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El artista de la muerte

Электронная книга - «El artista de la muerte». Краткое содержание книги:

`El artista de la muerte` es un asesino que recrea cuadros famosos con sus víctimas: La muerte de Marat de Jacques-Louis David, El Desollamiento de Marsias de Tiziano…
Kate McKinnon, una prestigiosa y adinerada historiadora de arte descubre que todas las personas asesinadas tuvieron alguna relación con ella. Antes de dedicarse al arte, Kate había sido policía, por lo que decidirá colaborar en la investigación. Pronto llegará a la conclusión que la próxima víctima del asesino podría ser ella.
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– Vete a la mierda -dijo Trip-. Y no creas que no voy a presentar cargos contra ti.

– Adelante. Mientras tanto, deja que te cuente un cuento. -Kate se recostó en el asiento, cruzó los brazos sobre el pecho-. Erase una vez un chico llamado Damien Trip que conoció a una chica llamada Elena Solana…

– Eh, ¿quieres un cuento? -Trip extrajo un cigarrillo del paquete de ella con un toquecito, se lo colocó entre los labios con manos temblorosas-. Pues sé uno que no te va a gustar.

– Adelante. Entretenme.

Bajo la desagradable luz, la piel de Damien parecía cetrina, los hoyuelos más parecidos a cortes.

– Bueno, la historia de Damien y Elena. -Le dedicó a Kate una sonrisa hermética.

Kate tenía ganas de darle otra paliza.

– ¿Los hombres metidos en el negocio del porno? -dijo Trip con la cabeza ladeada, con el cigarrillo en la comisura de los labios como si fuera una estrella del cine francés-. Los hay a patadas. No es que yo no fuera bueno en mi época. Era un chico tímido, ¿sabes, Kate? Pero, joder, colócame frente a una de esas cámaras y… bueno, no quiero fanfarronear, pero…

– Así que ibas a ser una estrella.

– No, Kate. Estás equivocada. Ya casi había dado por terminada mi carrera. Y no es que no pueda hacer que se me levante cuando me da la gana.

– Oh, estoy impresionada. Pero qué curioso, siempre me pareció que los fanfarrones eran los que tienen problemas al respecto. -Negó con la cabeza lentamente-. No se te levantaba. ¿Eso es lo que te pasó?

– De ninguna manera.

– No había semen, Damien. No hubo penetración. -Kate se inclinó sobre la mesa-. No lo conseguías, ¿verdad? -Se calló e intentó infundir cierta compasión a su voz-. Mira, lo entiendo. Es una cuestión de orgullo. Elena se reía. No pudiste soportarlo. Es vergonzoso. Tenías que hacerla callar. No podías permitir que lo fuera contando por ahí. No en tu entorno de trabajo.

– Te equivocas en todo, Kate. Elena era actriz, ¿recuerdas? Perdona, una artista. -Trip se echó a reír-. ¡Menuda gilipollez! Pero conseguí que rindiera, y tanto, ¡y era muy buena! -Hizo una pausa, miró a Kate de hito en hito-. La viste, ¿verdad? Tenía talento.

A Kate le temblaban los músculos. Trip no tenía ni idea de lo afortunado que era por gozar de la seguridad de encontrarse en una comisaría de policía.

– íbamos a ser grandes. Grandes de verdad. Y Elena era diferente.

– A lo mejor era completamente diferente de lo que tú pensabas, Damien.

– A lo mejor era completamente diferente de lo que tú pensabas, Kate.

Kate entornó los ojos y lo miró fijamente.

– No te caigo demasiado bien, ¿verdad?

– ¿Por qué ibas a importarme siquiera una mierda?

– Oh, por la forma como Elena hablaba de mí… la madraza. Y luego tú, el chico triste y sin madre. No era muy agradable, ¿verdad? He visto las estadísticas de las familias de acogida. Siete casas en ocho años. No está mal.

– Es una forma de verlo. -Se arremangó la camisa y le enseñó una serie de cicatrices-. ¿Alguna vez te han apagado un cigarrillo en la piel, Kate? ¿Y qué te parece que te echen agua hirviendo por encima porque pides algo de comer?

– Ya sé que lo pasaste mal, Damien.

– ¿Ah, sí? -Sus ojos claros eran como dos piedras-. ¿Tú? -Esbozó una sonrisita-. Eh, ¿sabes que Elena me contó que no puedes tener hijos? No te funcionan las cañerías, ¿eh, Kate?

