Fashionista
- Автор: Messina Lynn
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Fashionista». Краткое содержание книги:
Vig Morgan por fin ha conseguido dejar de ser la ayudante de la dictatorial y repelente directora, solo para verse metida en un mar de conspiradores. Pero Vig no es como las demás editoras en la super cool Fashionista. Para empezar, a ella le da igual qué diseñador viste a las estrellas del momento. Es inteligente, astuta y tan ambiciosa como cualquier persona inteligente y mal pagada, pero nunca tomaría parte en un complot para defenestrar a su jefa. ¿O sí?
Salta con Vig a las turbulentas aguas -conspiraciones, puñaladas por la espalda, libertad de expresión, coqueteos y alta costura- a las que se enfrenta cuando decide unirse a un compló de lacayos que quieren cargarse a la abeja reina, con inesperados -pero no necesariamente decepcionantes- resultados.
– Tenemos una oportunidad -dice Kate.
– ¿Una oportunidad?
Allison sigue con la laca, pero tiene el pelo exactamente igual que antes.
– Una pequeña oportunidad -aclara Sarah, por si acaso yo me he imaginado que todo esto va a ser fácil.
– Marguerite Tourneau no durará mucho en la revista. Jane la echará de aquí en menos de dos meses -dice Allison.
Sarah levanta los ojos al cielo.
– ¿Dos meses? Esa no dura ni dos semanas.
– No se puede despedir a alguien antes de haberlo contratado -replica Kate, con toda lógica.
Aquel razonamiento parece satisfacer a las tres conspiradoras, que se vuelven para mirarme. Yo estoy sentada en el sofá, con cara de no entender nada, que es exactamente lo que pasa. Plan, oportunidad, golpe… no sé ni para qué las escucho.
– ¿Qué? -pregunto, al ver que me miran expectantes.
– ¿Vas a ayudarnos? -me preguntan las tres a la vez, como si fueran un coro de animadoras.
– No lo sé. ¿Cuál es el plan?
Allison mira a las otras. Sarah dice que no con la cabeza de forma muy sutil. Kate levanta una ceja.
– No podemos contarte el plan hasta que nos digas si estás de nuestro lado.
Yo nunca me meto a ciegas en ninguna situación. Por si acaso.
– Y yo no puedo aceptar hasta que me digáis cuál es el plan.
Mi voluntad inmutable las irrita. Lo noto. Estoy a punto de decir que espero el veredicto en el pasillo, pero me encuentro demasiado cómoda en el sofá. No tengo duda de cuál será el resultado de la silenciosa discusión. Pueden pestañear todo lo que quieran para hacerse señales, pero tarde o temprano me contarán el plan.
Tienen que hacerlo. Soy su ariete.
Allison Harper
Allison Harper es una redactora (del departamento de belleza) bastante poco habitual. Su apariencia no tiene nada que ver con la imagen que uno tiene del glamour. Pero lo intenta, claro. Suele ponerse sandalias de taconazo (Jimmy Choo), pantalones de brillo (Emanuel Ungaro) y el carmín perfecto (Lip Glass, de MAC), pero algo en el producto final no cuela. Aunque los elementos están ahí, aunque en un maniquí resultarían impecables, algo en ella lo estropea todo.
Allison tiene tres años más que yo. Y en los últimos meses su alegre disposición ha desaparecido. Le han pasado por encima varias veces para un ascenso (contrataron a una de otra revista) y está empezando a darse cuenta de cómo funcionan las cosas en Fashionista. Está empezando a darse cuenta de que su futuro podría no ser lo que ella esperaba.
Allison Harper no es la heroína de su propia historia. Es, en cambio, un personaje secundario, alguien que cambiaría sus sueños por algo seguro. Allison empieza a darse cuenta de que no es Cleopatra. Está empezando a ver que no es nadie; una esclava sin nombre cuya existencia pasará desapercibida.
Es horrible presenciar tan dramática situación y, por eso, suelo dar un rodeo para no pasar delante de su mesa. Por las noches, cuando casi no queda nadie en la redacción, la oigo hablar por teléfono con su mejor amiga. Le cuenta, por ejemplo, que no le han dado la entrevista con la famosa de turno (cuéntame qué clase de dieta haces, qué marca de rímel usas, si tuvieras que elegir entre ante y cuero, ¿qué elegirías y por qué?). Enfadada, le cuenta a Greta que han vuelto a darle un artículo sobre balnearios. Y que ella no ha estudiado en Columbia para eso.
