Un Puerto Seguro
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Un Puerto Seguro». Краткое содержание книги:
Desde las sombras ha emergido una vengativa figura que acecha a la belleza con un espeluznante propósito: despojarla de todo cuanto es y destruirla. Sólo un hombre está destinado a ser su protector. Ahora Jonas deberá ayudar a la mujer que ama a salir del remolino de siniestra oscuridad que amenaza no sólo a Hannah, sino también a toda la familia Drake
Tu cariñosa hermana,
Libby
Hannah cerró el libro con un pequeño chasquido.
– Ahora tú me has hecho llorar.
– Simplemente bebe más té -sugirió Elle-. Eso es lo que hago yo.
La puerta se cerró ruidosamente y Jonas se apresuró a entrar, el viento y la niebla entrando detrás de él.
– Hace frío ahí afuera -saludó, caminando a grandes pasos dentro del cuarto y parando bruscamente. Frunció el ceño-. ¿No estaréis teniendo una de vuestras cosas de chicas, en la que, todo el mundo llora y se pone sentimental?
– Eso es exactamente lo que estamos haciendo -dijo Joley alegremente-. Ven acércate, siéntate y únete a nosotras.
Hannah sintió el placer atravesándola. Había sido por tanto tiempo de esta manera. Las siete hermanas y Jonas. Siempre había estado en el círculo con ellas. Se quejaba, claro está, y algunas veces ponía los ojos en blanco y se burlaba, pero siempre terminaba en el suelo y se convirtió en una parte de quiénes eran y lo que eran. Observó como tomaba su lugar entre ella y Joley, presionando su muslo contra el de ella y deslizando su brazo alrededor de su cintura, sus dedos en la nuca, dándole lentamente un masaje.
– ¿Alguien se molestó en hacer la cena? Me muero de hambre
Hubo otro estallido de risa. Las miró con el ceño fruncido.
– ¿Qué?
– Siempre preguntas eso, a cada momento -aclaró Hannah-. Siempre tienes hambre, Jonas.
Se inclinó y le dio un beso en la mejilla a Hannah, sin reparar en las mortecinas heridas como si no estuvieran allí. Su beso finalizó en la comisura de su boca.
– Están siendo horribles conmigo, nena. ¿No puedes convertirlas en sapos o algo así?
– Sí, ahora quieres su ayuda, ahora que está de tu lado -dijo Joley.
– No te preocupes, Joley -dijo Jonas cuando cogió un tazón de té flotando cerca y recogió unas pocas galletas del plato-. Realmente sólo quiere sexo. En el momento en el que obtenga lo que quiere y que empiece a darle continuamente órdenes, estará de regreso contigo para que las siete podáis poneros en contra de un hombre solo.
Hannah se atragantó con el té y Jonas tuvo que darle un fuerte golpe en la espalda.
– Tiene razón, sabes -empezó a hablar Elle-. Piensa en ello, Hannah, antes de que hagas cualquier estupidez. El sexo es genial y eso, pero va a ser tan mandón. ¿Quieres realmente aguantar eso día y noche?
Jonas agarró a Elle en una llave de cabeza y frotó sus nudillos sobre la parte superior de la misma.
– Ya os doy órdenes a todas, día y noche, a ti, pequeño gato montés. Alguien tiene que hacerlo, o tú y todas andarías descontroladas. -La soltó, ignorando el puñetazo en su muslo-. ¿Estáis leyendo las cartas?
– ¿Lo sabías? -preguntó Hannah.
– Lo sé todo -contestó Jonas, hinchando el pecho.
– Ahora comienza con mi página -dijo Kate tímidamente-. Por favor, Hannah, recuerda que soy mejor con la ficción que con la realidad. Me resulta tan difícil expresarme.
– No con Matt -dijo Jonas-. Con él lo haces muy bien.
Kate le dio una manotada poco digna en su brazo mientras Hannah miraba las fotografías.
Eran de una sesión de fotos que Hannah había hecho. Primero se vio encantadora en varios trajes de noche y luego ella se reía, con los pantalones vaqueros y el suéter, el pelo alborotado en la cabeza, haciendo gestos.
