Fashionista
- Автор: Messina Lynn
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Fashionista». Краткое содержание книги:
Vig Morgan por fin ha conseguido dejar de ser la ayudante de la dictatorial y repelente directora, solo para verse metida en un mar de conspiradores. Pero Vig no es como las demás editoras en la super cool Fashionista. Para empezar, a ella le da igual qué diseñador viste a las estrellas del momento. Es inteligente, astuta y tan ambiciosa como cualquier persona inteligente y mal pagada, pero nunca tomaría parte en un complot para defenestrar a su jefa. ¿O sí?
Salta con Vig a las turbulentas aguas -conspiraciones, puñaladas por la espalda, libertad de expresión, coqueteos y alta costura- a las que se enfrenta cuando decide unirse a un compló de lacayos que quieren cargarse a la abeja reina, con inesperados -pero no necesariamente decepcionantes- resultados.
Todo el mundo en la redacción tiene alguna historia sobre Alex Keller. Aunque nadie ha visto nunca al confirmado misántropo, a todos nos ha hecho alguna putada. Cuando no te cuelga el teléfono, te envía un correo electrónico de lo más grosero.
Siempre tiene cerrada la puerta, nunca hay luz y, si no fuera por la música disco que sale de su despacho, uno pensaría que no hay nadie. Cuando tienes algo para él, te limitas a mandarle un correo o lo metes por debajo de su puerta. Si te vuelves un segundo después, el papel ha desaparecido. El proceso siempre está rodeado de misterio y te sientes como Dorothy a punto de encontrarse con el mago de Oz.
Alex Keller es el editor de eventos. Cada mes rellena una docena de páginas con fotografías de estrenos, galas benéficas y otros saraos por el estilo. Todas las fiestas son iguales y, a través de las fotografías, no puedes saber en qué se distingue una de Givenchy de una gala para recaudar fondos contra el cáncer de mama. Imagínate una boda, añade dos mil velas y seis mil flores y tienes la sección de Alex. Sólo los nombres son diferentes.
Aunque no siempre.
Las fotografías suelen ir acompañadas de un texto describiendo el evento. El estilo rápido de Keller, siempre mordaz, siempre divertido, copia la página de cotilleos de cualquier otra revista, pero con insinuaciones sexuales y rumores de todo tipo.
Como su vida, teñida de glamour, no ofrece justificación alguna para su hostilidad, todo el mundo especula sobre él. Especulamos sobre sus padres (padre débil, madre dominante), su infancia (le pegaban en el colegio), su estatura (complejo de Napoleón) y su vida sexual (inexistente). La hostilidad que siente por todos los seres humanos sólo puede explicarse de una forma: es un hombre bajito, feo e iracundo que no liga nada.
Como Keller nunca ha salido de su despacho para discutir el tema, los chismes han subido de tono año tras año. Hay hasta una mitología en torno al personaje y, a veces, hasta nos creemos nuestras propias historias.
Esto es lo que ha pasado cuando Allison, Kate y Sarah formularon su plan. Que no tomaron en cuenta el hecho de que Alex Keller podría no ser un enano furioso buscando venganza por culpa de una madre castradora.
El plan
No creo que la palabra «respeto» describa lo que Jane siente por mí, pero eso me lo guardo. Quiero saber cuál es el plan y están a punto de decírmelo.
– Fue una brillante idea de Allison -dice Kate-, así que es ella quien debería decidir.
Allison se pone colorada. No está acostumbrada a que describan sus ideas como «brillantes».
– No sé. Antes acordamos que sólo se lo diríamos si aceptaba ayudarnos.
– Pero nos ayudará -insiste Kate, que está deseando contármelo-. En cuanto conozca el plan, se pondrá de nuestro lado. Estoy segura.
Sarah no parece muy convencida, pero ha cedido la responsabilidad y parece muy contenta con su abdicación.
– Yo, lo que digáis.
Allison se vuelve hacia mí, incapaz de soportar la tensión.
– Muy bien, pero tienes que jurar que si no estás de acuerdo no se lo contarás a nadie.
Yo consiento porque estoy segura de que el plan consiste en ponerle Veet a Jane en el champú y esperar que dimita por la humillación de verse calva.