Allison culpa a Jane por la inercia de su carrera, lo cual es, en parte, cierto. Jane no toma decisiones profesionales basadas en el mérito. Ella contrata redactoras guapísimas que no saben escribir y despide a las feas que saben escribir. Elige a sus asistentes como si estuviera comprando accesorios, de modo que somos todas iguales: altas, delgadas, pelo castaño liso.
Dirige la revista como una corte francesa del siglo XVII. Uno no habla a menos que ella se dirija a ti, uno baja los ojos en presencia de Jane… Su necesidad de sumisión es patológica y, si pudiera, haría que nos arrodillásemos. Su interés en Fashionista durará lo que duren las ventas y en cuanto haya un descenso, se marchará. Y entonces la revista tendrá que declararse insolvente. Testigo de ello son las difuntas Voyager y Face. Invertir en buenos profesionales y crear un ambiente de trabajo agradable no es parte de su plan. Después de Jane, el diluvio.
No me sorprende que los campesinos se subleven.
El ariete
Soy el ariete por dos razones: Jane me respeta y Alex Keller me debe un favor.
– Eso no es verdad -protesto yo.
– Sí lo es -me contradice Allison.
– Alex Keller no me debe nada -insisto yo. Como redactora soy el último mono de la revista.
– Te debe un favor. ¿Te acuerdas del número de mayo? -interviene Sarah.
– ¿El número de mayo? -repito, intentando recordar. Pero no puedo recordar nada porque yo nunca me he relacionado personalmente con Alex Keller.
Oigo que tiran de una cadena y Kate sale abrochándose la cremallera de sus pantalones de Versace.
– El número de mayo, sí. El makeover de una lectora.
En cada número hay un artículo en el que los maquilladores de la revista transforman a una lectora. Ya sabes: de monstruo a bellezón.
– Alex Keller no me debe ningún favor.
– Carla Hayden -dice Kate, mirándome a los ojos.
– ¿Carla Hayden?
El nombre me resulta vagamente familiar, pero no sé por qué. Podría ser una actriz, una peluquera famosa o una empleada de Fashionista. No se me quedan los nombres.
– Carla Hayden -repite Sarah, sentándose a mi lado. Me siento acosada por su colonia, una mezcla floral que huele a perfume caro.
– Bajita, gordita, con el pelo oscuro -añade Allison.
En mi opinión, eso describe a la mitad del mundo.
– Ella fue el makeover de mayo -dice Kate.
– Tú le pusiste un vestido de Chloe y pediste que le dieran reflejos rubios.
– Ah, esa -suspiro yo. Si hubieran traído la revista, habría sabido quién era inmediatamente-. ¿Se llamaba Carla Hayden?
– Carla Hayden Keller -explica Allison.
– ¿Carla Hayden Keller?
– Carla Hayden Keller.
– ¿Quieres decir que Alex está casado?
Yo intento imaginar quién se casaría con un enano feo y malhumorado como Alex.
– Es su hermana -me explica Sarah.
– ¿Su hermana? -repito yo. Nadie sabía que Alex Keller tuviese hermanos y es muy desagradable, y muy típico de él, hacerlos aparecer de repente-. No sabía que tuviese una hermana.
– Tiene dos -sonríe Kate.
– Qué canalla -digo yo, intentando entender de qué va la cosa-. Espero que sean mayores que él. Mayores y malas, como las hermanastras de Cenicienta.
Sarah sacude la cabeza.
– Son más jóvenes.
– Maldita sea.
No entiendo cómo un hombre tan desagradable puede tener hermanas pequeñas. No parece posible.
– ¿Entiendes ahora por qué te debe un favor? -pregunta Kate.
Yo hago de veinte a treinta makeovers por año. Y nadie me ha dicho que eso fuera un favor.
– No.
– Has cambiado su vida -explica Sarah.
Esa es precisamente la clase de bobada que propagamos en Fashionista, pero no es cierto. La felicidad no depende del tipo de rímel que uses.
– Sólo le cambié el color del pelo.
– Gracias a los reflejos, Carla Hayden Keller consiguió un trabajo de presentadora en el canal Metro. Y poco después, en una gala benéfica, conoció al financiero Alistair Corcoran, que se enamoró de ella inmediatamente. Se casaron dos meses después, compraron una casa en Westchester y están esperando su primer hijo -relata Allison, con una sonrisa en los labios.
– Así que ya lo ves -suspira Kate-. Alex Keller te debe un favor.
Alex Keller