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La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
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Capítulo catorce

Eduardo da Silva idolatraba a su hija. No era un hombre que pudiera mostrar sus sentimientos, pero estaba seguro de que Vitória sabía interpretar bien sus pequeñas señales de afecto. El caballo de pura raza que le había regalado por Navidad; la bañera de mármol por la que se había transformado uno de los muchos dormitorios de Boavista en un elegante cuarto de baño para uso exclusivo de Vitória; la valiosa diadema de brillantes que había recibido el año anterior por su cumpleaños… todo indicaba que no podía negarle nada a su hija.

Y ahora esto.

Este deseo no se lo podía conceder. Un pago anticipado de su parte de la herencia. ¿Qué joven normal tenía esas ideas? Y esos rumores de un mediador que, dado que Vitória no tenía capacidad legal para hacer negocios, administraría el dinero… ¿Cómo había llegado su hija a semejante idea? ¿Por qué debía darle dinero para que se lo confiara a un desconocido? Sólo eso ya demostraba claramente que era una idea descabellada.

– ¡Vitória, esto es completamente inaceptable! Si Dios quiere, tu padre y yo viviremos aún muchos años más. ¿Acaso pretendes llevarnos a la tumba con tus inadmisibles ideas? -dijo dona Alma, y Eduardo tuvo que dar la razón a su esposa. Algún día, cuando Pedro heredara Boavista, su hermana tendría derecho a la mitad del valor de la fazenda, y Pedro tendría que pagar a su hermana. Pero mientras él, Eduardo da Silva, fuera el señor de Boavista, mantendría sus tierras, sus esclavos y su ganado y trabajaría para obtener beneficios.

– Entonces hágame un préstamo a cuenta de mi dote -le pidió Vitória.

– Recibirás tu dote cuando te cases. Entonces tendrás un marido que se pueda ocupar de tu dinero -le explicó Eduardo.

– Pero, pai, no me voy a casar, se lo he dicho mil veces.

– Aunque lo digas cien mil veces. A tus diecinueve años no estás en condiciones de tomar tal decisión. En cuanto aparezca la persona adecuada pensarás de otro modo. Las muchachas jóvenes son versátiles, y ésa es otra de las razones por las que no te puedo confiar tanto dinero.

– Ése no es el motivo. Usted teme que yo tenga razón. Tiene miedo de ver la realidad. La abolición de la esclavitud no está muy lejos, da igual lo que nosotros pensemos al respecto. Y entonces líbrenos Dios: los esclavos lo dejarán todo, nadie podrá recoger nuestras cosechas, Boavista irá a la ruina. Yo sólo quiero evitar una desgracia, en interés de todos nosotros.

– ¡Niña! ¿Cómo puedes hablar así? -le recriminó dona Alma-. ¿Crees menos en la opinión de tu padre que en la tuya? ¿Pones tus ideas por encima de las suyas?

– En este asunto, sí. Estoy firmemente convencida de que la abolición es sólo cuestión de meses. Brasil es el último país del mundo donde es legal la esclavitud, y un gobernante como dom Pedro, que es partidario del progreso, no puede tolerar esta situación durante más tiempo.

– Por favor, Vita, ahora no te hagas la política. Sabes que Brasil no es comparable a otros países. Como cristiano y soberano moderno, dom Pedro podrá rechazar la esclavitud. Pero nuestro país no saldrá adelante sin ella. Apenas tenemos industria, vivimos de la agricultura. ¿Quién va a recolectar el azúcar, el cacao o el café si no lo hacen los negros?

– Pero, pai, yo no voy a dejar en libertad a los esclavos. Sólo quiero que estemos preparados para el día en que otro lo haga. Y créame: ese día se acerca más deprisa de lo que nosotros desearíamos.

– Si hubieras aceptado la propuesta de matrimonio de Rogério, ahora serías la señora de Santa Clara y allí podrías hacer y deshacer todo lo que quisieras. Pero mientras vivas bajo nuestro techo, te comportarás como una hija razonable -dijo dona Alma muy alterada.

