El artista de la muerte
- Автор: Santlofer Jonathan
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El artista de la muerte». Краткое содержание книги:
Kate McKinnon, una prestigiosa y adinerada historiadora de arte descubre que todas las personas asesinadas tuvieron alguna relación con ella. Antes de dedicarse al arte, Kate había sido policía, por lo que decidirá colaborar en la investigación. Pronto llegará a la conclusión que la próxima víctima del asesino podría ser ella.
Al cabo de quince minutos y tras visionar varias cintas, vio a Janine Cook, desnuda pero con unas botas de tacón negras hasta los muslos dando latigazos a un tipo gordo de mediana edad que llevaba una capucha de cuero. Kate detuvo el avance rápido.
– Es la amiga de Elena Solana, Janine Cook. -Kate observó la pantalla-. Espere un momento. Ese tipo… -Pulsó la tecla de avance rápido, pero no varió gran cosa: más latigazos y marcas rojas que iban apareciendo en el pecho flácido del hombre.
– ¿Qué hay? -preguntó Brown.
– No estoy segura -dijo Kate-. Me refiero a que con la capucha y tal, pero («joder»), ¡creo que podría ser Bill Pruitt!
Brown se acercó para verlo más de cerca.
Kate pulsó la tecla de rebobinado y se fijó cuando el tío se quitaba la capucha, una milésima de segundo en la película, justo antes de que la cinta se quedara en blanco.
– ¿Era él? -inquirió Brown.
Reprodujeron ese fotograma una y otra vez.
– Creo que sí -dijo Kate.
– Bueno, está claro que podría ser la capucha que encontramos en su casa.
– ¿Y el reloj y el anillo que lleva? Podemos hacer una ampliación de la imagen. -Kate se detuvo a pensar un momento-. Pruitt llevaba un anillo de Yale. Y deberíamos tener información sobre el reloj en algún sitio… si lo llevaba cuando murió.
– Los efectos personales se los quedó su madre.
– Cierto. Entonces podemos comprobar lo del anillo y el reloj a través de ella. Así lo confirmaríamos. -Kate miró la película con ojos escrutadores, en esta ocasión a cámara lenta. El látigo de Janine serpenteaba perezosamente en el aire-. El tipo tiene una cicatriz en el apéndice. Podemos comprobar el historial médico de Pruitt para ver si le extirparon el apéndice, o preguntarle a la forense.
Una vez más, Kate contempló las fracciones de segundo en que el hombre se despojaba de la capucha.
– Estoy prácticamente segura de que es él -dijo.
Brown extrajo la cinta, la introdujo en una bolsa y escribió COOK y luego ¿PRUITT? en la parte superior.
– Esto podría relacionar a Trip con el asesinato de Solana y de Pruitt -manifestó.
A Kate se le agolpaban las ideas en la cabeza. Tenía que hablar con Janine Cook. Pero antes debía ver más de esas dichosas películas, y lo sabía. Se recostó en el asiento, encendió un Marlboro, rezó una oración en silencio… tal vez eso fuera todo lo que iba a descubrir.
Pero no. Bastaron cinco películas y veinte minutos para ver lo que no quería ver. Saltó hacia delante y pulsó con brusquedad el botón de parada.
Brown miró a Kate y luego a la pantalla vacía. Conocía la respuesta, pero de todos modos formuló la pregunta.
– ¿Solana?
Kate se limitó a asentir.
– ¿Le importa si…? -dijo luego con voz queda.
Brown se levantó y se alejó.
Kate volvió a poner la película. Elena delante de la cama. La que tenía allí mismo.
Esta vez estaba demasiado claro. Kate casi era capaz de imaginar que Elena estaba en la habitación con ella, no sólo en esa pequeña pantalla con el color desvaído y con una mala iluminación. Elena sonreía, nerviosa, quizá. No era la típica escena de reina del porno, pero no había duda de que se trataba de ella. A Kate le costó identificar sus sentimientos. Pero cuando lo logró, se dio cuenta de que no sentía nada.
Entonces Elena empezó a desnudarse, bamboleándose, casi bailando, despojándose de la falda. «Dios mío, la falda mexicana.» A Kate le había empezado a doler la cabeza. De todos modos, se obligó a mirar. Los movimientos de Elena le resultaban insufriblemente lentos, como si el tiempo mismo estuviera ebrio. Cinco minutos insoportables, una eternidad hasta que Elena estuvo desnuda. Kate pulsó el botón de avance rápido. Ahora Elena estaba en la cama y apareció la figura en la sombra de un hombre. Kate reprodujo la película a velocidad normal. El hombre era Trip. Miraba a la cámara mientras Elena le practicaba una felación y sonreía con esa asquerosa cara de monaguillo.
