Los secretos de Oxford
- Автор: Сейерс Дороти Ли
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «Los secretos de Oxford». Краткое содержание книги:
Una novela de misterio, e incluso de terror, Los secretos de Oxford es también una obra sobre el papel de las mujeres en la sociedad contemporánea, una reflexión sobre la educación y una historia de amor entre dos mentes privilegiadas.
Una de las mejores novelas de misterio del siglo XX y la obra maestra de Sayers, precursora de Patricia Highsmith, Iris Murdoch o A.S. Byatt.
Resulta sorprendente lo mucho que se puede hacer en pocos minutos. Harriet conjeturó que probablemente fuera el comedor el primero en sufrir los destrozos, al encontrarse en un ala independiente, donde los ruidos no habrían llamado demasiado la atención; todo lo ocurrido podría haberse hecho en un par de minutos. Desde que se extinguieron las primeras luces en el Tudor hasta las últimas en el patio nuevo transcurrieron menos de diez minutos. La tercera parte del incidente, la más larga, cuando se produjeron los destrozos en las habitaciones de los edificios a oscuras, había durado entre quince y treinta minutos.
La rectora pronunció un discurso ante todo el college después dé la capilla: volvió a pedir discreción encarecidamente, rogó a la culpable que se diese a conocer y prometió que se tomarían todas las medidas posibles para identificarla en caso de que no confesara.
– No tengo intención de imponer restricción ni castigo algunos sobre el college en conjunto por los actos de una sola persona irresponsable -dijo la doctora Baring-. Ruego a cualquiera que tenga alguna sugerencia o que pueda presentar alguna prueba respecto a la identidad de esta estúpida bromista que venga a vernos a la decana o a mí y nos lo comunique con absoluta confidencialidad.
Añadió unas palabras sobre la solidaridad del college y salió con gesto grave, con la toga revoloteando a su espalda.
Los cristaleros ya estaban reparando los cristales de las ventanas afectadas. En el comedor, la administradora colocaba tarjetas nuevas en lugar de los retratos cuyo cristal estaba roto: «Retrato de la señorita Matheson. Directora, 1899-1912. Retirado para limpieza». Estaban barriendo el patio viejo para deshacerse de las piezas de vajilla destrozada. El college estaba empeñado en presentar un rostro sereno al mundo.
El descubrimiento de un escrito consistente en «¡JA! ¡JA!» y un epíteto grosero pegado en el espejo de la sala del profesorado poco antes del almuerzo no contribuyó a levantar los ánimos. Al parecer, la sala había estado vacía desde las nueve de la mañana. Al entrar a la hora del almuerzo con las tazas de café, la doncella fue la primera en verlo, y ya se había secado por completo. La administradora, que había echado en falta su bote de pegamento tras los acontecimientos de la noche anterior, lo encontró perfectamente colocado en el centro de la repisa de la chimenea.
El ambiente en el claustro tras este suceso sufrió un sutil cambio. Se afilaron las lenguas; empezó a desgastarse el barniz de imparcialidad y a notarse la desazón de la sospecha; solo la señorita Lydgate y la decana, al haber probado su inocencia, permanecieron impasibles.
– Parece que la suerte se le vuelve en contra otra vez, señorita Barton -observó la señorita Pyke con mordacidad-. Tanto en el asunto de la biblioteca como en este último incidente, usted fue la primera en llegar, pero por desgracia algo le impidió atrapar a la culpable.
– Sí, es lamentable -replicó la señorita Barton-. Si la próxima vez también se llevan mi toga, el sabueso del colegio empezará a oler a gato encerrado.
– Señora Goodwin, debe de resultarle muy duro volver aquí, con tantos disgustos como hemos tenido, precisamente cuando necesitaba descansar -dijo la señorita Hillyard-. Espero que su hijito esté mejor. Es una verdadera lástima, porque durante todo el tiempo que ha estado fuera no se ha producido ni un solo incidente.
– Sí, un verdadero fastidio -replicó la señora Goodwin-. La Pobre desgraciada que hace estas cosas debe de ser una demente. Por supuesto, este tipo de problemas suelen producirse en comunidades célibes o prácticamente célibes. Supongo que es una especie de compensación, a falta de otras emociones.
