Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es]
La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es]

Электронная книга - «La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es]». Краткое содержание книги:

Desde hace 40 millones de años la colonia humana del planeta Armonía ha sido regida por un poderoso ordenador conocido como Alma Suprema, que es venerado casi como un dios. Su misión consiste en mantener alejado al hombre de la capacidad destructiva que le obligó a abandonar la Tierra. La tecnología apenas existe en Armonía. Hay ordenadores y placas solares, pero el medio de transporte es el caballo y la única arma, la espada «energética». Alma Suprema, sin embargo, ha detectado fallos en sus propios sistemas y sólo podrá evitar una guerra catastrófica viajando a la Tierra de nuevo. Para ello debe escoger a un hombre íntegro y revelarle el antiguo conocimiento de los viajes a través de las estrellas.
1 ... 46 47 48 49 50 51 52 53 54 ... 67
Перейти на страницу:

—Nunca pensaste en acusar a Padre de matar a Roptat, ¿verdad?

—Claro que sí.

—Pero no en llevarle a juicio.

—Oh, no… eso sería una estupidez. Una pérdida de tiempo. Te lo dije.

—Dijiste que sería una pérdida de tiempo porque el prestigio de Padre en la ciudad impediría que lo condenaran. Pero lo cierto es que jamás hubiese comparecido en un juicio porque tendrías testigos que descubrirían no sólo el cadáver de Roptat, sino también el de Padre.

—Qué terrible acusación. Lo niego todo. Tienes una imaginación perversa, muchacho.

—Me usabas para traicionar a mi propio padre y para poder matarlo.

—Durante mucho tiempo supuse que lo sabías. Supuse que comprendías que no hablaríamos directamente de ello porque era un tema desagradable. Pensé que comprendías que el único modo de lograr que heredaras pronto era tramando la muerte de tu padre.

Elemak se enfureció tanto por haber sido cómplice de una conspiración parricida que perdió todo su control. Se lanzó contra Gaballufix, pero éste le apuntó con un pulsador.

—Sí, sí, veo que sabes lo que un pulsador puede hacer a quemarropa. Mataste a un hombre con un arma parecida, ¿verdad? —dijo Gaballufix—. Más aún, pudo ser esta misma arma, ¿eh?

Elemak miró el pulsador y reconoció las marcas del uso: los arañazos, las muescas, el color desteñido por el sol mientras él lo llevaba en la cadera durante interminables horas de viaje por el desierto.

—Presté ese pulsador a Mebbekew cuando regresé de mi última travesía —dijo estúpidamente.

—Y Mebbekew me lo prestó a mí. Hablando de estúpidos… Le dije que lo quería para sorprenderte en una fiesta, para honrarte por derramar sangre. Le dije que usaría tu anécdota para inspirar a mis soldados —rió Gaballufix.

—Por eso incluiste a Mebbekew. Para conseguir mi pulsador.

¿Pero por qué? Elemak imaginó a su padre muerto, y a alguien descubriendo el pulsador de Elemak a poca distancia, como si lo hubiera abandonado al darse a la fuga. Imaginó a Gaballufix tratando de explicar todo lo sucedido al consejo de la ciudad, con lágrimas en los ojos: «A esto conduce la codicia de los jóvenes… mi propio hermanastro, dispuesto a asesinar a su padre con tal de recibir la herencia.»

—Tienes razón —murmuró Elemak—. Fui un necio.

—Lo fuiste y lo eres —dijo Gaballufix—. Hoy te han visto en la ciudad… en toda la ciudad. Mis hombres te siguieron en varios vecindarios. Hay muchos testigos… y pronto será delicioso ver a Rasa obligada a atestiguar contra el primogénito de su amado Volemak. Porque alguien morirá esta noche, asesinado por este pulsador, que se hallará cerca del cadáver, y entonces todos sabrán que el asesino fue el hijo del Wetchik, quizá siguiendo órdenes de su padre. Y lo mejor de todo es que puedo contarte esto, puedo revelártelo, puedo dejarte salir con vida de la ciudad, y aun así tú no podrás hacer nada. Si decides mencionar mi plan para matar a alguien, sea quien fuere, supondrán que sólo tratas de encubrir tu crimen por anticipado. Eres un estúpido, Elemak, igual que tu padre. Aun sabiendo que yo no temí matar para cumplir mis propósitos, pensaste que tú y tu familia seríais inmunes, que yo me mostraría más tierno contigo porque el mismo fatigado vientre nos albergó nueve meses, mientras sorbíamos la vida de una placenta.

Elemak nunca había visto tanto furor, tanto odio, tanta malevolencia en un rostro humano; nunca había imaginado que fuera posible. Pero ahora enfrentaba el deleite de Gabya al describir un crimen que se proponía cometer. Le dio miedo, pero también le inspiró una descabellada confianza. Como si Gaballufix, al revelar su mezquindad, le permitiera comprender que él era mucho más noble, a pesar de todo.