– Si hubiera aceptado la propuesta de Rogério, él se habría apoderado de la dote y la habría despilfarrado al momento. Yo en Santa Clara no habría podido decir lo más mínimo, pues mi marido y mi suegra me habrían condenado a vivir entre los bordados y el confesionario. ¡Por favor, mae, imagine que dona Edmunda fuera su suegra! ¡Qué pesadilla!

– Mejor que ser una vieja solterona.

– O que ser una vieja solterona sin dinero… Pero volviendo al tema: usted habría entregado mi dote a Rogério, ese adulador que no distingue un franco de oro de un vintém. ¿Y no confía en que yo, su hija, a la que han dado una buena educación y han enseñado a tener valor y pensar por sí misma, pueda administrar el dinero? Lo considero insultante.

Eduardo miró pensativo a su hija. En el fondo tenía razón. Habían dado a Vita la misma formación que a Pedro. Cuando eran niños los dos tenían profesores particulares, estudiaron juntos matemáticas, literatura, francés, portugués y religión. Más tarde mandaron a Vitória a la mejor escuela de niñas en Valença, para que allí perfeccionara las habilidades que se esperaban de una hija de familia bien: tocar el piano, cantar, realizar diversas labores. También se impartían a las alumnas del Colegio Santa Gertrude conocimientos suficientes sobre bellas artes, historia y filosofía, para que luego pudieran participar en todo tipo de conversaciones. Además, en los últimos años su hija había estado a su lado en la dirección de Boavista, y él sabía mejor que nadie que Vitória era inteligente, hábil para los negocios y prudente. Puede que incluso Boavista estuviera mejor en sus manos que en las de su hijo.

Pero Vitória no era un hombre, bien lo sabía Dios. Era la muchacha más bella de la provincia de Río de Janeiro, y algún día sería una preciosa esposa y madre. ¡Ay, cómo deseaba tener nietos! Si accedía ahora a las peticiones de Vitória y le hacía un préstamo, nunca buscaría un marido; los que le habían buscado dona Alma y él mismo los había rechazado todos. Y algún día se convertiría en una vieja solterona de la que se reiría y burlaría todo el valle. ¡No, la niña tenía que casarse! Y entonces le vendría muy bien todo lo que había aprendido.

Su mujer parecía haber pensado lo mismo.

– Vitória, tesoro, claro que confiamos en que sabes manejar el dinero. Pero no el dinero de tu padre. De eso se ocupa él. Cuando te cases tendrás más influencia, podrás incrementar tu fortuna y la de tu marido. Te hemos educado para eso, y un hombre inteligente sabrá valorar a una mujer inteligente y escuchar sus consejos. Aunque los hombres valoran más la belleza y la juventud de una mujer. Dentro de tres meses cumplirás veinte años, y si no te casas pronto te convertirás -y nosotros también- en objeto de las burlas de la gente.

– Sería objeto de sus burlas como dona Vitória Leite Correia o como senhora Viera de Souto. En serio, mae, ¿podría imaginar a Edmundo o a Rogério como marido suyo?

– Yo no necesito imaginar nada, ya tengo a mi marido. Y a Rogério ya lo has rechazado, no pedirá tu mano otra vez. Edmundo es un poco tímido, pero seguro que sería un marido estupendo. Procede de una buena familia, algún día será muy rico, y haría cualquier cosa por ti. Dado que parece algo soñador, si fueras su mujer tendrías oportunidad de demostrar tu talento para los negocios. Sería perfecto para ti.

– Tiene siempre saliva seca en la comisura de los labios.

Eduardo Silva no pudo evitar reír. Dona Alma le lanzó un furibunda mirada, pero Vitória se sintió alentada para seguir presentando argumentos en contra de Edmundo.

– Siempre olvida sacudirse la caspa de los hombros -miró a su padre, que intentaba contener a duras penas una carcajada-. Nunca me mira a los ojos cuando me habla. No aprieta la mano cuando te la da. Y baila tan mal que después de cada baile tengo que tirar los zapatos de los pisotones que me ha dado. Es previsible. Antes preferiría a Joaquim Fagundes.

– ¡No seas descarada! -Dona Alma estaba perdiendo la paciencia.

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