Fashionista
- Автор: Messina Lynn
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Fashionista». Краткое содержание книги:
Vig Morgan por fin ha conseguido dejar de ser la ayudante de la dictatorial y repelente directora, solo para verse metida en un mar de conspiradores. Pero Vig no es como las demás editoras en la super cool Fashionista. Para empezar, a ella le da igual qué diseñador viste a las estrellas del momento. Es inteligente, astuta y tan ambiciosa como cualquier persona inteligente y mal pagada, pero nunca tomaría parte en un complot para defenestrar a su jefa. ¿O sí?
Salta con Vig a las turbulentas aguas -conspiraciones, puñaladas por la espalda, libertad de expresión, coqueteos y alta costura- a las que se enfrenta cuando decide unirse a un compló de lacayos que quieren cargarse a la abeja reina, con inesperados -pero no necesariamente decepcionantes- resultados.
Qué tonta es la vida
Dot Drexel habla en titulares. Sus frases son lapidarias y siempre tienes la impresión de que te está hablando en mayúsculas.
– Esquiar en patines: el nuevo deporte de moda -dice, cuando entro en su despacho.
Aunque lleva cinco años como editora de Fashionista, en el despacho de Dot no hay un solo objeto personal. Si tuviera que salir corriendo por una repentina guerra nuclear, no dejaría nada atrás. Ella no tendría que cargar con plantas, fotos y tonterías similares. Es una mujer muy práctica.
Yo me siento frente a su escritorio, pensando cuál era el deporte al que la nueva moda ha desbancado, pero no lo recuerdo.
– Olvídate del snowboard -dice Dot, dándome un folleto-, este es el deporte que todas las estrellas practican ahora.
Aunque el snowboard nunca me ha impresionado, dudo mucho que lo de esquiar con patines dure más de una temporada.
– Estupendo.
– Quinientas palabras sobre la forma más fashion de practicar el nuevo deporte. Llama a los diseñadores y consigue una lista de clientes famosos. Sólo haremos fotos de la ropa si la lleva alguien conocido. Empieza con Versace, creo que ellos tienen una línea completa. Y llama también a Disney, a ver si tienen patines-esquís para adolescentes. No queremos olvidar a las que no han cumplido los veinte.
– Me pongo manos a la obra ahora mismo -le digo, como si yo fuera Lois Lane y esquiar con patines fuese una amenaza para los ciudadanos de Metrópolis. Lo que hacemos aquí no es periodismo, pero a veces se me olvida.
– Te va a encantar.
– Por cierto, ¿que es eso de esquiar con patines?
Normalmente aparento familiaridad con esos temas esotéricos y después me meto en el Google para enterarme, pero hoy no. Hoy no tengo ganas de perder el tiempo. Hoy quiero que me lo explique Dot. No sé a qué es debido este ataque de rebelión, pero quizá lo del esquí sobre patines es la gota que colma el vaso.
Cinco años perdiendo el tiempo son muchos años.
Dot deja escapar un largo suspiro.
– Un deporte divertidísimo que tú nunca vas a practicar -me dice, tan tranquila.
Pero se equivoca.
Esquiar en patines no es un deporte divertidísimo que yo nunca voy a practicar. El deporte más divertido que nunca voy a practicar es uno que mezcla la dureza de una maratón con la estimulante emoción de la escalada.
Ahí queda eso.
Aprendiendo a conocerte
Marguerite Tourneau Holland Beckett Velazquez Constantine Thomas me llama a su despacho para hablar. Como Christine, Kate y Allison han ido delante de mí, no salgo a comer y espero que me llame. Cuando lo hace, entro en un pequeño despacho que comparte pared con el hueco del ascensor.
No es el antiguo despacho de Eleanor Zorn. Eleanor tenía uno grande con ventanales que daban a la Sexta Avenida y a la calle 49. De día tenía luz del sol y de noche, las brillantes luces del Radio City Music Hall. Marguerite no tiene nada de eso. Su despacho es tan pequeño que a duras penas caben el escritorio y un sillón. No hay sitio para un sofá y, por el momento, las visitas tienen que sentarse en una silla de plástico con una pata rota.
Marguerite también tiene una ventana, pero es como la del Conde de Montecristo. La ves, pero no puedes ver el mundo exterior porque enfrente hay un edificio. En realidad, es como si fuera un cuadro de arte moderno.
Esa es una evidencia clara de que Jane quiere vengarse de ella.
Aunque la reunión ha sido anunciada como una charla informal, yo me llevo la mitad de mis artículos y algunos números antiguos de la revista. No sé lo que debo esperar y quiero ir preparada.
