Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
Mateo celebró el ágape de hermandad en el Hotel Peninsular, con los ex combatientes y los ex cautivos. A su derecha, su padre, don Emilio Santos; a su izquierda, Jorge de Batlle. Asistieron representaciones de los pueblos. A lo largo de la comida quedó bien patente que haber combatido en las trincheras o haber sufrido encarcelamiento eran dos mundos tan distintos como el frío y el calor. Mateo, al brindar, dijo que sufrir era en cualquier caso servir a España y propuso enviar al Caudillo un telegrama de adhesión inquebrantable, propuesta que fue aceptada por unanimidad.
El Gobernador… jugó la carta grande. Presidió la comida extra en la cárcel, así como el general presidió el rancho extraordinario en los cuarteles. El Gobernador sentó a su derecha al jefe de prisión y a su izquierda ¡al padre Forteza! Las mesas fueron instaladas en el patio, al aire libre. Imposible reunir allí a la totalidad de los detenidos; se efectuó un sorteo, aunque algunos declinaron el honor. Asistieron doscientos reclusos. El Gobernador, en el discurso final, habló de "próximos indultos" y de que empezaría a construirse en seguida un establecimiento penitenciario decente en el vecino pueblo de Salt. El vino había animado a algunos de aquellos hombres. Uno de ellos lo interrumpió: "¡Gobernador! ¿Por qué no nos traen de vez en cuando alguna mujer?". Hubo una risotada. "¡Sí, sí, eso es!". Otro pidió poder ver a los familiares más a menudo. Otro se lamentó de no saber todavía por qué estaba allí… El Gobernador procuró dar en cada caso con la respuesta adecuada. De pronto, se inclinó hacia el padre Forteza y le dijo, en voz baja: "Ahora hábleles usted, padre". El padre se negó. Lo que quería era huir lo antes posible y arrodillarse en su celda a los pies de la Virgen. El Gobernador entonces cerró el acto diciendo: "¡Bueno, ahora se procederá al reparto de tres paquetitos de tabaco para cada uno!".
Celebróse también comida extra en muchos hogares, mientras los altavoces no cesaban de gritar: "¡Arriba España!".
A media tarde tuvo lugar en la piscina la Fiesta del Productor, de la que Amanecer venía hablando desde hacía dos semanas. La presidió el Delegado Sindical, camarada Arjona. Asistieron a ella representaciones de gran número de empresas de la ciudad y provincia. Se había anunciado "gran baile", de modo que la piscina se abarrotó también de sirvientas. El bar permanecía abierto a discreción y las consumiciones serían gratis, con barriles de cerveza y horchata.
El primer número del programa consistió en una sesión de patinaje artístico -una pareja contratada en Barcelona-, que dibujó arabescos en la pista y que arrancó grandes aplausos. Luego, inmediatamente, el plato fuerte: danzas y cante flamencos. El éxito fue apoteósico. Los trajes de lunares revolotearon como grandes mariposas borrachas, mientras las guitarras bordoneaban y los cantaores, extraídos de la colonia andaluza habitaba en el castillo de Montjuich, le sacaban gran partido a las penitas del alma.
El gran triunfador fue un gitanillo de unos trece años, de mechón negro sobre la frente, ignorado hasta el momento. Hizo diabluras bailando e improvisó un zapateado que electrizó a la concurrencia. Era protegido del patrón del Cocodrilo, que lo había rescatado de los cubos de basura, le daba de comer en el bar y le había sugerido un afortunado nombre artístico: "El niño de Jaén". Marta, que se presentó de repente con su escolta de muchachas, se quedó atónita al oírle tocar las castañuelas. Ni que decir tiene que los campesinos bajados de la aldea y las sirvientas acabaron acompañándolo con palmas y gritos de "¡Ole tu mare!". El Delegado de Sindicatos, camarada Arjona, le dijo a Marta: "Esa gente olvidará en cuatro días las sardanas y acabará bailando por soleares". Marta le objetó: "No seas tan optimista. Lo que pasa es que ese gitanillo es un huracán".
