Juego del Depredador
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
– Bien. Porque Saber es mucho mejor. Te pega. -Él siempre pensaría en ella como Saber.
– Nunca volveré a allí, Jesse. Nunca. Haré lo que sea para mantenerme fuera de sus manos.
– No hay forma de que te hagan regresar -enfrentó su mirada con la de ella-. Te protegeré, te juro que lo haré, Saber.
– No puedes detenerlo, Jesse, nadie puede.
– Quizás no como individuos, pero sí como grupo, los Caminantes Fantasmas son muy buenos defendiendo a los suyos. Y tú eres uno de nosotros.
Ella dio a un pequeño resoplido de completo sarcasmo.
– ¿Quién en el infierno me aceptaría? Sabes que eso no es cierto.
Él se quedó callado cuando la comprensión lo golpeó. Toda la cólera, toda la furia, tan comprensible como era, había cubierto la cosa que más temía ella. Saber pensaba en sí misma como un aborrecible monstruo. Alguien más allá de la redención. Él deseó empujarla a sus brazos y mantenerla allí fuertemente, pero no se atrevía… aún.
Él se inclinó cerca de ella.
– Nena, escúchame. Si no crees en los demás, cree que este es el lugar y que yo soy el hombre que puede aceptarte… qué te quiere.
– Suéltame, Jesse -dijo ella, tratando de aferrarse a su cólera cuando sintió que esta se le escabullía. Estaba harta de luchar, harta de huir, harta de sentir miedo. Sobre todo, estaba harta de aborrecerse a sí misma-. Todo esto es una pérdida de tiempo en todos los sentidos.
El calor de su cuerpo comenzaba a alejar el frío ártico del de ella, derritiendo el hielo alrededor de su corazón. La caricia de su voz, la mirada de amor en sus ojos, enviaba un calor que se arremolinaba en el hueco de su estómago. No quería pensar en cuánto lo amaba, o cuan linda era su sonrisa. O cuan caliente era su cuerpo. Quería odiarlo. No, no deseaba sentir absolutamente en absoluto.
– ¿En verdad crees que alguien va a aceptarme en sus vidas? ¿Tu equipo? ¿Tu familia? No sabrán lo que soy.
Él no podía menos que inclinarse para inhalar su olor, para acariciarle ligeramente con la nariz el calor de su cuello.
– Eres tú quién no puede aceptarse, Saber. Estoy acostumbrado a los diferentes dones psíquicos que tienen los Caminantes Fantasmas, y no me equivoco al señalar que eres un Caminante Fantasma.
Las lágrimas se adhirieron a sus pestañas y alejó la mirada, aunque él sostuviera firmemente su barbilla para obligarla a mirarlo.
– Soy una aberración. Un monstruo. Una niña asesina. Por Dios, Jesse, leíste el archivo. Maté a mi primer humano cuando tenía nueve años. No me parezco a ti o a los demás. Soy una máquina humana homicida. Si Whitney pudiera conseguirme una invitación para una cena en la Casa Blanca, podría acercarme lo suficiente al presidente para matarlo directamente bajo las narices del Servicio Secreto y nadie se enteraría. Mientras sufriera un ataque cardíaco, podría aparentar incluso que estoy intentando ayudarlo, y ni él, ni sus guardaespaldas sabrían alguna vez que le estaba matando. Dime cómo me hace eso una de vosotros.
Él soltó su agarré sobre sus muñecas y le enmarcó el rostro con ambas manos.
– Esto te hace exactamente como el resto de nosotros… exactamente. ¿Crees que ninguno de nosotros ha matado accidentalmente? Tenemos poderes que no estábamos destinados a poseer y tenemos que aprender a controlarlos. Cada uno de nosotros sabe lo que es sentir miedo de lo que somos y de lo que somos capaces de hacer.
Saber abrió la boca para replicar, pero luego sus palabras realmente la afectaron. No había pensado mucho en los demás y lo que podían o no podían hacer. Ella no lo sabía. Jess acababa de cerrar abruptamente la puerta y había estado al otro extremo de la habitación. ¿Qué más podría hacer él? ¿Qué podrían hacer Mari y Ken? ¿O Logan? Se había mantenido separada de otros semejantes a ella porque los asesinos no eran miembros de un equipo. Eran personas solitarias. Trabajaban en secreto para realizar su misión. Ni siquiera tuvo nunca un verdadero amigo -a excepción de Thorn- y desde entonces, no se habían visto a menudo.
