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Deja en paz al diablo

Электронная книга - «Deja en paz al diablo». Краткое содержание книги:

Nada es nunca lo que parece. Y menos si David Gurney está involucrado.
Han pasado seis meses. David Gurney apenas ha conseguido reincorporarse a una cierta normalidad después de haberse encontrado al borde de la muerte tras resolver el caso más peligroso al que se había enfrentado. Madeleine, su esposa, está preocupada: ha sido diagnosticado con síndrome de estrés postraumático; nada parece alegrarle.
Hasta que recibe una llamada. Connie Clark, la periodista que creó la leyenda de superpoli, lo puso en la portada de una revista y lo catapultó a la fama, quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está realizando un documental sobre las familias de las víctimas de un asesino en serie al que nunca atraparon, el Buen Pastor, y Connie quiere que Gurney supervise sus investigaciones y la guíe. En parte por aburrimiento y en parte por hacerle un favor a Connie, Gurney acepta.
Sin embargo, esto no será más que el principio. Incapaz de ponerle coto a su curiosidad y a su necesidad de resolver cada una de las incógnitas que se le presentan, David Gurney se verá arrastrado a una investigación para descubrir la verdadera identidad del asesino. Un asesino que es tan imprevisible como peligroso.
Si en Sé lo que estás pensando te asombró y en No abras los ojos te aterró, con Deja en paz al diablo, John Verdon consigue lo inesperado: sorprender al lector a cada página hasta dejarlo sin aliento.
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Hardwick gruñó.

– A ver; por un lado, me estás diciendo que nos encontramos con un lunático que cree que actúa por inspiración divina, que siente un odio incontenible por los tipos ricos que están jodiendo el mundo…

– Y por otro lado -completó Gurney-, tenemos a un asesino de sangre fría, que al parecer es lo bastante rico como para tirar pistolas de mil quinientos dólares por la ventana.

Un prolongado silencio sugirió que Hardwick estaba reflexionando sobre esa idea.

– ¿Y quieres que los datos de la autopsia demuestren eso?

– No quiero que demuestren nada. Solo pretendo que me den una idea de si estoy siguiendo la pista correcta.

– ¿Solo eso? Seguro que hay algo más, campeón.

Gurney no pudo evitar sonreír ante la agudeza de Hardwick. Desde luego que podía ser desagradable, cínico, zafio, un auténtico incordio, pero no era nada estúpido.

– Sí, podría haber algo más. He estado removiendo un poco la teoría aceptada como buena respecto a los asesinatos del Buen Pastor. Pretendo seguir haciéndolo. En el caso de que me asedie un enjambre de avispones del FBI, me gustaría rodearme del máximo de datos posible.

El interés de Hardwick aumentó. Detestaba la autoridad, la burocracia, el procedimiento, a los hombres de traje y corbata. En otras palabras, tenía alergia a organizaciones como el FBI. Así pues, estaba encantado con el propósito de Gurney.

– ¿Estás promoviendo un conflicto con nuestros amigos federales? -preguntó Hardwick, casi esperanzado.

– Todavía no -dijo Gurney-, pero podría estar a punto de hacerlo.

Hardwick se aclaró la garganta con energía.

– Veré qué puedo hacer. -Colgó sin despedirse; nada fuera de lo habitual.

25

Amor y odio

Gurney estaba volviendo a guardarse el teléfono en el bolsillo cuando llamaron suavemente a la puerta abierta del estudio. Se volvió y vio a Kim.

– ¿Puedo interrumpir un minuto?

– Entra. No estás interrumpiendo nada.

– Quería pedirte perdón.

– ¿Por qué?

– Por dar ese paseo de paquete en la moto de Kyle.

– ¿Perdón?

– No era lo correcto. Quiero decir que no era el momento de ir a dar una estúpida vuelta en moto, cuando hay muchas cosas importantes en marcha. Debes de pensar que soy una egoísta cabeza hueca.

– Tomarse un descanso en circunstancias como estas me parece muy razonable.

Ella negó con la cabeza.

– No creo que sea apropiado que actúe como si no hubiera ocurrido nada, sobre todo si cabe la posibilidad de que hayan destruido tu granero por mi culpa.

– ¿Crees que Robby Meese es capaz de hacer algo así?

– Hubo un tiempo en que habría dicho que ni en un millón de años. Ahora no estoy segura. -Parecía confundida, impotente-. ¿Crees que fue él?

Kyle apareció en el umbral, detrás de ella, escuchando pero sin decir nada.

– Sí y no -dijo Gurney.

La chica asintió, como si su respuesta escondiera un mayor significado.

