Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]
- Автор: Мартин Джордж Рэймонд Ричард
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-0012-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:
Durante el cuarto día completó su inspección. Al quinto día puso en funcionamiento el cronobucle. —El tiempo es su esclavo —le dijo a Kefyra Qay cuando ésta la interrogó sobre dicho aparato—. Puede hacer que vaya muy despacio o puede obligarle a que corra como el rayo. Vamos a hacer que corra y de ese modo los guerreros que estoy creando podrán alcanzar su madurez mucho más rápidamente de lo que sería posible siguiendo el curso natural de las cosas.
Durante el sexto día estuvo muy ocupado en la cubierta de aterrizaje, modificando dos lanzaderas para que fueran capaces de transportar a las criaturas que estaba fabricando, instalando en su interior tanques de varios tamaños y llenándolos luego de agua.
A la mañana del séptimo día se reunió con Kefyra Qay cuando ésta desayunaba y le dijo:
—Guardiana, estamos listos para empezar. Ella pareció algo sorprendida. —¿Tan pronto?
—No todas mis criaturas han llegado ya a su plena madurez, pero no importa. Algunas son monstruosamente grandes y deben ser trasladadas antes de que lleguen a su tamaño adulto. El proceso de clonación continuará, por supuesto. Debemos poseer un número suficiente de criaturas que asegure su viabilidad, pero en estos momentos ya hemos llegado a un estadio en el cual resulta posible empezar la siembra de los océanos de Namor.
—¿Cuál es su estrategia? —le preguntó Kefyra Qay. Haviland Tuf apartó su plato a un lado y frunció los labios.
—Guardiana, mi estrategia actual es tan tosca como prematura y se basa en unos conocimientos más bien insuficientes. No aceptaré ninguna responsabilidad en lo tocante a su éxito o fracaso. Sus crueles amenazas me han impulsado a obrar con una premura muy poco conveniente.
—De todos modos —le replicó ella secamente—, ¿qué está haciendo?
Tuf cruzó las manos sobre el vientre. —El armamento biológico, como todos los demás tipos de armamento, presenta muchas formas y tamaños. El modo más adecuado de acabar con un enemigo humanoide es darle con un láser en el centro de la cabeza. En términos biológicos, el equivalente podría ser un enemigo natural o un predador adecuado, o una plaga que atacara solamente a dicha especie. Dado que me faltaba el tiempo necesario, no he tenido la oportunidad de preparar una solución tan económica.
»Existen otros métodos menos satisfactorios. Podría introducir en su mundo una enfermedad capaz de liquidar a los acorazados, los globos de fuego y los caminantes, por ejemplo. Existen varios candidatos posibles para tal papel pero sus monstruos marinos tienen parientes próximos en muchas especies de vida marina, con lo cual dichos tíos y primos también sufrirían tal enfermedad. Mis proyecciones indican que prácticamente tres cuartas partes de la vida marina de Namor serían vulnerables a un ataque de ese tipo. Como otra alternativa, tengo a mi disposición hongos de crecimiento muy veloz y animales microscópicos que serían capaces de colmar literalmente sus océanos eliminando de ellos todo tipo de vida. Claro que dicha elección me ha parecido igualmente insatisfactoria ya que su resultado final sería imposibilitar la vida de los seres humanos en Namor. Continuando con mi analogía de hace unos instantes, esos métodos son el equivalente biológico de matar a un individuo de la especie humana, haciendo explotar un ingenio termonuclear de baja potencia sobre la ciudad en la cual reside habitualmente, y por dicha razón he terminado descartándolos.
