El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever». Краткое содержание книги:
E incluso a los diez años, Miranda supo que lo amaría para siempre.
Turner siempre ha considerado a Miranda como de la familia. Tras un desastroso matrimonio, Turner sabe que el amor que pudiera sentir lo destruyeron las infidelidades de su difunta esposa.
Pero a pesar de su cinismo, Turner se sorprende a sí mismo al darse cuenta del incontrolable deseo que Miranda empieza a despertar en él.
Turner no dijo nada. Y luego:
– No te creo.
Miranda se quedó aturdida.
– ¿Disculpa?
Él se encogió de hombros.
– No te creo. Olivia me dijo que estabas embarazada.
– Lo estaba, cuando Olivia estuvo aquí.
– ¿Cómo sé que no estás simplemente intentando deshacerte de mí?
– Porque no soy idiota -dijo con brusquedad-. ¿Piensas que rehusaría casarme contigo si estuviera embarazada?
Turner pareció considerarlo por un momento, y luego se cruzó de brazos.
– Bueno, aún así tu virtud está comprometida, por lo que te casarás conmigo.
– No -dijo irónica-. No lo haré.
– Oh, sí lo harás -le dijo, con los ojos brillando cruelmente-. Es sólo que aún no lo sabes.
Se apartó de él.
– No veo cómo podrás forzarme.
Él dio un paso adelante.
– No veo cómo podrás detenerme.
– Gritaré pidiéndole ayuda a MacDownes.
– No creo que lo hagas.
– Lo haré. Lo juro. -Abrió la boca y entonces lo miró de lado para ver si comprendía su advertencia.
– Adelante -le dijo, encogiéndose de hombros casualmente-. Esta vez no me agarrará desprevenido.
– Mac…
Le puso la mano sobre la boca con asombrosa velocidad.
– Pequeña tonta. Aparte del hecho de que no tengo ningún deseo de que tu maduro mayordomo pugilista interrumpa mi privacidad, ¿te paraste a considerar que su irrupción aquí sólo apresuraría nuestro matrimonio? No querrás ser atrapada en una situación comprometida, ¿o sí?
Miranda masculló algo contra su mano y luego le dio puñetazos en la cadera hasta que la quitó. Pero no volvió a gritar llamando a MacDownes. Por muy reacia que fuera a admitirlo, él tenía algo de razón.
– Entonces, ¿por qué no me dejaste gritar? -Lo provocó-. ¿Hmmm? ¿No es un matrimonio lo que deseas?
– Sí, pero pensé que podrías preferir entrar en él con algo de dignidad.
Miranda no tenía una respuesta a eso, así que se cruzó de brazos.
– Ahora quiero que me escuches -le dijo en voz baja, tomándole la barbilla con la mano y forzándola a mirarlo-. Y escúchame con cuidado, porque únicamente diré esto una vez. Vas a casarte conmigo antes de que termine esta semana. Ya que convenientemente has huido a Escocia, no necesitamos una licencia especial. Tienes suerte de que no te arrastre a una iglesia en este preciso instante. Consíguete un vestido y algunas flores porque, cariño, vas a obtener un nuevo nombre.
Ella lo fulminó con una mirada mordaz, incapaz de pensar en ninguna palabra adecuada para expresar toda su furia.
– Y ni siquiera pienses en huir otra vez -le dijo perezosamente-. Para tu información, he alquilado habitaciones sólo a dos puertas de aquí y he arreglado que vigilen la casa las veinticuatro horas del día. No lograrás llegar ni al final de la calle.
– Dios -suspiró-. Te has vuelto loco.
Se rió ante esto.
– Piensa en esa declaración, quieres. Si trajera a diez personas a esta habitación y les explicara que he tomado tu virginidad, que te he pedido que te cases conmigo y que tú rehúsas. ¿A quién crees que considerarían loca?
Estaba tan encolerizada, que pensó que podría explotar.
– ¡No a mí! -le dijo él vivamente-. Ahora sé optimista, chiquilla, y mira el lado bueno. Haremos más bebés y lo pasaremos espléndidamente haciéndolos, prometo nunca golpearte ni prohibirte hacer nada a no ser que sea algo absolutamente disparatado, y finalmente serás hermana de Olivia. ¿Qué más podrías desear?