– Hay una cosa más que he de decir. Espero que te des cuenta de que hace unos días no tenía ni idea de adónde te estaba arrastrando. En este punto, comprendería y aceptaría tu decisión si quisieras dejarlo.

– ¿Por el incendio?

– El incendio, además de la trampa en el sótano.

Gurney sonrió.

Ella frunció el ceño.

– ¿Qué tiene tanta gracia?

– Esas son las razones por las que no quiero dejarlo.

– No lo entiendo.

– Cuando más difícil se pone -intervino Kyle-, más decidido está.

Kim se volvió, asombrada.

– Para mi padre -continuó Kyle- la dificultad es un imán. Lo imposible es irresistible.

Ella miró primero a Kyle y luego a Gurney.

– ¿Eso significa que estás dispuesto a seguir participando en mi proyecto?

– Al menos hasta que se ordenen las cosas. ¿Qué es lo siguiente en tu agenda?

– Más reuniones. Con Eric, el hijo de Sharon Stone. Y con el hijo de Bruno Villani, Paul.

– ¿Cuándo?

– El sábado.

– ¿Mañana?

– No, el…, oh, Dios mío, mañana es sábado. He perdido un día. ¿Crees que podrás venir?

– Siempre y cuando no haya nuevas sorpresas.

– Vale, genial. Será mejor que me vaya. El tiempo está desapareciendo. En cuanto llegue a casa, confirmaré las citas y te llamaré para darte las direcciones. Mañana nos reuniremos en el sitio de la primera entrevista. ¿Te parece bien?

– ¿Vas a ir a tu apartamento de Siracusa?

– Necesito ropa y algunas cosas. -Parecía incómoda-. Probablemente no me quedaré a dormir.

– ¿Cómo vas a ir allí?

Ella miró a Kyle.

– ¿No se lo has dicho?

– Supongo que me he olvidado. -Sonrió, se ruborizó-. Voy a llevar a Kim a su casa.

– ¿En la moto?

– Está saliendo el sol. No hay problema.

Gurney miró por la ventana. Los árboles del borde del campo estaban proyectando sombras débiles sobre la hierba mustia.

– Madeleine va a prestarle una chaqueta y unos guantes -agregó Kyle.

– ¿Y un casco?

– Compraremos uno para ella en el pueblo, en el concesionario Harley. A lo mejor uno de esos grandes negros de Darth Vader con una calavera y tibias cruzadas.

– Oh, gracias -bromeó Kim, mientras le clavaba el dedo en el brazo.

Gurney quiso decir algo, pero pensó que no mejoraría el silencio.

– Vamos -dijo Kyle.

Kim sonrió nerviosamente a Gurney.

– Te llamaré para confirmarte el horario de las entrevistas.

Después de que se fueran, se recostó en su silla y miró hacia la ladera, que estaba tan inmóvil y apagada como una fotografía en sepia. Sonó el teléfono fijo del otro lado del escritorio, pero no hizo ademán de responder. Sonó una segunda vez. Y una tercera. El cuarto tono no llegó a sonar del todo: Madeleine lo había cogido en la cocina. Oyó su voz, pero las palabras eran ininteligibles.

Al cabo de unos momentos, ella entró en el estudio.

– Es un tipo llamado Trout -susurró, pasándole el teléfono.

Hasta cierto punto esperaba la llamada, pero le sorprendió recibirla tan pronto.

– Gurney. -Así solía responder al teléfono cuando estaba en el trabajo. Era un hábito del que resultaba difícil deshacerse.

– Buenas tardes, señor Gurney. Soy Matthew Trout, agente supervisor especial del FBI. -Las palabras del hombre parecían fuego de artillería.

– ¿Sí?

– Soy el agente al mando de la investigación del homicidio múltiple del Buen Pastor. Creo que eso ya lo sabe. -Gurney no respondió-. La doctora Holdenfield me ha informado de que una cliente suya y usted se están involucrando en esta investigación.

Silencio.

– ¿Está de acuerdo en que es una afirmación precisa?

– No.

– ¿Disculpe?

– Me ha preguntado si su afirmación es precisa. Le he dicho que no.

– ¿En qué sentido no lo es?

– Ha dado a entender que una periodista a la que asesoro en cuestiones de procedimiento policial está tratando de entrometerse en su investigación y que yo estoy haciendo lo mismo. Es falso.

– Quizás estoy mal informado. Me han dicho que últimamente se ha interesado mucho por el caso.

– Eso es cierto. El caso me fascina. Me gustaría comprenderlo mejor. También me gustaría saber por qué me ha llamado.

Hubo una pausa, como si el tono brusco de Gurney le hubiera crispado los nervios al hombre.

– La doctora Holdenfield me ha dicho que quería verme.

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