Deja en paz al diablo
- Автор: Вердон Джон
- Серия: Dave Gurney [es] #3
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Deja en paz al diablo». Краткое содержание книги:
Han pasado seis meses. David Gurney apenas ha conseguido reincorporarse a una cierta normalidad después de haberse encontrado al borde de la muerte tras resolver el caso más peligroso al que se había enfrentado. Madeleine, su esposa, está preocupada: ha sido diagnosticado con síndrome de estrés postraumático; nada parece alegrarle.
Hasta que recibe una llamada. Connie Clark, la periodista que creó la leyenda de superpoli, lo puso en la portada de una revista y lo catapultó a la fama, quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está realizando un documental sobre las familias de las víctimas de un asesino en serie al que nunca atraparon, el Buen Pastor, y Connie quiere que Gurney supervise sus investigaciones y la guíe. En parte por aburrimiento y en parte por hacerle un favor a Connie, Gurney acepta.
Sin embargo, esto no será más que el principio. Incapaz de ponerle coto a su curiosidad y a su necesidad de resolver cada una de las incógnitas que se le presentan, David Gurney se verá arrastrado a una investigación para descubrir la verdadera identidad del asesino. Un asesino que es tan imprevisible como peligroso.
Si en Sé lo que estás pensando te asombró y en No abras los ojos te aterró, con Deja en paz al diablo, John Verdon consigue lo inesperado: sorprender al lector a cada página hasta dejarlo sin aliento.
– ¿Sharon Stone?
– La misma.
– ¿Y?
– En la diana.
– Quieres decir que…
– La herida de entrada estaba en el mismo centro del lateral de la cabeza. En el mismísimo centro. Por supuesto, la herida de salida era una cuestión completamente distinta. Es difícil encontrar el centro de algo de lo que no queda nada.
– Es la herida de entrada la que cuenta.
– Exacto. Así que ahora tienes los dos impactos perfectos que ya conocías… y otro más. ¿Crees que es suficiente para probar lo que quieres probar?
– Podría ser. Gracias por tu colaboración.
– Existo solo para servirte.
Había colgado.
26
Los datos que había obtenido en relación con las heridas de las víctimas, aunque todavía no sabía bien qué podían significar o cómo podría emplearlas en su reunión del domingo con Trout, hacían que se sintiera más confiado. Notaba que, de repente, podía pensar con más rapidez, como si se hubiera tomado un doble expreso. Enseguida le vino a la mente una nueva pregunta.
Llamó a Kyle, pero esta vez le salió el buzón de voz. Supuso que estaba conduciendo.
– En cuanto oigas este mensaje, quiero que le preguntes a Kim cuánta gente conocía lo del cuento que su padre le contaba a la hora de acostarse. Cuánta gente conocía los detalles, sobre todo la frase «deja en paz al diablo». Si hay más de dos o tres, pídele que escriba una lista en la que detalle los nombres, las direcciones que conozca y qué relación tenía con ellos. Gracias. Ten cuidado. Hablamos pronto.
En cuanto colgó, se le ocurrió otra cosa. Volvió a marcar el número y dejó un segundo mensaje: -Perdona, pero se me acaba de ocurrir algo más. Después de que busques ese minirreproductor en el sótano, echa un vistazo para ver si encuentras micrófonos o algo parecido. Mira en los lugares más probables: alarmas antiincendio, protectores de sobretensión, luces nocturnas. Lo que debes buscar es cualquier cosa que haya dentro de esos elementos que pueda parecer que no debería estar allí. Si encuentras algo, no lo quites. Déjalo donde está. Nada más por ahora. Llámame lo antes posible.
La idea de que el apartamento de Kim pudiera estar pinchado, de que pudiera llevar mucho tiempo así, hizo que le asaltaran otro montón de dudas inquietantes. Cogió su copia de la carpeta del proyecto de Kim, que guardaba en el cajón del escritorio, y se acomodó en el sofá del estudio para repasarla una vez más.
Media hora más tarde, empezó a notar que toda la energía que había sentido antes empezaba a disiparse. Se dijo a sí mismo que cerraría los ojos durante cinco minutos, diez a lo sumo. Se recostó en los cojines blandos del sofá. Los dos últimos días habían sido muy tensos y agotadores, apenas había dormido.
Una siestecita…
Se despertó sobresaltado. Algo estaba sonando, pero por un momento no supo qué era. Al empezar a levantarse, descubrió un dolor punzante en el cuello, agarrotado por la posición forzada de la cabeza.
El timbrazo se detuvo y oyó la voz de Madeleine.
– Está dormido. -Y luego-. Cuando he llegado a casa, hace media hora, estaba completamente dormido. -Y luego-. Deja que vaya a ver.
Entró en el estudio. Gurney ya se estaba incorporando, tenía los pies en el suelo y estaba frotándose los ojos.