—¿Quién es el estúpido, Gabya? ¿Quién?

—Creo que ya no hay ninguna duda —dijo Gaballufix.

—Es verdad. Lograrás que sea imposible que Padre y yo regresemos a la ciudad, al menos por un tiempo, pero la muerte de Roptat no te allanará el camino. ¿De veras eres tan ingenuo? Nadie creerá ni por un instante que Padre mataría a Roptat, o que yo lo haría.

—¡Tendré el arma! —exclamó Gaballufix.

—El arma, sí, pero ningún testigo de la muerte, sólo tu versión divulgada por tu gente. Los basilicanos no son tan imbéciles. ¿Quién gana con la muerte de Roptat y el exilio de Padre? Sólo tú, Gabya. La ciudad se alzará en una rebelión sangrienta. Tus soldados perecerán en las cal es.

—Sobreestimas la voluntad de mis timoratos enemigos —dijo Gaballufix. Pero ya no hablaba con el mismo aplomo ni con el mismo deleite.

—Tus enemigos no son timoratos sólo porque rehúsen matar para lograr sus propósitos. Pero están dispuestos a matar para detener a un hombre de tu calaña. Una garrapata sin cerebro, envidiosa, despechada y maligna.

—¿Tanto deseas morir?

—Sí, mátame aquí, Gabya. Cientos de personas saben que estoy aquí. Cientos aguardan para oír lo que diré. Tu plan está al desnudo y no funcionará. Porque eres tan estúpido que tenías que jactarte.

Las palabras de Elemak eran puro alarde, pero Gaballufix lo creyó, al menos lo suficiente como para titubear. Para dudar. Sonrió.

—Elya, hermano mío, me enorgullezco de ti. Elemak sabía reconocer una rendición. No respondió.

—A fin de cuentas eres mi hermano… la sangre de Volemak no te ha debilitado, a pesar de todo. Quizás hasta te haya fortalecido.

—¿Acaso crees que ahora me tragaré tus adulaciones?

—Claro que no. Claro que no las tendrás en cuenta… pero eso no impide que te admire, ¿verdad? ¡Sólo impide que tú creas en mi admiración! Eres tú quien pierde, querido Elya.

—He venido a buscar el índice, Gaballufix —dijo Elemak—. Una cosa sencilla. Dámelo y me largaré. Wetchik y su familia no volverán a molestarte, y tú podrás seguir con tus tejemanejes hasta que alguien te apuñale por la espalda con tal de acallar esos chillidos de cerdo que sueltas cada vez que crees haber dicho algo ingenioso.

Gaballufix ladeó la cabeza.

Me lo dará, pensó Elemak triunfalmente.

—No —respondió Gaballufix—, me gustaría, pero no puedo. Sería difícil explicar la desaparición del índice ante el consejo del clan. Causaría muchos problemas, ¿y para qué ponerme en apuros sólo para deshacerme de Wetchik? A fin de cuentas, ya me he librado de él.

Ahora, al fin, Elemak había conseguido lo que buscaba: regatear como un mercader.

—¿Qué más se requeriría para que valiera la pena entregármelo? —preguntó.

—Hazme una oferta. Suficiente dinero como para compensar las molestias a que me veré sometido.

—Dame el índice y Padre liberará sus fondos para ti. Lo que quieras.

—¿Debo esperar por los fondos? ¿Esperar a que Wetchik me pague después por un índice que te doy ahora? Ah, ya entiendo. —Gaballufix rió despectivamente—. No puedes darme dinero ahora porque no tienes nada. Wetchik aún no te ha dado ni una pizca de su fortuna. ¡Te ha enviado con este encargo y ni siquiera te ha dado acceso a su dinero!

Era humillante, en efecto. Padre tendría que haber comprendido que al negociar con Gaballufix el dinero sería decisivo; tendría que haberle revelado un código que le diera acceso a los fondos familiares de los Wetchik. Rashgallivak, el mayordomo, tenía más control sobre la fortuna Wetchik que Elemak. Sintió furia y resentimiento contra su padre por haberlo puesto en esta posición de debilidad. Ese viejo estúpido y miope, siempre a trompicones en los negocios.

—Dime, Elya —dijo Gaballufix, ya serio—. Si tu padre no te confía su dinero, ¿por qué he de confiarte yo el índice?

Gaballufix metió la mano bajo la mesa. Debió de activar un interruptor, pues tres puertas se abrieron al instante y tres soldados idénticos irrumpieron en la biblioteca. Aprehendieron a Elemak, se lo llevaron al vestíbulo y lo sacaron a empellones.

1 ... 46 47 48 49 50 51 52 53 54 ... 67
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)