Juego Del Destino
- Автор: Арчер Джеффри
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Juego Del Destino». Краткое содержание книги:
– ¿Aceptas a esta mujer como tu legítima esposa?
Nat quería gritar el «sí, quiero», pero se contuvo y respondió en voz baja:
– Sí, quiero.
– ¿Aceptas a este hombre como tu legítimo esposo?
– Sí, quiero -contestó Su Ling, con la cabeza inclinada.
– Puedes besar a la novia -dijo el sacerdote.
– Creo que se refiere a mí -exclamó Tom y se adelantó.
Nat abrazó a Su Ling y la besó, al tiempo que le propinaba un puntapié a Tom en la espinilla.
– ¿Esto es lo que recibo después de tantos años de sacrificios? Bueno, al menos ahora es mi turno.
Nat se volvió rápidamente y abrazó a Tom, en medio de las carcajadas de los asistentes.
Tom tenía toda la razón, se dijo Nat. Ni siquiera le había hecho un reproche cuando se negó a presentar la apelación ante la junta electoral, aunque Nat sabía muy bien que Tom estaba seguro de su victoria si se repetían las elecciones. A la mañana siguiente, el señor Russell le había llamado para ofrecerle su casa para el banquete de boda. ¿Cómo podría pagarles nunca tantas atenciones?
– Quedas advertido -le dijo Tom-. Papá espera que entres a trabajar en el banco en cuanto obtengas la licenciatura en Harvard Business School.
– Puede que esa sea la mejor oferta de empleo que reciba.
Los recién casados se volvieron para mirar a sus familiares y amigos. Susan no hizo el menor esfuerzo por ocultar las lágrimas, mientras Michael reventaba de orgullo. La madre de Su Ling se adelantó para sacar una foto de los jóvenes en sus primeros momentos como marido y mujer.
Nat no recordó gran cosa de la recepción, excepto que el señor y la señora Russell le habían tratado como si fuese su propio hijo. Fue de mesa en mesa y tuvo un agradecimiento especial para aquellos que habían venido de muy lejos para asistir a la boda. Hasta que no escuchó el repicar de las cucharillas contra las copas para pedir silencio no comprobó si llevaba el discurso en el bolsillo.
Ocupó rápidamente su lugar en la mesa de honor en el momento que Tom se levantaba para dirigirse a los invitados. El padrino comenzó explicando por qué la recepción se celebraba en su casa.
– No olviden que le propuse matrimonio a Su Ling mucho antes de que lo hiciera el novio, aunque inexplicablemente en esta ocasión ella se mostró dispuesta a aceptar al segundón.
Nat le dedicó una sonrisa a Abigail, la tía de Tom, que había viajado desde Boston para asistir a la boda, mientras los invitados aplaudían. A veces se preguntaba si las bromas de Tom referentes a su amor por Su Ling no delataban la realidad de sus verdaderos sentimientos. Miró a su padrino y recordó cómo, al llegar tarde -gracias, mamá-, se había sentado junto a un niño lloroso en el extremo de la fila en su primer día de escuela en Taft. Pensó en lo afortunado que era por tener un amigo como él y rogó que no pasara mucho tiempo antes de que pudiera hacer por él el mismo servicio.
Tom agradeció los fuertes aplausos de la concurrencia mientras cedía su lugar al novio.
Nat inició su discurso con un agradecimiento especial a los padres de Tom por su generosidad al permitirles utilizar su maravillosa casa para la recepción. Dio las gracias a su madre por su sabiduría y a su padre por su belleza, cosa que provocó las carcajadas y los aplausos de los invitados.
– Por encima de todo, quiero dar las gracias a Su Ling, por haber seguido el camino equivocado, y a mis padres por haberme educado de una manera que me llevó a seguirla para advertirle que estaba cometiendo un error.
– El error más grande que cometió fue seguirte de regreso hasta lo alto de la colina -intervino Tom.
Nat esperó a que se acallaran las carcajadas antes de seguir hablando.
