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El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]

Электронная книга - «El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]». Краткое содержание книги:

La primera aventura de Miles Vorkosigan, un genio de la estrategia dotado de gran inteligencia pero encerrado en un cuerpo defectuoso. Un personaje entrañable e inolvidable, protagonista de la serie de mayor éxito de la moderna space opera. Sus azañas son un agradable retorno a los temas y al tono ameno de la ciencia ficción campbelliana, y componen la más famosa creación de una de las mejores escritoras de la ciencia ficción de aventuras que ha aparecido en los últimos años.
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— ¿Eh?

— ¿Qué eres tú sino la culminación de tus generaciones? La flor de los Vor…

— ¿Yo? — La miró, perplejo —. La culminación de la degenación, tal vez. Maleza mal desarrollada… — Hizo una pausa; el rostro de ella parecía un espejo de su propia perplejidad —. Ellos tienen sentido, es cierto. Mi abuelo llevaba nueve generaciones sobre sus espaldas. Mi padre llevó diez. Yo llevo once… y juro que la última me pasa más que todas las otras juntas. Es un milagro que no esté aplastado hasta ser más bajo aún. En este momento me siento como si midiera más o menos medio metro. Pronto desapareceré del todo.

Estaba locuaz, sabía que estaba locuaz. Algún dique se había roto en él. Se arrojó a la corriente y se dejó escurrir por la compuerta.

— Elena, te quiero, siempre te he querido… — Ella brincó como un ciervo asustado, él jadeó y la rodeó con sus brazos —. ¡No, escucha! Te quiero, no sé qué era el sargento pero también a él le quería y, a lo que sea que haya en ti de él, lo honro con todo mi corazón; no sé qué es verdad y me importa un bledo de todas maneras, haremos lo que nos parezca como él hizo, y creo que hizo un maldito buen trabajo. ¡No puedo vivir sin mi Bothari, cásate conmigo!

— ¡No puedo casarme contigo! Los riesgos genéticos…

— ¡Yo no soy un mutante! Mira, no tengo branquias… — Metió los dedos en la comisura de los labios y se abrió la boca exageradamente —. No tengo cuernos… — Y le enseñó ambos lados de la cabeza.

— Yo no estaba pensando en tus riesgos genéticos, sino en los míos. Los suyos. Tu padre debe saber lo que él era; jamás aceptará…

— Mira, cualquiera que pueda exhibir un vínculo de sangre con el emperador Yuri el Loco, por dos líneas de descendencia, no tiene derecho a criticar los genes de ninguna otra persona.

— Tu padre es leal a su clase, Miles, como tu abuelo, como lady Vorpatril… Jamás podrían aceptarme como lady Vorkosigan.

— Entonces los enfrentaré ante una alternativa; les diré que me voy a casar con Bel Thorne. Asentirán tan rápdido que se tropezarán entre ellos.

Elena volvió a sentarse, impotente, y ocultó su rostro en la almohada, sacudiendo los hombros. Miles tuvo un momento de terror, pensando que la había abatido hasta hacerla llorar. Abatirla, no; animarla, animarla, animarla… Pero ella repitió:

— ¡Maldito seas por hacerme reír! ¡Maldito seas…!

Miles arremetió, animado.

— Y yo no estaría tan seguro sobre las lealtades de clase de mi padre. Desposó a una plebeya extranjera, después de todo. — Se puso más serio —. Y tú no puedes dudar de mi madre. Ella siempre anheló tener una hija secretamente; jamás lo hizo notorio para no heriri al viejo, por supuesto… Permítele ser tu madre de verdad.

— Oh — dijo Elena, como si él la hubiera herido con un puñal —. Oh…

— Verás cuando volvamos a Barrayar…

— Ruego a Dios — le interrumpió Elena con voz intensa — que jamás vuelva a poner un pie en Barrayar.

— Oh — dijo él a su vez. Tras una larga pausa agregó —: Podríamos vivir en algún otro sitio. Colonia Beta. Tendría que ser de un modo bastante moderado, una vez que el índice de cambio acabe con mis rentas… Podría conseguir un trabajo de… de… algo.

— Y el día que el emperador te llame a tomar tu lugar en el Consejo de Condes, para hablar por tu distrito y todos los pobres terruños que hay en él, ¿dónde irás entonces?

Tragó saliva, silencioso.

— Ivan Vorpatril es mi heredero — dijo al fin —. Deja que se quede con el Condado.

Elena se levantó.

— ¿Vienes a la reunión de la plana mayor?