Kate se sintió herida, pero no permitió que él lo notara.

¿Por qué no se le había ocurrido antes? Porque no era más que una puta tonta, por eso. Janine abrió el frasco de Percocet que el agradable médico joven le había dado en caso de que los puntos de la mano le causaran molestias.

Extrajo una botella de vodka del frigorífico, la cargó hasta el dormitorio sujetando el cuello helado entre los dedos. Recolocó los cojines, se recostó en ellos, se tragó un par de comprimidos de Percocet con la ayuda de un poco de vodka helado.

La luz fría del televisor brillaba en la habitación y difuminaba los bordes del mobiliario de formica gris perla y las sábanas blancas de satén. En la VH-1 estaban haciendo dos por uno y la dichosa Vanessa Williams cantaba otra balada taciturna. Janine pensó que si hubiera tenido la piel clara, los ojos verdes y los labios finos de Vanessa, pues a lo mejor habría tenido una vida mejor. Quizás ella también podría haber cambiado el porno por el estrellato, se habría hecho millonada y habría sido feliz para siempre jamás. Pero de sólo pensarlo le entraba dolor de cabeza. Otro Percocet la ayudaría, y un trago de vodka.

¿Por qué tuvo que presentar a Elena a Trip? Mierda. Cuando se ponía a pensar en su amiga, volvía a sentir el dolor. No le dolía la mano, ni la cabeza, no era un punto localizable pero era real, la corroía por dentro, más de lo que era capaz de soportar. Janine se levantó de la cama haciendo un esfuerzo. Necesitaba algo más fuerte.

Iba a guardarla, pero ¿para qué? La heroína que Damien Trip le había traído. Menuda sorpresa. Y sin que ella se la pidiera, ni se la pagara. Tal vez porque no era de la mejor. Floja, había dicho él, y como no conseguía venderla, se la había dado. Probablemente quisiera deshacerse de esa mierda. Lo que fuera. Pero Janine no era imbécil. Sabía que Trip intentaba comprar su silencio, se imaginaba que si se portaba bien con ella no contaría que lo había visto con Elena el mismo día en que la asesinaron. Un poco tarde para eso. Aunque le juró que no había dicho ni una palabra. No obstante, era curioso que Trip no la hubiera amenazado. No era habitual en él. Pero ahora que el Percocet y el vodka le estaban haciendo efecto, no era capaz de saberlo; tenía el cerebro borroso.

Calentó un poco de heroína en la cocina y llenó una jeringa.

El aire de la sala de interrogatorios estaba enrarecido.

– Lesbos es más -dijo Kate-. Un título muy curioso, Damien. Como «Menos es más». ¿Un juego de palabras sobre el mundo del arte?

– Tú sabrás. Tú eres la experta en arte, joder -dijo Trip-. Vidas de artistas. Menuda porquería.

– Siento que no te gustara mi libro, Damien. Pero volvamos a tu espectacular película, ¿de acuerdo? Los artistas minimalistas siempre dicen que… menos es más… ¿verdad? ¿Conoces algún artista minimalista, Damien?

– ¿A quién le importa un carajo el arte minimalista?

– Pues a Ethan Stein le importaba -declaró Kate-. ¿Conoces a Ethan Stein, Damien?

Dio la impresión de que Trip temblaba unos instantes.

– No -dijo.

Kate rebuscó entre los listados del FBI que tenía sobre la mesa y extrajo el expediente académico de Trip.

– Qué raro. Porque erais compañeros de clase, en Pratt.

Trip se estiró para ver el listado.

– Puede ser.

– No puede ser, es.

– No le recuerdo.

– ¿Ah, no? ¿No recuerdas al mejor alumno de pintura de tu clase? El que hizo carrera en el mundo del arte, mientras tú… tus logros… -Kate recorrió con el dedo el expediente de Pratt-. Veamos. Suspendiste pintura, suspendiste dibujo, de hecho, te echaron de la escuela de bellas artes. Luego te suspendieron en la escuela de cine. -Se acercó más a él con una sonrisa mezquina-. De hecho, eres un perdedor, ¿no, Damien? Un artista verdaderamente frustrado.

Trip la miró con dureza.

– Ahora lo estás sacando todo. Te estás vengando, ¿no? -Kate dejó la postal de Ethan Stein, Luz blanca, sobre la mesa-. Y odiabas a Stein, te molestaba su éxito. No podías soportarlo, ¿verdad?

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