Juego del Depredador
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
¿Cómo podría alguna vez abandonarlo y regresar a su vida en las sombras? ¿Cómo pretendería eso? Su boca estaba caliente contra su cuello. Sus labios se sentían suaves y firmes. Quería eso, la dura fuerza de sus brazos, las excitantes demandas de su cuerpo masculino, la pura magia aterciopelada de su boca. Sus labios dejaban un rastro de fuego desde su garganta hasta un costado de su temblorosa boca. No había ningún pensamiento de resistencia…¿cómo podría haberlo?
Saber se encontró a sí misma deslizando sus sensibles dedos sobre los definidos músculos de él, alimentando su propio fuego y el de él Se derretía, ablandaba, feroz excitación y húmedo calor.
Jess cambió su peso, la hizo rodar bajo él, su boca se aferraba ávidamente a la suya, alimentándose urgentemente de su dulzor. La mano le recorrió la garganta, sintiendo el pulso revelador, el calor de satén de su piel. Sus dedos se separaron, remontando su clavícula, las yemas de los dedos masajearon las suaves cumbres de sus pechos. La boca de Jess era despiadada, exigiendo su tímida respuesta ardiente.
Deslizó la mano por la línea de su cadera, hacia sus costillas, retirando la delgada tela de su camiseta mientras lo hacia. La palma encontró su pequeña cintura y descansó allí posesivamente, luego se deslizó hacia su espalda, queriendo explorar cada pulgada de su inmaculada piel. Las puntas de sus dedos tocaron una elevación circular rígida y luego encontraron una segunda.
Saber se tensó al instante, apartó la boca de la suya, las manos empujaron con fuerza contra los pesados músculos de los hombros. La negra mirada de Jess se fijó en su transparente rostro, captando el revoltijo de confusas emociones. Algo de desesperación, miedo, incluso asco. La llama de su seductor deseo se desvanecía de sus hechiceros ojos, pero sus labios retenían la marca de su boca.
Jess alzó los brazos, acercándola hacia él.
– Deja de luchar, Saber -pidió él bruscamente.
– Déjame ir. No puedo hacer esto. Realmente no puedo. Lo siento, pensé que podría, pero…
Sabe se arrojó a un lado en el instante que sintió que Jess aflojaba su agarre. Sabía que lo haría, él siempre era tan consciente de su fuerza, cuidando de nunca herirla realmente. Jess juró cuando ella cayó desde sus brazos hacia la alfombra, mientras gateaba para colocar una distancia segura entre ellos. La agarró por el tobillo, impidiendoselo por poco.
– Jesse. Déjame ir. Tengo que salir de aquí. -Se sentó, jadeando por aire, su cara blanca, desesperada, la súplica de su voz estaba cerca del pánico.
El corazón de Jesse se detuvo, cada nervio en su cuerpo respondía a la desesperación de ella, pero sabía que su agarre sobre ella era tan frágil o tan fuerte como los dedos que rodeaban su tobillo.
– Tranquilízate, nena -dijo él suave y gentilmente-. Sólo siéntate allí, Saber, porque no te dejaré ir. Ni ahora, ni nunca. Nos pertenecemos y lo sabes.
– ¿En verdad crees que esto terminará con un vivieron felices para siempre como en los cuentos de hadas? -Se limpió de un manotazo las lágrimas de su rostro-. Ni siquiera he leído un cuento de hadas, Jesse. Antes cuando te conocí por primera vez y me los mencionaste mientras me tomabas el pelo, mentí y te dije que tenía mis favoritos, pero nunca en mi vida he leído uno.
– Bien, yo creo en finales de cuento de hadas -le dijo él-. Mis padres han estado juntos durante años y aún están muy enamorados. Quiero una familia, Saber… contigo.
El rostro de Saber palideció visiblemente.
– No digas eso.
– ¿Qué no diga qué? ¿Qué te amo? ¿Qué te quiero como mi esposa y la madre de mis niños? ¿Qué creo que es posible para nosotros tener una vida juntos? Tengo un amigo que está casado con una Caminante Fantasma. Ella fue criada en un asilo. Provoca fuegos por casualidad cuando la energía se acumula a su alrededor. Ella tampoco creIa que podría tener una vida, y créeme, Whitney estaba tras ella. Ella entendía esto. No puede estar con muchas personas alrededor, pero ella y su marido, Nico, tienen una maravillosa casa y una buena vida. Nosotros también podemos, si lo ansiamos con todas nuestras fuerzas. Yo lo ansío con todas mis fuerzas. Sólo tienes que ansiarlo también.
