La guerra de las salamandras [Válka s mloky - es]
- Автор: Чапек Карел
- Год: 1992
- Язык: испанский
- Год: Hiperi
- ISBN: 978-84-7517-321-4
- Переводчик: Ana Falbrov
- Жанр: Социально-философская фантастика
Электронная книга - «La guerra de las salamandras [Válka s mloky - es]». Краткое содержание книги:
Nacido en 1890 y muerto en 1938, poco después de ser propuesto para el premio Nobel, Čapek dejó una importante obra teatral, narrativa, ensayística, periodística y de viajes, de la que varios títulos han sido traducidos a nuestro idioma. Su humanismo concreto, su preocupación por la pérdida de valores o por el alejamiento de la naturaleza, su defensa de la tolerancia, el ccntraste y el respeto hacia los otros, confieren a su obra literaria, de muy diversos y ricos matices, innegable perdurabilidad y actualidad.
3.° Como parte perjudicada, las salamandras entrarán, sin ninguna indemnización, en la zona de la desembocadura de Pandzabu, para poder construir allí nuevas costas y bahías.
A continuación, el presidente de la conferencia declaró que comunicaría estas condiciones a su distinguido amigo, el delegado de Gran Bretaña, que no se encontraba presente. No ocultó su temor de que estas condiciones no serían fácilmente aceptadas. Tampoco se podía esperar que de ellas se desprendiese un motivo para nuevas negociaciones.
Después seguían en el orden del día las protestas de Francia a causa de la voladura de las costas de Senegambia por las salamandras, con lo cual habían entrado éstas en territorio colonial francés. El delegado de las salamandras, el famoso abogado parisiense Dr. Julien Rosso Castelli, pidió la palabra.
—Demuéstrenlo ustedes —dijo—. Las eminencias mundiales en sismología confirmaron que los temblores de tierra de Senegambia fueron de origen volcánico, y que se relacionan con las antiguas actividades del volcán Pico, de la isla de Fogo. Aquí —exclamó el Dr. Rosso, golpeando con la mano su cartera— están sus confirmaciones científicas. Si tienen ustedes pruebas de que el terremoto de Senegambia se produjo a consecuencia de las actividades de mis clientes, preséntenlas, las esperamos.
El delegado belga Creux:
—¡Su Chief Salamander declaró él mismo que todo había sido obra de las salamandras!
Profesor Van Dott:
—Su discurso no fue oficial.
Maitre Rosso Castelli:
—Estamos autorizados a desmentir su discurso. Pido que sean escuchados los expertos técnicos, y que manifiesten si es posible provocar en la corteza terrestre, de manera artificial, brechas de sesenta y siete kilómetros. Les propongo que ejecuten un experimento en la misma extensión. Mientras no existan esas pruebas, señores, seguiremos hablando de «actividades volcánicas». De todas formas, Chief Salamander está dispuesto a comprar al Gobierno francés los golfos marítimos que se formaron a consecuencia del terremoto en Senegambia, y que pueden servir para nuevas residencias de las salamandras. Tenemos plenos poderes para tratar del precio con el Gobierno francés.
El delegado francés, ministro Devaclass="underline"
—Si esto equivale a una especie de indemnización por los daños causados, estamos dispuestos a considerarlo.
Maitre Rosso Castelli:
—Muy bien. El Gobierno de las salamandras pide que en el contrato de venta sea incluido el territorio de las Landas, desde la desembocadura del Gironda hasta Bayona, con una extensión de seis mil setecientos veinte kilómetros cuadrados. En otras palabras: el gobierno de las salamandras está dispuesto a comprar a Francia esta parte de su territorio sur.
Ministro Devaclass="underline"
(Nacido en Bayona y diputado por dicha región.)
—¿Para que vuestras salamandras conviertan en mar el suelo de Francia? ¡Nunca! ¡Nunca!
Maitre Rosso Castelli:
—Francia se arrepentirá de esas palabras, señor. Hoy se ha hablado todavía de precio de venta.
Después de esto, se suspendió la sesión.
El tema principal de la segunda reunión fue un gran ofrecimiento internacional a las salamandras para que, en lugar de destrozar los antiguos continentes tan densamente poblados, se construyesen ellas mismas nuevas costas e islas, para lo que se les garantizaría un sustancioso crédito. Los nuevos continentes e islas así construidos serían después considerados como territorios independientes bajo la soberanía de las salamandras.