– Déjame, Jesse. -No podía razonar con su cuerpo tan cerca del suyo y tenía que mantener su mente en su objetivo. Sobrevivir.
Se retorció, su cuerpo rozó tentadoramente al suyo, y él cerró los ojos y absorbió la sensación y su forma.
– Si te dejolevantarte, pierdo cualquier ventaja que tenga. En cualquier caso, creo que me sacaste todo el aire cuando me lanzaste ese codazo. No puedo moverme. -Su cuerpo estaba tan duro como una roca y no hacía ningún intento de esconderlo de ella, moviéndose de modo seductor, presionándola aún más en la cuna de sus caderas.
Un rubor se formó rápidamente lo largo de sus altos pómulos.
– Te mueves muy bien. Ahora levántate.
– La verdad es que no puedo. -Sus brazos se apretaron posesivamente, su boca probó la perfumada piel en el hueco de su garganta.
Su lengua se sentía como áspero terciopelo, recorriendo su pulso, dejando diminutos dardos de fuego sobre su piel. Su cuerpo, su propia voluntad, se derretía en él, volviéndose maleable y flexible, contagiándose de su fuego, aun cuando su cerebro le gritaba que no respondiera.
– Me traicionaste. -La acusación le salió desesperada porque se sentía así. Jess Calhoun era su enemigo porque era el único quién podría detenerla que se marchara.
– Saber, has sido tan bien entrenada como yo. Y sé muy bien que Whitney te enseñó todo sobre autorizaciones de seguridad y aquello que necesitaras saber. Tú eras un operativo encubierto, y sabes muy bien lo que esto significa. Yo trabajo para el gobierno. Cuando concierne a la seguridad nacional, no hay ninguna reserva en mí. Lo lamento si parece que te he traicionado, pero no puedo poner en peligro a mi país porque esté enamorado de ti.
Ella luchó otra vez.
– Si no me sueltas, terminarás herido.
– ¿Quieres que te deje ir, Saber? Si realmente crees que te traicioné, si realmente crees que no soy mejor que Whitney, entonces hazlo… mátame ahora.
Ella continuaba con el cuerpo tenso, su expresión cerrada a él, pero él rechazó apartar la mirada. Le dio una pequeña sacudida.
– Hazlo. Sé que puedes. Siente el latido de mi corazón -le arrastró la palma de la mano sobre su pecho y la sostuvo allí-. De una u otra forma, me arrancarás el corazón, así que hazlo bien.
– Para. Sabes que no puedo -las lágrimas brillaban en sus ojos-. Sé que no eres como Whitney. No presiones tanto.
– Tienes miedo, Saber. Luchas contra mí -contra nosotros- porque tienes miedo de ser destrozada, de que ak entregarte a mí pueda traicionarte. Realmente traicionarte. Tienes miedo de darme tu corazón porque temes que pueda hacerte un daño mayor que cualquier otra persona antes. ¿Por qué crees eso, Saber? -Le sostuvo el rostro de modo que se viera obligada a mirarlo cuando ella quería apartarlse de la verdad-. Te diré por qué. Es porque me amas. Me amas tanto que te asusta. ¿Y sabes cómo lo sé? Porque te amo, muchísimo. Todo de ti, cada parte de ti, desde aquella pobre niñita que fue obligada a matar, a la hermosa y valerosa mujer que se esfuerza tanto por nunca matar otra vez. Te amo, Saber. Te amo. Y, si me abandonas, muy bien podrías matarme antes de irte, porque de todos modos estaré muerto sin ti.
– Detente, Jesse. Detente. Tienes que parar.
– Puedes huir el resto de tu vida, pero ¿para qué? ¿Qué tipo de vida tendrías? ¿Sola? ¿Sin mí? ¿Huyendo? Quédate conmigo, Saber. No puedo prometer que él no vendrá tras de ti, pero puedo prometerte que cuando lo haga no tendrás que luchar sola contra él.
Ella había estado sola por mucho tiempo hasta que llegó Jess. Entonces había tenido un hogar. Una vida. Tenía un mejor amigo que la hacía reír. Con quién podía hablar con inteligencia de la mayoría de los temas. Tenía a un hombre que la hacía sentir hermosa aun cuando no lo era. Y sexy. Nunca se había sentido de esa forma en su vida hasta que le abrió la puerta y vio ese fuego arder en sus ojos.