La guerra de las salamandras [Válka s mloky - es]
- Автор: Чапек Карел
- Год: 1992
- Язык: испанский
- Год: Hiperi
- ISBN: 978-84-7517-321-4
- Переводчик: Ana Falbrov
- Жанр: Социально-философская фантастика
Электронная книга - «La guerra de las salamandras [Válka s mloky - es]». Краткое содержание книги:
Nacido en 1890 y muerto en 1938, poco después de ser propuesto para el premio Nobel, Čapek dejó una importante obra teatral, narrativa, ensayística, periodística y de viajes, de la que varios títulos han sido traducidos a nuestro idioma. Su humanismo concreto, su preocupación por la pérdida de valores o por el alejamiento de la naturaleza, su defensa de la tolerancia, el ccntraste y el respeto hacia los otros, confieren a su obra literaria, de muy diversos y ricos matices, innegable perdurabilidad y actualidad.
—Abuelito, ¿no quiere un poco de té? —preguntó conmovida la joven señora Povondra.
—Solamente quisiera —suspiró el anciano— solamente quisiera que estos niños me perdonaran.
CAPÍTULO XI
El autor habla consigo mismo
—¿Y tú vas a dejar las cosas así? —interrumpió en este punto la voz interior del autor.
—¿Qué puedo hacer? —preguntó el escritor un poco inseguro.
—¿Dejarás que el señor Povondra muera de esa manera?
—¿Qué remedio queda? —se defendió el autor—, no creas que lo hago a gusto, pero… después de todo, el señor Povondra tiene ya sus años; digamos que tiene ya… muchos más de setenta.
—¿Y tú dejas que sufra moralmente? ¿Ni siquiera le dices: «Abuelito, ¡si las cosas no están tan mal! El mundo no será destruido por las salamandras, la Humanidad se salvará, espere usted y verá?» Por favor, ¿no puedes hacer nada por salvarlo?
—Bueno, mandaré al médico —propuso el autor—. El anciano tiene, seguramente, una fiebre nerviosa. Claro que a su edad no está descartado que pueda contraer una congestión pulmonar. Pero quizás, con la ayuda de Dios, lo resistirá todo. Quizás columpiará todavía a la pequeña Marenka en sus rodillas, y le preguntará qué ha aprendido en la escuela… Las alegrías de la vejez, Dios mío. ¡Que tenga todavía el pobre anciano las alegrías de la vejez…!
—¡Vaya unas alegrías! —se burló la voz interior—. Apretará contra su corazón a sus nietecitos, con el temor de que un día tengan ellos también que escapar de las aguas, que inundarán el mundo sin remedio… Alzará desesperado sus erizadas normal! También esto es una especie de consuelo: que todo lo que ocurre, cumple su necesidad y su ley.
—¿No se podría detener a esas salamandras de alguna forma?
—Imposible. Hay demasiadas y se les tiene que hacer sitio.
—¿Y no podrían morirse de repente? Quizá a causa de una epidemia o por degeneración.
—Eso es demasiado barato, hermanito. ¿Es que la Naturaleza tiene que arreglar siempre lo que perjudica a los hombres? Así que tú también estás convencido de que los hombres, por sí solos, no podrán salir de este desastre. Ya lo ves, ya lo ves… al final quisieran que alguien los salvara… Te voy a confiar un secreto: ¿Sabes quién, todavía ahora, entrega explosivos, torpedos y taladros a las salamandras, cuando la quinta parte de Europa está ya inundada? ¿Sabes quién trabaja febrilmente en los laboratorios, a fin de encontrar materias y maquinarias más eficaces para barrer el mundo? ¿Sabes quién les presta a las salamandras dinero, sabes quién financia este Fin del Mundo, todo este Diluvio?
—Lo sé. Todas las fábricas, todos los bancos, todos los estados.
—Ya lo ves… Si fueran, solamente, las salamandras contra la Humanidad, quizás no sería tan difícil hacer algo. Pero hombres contra hombres, eso no hay quien lo detenga…
—¡Espera! ¡Hombres contra hombres…! Se me ha ocurrido algo. Quizás podrían luchar salamandras contra salamandras.
—¿Salamandras contra salamandras? ¿Qué quieres decir?
—Por ejemplo… Si ahora hay demasiadas salamandras podrían luchar entre sí por algún pedazo de litoral, por un golfo o lo que sea. Después seguirían luchando por poseer cada vez más y más costas y, finalmente, se pelearían por las costas de todo el mundo, ¿no? Salamandras contra salamandras. ¿Qué te parece? ¿No crees que esto sería lo más lógico?