– Amo esas, porque muestran la persona tan real que eres debajo de todo ese glamour.
Hannah aspiró profundamente para aquietar el abrumador amor que sintió hacia su familia para poder leer lo qué Kate le había escrito.
Queridísima Hannah,
Cuando pienso en el amor, en la familia, en la manera en que las hermanas deberían ser, pienso en ti. Cuando pienso en ánimos, en la increíble fuerza personal, es tu cara la que veo. Aunque nunca te diste cuenta de eso, eres la más fuerte, la más valiente, de todas nosotras.
Sé lo que sufres cuando apareces en público. Somos ambas tan semejantes en ese sentido. El estar rodeada de desconocidos, el ser el centro de atención, sentir las emociones palpitando en ti: Nunca lo podría hacer. Siempre me he pegado a las sombras, a la seguridad de la soledad, pero tú nunca lo has hecho. No te puedo decir cuánto te he admirado siempre por ello.
Me percato ahora que tu valentía siempre ha sido por nuestro beneficio, no por el tuyo, y eso debe detenerse. Te amo a ti, Hannah. Lo que quiero para ti es todo lo que alguna vez he querido: Tu felicidad. Que seas valiente para ti misma, no para nosotras. Vive tu vida de la forma que quieras, la felicidad te espera ahí fuera. Y déjanos amar a la hermana que tú eres, no a la hermana que piensas que queremos que tú seas.
Te ama por siempre,
Kate
– Gracias, Katie -dijo Hannah simplemente y se inclinó para besarla-. No sé lo que haría sin vosotras. De verdad.
– Afortunadamente no tenemos que enterarnos. -Estuvo de acuerdo Kate-. Nos asustaste a todos, Hannah. De verdad, de verdad nos asustaste. No podía pensar o respirar. Cuando caíste, te llevaste a todos nosotros contigo, y por un terrible momento, supimos qué la vida sin ti no sería igual. -Recorrió con la mirada a Joley-. Sé que Prakenskii es peligroso. Todas tocamos su mente, y podíamos percibir vislumbres de un hombre extremadamente espeluznante, pero siempre le estaré agradecida por lo que hizo, cualesquiera que fueran sus motivos. Salvó tu vida. Te mantuvo viva para nosotros y tuvo que pagar un alto precio. Sabía que le haría vulnerable a nuestra magia, pero todavía te preservó para nosotras. Rezo cada día por su salud y su felicidad.
– Reza por su salud, Kate, pero omite la parte de la felicidad -masculló Joley.
Jonas la rodeó con un brazo fraternal.
– Si fuese tu hombre, entonces no tendría que preocuparme por ti ni un poquito. Ahuyentaría a todo el mundo. Tal vez le debería sobornar.
Joley le pellizcó fuerte y le metió de un empujón una galleta en la boca.
– Eres tan gracioso, Jonas. Ja, ja. Muy cómico.
Hannah se reclinó contra Jonas e instantáneamente sus brazos la rodearon. Su barbilla acarició la parte superior de su cabeza.
– ¿Qué más hay en ese álbum? -preguntó.
– Mi página -dijo Elle, con timidez en su voz-. Las primeras fotos son de ti dirigiendo el viento. Me gusta ver el poder en ti, tu pelo al viento y tus brazos extendidos hacia el cielo. Resplandeces, Hannah, y te ves tan femenina. Nada me enorgullece más que verte de ese modo. Y las demás son de ti en la cocina. Cuando vuelvo a casa y estoy tan cansada y… -Se interrumpió, miró alrededor a las caras de sus hermanas y luego abajo, a sus manos-. Cuando me siento tan rendida que pienso que no puedo seguir, allí estas tú. En el momento en que te veo, sé que estoy en casa. Eso es lo que representas para mí, Hannah. El hogar. La seguridad. El amor y la aceptación.
Hannah ocultó su cara en el pecho de Jonas para tener un momento e ignorar las emocionales lágrimas. Elle era tan tranquila y raramente hablaba de sí misma o de sus sentimientos, y cuando lo hizo, Hannah se sintió privilegiada.