Amor. Pero no pudo pronunciar la palabra.
– Considerándolo todo, Miranda, podrías encontrarte en una situación mucho peor.
Siguió callada.
– Muchas mujeres estarían encantadas de cambiar de lugar contigo.
Se preguntó si habría alguna forma de borrar la expresión satisfecha de su rostro sin provocarle un daño permanente.
Él se inclinó hacia delante sugestivamente.
– Y puedo prometerte que estaré muy, muy atento a tus necesidades.
Ella entrelazó las manos en la espalda porque estaban empezando a temblarle por la frustración y la ira.
– Algún día me agradecerás por esto.
Y eso fue demasiado.
– ¡Aaaaargh! -Gritó incoherentemente, lanzándose contra él.
– ¿Qué demonios? -Turner se giró, tratando de sacársela a ella y a sus puños golpeadores de encima.
– Nunca, nunca vuelvas a decir, “Algún día me agradecerás por esto” -demandó, golpeándolo furiosamente en el pecho.
– Cálmate, querida. Te prometo que nunca volveré a usar ese tono condescendiente contigo.
– Lo estás usando ahora -aseguró ella.
– No, no es así.
– Sí, lo hacías.
– No, no lo hacía.
– Sí, lo hacías.
Bueno Dios, esto se estaba volviendo tedioso.
– Miranda, estamos actuando como niños.
Ella pareció crecerse, y sus ojos adquirieron una mirada salvaje que debería haberle provocado temor. Sacudiendo la cabeza escupió:
– No me importa.
– Bueno, tal vez si comienzas a actuar como una adulta, dejaré de hablarte en lo que tú llamas un tono condescendiente.
Él entrecerró los ojos, y gruñó desde el fondo de la garganta.
– ¿Sabes algo, Turner? A veces actúas como un completo imbécil. -Diciendo esto, formó un puño con la mano, tiró el brazo hacia atrás, y lo dejó volar.
– ¡Santo maldito infierno! -Turner se llevó la mano al ojo, y se tocó la ardiente piel sin poder creerlo-. ¿Quién demonios te enseñó a lanzar un puñetazo?
Miranda sonrió satisfecha.
– MacDownes.
24 DE AGOSTO DE 1819- MÁS TARDE ESA NOCHE
MacDownes le informó a la abuela y el abuelo de que hoy había recibido una visita, y ellos prontamente adivinaron quien era él. El abuelo farfulló cerca de diez minutos acerca de cómo podía ese hijo de algo que me es imposible escribir, aparecer por aquí, hasta que finalmente la abuela lo calmó y me preguntó a qué había venido.
No puedo mentirles a ellos. Nunca fui capaz de hacerlo. Les dije la verdad… que había venido a casarse conmigo. Reaccionaron con gran alegría y hasta con gran alivio hasta que les dije que había rehusado. El abuelo se lanzó a otra andanada, únicamente que esta vez el objetivo era yo, y mi falta de sentido común. O al menos creo que eso fue lo que dijo. Es de las Highlands, y aunque habla el inglés del Rey con un acento perfecto, su acento escocés se hace evidente cada vez que está perturbado.
Estaba, para decir lo menos, particularmente perturbado.
Así que ahora me encuentro con ellos tres aliados en contra mía. Me temo que es probable que esté librando una batalla perdida.
CAPÍTULO 15
Dada la oposición contra ella, fue extraordinario que Miranda resistiera tanto tiempo como lo hizo, que fueron tres días.
Su abuela lanzó el ataque, utilizando el abordaje dulce y sensato.
– Bueno querida -le había dicho-. Entiendo que Lord Turner estuvo quizás un poquito lento en sus atenciones, pero cumplió con los requisitos, y bien, tú hiciste…
– No necesitas decirlo -había replicado Miranda, enrojeciendo frenéticamente.
– Bien, lo hiciste.
– Lo sé.
Que el cielo cayera sobre ella. Raramente podía pensar en nada más.
– Pero realmente, dulzura, ¿qué va mal con el vizconde? Parece un hombre bastante agradable, y nos ha asegurado que será capaz de mantenerte y cuidarte apropiadamente.