– Dentro de unos meses habrá una exposición en una galería de Soho -empieza a contarme Allison en tono conspirador-. Es de un artista inglés, un tal Gavin Marshall. Es de los que llenan bolsas con entrañas de vaca y lo llaman arte. Su último trabajo es una serie llamada Jesús era una Drag Queen o Dorando la imagen. Y consiste en ponerle vestidos de alta costura a esculturas de Jesucristo. Aunque la exposición fue un éxito en Inglaterra, también fue muy controvertida y no apareció en las revistas. Pero nosotras vamos a convencer a Jane para que publique un artículo con fotografías. Habrá un escándalo y el propietario de Fashionista se verá obligado a despedirla para calmar al sector más conservador.
– ¿Y cómo vamos a convencer a Jane para que publique ese artículo? -pregunto yo.
El plan es interesante y creativo, pero tengo poca fe en su ejecución. Jane McNeill es una tirana egocéntrica, pero no se ha caído de un guindo. Ella sabe qué artículos son peligrosos porque lleva en el negocio el tiempo suficiente como para saber que a la mayoría de los famosos no les haría gracia verse en una revista que publica fotos de Jesucristo con trajes de Dior.
– Ahí es donde entrarías tú -dice Sarah.
– ¿Yo?
– Sí, tú.
– ¿Yo? -repito, aturdida. No sé por qué creen que tengo influencia con Jane.
Allison asiente.
– Tú eres nuestro ariete.
Ya empiezo a estar harta de que me llamen así, francamente.
Me quedo callada y Allison se debate, intentando decidir hasta dónde debe contarme.
– Tienes que convencer a Keller para que cubra la exposición.
– Y asegurarte de que vayan muchos famosos -interviene Kate-. Jane no estará interesada si no hay muchas caras conocidas.
– No la convenceré.
– Esto es sólo la primera fase -dice Allison.
– ¿La primera fase?
– Hay otras.
– ¿Cuántas?
Ella cierra los ojos un momento.
– Cuatro. Hay cuatro fases. La fase dos es llamar la atención de Jane sobre Gavin Marshall, el artista.
– Pero hay que hacerlo con cuidado. Jane no debe saber lo que tú no quieres que sepa sobre él -añade Sarah.
– A ver si me entero…
– Queremos que Jane piense que ha descubierto un gran secreto.
– ¿Para qué?
– Si descubre, por accidente, que la nueva directora de belleza y moda, o sea Marguerite, está planeando que Fashionista patrocine la exposición de Gavin Marshall y escribir un prolijo artículo sobre él, querrá robarle la idea -explica Allison.
Aunque eso suena como el típico comportamiento de Jane, hay un fallo en el plan.
– Pero investigará sobre Gavin Marshall y enseguida se dará cuenta de que es demasiado controvertido para la revista.
– Lo haría si una de nosotras lo sugiriese, pero si la idea es de Marguerite…
Me doy cuenta entonces de que hay cosas que no sé.
– ¿Dará la idea por buena?
– Llevan quince años siendo rivales. Trabajaron juntas como editoras en Parvenu y compitieron por artículos y entrevistas. Las dos querían el puesto de subdirectora, pero fue Marguerite quien lo consiguió. Después de eso, a Jane sólo le daban los peores artículos y la culpó a ella. Seis meses más tarde, se despidió.
Aquella exhaustiva investigación me deja sorprendida.
– ¿Y cómo sabéis todo eso?
Allison sonríe.
– Regla número uno en la guerra: conocer al enemigo.
No sabía yo que estuviéramos en guerra.
– Si podemos convencer a Jane de que Marguerite está planeando algo a sus espaldas para ganar puntos con el propietario de Fashionista, hará lo que sea para robarle la idea -dice Kate, con expresión calculadora.
– Y aunque tenga reservas, si el asunto ha despertado el interés de Marguerite, creerá que merece la pena. Te lo garantizo -añade Allison.
Es imposible garantizar nada en la vida, por muy seguro que uno esté de su apuesta. Y echar a Jane McNeill de Fashionista no me parece una apuesta segura. Aunque su plan es bueno, mucho mejor de lo que yo había esperado, depende demasiado de variables humanas.
Nadie sabe cómo va a reaccionar Jane ante la presencia de Marguerite en Fashionista. Ha pasado más de una década desde el asunto de Parvenu y Jane es ahora la directora de la revista femenina de más éxito en el país. Hay cosas, el tiempo y el éxito, que curan cualquier herida.
Le digo a las conspiradoras que me lo pensaré durante un par de días, pero sólo estoy intentando ser amable. Aunque me gustaría mucho derribar el presente régimen tiránico, no soy de las que se levantan en armas.