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Los cronolitos [The Chronoliths - es]

Электронная книга - «Los cronolitos [The Chronoliths - es]». Краткое содержание книги:

Scott Warden es un hombre perseguido por el pasado… y pronto también por el futuro. En la Tailandia de comienzos del siglo XXI es un vago en una comunidad costera de expatriados, cuando es testigo de un acontecimiento imposible: la aparición en el boscoso interior de un pilar de piedra de casi setenta metros. Su llegada colapsa los árboles en un cuarto de kilómetro alrededor de su base. Parece estar compuesto de una exótica forma de materia y la inscripción tallada muestra la conmemoración de una victoria militar… que tendrá lugar dentro de dieciséis años.
Poco después, un pilar aún mayor aparece en el centro de Bangkok. A lo largo de los siguientes años, la sociedad humana queda transformada por estos misteriosos visitantes, al parecer llegados desde el futuro reciente. ¿Quién es el guerrero “Kuin”, cuyas victorias celebran? Scott sólo quiere reconstruir su vida, pero un extraño bucle le arrastra sin cesar hacia el misterio central… y una fascinante batalla con el futuro.
Tensa, emotiva, rigurosa y emocionante, “Los Cronolitos” es una obra maestra de uno de los mejores autores de ciencia ficción de la actualidad.
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Me contó que sólo había un puñado de personas en el mundo que comprendieran la teoría contemporánea de los Cronolitos lo bastante bien como para conceptuar los medios necesarios para crear uno… y por casualidad, Sue era una de ellas. Esa era la razón por la que el gobierno federal había mostrado un interés tan ambivalente por ella, ayudando u obstaculizando su trabajo de forma alternativa. Sin embargo, ése no era el tema más importante en estos momentos. Según me explicó, el problema principal era que el gobierno chino, cada vez más desesperado, llevaba años desarrollando programas de investigación intensiva sobre la factibilidad de la tecnología tau, pero había privado de estos conocimientos a la comunidad internacional.

¿Y por qué era eso un problema?

Porque el fragmentado gobierno chino se había colapsado bajo el peso de su propia insolvencia, así que era posible que esos conocimientos científicos estuvieran ahora bajo el control directo de kuinistas insurgentes.

—De modo que todo encaja en su sitio —comentó—. En algún lugar de Asia existe un Kuinque tiene esta tecnología en sus manos. Aunque sólo falta un par de años para la conquista de Chumphon, parece que ese acontecimiento será completamente plausible… y no podemos hacer nada por evitarlo. Como el Sudeste Asiático está en manos de diversos movimientos rebeldes, para proteger las colinas de Chumphon se necesitaría un ejército enorme… y eso significaría reconsignar las tropas y el abastecimiento de China, y nadie desea hacer eso. Así que la llegada de Chumphon será… como tú dirías, inevitable.

—Pero eso son las sombras de lo que será.

—Sí.

—Y no podemos hacer nada por evitarlo.

—Bueno, no lo sé, Scotty. Creo que podría hacer algo —su sonrisa era traviesa y melancólica a la vez.

Como todo aquel asunto me inquietaba, intenté desviar el tema preguntándole si había sabido algo de Hitch Paley últimamente, puesto que yo no había vuelto a saber nada de él desde Portillo.

—Seguimos en contacto —respondió—. Vendrá a la ciudad en un par de días.

El día siguiente, por la tarde, tuve ante mis ojos la prueba evidente de la simpatía innata (aunque extraña) de Sue: Ashlee es taba sentada junto a ella en el sofá, escuchando extasiada su interpretación de la Era de los Cronolitos.

Cuando me uní a ellas, Ash estaba diciendo:

—No comprendo por qué consideras que es tan importante destruir uno.

Sue meditó su respuesta con la misma intensidad que un fanático religioso.

Y puede que lo fuera, por lo menos a su modo. En los seminarios de física de Comell, solía comparar las partículas subatómicas (hadrones, fermiones y todas las variedades formadas por quarks) con las deidades de un panteón hindú, que a pesar de ser diferentes, todas son aspectos de una única divinidad aglutinante. Sue, que no seguía la religión de una forma convencional ni había visitado Madras, la ciudad natal de sus padres, utilizaba estas metáforas de forma relajada y, a menudo, cómica. Sin embargo, todavía recuerdo su descripción de las dos caras de Shiva, el destructor y el portador de la vida, el joven asceta y el fecundador que empuña un fingía. Sue había detectado la presencia de Shiva en cada dualidad, en cada simetría cuántica. Unió las yemas de sus dedos.

