Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Un asesinato musical
Un asesinato musical - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Un asesinato musical

Электронная книга - «Un asesinato musical». Краткое содержание книги:

De la celebrada autora israeli, Batya Gur, nos llega una nueva novela de Michael Ohayon, la cuarta de esta popular serie de thrillers fascinantes e inteligentes. En esta ocasion, Michael Ohayon, un detective culto, solitario y encantador, entabla amistad con una chelista perteneciente a una familia de musicos de fama internacional. Pero su aficion a la musica le llevara a investigar un inesperado caso de doble asesinato que afecta el entorno de su nueva amiga y que tiene que ver con el descubrimiento de un antiguo requiem barroco. Puede una obra de arte convertirse en el movil de un crimen brutal?
1 ... 50 51 52 53 54 55 56 57 58 ... 124
Перейти на страницу:

Michael comprendió desde el primer momento que a Izzy Mashiah no le sorprendía en absoluto su visita, ya que daba por hecho que había venido a ver a Gabi para hablar o bien de la muerte de Felix van Gelden, o bien de Nita. Teniendo en cuenta tal suposición, Michael temía que interrogar a Izzy sobre lo que había hecho durante el día resultara absurdo. A pesar de todo, le preguntó un par de veces si había visto a Gabi por la mañana, si había estado en el ensayo y si Gabi y él habían hablado a lo largo del día. Izzy le contó sin el menor reparo que había hablado por teléfono con Gabriel sobre la una de la tarde, durante un descanso del ensayo. Gabi le había contado que Teddy Kollek los había interrumpido y que, por ello, el ensayo se prolongaría más de lo previsto. Gabi estaba muy nervioso, comentó Izzy con preocupación, como si disfrutara exhibiendo un conocimiento íntimo del estado de ánimo de su compañero.

– Tenía por delante un día muy duro -explicó a la vez que torcía los finos labios y chasqueaba la lengua, lo que no sirvió para disimular su orgullo.

En tono de indignada queja contra las cargas que el mundo le imponía a su amigo, aclaró, sin que se lo preguntaran, que Gabi estaba nervioso a causa de las reuniones que iba a mantener tras el ensayo con los candidatos a incorporarse al grupo que estaba formando, y muy en especial por la prevista confrontación con una violinista, segundo violín de la gran orquesta. Con esto se refería a la orquesta que dirigía Theo. La violinista estaba empeñada en que Gabi la contratase, y se amparaba en su antigüedad y en que necesitaba dinero extra («Los derechos que se arrogan algunas personas son increíbles», masculló Izzy).

– Supongo que Gabi aún no ha llegado por culpa de esa mujer -comentó Izzy riéndose-. Esa furia lo habrá retenido.

Se estremeció. A Theo también le daba problemas; ella pretendía que la transfiriese a la sección de primeros violines. Izzy la había oído una vez perorando en el vestíbulo, ante un nutrido grupo de músicos, sobre la frustración y la angustia de los instrumentistas que ocupan las últimas filas y quedan fuera del alcance de la vista del público. La mujer exigía rotación, cuando menos en la disposición de los puestos.

– De hecho, Theo tiene la costumbre de rotar los puestos. Cada pocos meses, según me dijo, los cambia de sitio, sobre todo a la sección de cuerda. Traslada hacia delante a los violinistas más antiguos para favorecer la motivación. Le estoy contando todo esto porque Nita dice que usted es casi como de la familia -explicó-. Por eso he entrado en tanto detalle… -dijo azarado, y su voz se apagó-. Gabi no tardará en llegar -volvió a decir, y le ofreció a Michael una bebida, fría o caliente.

Michael miró incómodo a su alrededor y, penosamente consciente de su paradójica y poco envidiable situación, examinó la sala, donde reinaban un orden y una limpieza exquisitos, y un cálido ambiente familiar, gracias entre otros detalles al gran ramo de florecillas rojas que adornaba la ventana.

Desde el rellano de la escalera había oído una música coral. Aunque le sonaba familiar, no fue capaz de identificarla. Los cantos cesaron cuando entró en la sala, que también hacía las veces de estudio. Vio por el rabillo del ojo el equipo de música. Izzy sopló cuidadosamente sobre el disco de vinilo, lo guardó en su funda y bajó la tapa transparente del tocadiscos mientras Michael contemplaba admirado el clavecín que ocupaba el rincón próximo a la mesa de trabajo. Era un instrumento de madera de nogal que parecía de la misma familia que el mueble del cuarto de estar de Nita, aunque no estaba decorado con querubines voladores sino con una fila de leones dorados. Tenía la tapa abierta y había una partitura en el atril, sobre el teclado.

