La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es]
- Автор: Кард Орсон Скотт
- Серия: Saga del retorno #1
- Год: 2000
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-663-0082-1
- Переводчик: Carlos Gardini
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es]». Краткое содержание книги:
—Una belleza —reconoció—. Sin embargo, es una parte tan ínfima de la fortuna Wetchik que me sentiría mal haciendo tan flaco favor a mi pariente, cuando él está dispuesto a cargar con el pesado lastre de custodiar el índice Palwashantu.
—Esto es sólo una muestra —advirtió Elemak.
—Si se me ha de confiar esa tarea, ¿no debería ver la totalidad de los bienes?
Elemak extrajo el resto del tesoro que llevaba encima y lo apoyó en la mesa.
—Padre no se atrevería a agobiarte con una carga más pesada.
—Es una carga ligera —protestó Gaballufix—. Me avergonzaría permitir que mi ayuda se limitara a esto. —Pero Nafai advirtió que los ojos de Gaballufix centelleaban al ver tantas riquezas juntas—. Supongo que es sólo una cuarta parte de lo que traéis. —Gaballufix miró a Nafai, Issib y Mebbekew.
—Creo que es suficiente —intervino Nafai.
—Entonces no podría depositar la carga del índice en las espaldas de mi pariente —dijo Gaballufix.
—Muy bien —asintió Elemak. Empezó a envolver los lingotes.
¿Eso es todo?, pensó Nafai. ¿Nos rendimos tan fácilmente? ¿Soy el único que nota que Gaballufix se desvive por el dinero? ¿Que bastará ofrecerle un poco más para que venda?
—Aguarda —dijo Nafai—. Podemos sumar lo que yo llevo.
Nafai notó que Elemak lo traspasaba con la mirada, pero era impensable aproximarse tanto e irse con las manos vacías. ¿Elemak no comprendía que el índice era importante? Más importante que el mero dinero, por cierto.
—Y si eso no basta, Issib tiene más —prosiguió Nafai—. Muéstraselo, Issib. Permíteme que te lo muestre. En cuestión de segundos había triplicado la oferta.
—Me temo que mi hermanó menor ha sido muy desconsiderado al agobiarte con una carga muy superior a lo que yo pensaba ofrecerte —declaró secamente Elemak.
—No, no, al contrario —dijo Gaballufix—. Tu hermano menor ha sabido estimar mucho mejor la carga que estoy dispuesto a sobrellevar. Más aún, creo que si el cuarto restante de lo que habéis traído a mi casa estuviera sobre esta mesa, no me molestaría agobiar a mi querido pariente con la tremenda responsabilidad del índice Palwashantu.
—Yo digo que es demasiado —manifestó Elemak.
—Pues hieres mi sentimientos —replicó Gaballufix—, y no veo razones para seguir discutiendo.
—Hemos venido en busca del índice —insistió Nafai—. Hemos venido porque el Alma Suprema lo pide.
—Tu padre es famoso por su santidad y visiones —dijo Gaballufix.
—Si estás dispuesto a aceptar todo lo que tenemos —prosiguió Nafai—, te lo entregaremos de buen grado con tal de cumplir la voluntad del Alma Suprema.
—Tanta obediencia será largamente recordada en el Templo —respondió Gaballufix. Miró a Mebbekew—. ¿O la devoción de Mebbekew no está a la altura de la de su hermano Nafai?
Presa de la indecisión, Mebbekew miró a Elemak y Gaballufix.
Pero fue Elemak quien actuó. De nuevo se puso a envolver lingotes con el paño.
—¡No! —exclamó Nafai—. ¡No retrocederemos ahora! —Tendió la mano hacia Mebbekew— . Sabes bien lo que Padre querría que hicieras.
—Veo que sólo el menor comprende realmente la situación —comentó Gaballufix.
Mebbekew dio un paso adelante y comenzó a poner paquetes sobre la mesa. Entretanto, Elemak cogió el hombro de Nafai, clavándole las uñas, y le susurró al oído:
—Te dije que me dejaras esto a mí. Le has dado el cuádruplo de lo que era necesario pagar, tonto. Nos quedamos sin nada.
Nada salvo el índice, pensó Nafai. Pero aún así comprendía que quizás Elemak hubiera sabido manejar el regateo, y quizás él debía haber cerrado la boca y confiar en Elya. Pero Nafai había tenido la certeza, de que si no hablaba perderían el índice.