—Ashlee, dime cómo definirías la palabra “monumento”. —Bueno —respondió Ash con indecisión—. Es una cosa, una estructura, como un edificio. Es, ya sabes, arquitectura. —¿Y entonces, por qué es tan diferente de una casa o un templo? —Supongo que se debe a que los monumentos no se utilizan y, en cambio, las casas y las iglesias sí que se utilizan. El monumento sólo se alza para anunciarse.

—Sin embargo, un monumento tiene algún propósito, ¿verdad? Del mismo modo que una casa sirve para algo.

—No creo que sea útil… pero sí, supongo que tiene algún propósito. Pero la verdad es que no es demasiado práctico.

—Exacto. Se trata de una estructura que tiene un propósito, pero éste propósito no es práctico, sino espiritual… o por lo menos, simbólico. Anuncia el poder y el predominio o conmemora algún acontecimiento público. Aunque es una estructura física, dirige todo su significado, toda su utilidad, a la mente humana. —¿También los Cronolitos?

—Eso es lo que pretenden. Como arma destructiva, son relativamente inofensivos. Por sí solo, un Cronolito no consigue nada concreto, pues no es más que un objeto inerte. Pero todo su significado reside en el reino del sentido y la interpretación… y allí es donde se desarrolla la batalla, Ashlee —se dio unos golpecitos en la frente—. Se trata del tipo más insólito de arquitectura, porque en el mundo físico no hay nada que pueda compararse con los monumentos y las catedrales que erigimos en el interior de nuestras cabezas. Una parte de esa arquitectura es sencilla y verdadera, otra es barroca, otra es bella… y otra es fea y peligrosamente defectuosa. Sin embargo, los monumentos tienen más relevancia que cualquier otro tipo de arquitectura, porque imaginamos el futuro a través de ellos. La historia no es más que un antiguo registro de todo aquello que han construido los hombres y las mujeres a partir de sus ideas. ¿Comprendes? La genialidad de Kuin no tiene nada que ver con los Cronolitos, porque éstos no son más que tecnología, personas que consiguen que la naturaleza salte a través de un aro. La genialidad de Kuin radica en que los está utilizando para colonizar el mundo de la mente, para construir su propia arquitectura en el interior de nuestras cabezas.

—Ha conseguido que la gente crea en él.

—En él, en su poder, en su gloria, en su benevolencia… pero sobre todo, en que su victoria es inevitable. Y eso es lo que deseo cambiar, porque en Kuin no hay nada inevitable, absolutamente nada. Somos nosotros quienes estamos construyendo a Kuin cada día, a partir de nuestras esperanzas y nuestros miedos. Kuin nos pertenece. Es una sombra que todos nosotros estamos proyectando.

Estas palabras no eran nuevas para mí, puesto que la prensa ya había hablado sobre la política de las expectativas. Sin embargo, hubo algo en su discurso que hizo que se me erizara el vello de los brazos. Puede que se debiera a su nivel de convicción, a su elocuencia casual… o a algo más. Creo que entendí, por primera vez, que Sue había declarado una guerra privada y muy personal contra Kuin. Es más, creo que pensaba que se encontraba en el mismo centro del conflicto… ungida por la turbulencia tau, ascendida directamente hacia la Divinidad.

El domingo salí a cenar con Kaitlin a un restaurante de comida rápida, acabando así con el dinero que había ganado el fin de semana.

Cuando Kait bajó del apartamento que tenía encima del garaje de Whit, tenía un aspecto valeroso pero inconsolable. Saltaba a la vista que había pasado dos noches sin David, porque tenía los ojos enrojecidos y la tez pálida por la falta de sueño. Me dedicó una sonrisa casi furtiva, como si no tuviera ningún derecho a mostrarse alegre mientras David estaba en la guerra.

Tomamos unos bocadillos de pasta de judías en People’s Kitchen, un restaurante que antes tenía brillantes colores pero ahora resultaba escabroso. Kait, que sabía que Sue Chopra y Ray Mosley se encontraban en la ciudad, me hizo algunas preguntas sobre su visita, aunque era evidente que no sentía demasiado interés por lo que ella consideraba “los viejos días”. Me comentó que últimamente tenía pesadillas: se encontraba en Portillo con David; él estaba en peligro mortal y ella no podía hacer nada por ayudarle. En el sueño, le habían enterrado las piernas en la arena y el Kuin de Portillo se alzaba sobre ella… y parecía vivo, deforme y malvado.

Escuché en silencio su relato. No era un sueño demasiado difícil de interpretar.

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