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El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]

Электронная книга - «El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]». Краткое содержание книги:

La primera aventura de Miles Vorkosigan, un genio de la estrategia dotado de gran inteligencia pero encerrado en un cuerpo defectuoso. Un personaje entrañable e inolvidable, protagonista de la serie de mayor éxito de la moderna space opera. Sus azañas son un agradable retorno a los temas y al tono ameno de la ciencia ficción campbelliana, y componen la más famosa creación de una de las mejores escritoras de la ciencia ficción de aventuras que ha aparecido en los últimos años.
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Ivan se aclaró la voz.

— Bueno, estaba esa chica, ya sabes, en Colonia Beta. Me invitó a la casa… Quiero decir, Miles, ¡una betana! La conocí justo al llegar al puerto de lanzaderas, prácticamente la primera cosa que hice. Llevaba uno de esos pequeños sarongs deportivos, y nada más…

Las manos de Ivan estaban comenzando a ondular en ensoñadoras curvas descriptivas; Miles se apresuró a interrumpir lo que sabía que podría ser una larga digresión.

— Probablemente pescaba galácticos; algunas betanas los coleccionan, como un barrayarano adquiere banderines de todas las provincias — Ivan tenía una colección así en su casa, recordó Miles —. ¿Qué pasó entonces con ese capitán Dimir?

— Se fueron sin mí — Ivan parecía afligido —. ¡Y ni siquiera era tarde!

— ¿Cómo llegaste aquí?

— El teniente Croye me informó de que te habías ido a Tau Verde IV, así que me enganché en un viaje con una nave mercante rumbo a uno de esos países neutrales de por ahí. El capitán me soltó aquí en la refinería.

A Miles se le abrió la mandíbula.

— Te enganchaste… te soltó… ¿te das cuenta de los riesgos?

Ivan guiñó un ojo.

— Ella era muy buena para eso. Eh… maternal, ya sabes.

Elena estudió el techo, fríamente desdeñosa.

— Esa palmada en el culo que te dio en el tubo de la lanzadera no me pareció a mí precisamente maternal.

Ivan se sonrojó.

— De cualquier modo, aquí estoy. — Se envalentonó —. ¡Y antes que el viejo Dimir! Tal vez no me vea en tantos problemas como pensé.

Miles se pasó la mano por el cabello.

— Ivan… ¿sería demasiado complicado comenzar por el principio? Suponiendo que haya uno.

— Oh, sí, supongo que no sabrás nada del gran follón.

— ¿Follón? Ivan, eres la primera noticia que tenemos de casa desde que abandonamos Colonia Beta. El bloqueo, ya sabes… aunque tú pareces haberlo atravesado como humo…

— La pájara era hábil, eso hay que reconocerlo. No sabía que las mujeres mayores pudieran…

— El follón — le reorientó Mles, apremiante.

— Sí, bien. El primer informe de Colonia Beta que llegó a a casa decía que habías sido raptado por un tipo que era desertor del Servicio…

— ¡Oh, Dios! Y mi madre… ¿Qué hizo mi padre?

— Estaban bastante preocupados, supongo, aunque tu madre seguía diciendo que Bothari estaba contigo y, de todos modos, a alguien de la embajada se le ocurrió hablar con tu abuela Naismith, quien no pensaba en absoluto que hubieses sido raptado. Eso calmó mucho a tu madre, y ella, hm, calmó a tu padre… Como sea, decidieron esperar nuevos informes.

— Gracias a Dios.

— Bien, los siguientes informes fueron de un agente militar aquí, en el espacio local de Tau Verde. Nadie me dijo qué contenían… bueno, nadie se lo dijo a mi madre, lo cual suele ser sensato si uno lo piensa un poco. Pero el capitán Illyan anduvo corriendo un tiempo en círculos, veintiséis horas al día, entre la Casa Vorkosigan, el Cuartel general, la Residencia Imperial y el Castillo Vorhartung. Tampoco ayudó mucho el que los informes que obtuvieron estuviesen fechados tres semanas antes.

— ¿El Castillo Vorhartung? — murmuró sorprendido Miles —. ¿Qué tiene que ver con esto el Consejo de Condes?

— No podía imaginármelo tampoco. Pero el conde Henri Vorvolk fue sacado tres veces de la clase en la Academia para asistir a sesiones del comité de los condes, así que lo arrinconé… Parece que existía el fantástico rumor de que estabas en el espacio local de Tau Verde reuniendo tu propia flota mercenaria, nadie sabía por qué… al menos, yo pensé que era un rumor fantástico… Como sea, tu padre y el capitán Illyan decidieron finalmente enviar un correo expreso para investigar.