– Por supuesto, el gran error consistió en no permanecer todas juntas -dijo la señorita Burrows-. Como es natural, yo quería comprobar si había ocurrido algo en la biblioteca… pero si no hubieran salido tantas personas disparadas detrás de mí…
– Lo que a mí me preocupaba era el comedor -intervino la administradora.
– Ah, pero ¿llegó al comedor? Yo la perdí de vista en el patio.
– Esa era precisamente la catástrofe que intentaba evitar cuando salí detrás de usted -dijo la señorita Hillyard-. Le grité que se detuviera. Tuvo que oírme.
– Había demasiado ruido para oír nada -replicó la señorita Stevens.
– Yo fui a la habitación de la señorita Lydgate en cuanto pude vestirme, al comprender que todo el mundo debía de estar allí -dijo la señorita Shaw-. Pero es que no había nadie. Pensé que me había equivocado e intenté buscar a la señorita Vane, pero era como si se la hubiese tragado la tierra.
– Pues debió de tardar usted una eternidad en vestirse -replicó la señorita Burrows-. Cualquiera podría haber dado tres vueltas al colegio en el tiempo que tarda usted en ponerse las medias.
– Pues al parecer alguien lo hizo -dijo la señorita Shaw.
– Están empezando a ponerse rebeldes -dijo Harriet a la decana.
– ¿Y qué se puede esperar de esas majaderas? Si anoche se hubieran quedado quietecitas donde estaban, podríamos haber solucionado el problema. No es culpa de usted. No podía estar en todas partes a la vez. ¿Se puede pedir disciplina a las alumnas cuando un montón de profesoras de mediana edad actúan como una bandada de gallinas en una situación de crisis? ¿Quién es ese que mantiene una conversación a voces con alguien de una ventana del último piso? Ah, creo que el novio de Baker. Bueno, supongo que hay que observar la disciplina. ¿Puede darme el teléfono de la casa? Gracias. No sé cómo vamos a evitar que este último acontecimiento… ¡Ah, Martha! Salude a la señorita Baker de parte de la decana, por favor, y dígale que tenga la amabilidad de recordar la norma sobre las visitas matutinas… Y las alumnas están muy enfadadas porque alguien está destruyendo sus objetos personales. Creo que incluso están preparando una reunión, y es injusto para las pobres criaturas consentir que sospechen unas de otras, pero ¿qué podemos hacer? ¡Gracias a Dios, es la última semana del trimestre! No estaremos cometiendo un error espantoso, ¿verdad? Tiene que ser una de nosotras, no una alumna o una criada.
– Parece que hemos eliminado a las alumnas… a menos que se trate de una conspiración de dos de ellas. Podría ser. Hudson y Cattermole. Pero con respecto a las criadas… Supongo que ya puedo enseñarle esto. ¿Podría citar a Virgilio una de las criadas?
– No -contestó la decana mientras examinaba el pasaje de las arpías-. No, no parece muy probable. ¡Ay, Dios mío!
La respuesta a la carta de Harriet llegó a vuelta de correo.
Mi querida Harriet:
Eres sumamente amable al tomarte tantas molestias por mi descortés sobrino. Mucho me temo que el incidente te haya dado una impresión pésima de los dos.
Le tengo mucho cariño al muchacho y, como tú dices, es simpático, pero se deja arrastrar fácilmente y, en mi opinión, mi hermano no lo maneja como es debido. Teniendo en cuenta sus expectativas, a Gerald le restringen demasiado el dinero, y naturalmente, él piensa que tiene derecho a cualquier cosa sobre la que pueda poner las manos encima. Sin embargo, tiene que aprender a distinguir entre la indolencia y la falta de honradez. Yo me he ofrecido a aumentar su asignación, pero en su casa no ha sido bien recibida mi propuesta. Sé que sus padres piensan que les estoy robando su confianza, pero si yo me negara a ayudarlo, el muchacho recurriría a otra persona y se metería en problemas aún mayores. Aunque no me gusta la situación de «Tu amigo es Codlin, no Short» en la que me han puesto, pienso que es mejor que acuda a mí que a un extraño. Yo lo llamo orgullo de familia; podría ser simple vanidad, pero sé que es tribulación del espíritu.