– Bonjour -me saluda, con una antigua regadera en la mano.
Está regando las plantas. Sólo lleva dos días en la revista, pero ya le ha dado su sello personal al despacho con violetas africanas y geranios. El alféizar de su ventana parece un invernadero.
– Hola -sonrío yo.
La silla de plástico se tambalea, pero planto los pies en el suelo firmemente. Veo que Marguerite ha estado leyendo artículos míos. Mi único intento de periodismo serio, quinientas palabras sobre el cuidado y la presentación de los dientes, está sobre su mesa.
Ella sigue la dirección de mi mirada.
– Sí, estaba echando un vistazo a tu trabajo. Este artículo es très magnifique. Fashionista necesita más piezas como ésta, ¿no te parece?
– No vendría nada mal -contesto yo, cauta.
Jane sólo te pide opinión para hundirte y espero el mismo comportamiento de Marguerite.
– Excelente -sonríe la nueva directora de belleza y moda, dejando la regadera en el suelo-. ¿Por qué no me haces una lista de artículos interesantes para la revista?
Aunque me encanta la idea de escribir algo interesante, me niego a tragar el anzuelo. Ya estoy acostumbrada a las promesas vacías.
– Muy bien.
– ¿Llevas mucho tiempo aquí?
– Cinco años.
– ¿Y empezaste como ayudante de Jane?
– Sí, lo fui durante dos años.
Marguerite levanta una ceja perfectamente depilada.
– ¡Dos años! ¿Y cómo pudiste soportar a esa…? Quiero decir que dos años es mucho tiempo. Mis ayudantes nunca siguen siéndolo después de doce meses. Hay que ir para arriba, ya sabes -me dice, pensativa-. Jane y tú debéis ser très compatibles.
Yo me encojo de hombros. Compatible no es la palabra adecuada para describir mi relación con Jane McNeill, pero no hay ninguna palabra adecuada. Con Jane las cosas no se describen, se experimentan.
– Great. Espero que nos llevemos bien porque pienso quedarme aquí algún tiempo. He estado tantos años en Sidney que casi había olvidado lo emocionante que es Nueva York.
– ¿Cuántos años estuviste allí? -le pregunto, para averiguar algo más sobre ella y para disfrutar de una charla agradable con un superior, algo rarísimo en Fashionista.
Permanezco en su despacho durante veinte minutos. Cuando estoy a punto de marcharme, me recuerda la lista de artículos interesantes y yo le digo que no lo he olvidado.
Marguerite es simpática pero, aunque parecía absolutamente sincera, no me fío. Parece una espía buscando información tras las líneas enemigas y me doy cuenta de que Jane debe tener la mosca detrás de la oreja. Que una sea paranoica no significa que no quieran cortarte el cuello.
Jane Carolyn-Ann McNeill
El miércoles por la mañana nos pasan una nota de Jane. Marguerite lleva en la revista menos de cuarenta y ocho horas y la directora ya está a la defensiva.
– ¿Tú qué crees que significa? -pregunto, apoyándome en el panel que separa mi escritorio del de Allison. Es la primera vez que asomo la cabeza para hablar con ella y me mira, sorprendida.
– ¿Qué?
– La nota de Jane para los empleados.
– Aún no la he leído… -murmura Allison, buscándola entre sus papeles-. A ver… «A partir de hoy, la directora de Fashionista, Jane McNeill, usará su nombre completo: Jane Carolyn-Ann McNeill en todos los documentos oficiales de la revista. Gracias por vuestra colaboración».
– Jackie lo ha enviado a todos los medios de comunicación.
Allison sonríe.
– Alguien, y no quiero mirar a nadie, se siente amenazado. Es hora de dar el golpe, Vig. Nunca tendremos una oportunidad mejor -me dice en voz baja-. Piénsatelo.
Después, se pone a trabajar; la viva imagen de la inocencia.
Yo me siento frente al escritorio e intento concentrarme en el artículo que estoy escribiendo: alianzas y anillos de pedida. Harry Winston, siempre dispuesto a dejar que fotografíen sus joyas en la alfombra roja del Dorothy Chandler Pavillion o en las páginas de Fashionista, de repente se ha vuelto tímido. Cuando les pedí que me enviase fotografías de anillos que hubieran hecho para famosos, se limitaron a enviarme una descripción escrita. El resultado parece un estudio antropológico: «Los científicos están razonablemente seguros de que el anillo de Madonna es calcado al que aparece en la fotografía». «El diamante de 4,5 quilates de Jennifer Anniston podría parecerse a este de Tiffany's». Es como si los anillos fueran dinosaurios y estuviéramos buscando sus huellas.