latía fuertemente.
– Me distraes, Jonas. No puedo mantener la niebla abajo si estoy distraída y quería caminar por la playa.
Había desesperación en su voz. No lo podía soportar, se sentía desesperada. Si la besaba, no iba a resistirlo. Se derrumbaría. Ya le podía saborear en su boca, de manera salvaje y loca y masculina. Jonas podría hacer que se deshiciera en sus brazos se sintiera hermosa o no y no se trataba de eso. Quería entregarse completa, no sólo una parte. Estaba muy herida, y ahora tenía una segunda oportunidad para hacer las cosas bien. Más que cualquier otra cosa, quería que su relación con Jonas fuera bien.
Él inclinó su cabeza y acarició con sus labios suavemente los de ella.
– Voy a amarte, Hannah. Por siempre. Para siempre. El sexo es parte de ello, así es que puedes esperar un poco de seducción de vez en cuando. No tengo ninguna duda de que puedo hacerte sentir hermosa. Y puedo hacer que me quieras. Y puedo hacerte gritar mi nombre y olvidar todo menos el placer. Puedo no ser bueno en un montón de cosas, pero puedo darte eso.
Ella ahuecó su cara con la mano, su pulgar deslizándose a lo largo de su mandíbula ensombrecida.
– Quiero eso de ti. Simplemente dame un poco de tiempo.
Sus ojos buscaron los ella, evidentemente vieron lo que necesitaba, y se inclinó para depositar un beso suave como una mariposa en sus labios antes de soltarla.
– Para lo que sea que necesites, cariño, soy tu hombre. -Comenzó a andar por la playa, con una pequeña y satisfecha sonrisa en su cara.
Hannah introdujo los dedos en el bolsillo de atrás de él y caminó a su lado, el peso aplastante que parecía estar siempre presente en su pecho se aligeró. Era su hombre y, si bien no era estúpida y sabía que estaba diciendo bastante más que lo que aparentaba, Jonas estaba dispuesto a esperar a que resolviera su vida y eso lo significaba todo.
Las gaviotas chillaban y el agua rompía sobre la costa, estrellándose contra las rocas para rociar gotitas blancas en el aire. El agua formaba espuma y chisporroteaba, dejando diminutos huecos en la arena al retirarse las olas. Pasearon en amigable silencio hasta que Hannah miró atrás, hacia sus huellas en la arena mojada.
– Tienes los pies grandes, Jonas.
La miró, directamente a la cara.
– Tengo grande todo.
Ella puso los ojos en blanco y se rió, sin poder contenerse. Era bueno reírse.
– Ya lo he comprobado, ¿recuerdas?
– Sí. Así es que he estado pensando en esta situación.
– Oh, Señor, eso da miedo. ¿Qué situación?
– Nosotros. Tú y yo. Estamos juntos, ¿de acuerdo? Seguro. Pero básicamente no podemos tener relaciones sexuales a menos que te coja desprevenida.
Tenía que dejar de decir “sexo” o incluso pensar en ello. Ella detestaba su cuerpo. Aseguraba que no quería que la mirara, pero cada vez que sus ojos se deslizaban sobre ella con esa mirada hambrienta y posesiva, cada vez que decía en voz baja: Estoy famélico y listo para comerte para cenar, se derretía. Si se derretía más, sería un charco a sus pies. Nunca la tomaría en serio y realmente necesitaba tiempo para resolver las cosas.
– No vas a cogerme desprevenida, Jonas, así es que no sigas por ahí. Quisiera… -Se apartó, ruborizándose.
– Tengamos sexo. Hagamos el amor -suplicó él, con un tono de diversión su voz.
Lo miró ceñuda, aunque era imposible intimidar a Jonas.
– Sí. Eso. Pero al final, tendría que quitarme la ropa y estaría cohibida y me sentiría fatal y estarías frustrado y loco por mí. Así que mejor simplemente lo dejas, no sigas por ahí.
Su sonrisa se ensanchó lo suficiente como para hacer que retuviera el aliento en sus pulmones. No debería ser tan atractivo o tan sexy. Y no debería tener esa mirada en su cara, la que decía que era un depredador a punto de saltar al ataque y engullirla.
– Puedo pensar acerca de un buen número de formas de hacer el amor sin quitarte toda la ropa. Cuanto más pienso en ello, más erótico es, tú con una bonita falda larga y sin bragas. O bragas que pueda arrancarte. No, digamos que no llevas nada y comienzo a deslizar mi mano sobre tu pequeño y sexy trasero. Sólo porque pareces lo bastante buena para comerte.
Su mano ahuecó el cuerpo de ella a través del tejido de sus vaqueros, e hizo un lento recorrido como si buscase el borde de sus bragas. El color subió por su cara y un calor húmedo se derramó por el interior de ella.
– Sin bragas. Diría que llevas tanga. Sí, cariño, eso es sexy, pero bajo esta supuesta falda larga, no llevarías nada excepto piel desnuda. -Su mano se deslizó por sus caderas y subió por su cintura, bajo la blusa. Sus dedos pasaron rozando suavemente, con cuidado de no tocar donde pudiera lastimarla. Acunó su pecho, descansando el peso en su palma-. Y tampoco llevarías puesta esta insignificante cosa de encaje que llamas sujetador. Así que cuando incline mi cabeza así… -Su boca se cerró sobre su pecho a través de la camisa, succionando suavemente a través de la tela, sus dientes tirando del pezón, enviando un destello de fuego crepitando a través de su cuerpo.
Sus ojos se volvieron opacos, vidriosos, su aliento quedó retenido en los pulmones. Jonas tenía cuidado de ignorar sus propias necesidades, apartando su mente de la dureza casi dolorosa entre sus piernas. Hannah era todo lo que contaba para él. Tenía que saber que era una mujer bella, deseable y que la necesitaba. El conocimiento sería bastante para los dos por ahora. Retrocedió, exhalando aire caliente sobre la mancha húmeda, los dientes se demoraron por un momento en el pezón antes de soltarla.
– De modo que cuando incline mi cabeza así, podría apartar la blusa, esa pequeña cosa campesina de encajes que llevas puesta me vuelve loco, me saca de mis casillas.