– ¿Estás despierto?
– Más o menos.
– ¿Puedes hablar con Kyle?
– ¿Dónde está?
– En el apartamento de Kim. Dice que ha estado tratando de localizarte en el móvil.
– ¿Qué hora es?
– Casi las siete.
– ¿Las siete? ¡Dios!
– Parece muy ansioso por decirte algo.
Gurney abrió los ojos de par en par y se levantó del sofá.
– ¿Qué teléfono?
Madeleine señaló el teléfono fijo del escritorio.
– Colgaré el supletorio de la cocina.
Gurney cogió el aparato.
– Hola.
– ¡Hola, papá! Llevo dos horas tratando de localizarte, ¿estás bien?
– Bien, solo agotado.
– Sí, olvidé que hace días que no duermes como es debido.
– ¿Has descubierto algo interesante?
– Más bien extraño. ¿Por dónde quieres que empiece?
– Por el sótano.
– Vale, en el sótano. ¿Sabes las tablas largas laterales en las que se encajan los peldaños? Pues bueno, he encontrado una estrecha rendija en la parte inferior de una de ellas, unos sesenta centímetros por encima del escalón que falta, y ahí está el chisme ese. Más o menos es la mitad de grande que uno de esos USB de tu ordenador.
– ¿Lo has quitado?
– Dijiste que lo dejara. Solo lo he movido un poco con el borde de un cuchillo, para ver lo grande que era. Pero esa es la parte rara. Al volver a ponerlo en la rendija, he debido de resetear algo, porque diez segundos más tarde he oído ese susurro, que es realmente aterrador. Suena como un maniaco en una película de terror silbando las palabras entre dientes: «Deja en paz al diablo». Da un miedo terrible.
– La rendija en la tabla… ¿se veía a primera vista?
– Para nada, qué va. Es como si hubieran cogido una pequeña astilla de madera para cubrir el agujero.
– Entonces ¿cómo…?
– Dijiste que estaría más o menos a un metro de donde caíste. No es una zona muy grande. He seguido mirando hasta que lo he encontrado.
– ¿Le has preguntado a Kim quién más conocía el cuento?
– Ella insiste en que la única persona a la que se lo contó fue al loco de su ex. Por supuesto, él podría habérselo contado a otra gente.
Hubo un silencio que Gurney aprovechó para intentar reunir las piezas del caso, que parecían muy distantes entre sí. Pero ¿de qué caso estaban hablando? ¿Del caso abierto del Buen Pastor? ¿Del posible acoso de Robby Meese a Kim Corazon? ¿Del incendio? ¿O de algún caso que unía todos esos y que también guardaba relación con la flecha que había aparecido en su jardín?
– Papá, ¿sigues ahí?
– Claro.
– Hay más. No te he contado la noticia más desagradable -dijo Kyle.
– ¿Qué pasa?
– Todas las estancias del apartamento de Kim están pinchadas, incluso el cuarto de baño.
Gurney sintió un escalofrío en la nuca.
– ¿Qué has encontrado?
– En tu mensaje de teléfono mencionabas los sitios obvios donde buscar. Primero he mirado en la alarma antiincendios de la sala de estar, porque sé qué aspecto tiene. Y he encontrado algo raro. Parece como un mando a distancia en miniatura, de esos que se emplean para abrir la puerta de un garaje. Tiene un alambre fino que sobresale al final. Supongo que es una especie de antena.
– ¿Había algo que pareciera una lente?
– No.
– Podría ser tan pequeña como medio grano de…
– No, créeme, ninguna lente. Pensé en eso y lo comprobé.
– Vale. -La ausencia de la lente de vídeo implicaba que el dispositivo no formaba parte del equipo de vigilancia de la policía. Para identificar a un intruso se coloca una cámara, no un micrófono-. ¿Has mirado en las otras alarmas?
– En todas las habitaciones; en todas había una cosa de esas.
– ¿Desde dónde me estás llamando?
– Estoy fuera, en la acera.
– Bien pensado. Tengo la impresión de que tienes algo más que contarme.
– ¿Sabes que hay un panel móvil que lleva al apartamento de arriba?
– No, pero no me sorprende. ¿Dónde está?
– En el lavadero de la cocina.
Gurney recordó que tanto la cocina como el lavadero tenían un techo con un motivo de grandes cuadrados formado por tiras entrecruzadas de molduras decorativas, ideales para ocultar un panel móvil.
– ¿Qué demonios te ha hecho…?
– ¿Mirar los techos? Kim me dijo que a veces oye ruidos por la noche, crujidos y otros ruidos por el estilo. Me habló de todas esas cosas raras, cosas que se mueven, cosas que desaparecen y reaparecen, las manchas de sangre, pese a que había cambiado la cerradura. Además, supuestamente, el apartamento de arriba está vacío. Así que cuando juntas todas estas cosas…