»En vez de ello he acabado optando por lo que podría denominarse como una estrategia de fuego a discreción, introduciendo muchas especies nuevas en la ecología namoriana con la esperanza de que algunas de ellas puedan acabar resultando enemigos naturales efectivos y capaces de ir diezmando las filas de sus monstruos marinos. Algunos de mis guerreros son animales tan grandes como letales y son lo bastante formidables como para encontrar presa fácil incluso a sus temibles acorazados. Otros son pequeños pero veloces, cazadores semiocasionales que forman jaurías y se reproducen a gran velocidad. Hay otros que son casi invisibles y tengo la esperanza de que encuentren a esos monstruos de pesadilla en sus etapas más jóvenes y menos potentes, reduciendo de tal modo su número. Por lo tanto y como ya habrá comprendido, mi estrategia es múltiple y variada. Estoy usando toda la baraja y no limitándome a una sola carta. Dado su tajante ultimátum, era mi única opción posible —Tuf le dirigió una seca inclinación de cabeza—. Tengo la esperanza de que se encuentre satisfecha, Guardiana Qay.
Ella frunció el ceño, pero no le respondió.
—Bien, caso de que haya terminado con esas deliciosas gachas de hongos —dijo Tuf—, podemos empezar. No deseo que saque la impresión de que estoy perdiendo el tiempo de. liberadamente. Doy por sentado que posee usted un perfecto entrenamiento como piloto, ¿no?
—Sí —le replicó ella con brusquedad. —¡Excelente! —dijo Tuf—. Entonces, le daré instrucciones en cuanto a la peculiar idiosincrasia de mi lanzadera. Dentro de una hora ya habrá sido cargada hasta los topes y podrá empezar su primer viaje. Seguiremos largas trayectorias rectilíneas sobre sus mares e iremos descargado nuestra carga en sus revueltas aguas. Yo me encargaré de pilotar el Basilisco en el hemisferio norte y usted se encargará de la Mantícora en el sur. Si este plan le parece aceptable, dirijámonos hacia las rutas que he planeado —y Haviland Tuf se levantó con envarada dignidad.
Durante los veinte días siguientes Haviland Tuf y Kefyra Qay cruzaron de un extremo a otro los peligrosos cielos de Namor, trazando con sus viajes una lenta rejilla sobre el océano y sembrándolo con su carga. La Guardiana sentía una extraña alegría durante esos viajes. Era agradable estar de nuevo en acción y, además, lo que hacía le daba cierta esperanza. Ahora los acorazados, los globos de fuego y los caminantes tendrían que vérselas con sus propias pesadillas, recogidas al azar de una cincuentena de planetas.
De Viejo Poseidón llegaron la anguilas vampiro, las nessies y las enmarañadas masas de las telarañas de hierba, afiladas como navajas e igualmente mortíferas.
De Acuario, Tuf había clonado los cuervos negros, los aún más veloces cuervos escarlata, las bolas de algodón venenoso y la tan fragante como carnívora hierba de la dama.
Del Mundo de Jamison, las cubas habían hecho surgir a los dragones de arena, a los dreerantes y una docena más de especies ofidias, tanto grandes como pequeñas, de casi todos los colores imaginables.
Y de la Vieja Tierra la biblioteca celular había rebuscado hasta encontrar a los gigantescos tiburones blancos, las barracudas, los pulpos gigantes y las orcas, dotadas de tal astucia que se las podía calificar de medio inteligentes.
Sembraron Namor con el monstruoso kraken gris de Lissador y el kraken azul de Ance, no tan grande como el otro; con las colonias de medusas de Noborn; con los látigos giratorios de Daronian y el encaje sangriento de Cathaday, así como los peces fortaleza de Dam Tullian, la pseudoballena de Gulliver y el ghrin’da de Hruun-2, al mismo tiempo que utilizaban miniaturas como las navajas de Avalon, los parásitos caesni de Ananda y las mortíferas avispas acuáticas de Deirdran, que se reproducían por huevos y eran capaces de construir nidos enormes. Para que se encargaran de los globos de fuego habían traído una incontable variedad de especies capaces de surcar el aire: mantas de aguijón, las alas-navaja de un brillante rojo anaranjado, rebaños enteros de los aulladores semi acuáticos. y una criatura espantosa, de un pálido color azulado, medio planta y medio animal, prácticamente sin peso y capaz de flotar en el viento, acechando dentro de las nubes como una telaraña viviente y dotada de un hambre feroz. Tuf la llamaba la-hierba-que-llora-y-suspira y le aconsejó a Kefyra Qay que, en lo sucesivo, no volara nunca a través de las nubes.