Toda la fortuna Wetchik, excepto la tierra y los edificios, estaba en la mesa de Gaballufix.
—¿Eso es suficiente? —preguntó secamente Elemak.
—Suficiente —dijo Gaballufix—. Suficiente para demostrarme que Volemak el Wetchik ha traicionado a los Palwashantu. Esta gran fortuna ha sido encomendada a unos chiquillos que, con pueril estupidez, han resuelto dilapidarla en la compra de lo que todo verdadero Palwashantu sabe que no se puede vender. El índice, el temido y sagrado tesoro de los Palwashantu… ¿Volemak creía que podía comprarlo? ¡No, imposible! Sólo cabe deducir que ha perdido el juicio o que lo habéis matado y ocultado el cadáver en alguna parte.
—¡No! —exclamó Nafai.
—Tus mentiras son obscenas —barbotó Elemak— y no las toleraremos.
Se adelantó y por tercera vez intentó recoger el tesoro.
—¡Ladrón! —exclamó Gaballufix.
De pronto se abrieron las puertas y una docena de soldados irrumpió en la sala.
—¿ Crees que puedes hacer esto en presencia de Rashgallivak? —preguntó Elemak.
—Insisto en hacerlo en su presencia —dijo Gaballufix—. ¿Quién crees que me trajo la noticia de que Volemak traicionaba la confianza de los Wetchik? ¿De que los hijos de Volemak querían derrochar la fortuna Wetchik en un descabellado capricho?
—Sirvo a la casa de Wetchik —declaró Rashgallivak. Miró a cada uno de los hermanos con rostro afligido—. No podría servir a los intereses de esa gran casa y permitir que la fortuna sea destruida por un loco que cree ver visiones. Gaballufix vaciló en creerme, pero convino conmigo en que la fortuna de Wetchik tenía que ser encomendada a otra rama de la familia.
—Como jefe del clan Palwashantu —salmodió Gaballufix—, declaro que Volemak y sus hijos, tras haber demostrado su incapacidad e ineptitud como custodios de la mayor casa del clan, quedan para siempre descartados como herederos y poseedores de la casa de Wetchik. Y en reconocimiento por años de leales servicios, prestados por él y por sus antepasados durante muchos siglos, concedo la tutela temporal de la fortuna Wetchik y el uso del nombre de Wetchik a Rashgallivak, para que cuide de todos los aspectos de la casa Wetchik hasta el momento en que el consejo del clan disponga otras medidas. En cuanto a Volemak y sus hijos, si intentan objetar o cuestionar este acto, se los considerará enemigos de sangre de los Palwashantu y serán juzgados según leyes más antiguas que las de la ciudad de Basílica. — Gaballufix sonrió a Elemak—. ¿Lo has entendido todo, Elya?
Elemak miró a Rashgallivak.
—Entiendo que el hombre más leal de Basílica es ahora el peor traidor.
—Vosotros fuisteis los traidores —replicó Rash—. Esta súbita epidemia de visiones, ese infructuoso viaje al desierto, la venta de todos los animales, el despido de todos los peones, y ahora esto… Como mayordomo de la casa Wetchik, no tuve más opción que acudir al consejo del clan.
—Gaballufix no es el consejo del clan —reprochó Elemak—. Es un vulgar ladrón y has puesto nuestra fortuna en sus manos.
—Vosotros pusisteis vuestra fortuna en sus manos —dijo Rashgallivak—. ¿No veis que lo he hecho por vosotros? ¿Por los cuatro? El consejo me nombrará guardián durante unos años, hasta que todo esto haya pasado, y si en ese período uno de vosotros demuestra ser un hombre prudente, dignó de confianza y de la responsabilidad del puesto, el nombre y la fortuna de Wetchik os serán devueltos.
—No quedará tal fortuna —dijo Elemak—. Gabya la gastará en sus ejércitos antes del fin de este año.
—En absoluto —intervino Gaballufix—. Se la entregaré a Rash, para que continúe como mayordomo. Elemak rió con amargura.
—Como mayordomo, para que la use según las directivas del consejo. ¿Y cuáles serán esas directivas? Ya verás, Rash.' Muy pronto… porque el consejo ha incurrido en tremendos gastos para pagar a toda esa soldadesca.