Un Puerto Seguro
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Un Puerto Seguro». Краткое содержание книги:
Desde las sombras ha emergido una vengativa figura que acecha a la belleza con un espeluznante propósito: despojarla de todo cuanto es y destruirla. Sólo un hombre está destinado a ser su protector. Ahora Jonas deberá ayudar a la mujer que ama a salir del remolino de siniestra oscuridad que amenaza no sólo a Hannah, sino también a toda la familia Drake
Estimada Hannah
Solamente quería que supieras cuánto te amo y admiro. Eres siempre tan fuerte y estás ahí para todo el mundo, aún cuando es tan duro para ti. Nunca te quejas y eres la primera en entrar de un salto y echar una mano.
Quise recordarte algo de lo que hiciste por mí, que fuese especial para mí pero no lo puedo limitar a una cosa. Siempre has sido mi soporte y no sé qué habría hecho sin ti. Cuando estaba siendo tonta o impulsiva, me ayudaste a superarlo. Cuando mi temperamento (el que todavía digo que no tengo) asoma su fea cabeza, estás allí para traerme de regreso a mí misma.
Haciéndome mayor, cuando me lastimaba, eras siempre la que me abrazaba fuerte y el dolor desaparecía. Si alguien me fastidiaba en la escuela, entonces estabas allí antes de que alguna vez tuviera que llamarte. Más de una persona que me fastidiaba caía misteriosamente enferma. Siempre dijiste que no eras tú quien lo hacía pero estoy segura de que fuiste tú protegiéndome.
Creo que lo que trato de decirte es que a mis ojos eres perfecta y no puedo esperar para tener algún día a mi pequeña Hannah corriendo de un lado a otro protegiendo a su hermana mayor de todo problema. No puedo imaginarme nada más halagüeño que eso en la vida. Quiero que sepas que te amo incondicionalmente y no importa lo que hagas en tu vida siempre te amaré y te respaldaré. Tienes mi hombro, tal y como yo siempre he tenido tuyo.
Te amo,
Abbey
Hannah se tragó el nudo de su garganta.
– Yo misma, soy muy afortunada por teneros a todas vosotras. Siempre me haces sentirme tan amada y tan especial. No sé en que estaba pensando, asustada de que no pudieras aceptar que no fuera ya modelo.
– ¿Pensaste realmente eso, cariño? -preguntó Libby amablemente-, ¿o tienes problemas aceptándote a ti misma?
Hubo un pequeño silencio. Hannah tomó otro sorbo de su té. La miel y la leche combinada con el té, serenó su garganta.
– Por supuesto que tengo problemas aceptándome. Mírame, Libby. Me miro y veo cada defecto, real o imaginario. Una parte de mí busca arrastrarse a un agujero y no salir nunca. -Frunció el ceño, tratando realmente de analizar sus sentimientos-. Una parte de mí está aterrorizada y me pone enferma que alguien quisiera hacerme esto, pero hay una parte diminuta de mí que se siente libre. Sentí que si podía enfocar la atención en ese pequeño triunfo en lugar de en la ruina de mi cara y mi cuerpo, podría encontrar la manera de emerger victoriosa. Siento realmente pesar al haberos dejado fuera a todas.
– No es eso -dijo Sarah-. Fue bueno para que nosotras tuviéramos claro lo que hacíamos mal. Jonas dijo algo el otro día que tenía un montón de sentido. Dijo que cuando Damon y yo tenemos una pelea, él no interfiere. Realmente pensé en ello. Jonas siempre ha sido protector con nosotras, y nunca ha actuado contra cualquiera de nuestros hombres cuando discutimos. Seguro que quiere interferir pero no lo hace porque estaría mal. Y estaba mal que nosotras tratáramos de vivir tu vida por ti, aún cuando nuestras intenciones fueran buenas.
Hannah miró las caras sonrientes que la rodeaban. La aceptación, era lo que las mantenía tan unidas. Joley, con su manera salvaje de ser; Elle, tan calmada y con fuego hirviendo a fuego lento bajo la superficie; Abbey, sintiéndose más en casa cuando estaba en el mar; Y Libby, sin un hueso mezquino en su cuerpo. Sarah, organizada y fiable; y la querida y dulce Kate, a quién todo el mundo tenía que amar.
