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El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]

Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:

Cuando EL MARTILLO DE LUCIFER, el cometa gigante, chocó contra la Tierra, hizo pedazos la civilización. Los días felices habían terminado. Estaban viviendo el fin del mundo. Los terremotos eran tan fuertes que no podían medirse con la escala de Ritcher. Las olas marinas alcanzaban alturas incalculables. Las ciudades se convirtieron en océanos, y los océanos en nubes. Era el principio de la nueva Edad del Hielo. Y el final de los gobiernos, los planes, los hospitales y el derecho. Y sobre ellos, igual que otro martillo del demonio, la más terrible selección del hombre hecha por el hombre que jamás se había producido.
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Los muchachos se despertaron uno tras otro. Gordie rió alegremente al oír que Andy Randall le preguntaba a Bert:

—¿Quieres decir que has estado durmiendo mientras duraba ese espectáculo? ¿Toda la noche?

No encendieron una hoguera porque no había suficiente leña. Cada año había menos lugares donde uno pudiera encender un auténtico fuego. Pocos chicos sabían cocinar con un fuego de madera. Sería malo que ellos tuvieran que cuidarse por sí mismos, pero eso no sucedería más. Actualmente, si uno se pierde, limpia una zona de quince metros de diámetro y enciende una cerilla en el centro. Muy pronto una patrulla contra incendios se pone en marcha para entregar una citación al presunto incendiario. Ya no quedan bosques profundos, espesos, como cuando era niño...

Pensó que debía haber dormido un poco, porque su mente divagaba. Pero no importaba. Faltaba poco. Decidió tomar otra taza de chocolate.

Puso a hervir el agua.

—Vamos a recoger las cosas —ordenó a los chicos—. Es hora de movernos. Plegad los sacos y ataos las botas. Os quiero en el camino dentro de cinco minutos.

El núcleo del cometa está bañado en luz, la cola y el coma recogen la luz del sol en un inmenso volumen y la reflejan, enviando parte a la Tierra, parte al espacio, parte al mismo núcleo.

El cometa ha sufrido. Las explosiones en la cabeza lo han dividido en porciones montañosas. Megatones de sustancias químicas volátiles se han esfumado. Las grandes masas en la cabeza tienen incrustado barro helado del que ha desaparecido la mayor parte del granizo.

Sin embargo las incrustaciones retardan una mayor evaporación. Otros cometas han sobrevivido a muchos de tales pasos a través del torbellino. Han perdido una gran cantidad de masa, vertida en la cola, pero una considerable parte del coma se helará de nuevo, y las porciones rocosas podrían fusionarse. Cristales de extrañas formas heladas pueden unirse y engrosar un cometa, allá en la oscuridad y el frío, durante millones de años... Ojalá el Hamner-Brown pudiera regresar al halo cometario.

Pero parece que hay algo en su camino.

Segunda parte

EL MARTILLO

Y yo observé cuando él abrió el sexto sello, y he aquí que se produjo un gran temblor de tierra; y el sol se puso negro como una arpillera de pelo, y la luna roja como sangre, y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra.

La Revelación de San Juan el Divino.

LA MAÑANA DE LA CAÍDA DEL MARTILLO

Hay un lugar con cuatro soles en el cielo, rojo, blanco, azul y amarillo. Dos de ellos están tan próximos que se tocan, y entre ellos fluye material de estrellas.

Conozco un mundo con un millón de lunas. Conozco un sol del tamaño de la Tierra, hecho de diamante.

Carl Sagan, La conexión cósmica: una perspectiva extraterrestre.

Cuando Rick Delanty se despertó la mañana era maravillosa. Un rectángulo de luz avanzaba por su brazo. Aquellas magníficas mañanas llegaban cada hora y media a bordo del laboratorio espacial, y todavía no se había cansado de ellas. Utilizó el tubo y salió del Apolo.

Ante las grandes ventanillas del laboratorio espacial se amontonaban telescopios, cámaras y otros instrumentos. Para poder ver el exterior había que alzar el cuello por encima de ellos, sujetándose a los pasamanos de las mamparas, flotando en los espacios abiertos.