Dr. Manuel Carvalho: (Gran abogado de Lisboa.)
Da las gracias por este ofrecimiento que transmitirá al Gobierno de las salamandras. Añade que hasta un niño puede comprender que es un trabajo mucho más largo y complicado construir nuevos continentes que destruir los antiguos.
—Nuestros clientes necesitan nuevas costas y bahías a corto plazo —continuó—. Para ellos es cuestión de ser o no ser. Sería mejor para la Humanidad aceptar los generosos ofrecimientos de Chief Salamander, que hoy está todavía dispuesto a comprar el Mundo a los humanos en vez de tomarlo por la fuerza. Nuestros clientes han encontrado la forma de obtener el oro contenido en el agua del mar. A consecuencia de esto, dominan espacios casi inconmensurables. Pueden pagar el Mundo de ustedes muy bien, sí; magníficamente. Cuenten ustedes con que, para ellos, el precio del Mundo bajará cada vez más con el correr del tiempo, sobre todo si se producen, como es de suponer, otras catástrofes tectónicas o volcánicas, mucho más extensas que aquéllas de las que hemos sido testigos hasta ahora, que reducirían considerablemente la extensión actual de los continentes. Cuando sobre la superficie de los mares queden solamente los picos de las montañas, no les dará nadie por ellas ni un pepino. Estoy aquí, desde luego, como representante y consejero legal de las salamandras —continuó el señor Carvalho—, y debo defender sus intereses; pero soy también un hombre, señores, y el bienestar de la Humanidad me interesa tanto como a ustedes. Por eso les aconsejo, ¡no!, les suplico, que vendan los continentes cuando todavía están a tiempo. Pueden venderlos en conjunto o divididos según países. Chief Salamander, cuya magnanimidad e ideas modernas son conocidas por todos, se compromete a evitar en lo posible las víctimas humanas en los futuros y necesarios cambios del mundo. La inundación de los continentes se hará gradualmente y de forma que no produzca pánico ni catástrofes innecesarias.
Tenemos poderes para comenzar las negociaciones, ya sea en una solemne conferencia de todas las naciones, o con los diferentes países en particular. La presencia de abogados tan destacados como el profesor Van Dott, o Maitre Julien Rosso Cas-telli, deben servirles de garantía de que, junto a los intereses de nuestros clientes, iremos mano a mano con ustedes para defender lo más querido por todos nosotros: la cultura humana, el bienestar de toda la Humanidad.
En medio de una gran tensión se pasó a la siguiente proposición. Se ofreció a las salamandras poner a su disposición la China central para inundarla; a cambio de ello las salamandras se comprometerían a asegurar para siempre las costas de los Estados europeos y sus colonias.
Dr. Rosso Castelli:
—Para siempre es quizás demasiado. Digamos mejor por doce años.
Profesor Van Dott:
—La China central es demasiado poco. Digamos las provincias de Nganhuei, Honan, Kiangsu, Chi-li y Fung-tien.
El delegado japonés protestó contra la entrega de la provincia de Fung-tien, situada en zona de influencia japonesa. El delegado chino hizo uso de la palabra pero, por desgracia, no se le pudo entender. En el salón de sesiones reinaba gran intranquilidad. Era ya la una de la madrugada.
En aquel momento entró en la sala el secretario de la delegación italiana y murmuró algo al oído del delegado italiano, Conde de Tosti. El Conde empalideció, se levantó y, sin tener en cuenta que el delegado de China, Dr. Ti, estaba todavía hablando, exclamó con voz ronca:
—Señor presidente, pido la palabra. Precisamente acaban de comunicarme que las salamandras acaban de inundar parte de nuestra provincia de Venecia, en dirección a Portogruaro.
A esto siguió un silencio impresionante. Solamente el delegado de China continuaba hablando.
—Chief Salamander se lo advirtió hace ya tiempo —gruñó el Dr. Carvalho.
El profesor Van Dott se movió algo inquieto y alzó la mano.
—Señor presidente, quizá deberíamos volver al asunto que se estaba tratando. En el programa está la cuestión de la provincia de Fung-tien. Estamos autorizados a ofrecer a las autoridades japonesas una remuneración en oro. La cuestión es, qué dan los Estados interesados a nuestros clientes por acabar con China.