– Me enamoré de Su Ling en el momento en que la vi, un sentimiento que evidentemente ella no compartía, pero como ya os he dicho, he sido agraciado con la belleza de mi padre. Permítanme que acabe invitándoles a nuestra fiesta de las bodas de oro el once de julio de dos mil veinticuatro. -Guardó silencio un momento-. Solo aquellos que hayan tenido la osadía de morirse antes de la fecha quedarán excusados. -Levantó la copa-. Por mi esposa, Su Ling.
En cuanto Su Ling abandonó la fiesta para ir a cambiarse, Tom le preguntó a Nat cuál era el destino elegido para la luna de miel.
– Corea -susurró Nat-. Tenemos la intención de visitar el pueblo donde nació Su Ling y ver si podemos dar con algún miembro de su familia. Por favor, no se lo digas a la madre de Su Ling. Queremos darle una sorpresa a nuestro regreso.
Trescientos invitados se reunieron en el porche delante de la casa para aplaudir mientras el coche que llevaba a los recién casados emprendía el camino hacia el aeropuerto.
– Me pregunto dónde pasarán la luna de miel -dijo la madre de Su Ling.
– No tengo ni la menor idea -respondió Tom.
Fletcher abrazó a Annie. Había pasado un mes desde el entierro de Harry Robert y ella continuaba culpándose por lo sucedido.
– Sencillamente no es justo -le dijo Fletcher-. Si hay alguien a quien echarle las culpas, entonces soy yo. Mira la presión que tuvo que soportar Joanna cuando dio a luz; sin embargo, no le afectó en lo más mínimo.
Pero Annie no se consolaba. El médico que la atendía le comentó a Fletcher cuál era la manera más rápida de solucionar el problema y al joven le pareció perfecta.
Annie se recuperaba poco a poco con el paso de los días; su principal interés era dar a su marido todo el apoyo posible para que fuera el primero de su promoción.
– Se lo debes a Karl Abrahams -le recordó-. Te ha dedicado mucho tiempo y solo hay un modo de saldar la deuda.
Ayudó a su marido a trabajar día y noche durante las vacaciones de verano antes de que comenzara el último curso. Se convirtió en su ayudante e investigadora mientras él continuaba siendo su amante y amigo. Annie solo se negó a seguir su consejo cuando Fletcher insistió en que ella debía acabar sus estudios.
– No -respondió Annie-. Quiero ser tu esposa y, si Dios quiere, con el tiempo…
De nuevo en Yale, Fletcher comprendió que no podía retrasar mucho más la búsqueda de un empleo. Varias firmas ya le habían invitado a una entrevista, y una o dos habían llegado a ofrecerle empleo, pero Fletcher no quería ir a trabajar a Dallas, Denver, Phoenix o Pittsburgh. No obstante, a medida que transcurrían las semanas y seguía sin tener noticias de Alexander Dupont y Bell, comenzó a perder las esperanzas y llegó a la conclusión de que si aún confiaba en recibir una oferta para trabajar en una de las grandes firmas necesitaría asistir a una infinidad de entrevistas.
Jimmy ya había enviado más de cincuenta cartas y hasta el momento solo había recibido tres respuestas; en ninguna de ellas le ofrecían trabajo. Él sí hubiese aceptado ir a Dallas, Denver, Phoenix o Pittsburgh de no haber sido por Joanna. Annie y Fletcher se pusieron de acuerdo en las ciudades en las que les gustaría vivir y luego ella hizo algunas averiguaciones sobre las principales firmas en los respectivos estados. Juntos redactaron una carta de presentación, hicieron cincuenta copias y las enviaron en el primer día del curso.
Cuando Fletcher fue a su primera clase, se encontró con una carta en su casillero.
– Vaya, sí que ha sido rápido -comentó Annie-. No hace ni una hora que enviamos las nuestras.
Fletcher se echó a reír pero sus carcajadas cesaron bruscamente cuando vio el matasellos. La abrió sin más dilación. El sencillo encabezamiento en letras en relieve negras correspondía a Alexander Dupont y Bell. Por supuesto, la muy prestigiosa firma neoyorquina siempre comenzaba la ronda de entrevistas a los aspirantes durante el mes de marzo. ¿Por qué iban a actuar de otra manera en el caso de Fletcher Davenport?