Baker y Leonilla Malik estaban introduciendo datos en el ordenador de a bordo. Ella alzó la vista hacia el recién llegado.

—Hola, Rick —le saludó, pero volvió en seguida al trabajo sin llegar a ver la viva sonrisa de Rick.

Era hora de trabajar, pero Rick Delanty aún era en parte un turista, y estaba ansioso de ver la aparición del cometa. Encontró un telescopio de observación que no había sido usado hasta el momento. Tenía un gran protector contra el sol empotrado, de modo que Rick podía mirar el cometa sin temor a que la luz le cegara.

Ante los ojos se ofrecía una especie de representación estilizada del resplandor solar en pintura de brillantes colores. Era como caer en un pozo profundo durante un viaje con LSD. Los alegres regueros luminosos de la cola fluían hacia el exterior tan lentamente como un eclipse lunar. En el corazón del cometa la superficie parecía granulosa.

—Atención, Houston —dijo Baker—. Observamos un movimiento lateral relativo hacia nosotros. Creo que podréis verlo con vuestro sistema telemétrico. Y todavía hay actividad, aunque ha estado disminuyendo desde que el Martillo rodeó el Sol. En la última observación sólo hemos registrado una explosión, pero poca cosa, no como el gran estallido que observamos ayer.

—Atención, laboratorio, parece que hay algún error en los datos. El JPL solicita el seguimiento óptico de la porción más grande que podáis encontrar. ¿Podéis hacerlo?

—Lo intentaremos, Houston.

—Yo lo haré, Johnny —dijo Rick. Hizo girar la manivela del telescopio y atisbo la oscuridad—. Leonilla, ¿quieres echarme una mano? Ajusta la telemetría.

—De acuerdo —dijo ella.

Baker prosiguió su informe.

—Houston, el núcleo está muy extendido, y el coma es enorme. He introducido el diámetro angular en el ordenador y el resultado es de ciento cuarenta mil kilómetros. Tan grande como Júpiter. Podría envolver la Tierra sin que nos diéramos cuenta.

—No diga tonterías —respondió una voz familiar—. La gravedad lo desmenuzaría...

La voz de Charlie Sharps empezó a desvanecerse.

—Houston, no les oímos bien —dijo Baker.

—Eso no es Houston. Es Sharps, del JPL —dijo Rick sin apartar la vista del telescopio.

—Pero lo recibimos a través de Houston. Maldición. El material del cometa está trastornando la ionosfera. Vamos a tener problemas de comunicaciones hasta que esa cosa haya pasado. Será mejor que grabemos las observaciones que hagamos, por si no nos oyen.

—De acuerdo —dijo Delanty, y siguió mirando a través del telescopio.

Ante él se extendía el núcleo del Hamner-Brown. Le resultaba difícil centrar el aparato en la masa que había escogido. No había suficiente contraste para utilizar un sistema de seguimiento automático, y había que hacerlo a ojo. Delanty sonrió. Era un contratiempo más para el hombre espacial.

Vio una gruesa masa de polvo brillante que se movía lentamente, unas cuantas montañas volantes y muchas más partículas menores, todas mezcladas, sin orden, moviéndose al parecer caprichosamente mientras respondían a la presión luminosa y proseguían la actividad química. Era la materia primigenia del caos. A Rick se le hacía la boca agua: pensaba en la posibilidad de ir allí con una nave espacial, aterrizar en una de aquellas montañas y salir para echar un vistazo. La velocidad de ochenta kilómetros por segundo a la que se movían aquellas montañas no se apercibía.

Pero habrían de transcurrir décadas antes de que la NASA pudiera construir aquella clase de naves tripuladas, si es que alguien las construía alguna vez. Y cuando lo hicieran, Rick Delanty sería un viejo fatigado.

Entonces pensó que aquella no sería su última misión. Pronto funcionaría la lanzadera espacial, si aquellos malditos congresistas dejaban de poner pegas a los gastos de exploración espacial...

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