La Importancia De Vivir
- Автор: Yutang Lin
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:
Esta mañana desperté a las cinco después de dormir muy bien y escuché un glorioso festín de sonidos. Lo que me despertó fue el sonido de las sirenas de las fábricas en una gran variedad de tonos y de fuerza. Al rato oí un distante repiqueteo de cascos de caballos: debía ser una fuerza de caballería que pasaba por la calle de Yuyuen; y en ese tranquilo amanecer me causó más deleite estético que una sinfonía de Brahms. Hubo luego algunos gorjeos tempranos de cierta especie de pájaros. Lamento no conocer la ciencia de los pájaros, pero gocé lo mismo de los gorjeos.
Hubo otros sonidos, es claro: el "boy" de algún extranjero, seguramente al cabo de una noche de juerga, apareció a eso de las cinco y media y comenzó a golpear una puerta. Se oyó después a un basurero que barría una calleja vecina con el bisbiseo de su escoba de bambú. De pronto, un pato salvaje, supongo, surcó el cielo, dejando ecos de su ku.ng-tu.ng en el aire. A las seis y veinticinco escuché el distante trueno de la máquina del tren de Shanghai-Hangchow que llegaba a la Estación Jessfield. Hubo uno o dos sonidos de los niños que dormían en el cuarto vecino. Empezó a agitarse entonces la vida y un distante murmullo de actividades humanas en la vecindad cercana y lejana aumentó gradualmente en volumen e intensidad. En la planta baja de la casa se habían levantado ya los sirvientes. Se abrían las ventanas. Se colocaba un gancho en una puerta. Una tosecilla. Un suave ruido de pisadas. Un golpeteo de tazas y platillos. Y de pronto el bebé gritó: "¡Mamá!"
Este fue el concierto natural que escuché aquella mañana en Shanghai.
Durante toda la primavera, aquel año, mi mayor placer fue escuchar a una especie de ave que se llama, probablemente, codorniz o perdiz en este idioma. Su llamado de amor consiste en cuatro notas (do. mi: re -: -. si), de las cuales el re dura dos o tres compases y termina en el medio de un compás, seguido por un si abrupto, entrecortado, en la octava más baja. Es la canción que yo solía escuchar en las montañas daban los lugares comunes confucianos. Sucedió, empero, que se tradujo la frase "estilo familiar" por una frase china que significa "estilo cachaciento". Esta fue la señal para un ataque del campo comunista, y ahora tengo la indiscutible reputación de ser el más ocioso de todos los escritores ociosos de China y, por ende, el más imperdonable, "mientras vivimos este período de humillación natural".
Admito que me apoltrono en las salas de mis amigos, pero los demás también lo hacen. ¿Para qué son los sillones, de todos modos, sino para que se apoltrone la gente? Si los caballeros y las damas del siglo XX tuvieran que sentarse erguidos todo el tiempo, con absoluta dignidad, no habría sillones en las salas modernas, sino que nos sentaríamos en tiesos muebles de madera, y los pies de la mayoría de las señoras colgarían a buena distancia del suelo.
En otras palabras, hay una filosofía en repantigarse en el asiento. La mención de la palabra "dignidad" explica exactamente el origen de la diferencia en los estilos de sentarse que tenía la gente de antaño y la moderna. La gente de antes se sentaba con el fin de parecer digna, mientras la gente moderna se sienta a fin de estar cómoda. Hay un conflicto filosófico entre las dos porque, según las nociones antiguas que existían hace medio siglo, la comodidad era un pecado, y estar cómodo era ser irrespetuoso. Aldous Huxley la ha expuesto con suficiente claridad en su ensayo sobre "Comodidad". La sociedad feudal que hizo imposible el nacimiento del sillón hasta los días modernos, según la describe Huxley, era exactamente lo mismo que la que existió en China hasta hace una generación. Hoy, todo hombre que se diga amigo de otro no debe tener miedo de poner las piernas sobre el escritorio en el cuarto de su amigo, y tomamos esto como muestra de familiaridad, en lugar de falta de respeto, aunque poner las piernas sobre el escritorio en presencia de un miembro de la generación mayor sería cosa diferente.
Hay una relación más íntima de lo que sospechamos entre la moral y la arquitectura y la decoración de interiores. Huxley ha señalado que las damas occidentales no se bañaban frecuentemente porque temían verse el cuerpo desnudo, y este concepto moral postergó durante siglos el nacimiento de las modernas bañaderas esmaltadas. Podemos comprender por qué en el diseño del antiguo moblaje chino se prestaba tan poca consideración a la comodidad humana, sólo cuando advertimos el ambiente confuciano en que vivía la gente. Los muebles chinos de caoba fueron ideados para que la gente se sentara erguida, porque ésa era la única postura aprobada por la sociedad. Hasta los emperadores chinos tenían que sentarse en un trono en el cual yo no querría quedarme más de cinco minutos, y en cuanto a eso los reyes ingleses no lo pasaban mejor. Cleopatra solía andar por ahí reclinada en un canapé llevado por sirvientes, porque, al parecer, jamás había oído hablar de Confucio. Si Confucio le hubiese visto hacer tal cosa, de seguro que le habría "golpeado los tobillos con un bastón", como hizo con uno de sus viejos discípulos, Yüan Jang, a quien encontró sentado en una postura incorrecta. En la sociedad confuciana en que vivíamos, las damas y los caballeros tenían que mantenerse perfectamente erguidos, al menos en ocasiones formales, y el menor intento de levantar una pierna habría sido interpretado en seguida como muestra de vulgaridad y falta de cultura. Es más: para demostrar mayor respeto, al ver a un funcionario superior, uno tenía que sentarse delicadamente en el borde de la silla, haciendo un ángulo oblicuo, lo cual era una muestra de respeto y la cumbre de la cultura. Hay también una íntima conexión entre la tradición confuciana y las incomodidades de la arquitectura china, pero no entraremos ahora en eso.
Gracias al movimiento romántico de final del siglo XVIII y principios del XIX, esta tradición de clásico decoro se ha perdido, y estar cómodo ya no es pecado. En cambio, ha ocupado su lugar una actitud más veraz hacia la vida, debida tanto al movimiento romántico como a una mejor comprensión de la psicología humana. El. mismo cambio de actitud que obligó a que se cesara de considerar inmorales las diversiones teatrales, y "bárbaro" a Shakespeare, ha hecho posible también la evolución de los trajes de baño de las mujeres, de las bañaderas limpias y de los sillones y divanes cómodos, y un estilo de vivir y de escribir más veraz y a la vez más íntimo. En este sentido hay una verdadera relación entre mi costumbre de apoltronarme en un sofá y mi intento de introducir una escritura más íntima y fácil en el moderno periodismo chino.
Si admitimos que la comodidad no es un pecado, debemos admitir también que cuanto más cómodamente se disponga •un hombre en un sillón, en la sala de un amigo, tanto mayor respeto muestra por su huésped. Después de todo, estar como en su casa y parecer cómodo en casa ajena no es más que ayudar al dueño o dueña de la casa a que tenga feliz éxito en el difícil arte de la hospitalidad. ¡Cuántas dueñas de casa han temido, han temblado ante la posibilidad de una fiesta en que los invitados no se muestren dispuestos a estar a sus anchas! Siempre he ayudado a los dueños de casa, poniendo una pierna sobre una mesita de té, o cualquier otro objeto cercano, y de ese modo he obligado a todos los demás a desprenderse de la capa de falsa dignidad.