– ¿Qué estaba cantando el coro? -aventuró Michael. Siempre le daba miedo revelar su ignorancia en aquel campo.

Izzy sonrió.

– Son sólo cuatro voces -dijo agitando la funda del disco-. El Stabat Mater de Pergolesi. ¿Lo conoce? -preguntó sorprendido.

Michael meneó la cabeza y, para ganar tiempo, dirigió una mirada a la funda.

– ¿Sólo cuatro voces? -se maravilló-. Sonaba como si…

Izzy le dirigió una mirada condescendiente.

– Es una interpretación maravillosa -comentó secamente, con su voz baja y agradable, y una marcada pronunciación eslava de las erres.

Izzy Mashiah era más bien bajo, ancho de hombros y robusto. Tenía ese bronceado rojizo de las personas de tez clara que pasan mucho tiempo al sol. Llevaba el cabello, ondulado y gris, peinado hacia atrás, dejando al descubierto una frente alta y suave. Su barbilla, redondeada y escurrida, le daba una expresión de melindrosa debilidad y, a la vez, de ansias de agradar.

Su primera reacción al enterarse de la muerte de Gabi fue hacer una mueca convulsiva, semejante a una sonrisa; luego su estrecha boca se frunció y emitió un sonido extraño, casi una risa, que se tornó gruñido al oír la palabra «asesinado». Se quitó las gafas de montura de asta mientras escuchaba la sucinta explicación que Michael le dio tras haberle planteado una serie de preguntas. Ya antes, Izzy le había explicado que no había salido de casa porque al día siguiente debía presentar un proyecto de investigación, en el que tendría que trabajar toda la noche, y añadió que, por otra parte, estaba esperando al fontanero. Una vez que le hubo facilitado toda la información, Izzy osó expresar su sorpresa ante aquella pregunta.

Michael no percibió intranquilidad alguna oculta tras la sorpresa. Se diría que ignoraba por completo los hechos. La alta frente de Izzy se arqueó en un interrogante que no formuló por cortesía, y explicó sin protestar que no había nadie que pudiera testificar que no había salido de casa, salvo, quizá, la secretaria de departamento del Instituto, con quien había hablado un par de veces durante el día. «La primera vez me llamó ella, y la segunda, la llamé yo», dijo, y miró a Michael con creciente perplejidad por su proceder inquisitorial. Cuando Michael le pidió que dijera a qué hora exacta lo había llamado la secretaria, la inquietud comenzó a aflorar a su voz y empezó a juguetear con su anillo de oro, que le daba tres vueltas al dedo y estaba rematado por una cabeza de serpiente con una pequeña gema verde a modo de ojo; Michael recordó que un anillo similar adornaba el anular de la mano izquierda de Gabriel van Gelden.

Izzy se quitó el anillo y lo dejó sobre la mesa de cristal, volvió a arquear la frente y preguntó sorprendido:

– ¿Es necesario que lo sepa con exactitud? -miró a Michael, que asintió; Izzy reconoció que no lo recordaba-. Aunque podría deducirlo -añadió de pronto- gracias a la radio -se puso el anillo-. Me llamó cuando en La voz de la música ponían el Quinteto para piano e instrumentos de viento de Mozart -dijo con alegría, y se apresuró a coger el periódico, cuidadosamente doblado junto al sofá, y lo hojeó-. Aquí lo tenemos -anunció aliviado, como si hubiera recuperado el control sobre el caos-. Como primero pusieron una sinfonía de Bruckner, que dura unos cuarenta y cinco minutos, y la composición de Mozart terminó al mediodía, porque fue la última pieza del concierto matinal, y la secretaria me llamó durante el segundo movimiento, un momento en el que a mí no se me ocurriría llamar a nadie, por cierto; pues bien, podemos decir que debió de llamarme sobre las doce y veinte, más o menos. Pero ¿por qué le interesa saberlo? -se atrevió al fin a preguntar, y ya había un leve temblor de inquietud en su voz y una arruga entre sus cejas, sobre la montura marrón de las gruesas lentes, que se había vuelto a poner. No, casi nunca asistía a los ensayos generales, sobre todo si los dirigía Theo. Con sonrisa congraciadora, señaló-: No lo paso bien con Theo, sobre todo cuando está dirigiendo. A Gabi tampoco le gusta que asista; y, en todo caso, un día como hoy no habría podido ir, con todo lo que tenía que hacer.

1 ... 50 51 52 53 54 55 56 57 58 ... 124
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)