Sus ojos se clavaron en los de él, eran tan azules casi violetas, las lágrimas incrementaban el efecto. Un hombre podría ahogarse en sus ojos. Lentamente, pulgada por pulgada, Jess se sentó en una posición más cómoda. Ella parecía tan conmocionada que quiso tomarla entre sus brazos, pero no había ganado… aún. Apretó ligeramente su agarre sobre el tobillo de ella.
– Ven aquí y muéstrame lo que está en tu espalda y que te provocó tanto pánico.
Los ojos de Saber se ensancharon, asustados. Negó con la cabeza.
Gateó hacia atrás sobre la alfombra cuando él tiró de su pierna. Saber perdió el equilibrio y cayó hacia adelante, boca abajo directamente a un costado de él. Él colocó su peso sobre ella, fijándola bajo él.
Jess empujó bruscamente la tela de su blusa, exponiendo su espigada espalda. Todo en él se congeló, se paralizó, su corazón, sus pulmones, su sangre, hasta su cerebro. Luego la ardiente cólera se disparó en él, lo consumió, lo devoró por completo. Incluso la vista de las fotografías no podría haberlo preparado para ver su espalda llena de cicatrices.
Con dedos suaves remontó la huella de cada redondeada cicatriz.
– Te quemaron con cigarrillos. -Su voz era tranquila, incluso baja, pero algo cruel y desagradable se alzaba en él, algo que no sabía que existía. Las paredes se expandieron y contrajeron. El suelo vibró mientras respiraba para intentar mantener el control.
Saber aún estaba bajo sus manos, su silencioso llanto le rasgaba el corazón. Jess bajó la cabeza, el calor de su boca le llegó a su piel, su lengua suavemente remontó cada cicatriz, colocando alrededor de cien besos.
Ella se estremeció y él permaneció tranquilo, sus labios sobre cada una de las cicatrices, mientras la tensión la abandonaba. Percibió como movía sus caderas, un pequeño movimiento involuntario, pero lo necesario para avisarle de que no deseaba que se detuviera. Le sacó la camiseta completamente y apartó su sujetador color carne.
Sus manos acariciaron los costados de su cuerpo, bajo por sus brazos, las suaves curvas de sus pechos, costillas, y cintura. Con la boca continuó recorriendo su espalda, sanando, calmando, una erótica y ligera caricia, suave como una pluma que de alguna manera le devolvía la vida a su cuerpo a pesar de cada orden que su cerebro le daba para salvarla. Las manos fueron más abajo, a sus caderas vestidas con vaqueros y luego se deslizaron hacia el frente, a la cremallera.
Saber contuvo la respiración y cerró los ojos contra la oleada de sensaciones, sus pechos estaban aplastados contra la alfombra, sus pezones de repente se erigieron sensibles. Las manos de Jesse se engancharon en el cinturón de sus vaqueros y los retiró de su cuerpo. Ella se quedó inmóvil, su rostro sepultado en la curva de su brazo, lágrimas en su cara, su cuerpo revivía con una repentina y creciente necesidad.
Le quería, siempre le había querido, desde el primer momento en que le había abierto la puerta. En aquel entonces había sido puramente atracción física, su cuerpo lo reconocía de algún modo primitivo, pero ahora -en ese instante- era el amor por él lo que la abrumaba, la consumía anulando su instinto de auto conservación hasta que sólo él importaba. Sólo Jess. Ser una con él. Amarlo. Perdonarlo.
A él no le importaba que ella llevara la muerte con su toque. En cambio ella amaba el toque de Jess, tan sanador y sexy, todo lo que siempre había querido y nunca se había atrevido a soñar.
Jess se deshizo de su propia ropa. No era el dormitorio, ni siquiera era una gruesa alfombra delante de la chimenea, pero aquí era donde le iba a hacer el amor cuidadosa y apasionadamente a Saber Wynter. Posó una mano en sobre el firme músculo de sus nalgas, pellizcándola suavemente. Se ubicó sobre sus muslos, permitiendo que sintiera el ardiente calor de su gruesa excitación. Con la boca buscó su piel desnuda otra vez. Se tomó su tiempo, deseando explorar cada pulgada de ella, deseando conocer cada secreto rincón, cada sombra. Luego, las manos recorrieron sus piernas, acariciándolas, y masajeándolas.