Otra vez avance rápido. Elena y Trip follando. La cámara enfocó el rostro de la joven, ojos cerrados, cabeza echada hacia atrás. Más cerca. El sudor de su frente. Los labios separados. Kate observó la imagen hasta que se convirtió en una abstracción, una serie de puntos borrosos.
– ¿Ése era Trip? -Brown la ayudó a ponerse en pie e hizo ademán de guardar la cinta en una bolsa.
– Sí. -Kate agarró la cinta con mano temblorosa-. Espere. -Durante unos instantes estuvo convencida de lanzarla contra la pared de cemento y de verla romperse en pedazos. Pero no lo hizo. Había visto el título: Lesbos es más.
– ¿Y significa?
– Buscamos un artista, ¿recuerda? O alguien que finja serlo. Trip fue estudiante de arte aparte de cineasta. -Kate reflexionó al respecto-. «Menos es más» no sólo fue el credo del movimiento alemán de la Bauhaus sino que los artistas minimalistas lo retomaron aquí en Estados Unidos. Se convirtió en su lema. Ethan Stein era un artista minimalista. Tal vez esto también dé a entender algo sobre Stein.
De pronto a Kate le entraron ganas de vomitar, consiguió recorrer el pasillo hasta llegar al baño, se lavó la cara con agua fría, evitó mirar el lavabo mohoso, lo cual sin duda le provocaría decididamente el vómito. Tenía ganas de gritar, de darle un puñetazo a alguien, de dar una patada. Y eso hizo. Primero a la pared, luego al tocador de madera que sostenía el lavamanos, que se astilló. A sus pies cayeron unas bolsitas de polvo blanco; las jeringuillas desechables repiquetearon en el suelo.
– ¡Brown!
Kate sonrió cuando le mostró el hallazgo.
– Un motivo de peso para detener a Trip.
Brown asintió y guardó las pruebas en una bolsa.
– Tiene un aspecto terrible, McKinnon. Váyase a casa. Emitiré una orden de búsqueda y captura.
– Me iré a casa -dijo Kate-. Después de que vea a Janine Cook.
No estaba seguro de cuánto sabían o de qué habían descubierto exactamente, pero Damien Trip tenía una idea bastante aproximada. «Hija de puta, maldita hija de puta.» Rondó por la calle, entró en el colmado y fue echando vistazos por la ventana, esperó a que el coche de Kate y Brown dobló la esquina. No cabía duda de que eran polis. Lo había presentido el otro día. Ahora tenía que pensar, decidir qué cabos sueltos empezar a atar. Estaba prácticamente seguro de adónde iría Kate, de con quién hablaría. Pero eso no le preocupaba. No le suponía ningún problema.
Kate agarró la cinta de vídeo con fuerza.
– ¿Por qué no me lo contaste?
Janine Cook se encogió de hombros, señaló la cinta con la mano.
– Si no te gusta, no mires.
– Janine. -Agarró a la joven por los hombros. Las lentejuelas púrpura del ajustado mono parecían escamas de pez bajo los dedos de Kate. No tenía paciencia para andarse con sutilezas-. ¿Sabes quién es el tío de la película?
– ¿Qué tío? -dijo Janine, aburrida-. ¿De qué película hablas?
Kate le enseñó la funda.
– Una escena de sadomaso. Tú dándole latigazos a un hombre de mediana edad que lleva una capucha de cuero.
– Oh, ya. -Janine fingió un bostezo.
Kate sintió ganas de darle una bofetada, pero se contuvo, conservó la calma.
– Creo que ese hombre es William Pruitt. Fue asesinado, Janine. A-se-si-na-do. Por la misma persona que mató a Elena. Y tú podrías ser la próxima. -Kate dejó que asimilara la información unos momentos-. Dices que eras amiga de Elena. Pues, sé su amiga, por amor de Dios.
Janine se mordió el labio inferior como una niña pequeña.
– ¿Conocías a ese hombre?
– No. Pero… -Estiró el brazo para apoyarse en el sofá violeta, como si estuviera a punto de perder el equilibrio-. Damien grabó la escena personalmente. El tío le dio un buen fajo de billetes. Cientos.