—…No, eso no puede ser. Las salamandras no pueden luchar entre sí. Eso sería contra la Naturaleza. Las salamandras son, después de todo, de una misma especie.
—Los hombres también son todos de una misma especie, hombre, y, ¿lo ves?, no les importa mucho. Una misma especie, ¡y hay que ver por cuántas cosas luchan! Ni siquiera por el espacio vital, sino por el poder, por el prestigio, por la influencia, por la gloria, por los mercados y ¡qué sé yo por cuántas cosas más! ¿Por qué no iban a luchar las salamandras entre sí, también, por el prestigio?
—¿Para qué iban a hacerlo? Dime, por favor, ¿qué ganarían con eso?
—Nada. Como no sea que unas tendrían, temporalmente, más costas y más poder que las otras. Y al cabo de algún tiempo, cambiarían las cosas de nuevo.
—¿Y para qué quieren tener unas más poder que las otras? Si todas son idénticas, todas son salamandras, todas tienen los mismos esqueletos, todas son iguales de feas y todas tienen el mismo nivel, ¿para qué iban a martirizarse mutuamente? Por favor, ¿en nombre de qué iban a luchar entre sí?
—¡Déjalas! Ya se encontrará algún motivo. Mira, unas viven en las costas occidentales, y otras en las orientales. Se despedazarían, sobre todo, en nombre del «occidente contra el oriente». Aquí tienes las salamandras europeas, y allá abajo, las africanas. ¡El diablo me lleve si, finalmente, no quisieran ser las unas más que las otras! Hombre, podían ir unas a darles «una lección» a las otras, en nombre de la civilización, la expansión o qué sé yo. Siempre se puede encontrar algún motivo político o de ideas, por el que las salamandras de una costa querrán golpear a las de las otras. Las salamandras están tan civilizadas como nosotros, los hombres. No escasearán los argumentos de poder, económicos, legales, culturales o cualesquiera otros.
—Y tienen armas. No olvides que están formidablemente armadas.
—Sí, tienen una inmensa cantidad de armas. Ya lo ves. ¡Tendría gracia que no hubiesen aprendido de los hombres cómo se hace la historia!
—¡Espera, espera un momento! (el autor se levantó de un salto, y empezó a pasear de arriba a abajo.) La verdad es… ¡que el diablo me lleve si ellas no pueden conseguirlo! Ya lo veo claro. Basta con mirar el mapa del mundo. ¡Caramba! ¿Dónde habrá un mapa del mundo?
—Yo me lo imagino muy bien.
—Conforme. Aquí tienes el Océano Altántico, con los mares Mediterráneo y del Norte. Aquí está Europa y esto es América… Bien; esto es la cuna de la cultura y de la moderna civilización. Por este lugar está sumergida la antigua Atlántida…
—Y ahora, las salamandras, sumergen la Nueva Atlántida. Es verdad. Y aquí tienes los océanos Pacífico e índico. El lejano y misterioso Oriente, la cuna de la Humanidad, como suele decirse. Por aquí, al este de África, está hundida la mítica Le-muria. Aquí está Sumatra, y un poco más al oeste de Sumatra…
—…la islita de Tana Masa. La cuna de las salamandras.
—Sí. Y allí gobierna el Rey Salamandra, la cabeza espiritual de su raza. En Tana Masa viven todavía los Tapa-boys del capitán van Toch, originalmente, salamandras medio salvajes del Pacífico. En resumen, aquello es su Oriente, ¿sabes? Toda esta región se llama ahora Lemuria, mientras que la otra zona, civilizada, europeizada, americanizada y muy adelantada técnicamente, es Atlántida. El dictador de Atlántida es Chief Salaman-der, gran conquistador, técnico y militar, comandante de las salamandras y destructor de continentes. Una enorme personalidad, vaya.
(…Dime tú, ¿es Chief Salamander una salamandra de verdad?)
(…No. Chief Salamander es un hombre. Se llama, en realidad, Andreas Schultze, y, cuando la primera guerra mundial, era sargento en alguna parte.)
(¡Ya lo decía yo!)
(¡Claro, hombre! Así son las cosas…) Bueno, aquí están Atlántida y Lemuria. Esta división se debe a motivos geográficos, administrativos, culturales…
—… y nacionales. No te olvides de los motivos nacionales. Las salamandras de Lemuria hablan pidgin-english, mientras que las de la Atlántida se expresan en basic-english.
—Está bien. Al correr del tiempo, las salamandras de la Atlántida penetrarán por el llamado antiguamente Canal de Suez, hacia el océano Índico…