— ¿Para qué molestarse? No hay esperanza.

Ella le miró fijamente, con los labios apretados, y desvió un instante los ojos al féretro en el rincón de la cabina.

— ¿No es hora de que aprendas a caminar solo… tullido?

Se escapó por la puerta justo a tiempo para esquivar la almohada que él le arrojó, curvando apenas los labios ante esta espasmódica eshibición de energía.

— Me conoces sumamante bien — susurró Miles —, debería conservarte sólo por razones de seguridad. — Se tamboleó sobre sus pies y fue a afeitarse.

Acudió a la reunión con desgana y se apoltronó en su asiento habitual, a la cabecera de la mesa. Era una reunión completa, por lo que se llevaba a cabo en la espaciosa sala de reuniones de la refinería. El general Halify y un asistente se sentaron. Tung, Thorne, Auson, Arde, Baz y los cinco hombres y mujeres escogidos para mandar a los nuevos reclutas ocuparon sus sitios. El capitán cetagandano se sentó opuesto al teniente kshatryano; su mutua animosidad amenazaba equiparar la triple rivalidad que había entre Tung, Auson y Thorne. Los dos sólo se unían lo suficiente para desdeñar a los felicianos, al asesino profesional de Jackson´s Whole, o al mayor de comandos retirado tau cetano, quien a su vez atacaba solapadamente a los ex oseranos, cerrando el círculo.

La agenda alegada para este circo era la preparación del plan final de batalla contra el bloqueo oserano, de ahí el profundo interés del general Halify. Esa profundidad se había visto bastante mellada por un creciente desaliento durante la última semana. La duda en los ojos de Halify era un aguijón en el espíritu de Miles; trataba de evitar cruzar su mirada. Precio de ganga, general, pensó malhumorado Miles, tiene lo que ha pagado.

La primera media hora consistió en desmoronar, nuevamente, tres planes favoritos inoperables que ya habían sido propuestos por sus dueños en reuniones anteriores. Rarezas, inconveniencias, requerimientos de equipo y personal más allá de los recursos que existían, e imposibilidades de oportunidad fueron señaladas con fruición por una mitad del grupo a la otra, lo que rápidamente degeneró en un clásico enfrentamiento de vulgarismos. Tung, quien normalmente reprimía esto, era uno de los principales esta vez, así que la cosa amenazaba con escalar indefinidamente.

— Mire, maldita sea — gritó el teniente kshatryano, golpeando con énfasis su puño contra la mesa —, no podemos asaltar el agujero directamente y todos sabemos eso. Concentrémonos en algo que podamos hacer. Naves mercantiles… Podríamos atacar eso, un contrabloqueo…

— ¿Atacar naves galácticas neutrales? — gritó Auson —. ¿Quiere que nos colguen a todos?

— Cuelguen — corrigió Thorne, ganándose una mirada desagradecida.

— No, vean — continuó Auson —, los pelianos tienen pequeñas bases en este sistema, a las que podríamos ir. Como guerra de guerrillas, atacar y esfumarse en la arena…

— ¿Qué arena? — estalló Tung —. No hay ningún lugar donde esconder el culo ahí fuera… Los pelianos tienen nuestra dirección apuntada en su agenda. Es un milagro que no hayn abandonado toda esperanza de capturar esta refinería y no nos hayan arrojado una lluvia de meteoritos todavía. Cualquier plan que no funcione rápido no funciona en absoluto…

— ¿Qué tal un ataque relámpago a la capital peliana? — sugirió el capitán cetagandano —. Un escuadrón suicida que suelte ahí una nuclear…

— ¿Se ofrece de voluntario? — se mofó con desdén el kshatryano —. Eso casi podría valer la pena.

— Los pelianos tienen una estación de transbordo en órbita alrededor del sexto planeta — dijo el tau cetano —. Un ataque a la misma podría…

— … llevar el confusor orbital de electrones y…

— … usted es un idiota…

— … emboscar naves desviadas…

Los intestinos de Miles se retorcían como serpientes copulando. Se pasó, cansado, las manos por el rostro y habló por primera vez; lo inesperado de ello atrapó de inmediato la atención de todos.

— He conocido gente que juega así al ajedrez. No pueden pensar el camino al jaque mate y entonces se pasan el tiempo tratando de limpiar el tablero de piezas pequeñas. Esto, finalmente, reduce el juegoa una simplicidad que pueden comprrender, y están felices. La guerra perfecta es un mate ilusorio.

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