– Vosotras sois todas unas hermanas geniales -dijo Hannah, intentando no llorar.
Kate mordió su galleta.
– Por supuesto que lo somos. Cuando eras un poco más pequeña, estabas muy enojada con nosotras porque teníamos que ir a la escuela y no querías ir. ¿Cuántos años tenía, Sarah? Recuerda, hablo de cuando…
– Oh, no cuentes esa historia -dijo Hannah y escondió la cabeza en la curva del brazo, riéndose-. Joley y Elle no se la saben y simplemente no la puedes contar.
– Cristo, y nosotras que pensábamos que era tan perfecta que nunca podría hacer nada malo -dijo Joley-. Cuéntanoslo, Kate.
– ¿Cuántos años tenía, Sarah? ¿Recuerdas el momento en el que nosotras nos apresurábamos, tratando de estar listas para la escuela, y decidió que de ninguna manera iba a ir?
– Seis -informó Sarah-. Tan sólo tenía seis años.
Hannah gimió y tomó otro sorbo de té.
– Ambas vais a lamentar el contar esta historia.
– Valdrá la pena -dijo Kate-. Estaba sentada sobre las escaleras, cruzada de brazos, mirándonos ferozmente, y si la tocábamos, nos iba a aniquilar.
– Una sacudida eléctrica -añadió Sarah-, un calambre real. Nos electrocutó, incluso a papá y a mamá. A los seis años ya sabía manejar hechizos.
Hubo un pequeño silencio. Joley se sentó más derecha.
– Te veo con nuevos ojos, Hannah. Eres una diosa. ¿Realmente electrocutaste a papá? Desearía haber sabido ese hechizo. Me pilló saliendo de noche por la ventana y, déjame decirte que me hubiera sido realmente útil saber ese hechizo.
Todas estallaron en risas. Cuando se calmaron, Libby tomó el libro y con un poco de timidez lo abrió por su página. Las fotos habían sido tomadas el día que habían estado caminando juntas por el bosque. Hannah recordaba aquel día porque había sido perfecto, tanto por el clima como por la compañía.
– Éste fue uno de mis momentos favoritos contigo -dijo Libby-. Hablamos de todo y estaba tan triste. Estaba en la facultad de medicina y las horas eran criminales. Era menor que todos los demás y algunos de los otros estudiantes no eran muy simpáticos. Hiciste ese día tan maravilloso, Hannah. Supe, después de ese paseo, que podría afrontar a todo el mundo y que podía hacer lo que quisiera y todavía más. Me diste esperanza. -Apuntó hacia su carta-. No soy muy elocuente, pero esto es de corazón.
Hannah dirigió su mirada al garabato de Libby.
Hannah
Necesito decirte simplemente cuánto significas para mí. Eres tan, pero tan especial y una parte grande de mi corazón te pertenece sólo a ti.
Hemos compartido tantas risas y lágrimas a través de los años y tenemos tantos recuerdos juntas como para que nos duren siempre. Todavía pongo una sonrisa en mi cara cada vez que recuerdo el tiempo que fuimos adolescentes y reíamos histéricas cada vez que sonaba el teléfono. No podíamos contestar porque no podíamos dejar de reírnos y cuando finalmente contestaste era un número equivocado que sólo nos provocó otra ronda de risas hasta que nos dolió el estómago.
Mi vida no sería lo que es hoy si no fueses una gran parte de ella. Estabas siempre allí para mí con tu amor y apoyo, y a menudo tu protección. Muchas veces, te he visto salir un momento de tu entorno seguro para ayudarme así como también a muchos otros. Eres una de las personas más cariñosas y generosas que alguna vez he conocido.
Querida dulce Hannah, jamás habrá nada que puedas hacer o decir para cambiar mis sentimientos por ti. ¡Eres una parte enorme de mi vida, y te amo justamente porque tú eres TÚ!