Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » La Casa del Alfabeto
La Casa del Alfabeto - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Casa del Alfabeto

Электронная книга - «La Casa del Alfabeto». Краткое содержание книги:

Alemania, segunda guerra mundial. El avión de los pilotos ingleses James Teasdale y Bryan Young es derribado en territorio enemigo durante una misión fotográfica. Consiguen sobrevivir, pero no llevan los uniformes, por lo que, si son capturados, serán acusados de espionaje y, probablemente, ejecutados.
Finalmente logran subir a un tren que parte del frente oriental con soldados enfermos. En uno de los vagones encuentran a varios oficiales de alto rango muertos sobre unas camas. Sin vacilar, James y Bryan tiran a dos de ellos del tren y ocupan su lugar, con la esperanza de poder escapar en cuanto tengan una oportunidad. Así, llegan hasta la Casa del Alfabeto, un hospital psiquiátrico situado en el corazón de Alemania, Mientras, la guerra sigue haciendo estragos, su única oportunidad de sobrevivir es simular que son enfermos mentales, pero ¿serán capaces de hacerlo durante meses sin convertirse en auténticos perturbados? ¿Son los únicos del pabellón que están fingiendo?
1 ... 51 52 53 54 55 56 57 58 59 ... 137
Перейти на страницу:

Resultaría difícil de explicar, sin duda.

El Obergruppenführer se incorporó repentinamente en la cama; parecía estar totalmente lúcido.

– Cute Nacht -dijo quedamente, con tanta dulzura y claridad que incluso Bryan alcanzó a entender aquellas palabras.

– Gute Nacht -replicó el guardia y cerró la puerta suavemente.

Fue todo tan cordial que a Bryan estuvo a punto de parecerle humano.

La noche era húmeda y el aire invernal ya había empezado a morder. No se veía ni una alma en la plaza de actos. El canalón parecía estar sólidamente anclado en la pared, pero era más resbaladizo de lo que había creído Bryan.

Y, además, le dolía el tobillo.

Por esta razón, los escasos apoyos que tuvo que soportar hasta alcanzar el salidizo resultaron ser más duros y agotadores de lo esperado. La distancia que separaba el canalón de la ventana era insignificante, pero la ventana estaba cerrada. Bryan la oprimió con cuidado. El cristal empañado de la ventana estaba suelto y se movió bajo la presión de la mano de Bryan. El golpe cayó con dureza e hizo saltar el cristal en mil pedazos. Uno de los pedazos desgarró la carne de su mano y le dejó una herida del tamaño de un penique. El gancho superior estaba demasiado alto. Bryan agarró el marco de la ventana y tiró de él con todas sus fuerzas, hasta que se soltó. El cristal superior se desprendió y se hizo añicos diez metros más abajo, al chocar contra los cubos de basura. A Bryan, aquel tintineo de cristales le pareció como si el cielo se le hubiera caído encima.

Sin embargo, fue el único que lo registró.

A pesar de la suerte que había tenido, no había adelantado nada. La salvaje ironía del destino había vuelto a burlarse de él, pues a pesar de que el marco de la ventana ya no suponía ningún obstáculo, tendría que buscar otra vía para introducirse en el edificio. Desde que, dos días antes, había contemplado el salidizo desde abajo, alguien había cegado la ventana con un mueble macizo.

Demasiado macizo.

Ante la posibilidad de tener que volver a bajar, Bryan se dispuso a evaluar, una vez más y a la desesperada, la accesibilidad y las trampas que escondía aquel tejado de pizarra. El tejado era resbaladizo y reluciente como un espejo y reflejaba la débil luz de las farolas al otro lado de las cocinas como una película de espejismos parpadeantes. De aquella superficie negra emergieron varias ventanas en marcos de hierro.

Apareció un número cada vez más abundante de destellos desde el nornoroeste que presagiaban nuevas descargas apagadas y retardadas. Las luchas al otro lado del Rin se habían intensificado considerablemente durante las últimas horas. Estrasburgo parecía sucumbir a la presión de las fuerzas aliadas.