— Vía Colonia Beta, me imagino. Eh… ¿por casualidad te cruzaste con un tipo llamado Tav Calhoun mientras estabas allí?

— Oh, sí, el betano loco. Anda dando vueltas por la embajada… Tiene una orden de detención en tu contra, y se la muestra a todo el que pesca entrando o saliendo del edificio. Los guardias no le dejan entrar ya.

— ¿Hablaste con él personalmente?

— Brevemente. Le dije que existía el rumor de que habías ido a Kshatryia.

— ¿De veras?

— Por supuesto que no. Pero era el lugar más lejano en que pude pensar. El clan — dijo afectadamente Ivan — debe permanecer unido.

— Gracias… — Miles se lo pensó un momento —. Espero. — Suspiró —. Supongo que lo mejor será esperar a tu capitán Dimir, entonces. Al menos podría llevarnos de vuelta a casa, lo cual solucionaría un problema. — Miró a su primo —. Te explicaré todo más tarde, pero ahora tengo que averiguar tantas cosas… ¿puedes mantener la boca cerrada un rato? Se supone que nadie aquí sabe realmente quién soy. — Un horrible pensamiento sacudió a Miles —. ¿No habrás estado preguntando por mí usando mi nombre, no?

— No, no, sólo por Miles Naismith — le tranquilizó Ivan —. Sabíamos que estabas viajando con tu pasaporte betano. De todas formas, acabo de llegar aquí ayer por la noche y prácticamente la primera persona con quien me encontré fue con Elena.

Miles suspiró aliviado y se volvió hacia Elena.

— ¿Has dicho que Baz está ahí fuera? Tengo que verle.

Ella se retiró, dando un amplio rodeo en torno a Ivan.

— Lamento lo del viejo Bothari — dijo Ivan cuando la joven hubo salido —. ¿Quién hubiera pensado que podía pasarle eso limpiando armas, después de tantos años? Sin embargo, hay un aspecto positivo; finalmente tienes oportunidad con Elena sin que él esté echándote el aliento en la nuca, así que no es una pérdida inútil.

Miles exhaló lentamente, abatido por la ira y el dolor recordado. Él no sabe, se dijo a sí mismo. No puede saber…

— Ivan, uno de estos días alguien va a sacar un arma y va a dispararte, y tú vas a morir en medio del asombro, preguntando: «¿Qué he dicho? ¿Qué he dicho?»

— ¿Qué he dicho? — preguntó indignado Ivan.

Antes de que Miles pudiera entrar en detalles, vino Baz, flanqueado por Tung y Auson; Elena les seguía. La habitación estaba repleta. Todos parecían estar sonriendo como tontos. Baz agitó en el aire, triunfalmente, unas finas hojas de plástico. Estaba tan radiante como un faro, orgulloso, apenas reconocible como el hombre que, cinco meses atrás, Miles había encontrado escondido entre la basura.

— El cirujano dice que no podemos quedarnos mucho, mi señor — le dijo a Miles —, pero pensé que esto podría darle ánimos.

Ivan se sobresaltó ligeramente ante el honorífico y le llamó la atención solapadamente al maquinista.

Miles tomó las hojas.

— Tu misión… ¿pudiste completarla?

— Como un reloj… Bueno, no exactamente, hubo algunos momentos malos en una estación de trenes… debería ver el sistema ferroviario que tienen en Tau Verde IV. La maquinaria… magnífica. Barrayar se perdió algo al pasar directamente del caballo al transporte aéreo…

— ¡La misión, Baz!

El maquinista rebosó alegría.

— Échele una mirada. Son las transcripciones de los últimos despachos entre el almirante Oser y el alto mando peliano.

Miles empezó a leer. Después de un rato, comenzó a sonreír.

— Sí…, ya había oído que el almirante Oser tiene un famoso repertorio de invectivas cuando… se excita… — La mirada de Miles se cruzó ligeramente con la de Tung. Los ojos de éste brillaban de satisfacción.

Ivan estiró el cuello.

— ¿Qué pasa? Elena me contó lo de los saqueos a las nóminas, también tengo entendido que os las arreglasteis para alterar las transferencias electrónicas. Pero no comprendo… ¿los pelianos no van a pagar otra vz, cuando vean que la flota oserana no ha sido pagada?

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