Luego, el "gran baile". ¡Ah, los "productores" estaban de suerte! Eran los mimados de la hermosa jornada patriótica. Subió al tablado, expresamente para ellos, la Gerona Jazz, capitaneada por su director, el popular "Damián", que era el trompeta solista. Un músico con ideas nuevas, lo que demostró presentando la increíble novedad: un micrófono. Cuando Damián lo tomó en su mano como si fuera a estrangularlo y anunció, con gran solemnidad: "¡Distinguido público, para empezar, un pasodoble!", sus palabras resonaron como un trueno y los obreros tuvieron la íntima sensación de que realmente empezaba para ellos una nueva era.
La enorme pista que había servido para patinar llenóse de parejas: albañiles, mecánicos, obreras de la fábrica Soler, Montse, la criada de 'La Voz de Alerta', ¡tantos y tantas! La Gerona Jazz situaba en trance a aquellos hombres y mujeres, cuyas mejillas se acercaban como atraídas por un imán. Y cuando Damián elevaba al cielo su trompeta, los más sensibles a la música paraban de bailar y se quedaban mirándolo sin saber si el artista se había quedado definitivamente en éxtasis o si se caería muerto de un colapso.
El baile de los "productores" significó un gran consuelo para el camarada Arjona, Delegado de Sindicatos, a quien el Gobernador había hecho saber que estaba descontento de su labor. No hubo más que un momento delicado: aquél en que entraron en la piscina, atraídos por la música que en la Dehesa se oía desde muy lejos, unos cuantos oficiales del Ejército. Eran oficiales jóvenes, entre los cuales figuraba el alférez Montero. Los "productores" temieron que, abusando de su condición, provocaran a las muchachas, pero no hubo tal. Bebieron un par de cervezas, repartieron sonrisas amistosas y se fueron, dejando tras sí un halo de jerarquía y de buenas maneras.
En resumen, todo perfecto, incluido el remate de la concentración, que consistió en un pródigo sorteo de obsequios: frascos de agua de colonia y de perfume para las muchachas, y pastillas de jabón y tubos de pasta dentífrica para los hombres. Cumplíase con ello uno de los propósitos básicos de la reeducación: enseñar al pueblo que la higiene era tan importante como la obediencia.
A las ocho y media de la noche, fin del programa de festejos: los fuegos artificiales. Fuegos artificiales que, coincidiendo con la agonía del sol tras las montañas de Rocacorba, fueron lanzados desde el Puente de Piedra, cuyos alrededores fueron desalojados al objeto de evitar accidentes.
Acudió entera la población gerundense. En honor a la verdad, los fuegos resultaron muy inferiores a los que tenían lugar antaño, el último día de las Ferias y Fiestas de San Narciso. Por deficiencias propias del trabajo en la posguerra fallaron muchos cohetes y muchos petardos. Pero el cielo se tachonó de estrellas y abriéronse palmeras multicolores, encandilando a todo el mundo, grandes y chicos, sobre todo a quienes contemplaban el espectáculo desde cualquier altura de la ciudad. Naturalmente el padre Forteza, después del mal rato pasado en la cárcel, se reconcilió con la jornada patriótica, aniversario del Alzamiento. Desde una azotea estratégica -la de la casa del notario Noguer- contempló aquel despliegue feérico y aplaudió a rabiar; pues nada lo satisfacía tanto como que alguien derramara poesía sobre el mundo.
Para rubricar los fuegos se había previsto, como era de rigor, una traca final, con aspas que al girar fueran iluminándose paulatinamente hasta terminar formando la clásica inscripción: VIVA EL 18 DE JULIO. La traca retumbó; pero la inscripción fue un fiasco. Sólo aparecieron, por espacio de unos segundos, entre el silbido de las aspas, la palabra VIVA y la palabra JULIO. La coincidencia divirtió de lo lindo a Matías Alvear, quien, acodado en el balcón de su casa, sobre el río Oñar, presenciaba la luminosa ceremonia. "VIVA… JULIO". ¿No era curioso? Matías, de llevar puesto el sombrero, hubiera enviado con él un saludo a París, a su amigo, el ex policía.