Desde el salidizo, unos metros más allá, le llegaron una voces alegres. Bryan supuso que se encontraba delante de las dependencias de las enfermeras. También desde la buhardilla, que se hallaba en algún lugar a sus espaldas, empezaron a oírse algunos ruidos que presagiaban que el equipo de la tarde estaba a punto de retirarse a sus aposentos. Podían descubrirlo de un momento a otro, sólo con que uno de los ocupantes de las habitaciones quisiera ventilar su buhardilla o averiguar de dónde provenían las detonaciones y los destellos. Era fácil que sorprendieran a Bryan; un rápido vistazo al tejado y lo habrían descubierto. A pesar del frío, Bryan sudaba y las manos empezaban a resbalarle en el marco de la ventana. Tendría que encontrar inmediatamente otro acceso al edificio. Dentro de unos segundos, los guardias encorvados doblarían la esquina.

Colgado del techo de aquella manera, no tardarían mucho en distinguir su cuerpo.

Junta por junta, placa por placa, Bryan fue examinando aquel tejado de pizarra por segunda vez. Al ver un marco de hierro, casi oculto por el tejado del salidizo que se hallaba justo encima de su cabeza, sus esperanzas resurgieron. Podría alcanzar aquella ventana si conseguía poner un pie en el desagüe de la buhardilla.

Los primeros apoyos fueron los más difíciles. La superficie estaba iría y pringosa por la descomposición de las hojas que el viento había transportado hasta ahí. Precisamente en el momento en que Bryan resbalaba y daba un paso atrás que a punto estuvo de precipitarlo al vacío, y se apoyaba febrilmente contra el tejado, se oyó el ladrido traicionero que siempre anunciaba la aparición de los guardias y de sus perros.

Solían venir de dos en dos. Pero, por lo visto, esta vez se habían encontrado dos grupos y habían decidido mantener una cita justo debajo de Bryan.

Los viejos charlaban en voz baja juntando las cabezas para poder oír mejor lo que decían los compañeros, mientras se llevaban mecánicamente la mano al bolsillo de pecho, buscando el paquete de tabaco. El cono de luz de la farola bajo la que se habían reunido desveló cierta jovialidad entre ellos. Sus fusiles colgaban pesadamente de sus hombros y los perros tiraban de sus cuerdas con impaciencia, ansiosos por seguir la ronda. Hasta que Bryan no estuvo a punto de perder el equilibrio de nuevo y tuvo que apoyar el pie contra el lado del salidizo, los perros no se dieron cuenta de su presencia.

Varios montoncitos de follaje viscoso cayeron del canalón y aterrizaron sobre los cubos de basura del cercado. Dos de los perros empezaron a ladrar inmediatamente. Los hombres miraron a su alrededor, visiblemente confundidos. Entonces sacudieron la cabeza, apagaron sus cigarrillos de mala gana y disolvieron el grupo.

En el instante en que se apagaron las voces, Bryan se encaramó al tejado. Un par de segundos más y se le habría acalambrado la pierna.

La buhardilla no ofrecía nada de interés. Montones de camas viejas y desvencijadas y colchones podridos habían encontrado su última morada sobre los tablones polvorientos. Para los ratones, las virutas y los retales de telas viejas constituían un paraíso donde poder reproducirse y retozar tranquilamente. De no haber sido porque las circunstancias obligaban a Bryan a dejar un rastro que revelaba el camino que había tomado para escapar del lugar, podría haber permanecido allí varios días, hasta que el tiempo se hubiera suavizado y la fuga no estuviera tan marcada por el peligro.

Tal como estaban las cosas, tendría que seguir adelante inmediatamente; antes, no obstante, debería buscar algo que ponerse en los pies, y eso no lo encontraría allí.

La escalera que conducía al piso de abajo acababa en una puerta. Es posible que, en su día, hubiera estado cerrada con llave, pero en ese momento estaba atrancada por la suciedad y la humedad. La estancia que se hallaba en el piso inferior parecía estar vacía; no se oía ningún ruido que anunciara actividad alguna. El estruendo de los bombardeos sonaba distinto desde allí. El tejado inclinado vibraba. La cercanía caótica de la destrucción se percibía grave y entristecedora.

La buhardilla que no había podido abordar desde el tejado debía de encontrarse detrás de una de las tres puertas que tenía delante. Unos sonidos que provenían de la puerta de la derecha y la distancia hasta las otras dos le revelaron el lugar en el que debían de encontrarse el baño y los retretes. Por tanto, la puerta del medio debía de pertenecer a la estancia que se hallaba justo encima del consultorio, y la puerta de la izquierda debía de conducir a la buhardilla.

1 ... 51 52 53 54 55 56 57 58 59 ... 137
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)