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La guerra de la paz [The Peace War - es]

Электронная книга - «La guerra de la paz [The Peace War - es]». Краткое содержание книги:

Paul Hoehler, un brillante científico, descubre el principio del funcionamiento de las “burbujas”, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables. Gracias a ellos, sus usuarios se harán con el poder e impondrán una “paz” forzada y un estancamiento científico-tecnológico en un mundo diezmado por los conflictos y las plagas.
“La guerra de la paz” es la primera obra de la serie de las “burbujas” en la que un brillante autor de sólida formación científica nos narra un futuro posible y la rebelión contra una autoridad despótica en medio de una intriga política de gran alcance. Una interesante y dinámica exploración de cómo un nuevo y maravilloso artilugio científico todavía incomprendido puede alterar el destino del mundo.
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»La proyección ha de ser supervisada, y no es un proceso ordinario de control. Esta prueba es uno de los casos más fáciles. El objetivo está inmóvil, muy próximo a nosotros, y no necesitamos más que un campo de un metro. Pero incluso así, requiere… ¿cuánta compresión necesitamos en el culminante, Wili?

—Necesita treinta segundos iniciales a unos diez mil millones de flops y, a continuación, tal vez un microsegundo para la «reunión», con una compresión del orden de un billón.

Paul silbó. ¡Un billón de operaciones de coma flotante por segundo! Wili había dicho que podía mejorar el descubrimiento, pero Paul no había caído en la cuenta de lo costoso que podía resultar. La instalación no podría ser muy portátil. Y, a larga distancia o para burbujas muy grandes, no sería factible.

Wili pareció darse cuenta de su desengaño.

—Creemos que podremos hacerlo con un procesador más lento. Es posible que se tarde algunos minutos para los preliminares, pero ya podemos encerrar en burbujas cosas que no se muevan, o que estén muy próximas.

—Ya. Lo mejoraremos después. Ahora, hagamos una burbuja, Wili.

El muchacho estuvo de acuerdo.

Transcurrieron unos segundos. Se oyó algo en el claro, tal vez un mochuelo, la vela se apagó. Caray. Habría preferido que se quedara encendida.

Habría sido una bonita demostración del efecto de estasis temporal si la vela seguía aún encendida cuando explotara la burbuja.

—¿Y bien? —dijo Wili—. ¿Qué le ha parecido?

—¡Lo has conseguido! —dijo Paul y estas palabras podían ser tanto una pregunta como una exclamación.

—Fue Jill quien lo hizo, desde luego. Será mejor que la coja antes de que se escape.

Wili se soltó del conector de cuero cabelludo y corrió a través del claro. Ya estaba de vuelta antes de que Naismith llegara a medio camino del tocón. El muchacho sostenía algo delante de él, algo que se veía claro por arriba y oscuro por debajo. Paul y Allison se acercaron. Tenía el tamaño de una pelota grande de playa, y en su hemisferio superior se veían reflejadas las estrellas, la Vía Láctea inclusive, hasta llegar a la línea oscura de los árboles que rodeaban el estanque. Tres siluetas marcaban las reflexiones de sus propias cabezas. Naismith extendió la mano y notó que se deslizaba suavemente sobre su superficie, notó también el característico calor tibio, como el de la sangre, que no era más que la reflexión térmica del calor de su propia mano.

Wili sostenía la burbuja con los brazos y su mejilla la empujaba por la parte de arriba.

Parecía un comediante haciendo la parodia de un levantador de peso.

—Da la impresión de que se escaparía si no la sostuviera por todos los lados.

—Probablemente se escaparía. No hay fricción.

Allison deslizó su mano por la superficie.

—Es decir, que esto es una burbuja. ¿Durará también cincuenta años, como aquella que nos tenía dentro a Angus y a mí?

Paul negó con la cabeza.

—No. Esto es válido para las grandes, hechas con el método de antes. Espero que lograré tener un control muy flexible y que su duración dependerá muy poco de su tamaño. ¿Cuánto tiempo calcula Jill que va a durar ésta, Wili?

Antes de que el muchacho pudiera contestar, la voz de Jill les interrumpió desde la caja de la interfase.

—Hay un boletín PANS que está llegando por los canales de alta velocidad. Se expandirá hasta llegar a ser de media hora de duración cuando se dé a velocidad normal. Lo resumo:

«Noticias sobre una amenaza a la Paz. La mayor desde los tiempos de la Plaga en Huachuca. Dice que los Quincalleros son los villanos. Sus jefes fueron capturados en La Jolla el mes pasado. La transmisión incluye vídeos de los «laboratorios de armas» de los Quincalleros, fotografías de prisioneros que tienen una mirada siniestra…

»Prisioneros que serán juzgados acusados de traición a la Paz. Juicios que empezarán inmediatamente en Los Ángeles.

»Todos los gobiernos y estaciones corporativas deberán retransmitir esta información, a velocidad normal, cada seis horas durante los próximos dos días.

Cuando terminó hubo un gran silencio. Wili levantó la burbuja.

—Han escogido un mal momento para presionarnos.

Naismith movió negativamente la cabeza.

—Para nosotros, es el peor momento posible. Van a obligarnos a utilizar esto — acarició la burbuja—, cuando apenas hemos podido hacer una pequeña prueba inicial. Esto nos coloca exactamente donde Avery quiere que estemos.

26

La lluvia era intensa y muy, muy, caliente. Arriba, en las nubes, los relámpagos parecían que se perseguían unos a otros alrededor de la Cúpula de Vandenberg, sin caer nunca a tierra. Los truenos seguían a los arqueados chispazos manchados de nubes.

En las últimas dos semanas, Della Lu había visto más lluvia que la que pudiera caer en Beijing durante todo un año normal. Era un telón de fondo muy apropiado a la aburrida rutina con que transcurría la vida allí. Si Avery no se hubiera pronunciado, al final, para realizar los juicios de los espías, ella se habría planteado seriamente el escapar de la hospitalidad de la Flecha Roja, tuviera o no que descubrir su identidad real.

—¡Eh! ¿Te has cansado ya? ¿O es que te has quedado en Babia?

Mike se había detenido y miraba hacia atrás para verla. Estaba de pie y con las manos en la cintura, aparentemente disgustado. El impermeable transparente con que se cubría hacía centellear metálicamente la camisa y los pantalones oscuros que llevaba debajo.

Della apretó el paso para poder alcanzarle. Continuaron unos doscientos metros en silencio. Sin duda, hacían una pareja divertida. Dos figuras, envueltas en equipo de lluvia, una muy alta y la otra muy baja. Desde que se habían cumplido los diez días del «período de arresto» de Wili, ambos habían salido a pasear todos los días. Era algo en lo que ella había insistido y, para variar, Rosas no se había opuesto. Ya había podido explorar hasta el lago Lompoc, por el norte, y hasta el desembarcadero del transbordador, por el este.

Si no hubiese sido por Mike, sus paseos debería haberlos dado con las mujeres. Y esto habría podido resultar arriesgado. Las mujeres estaban protegidas, y tenían muy pocas libertades y responsabilidades. Se pasaba muchas horas del día con ellas, haciendo las tareas manuales ligeras que se consideraban apropiadas a su sexo. Había procurado hacerse popular entre ellas, y se había enterado de muchas cosas, pero todo se reducía a chismorreo local. Igual que pasaba en las familias de San Francisco, las mujeres no estaban enteradas de lo que ocurría en el mundo. Se las apreciaba, pero eran ciudadanos de segunda clase. Aunque, a pesar de todo, eran muy listas y le habría resultado difícil mirar aquello que realmente le interesaba sin despertar sus sospechas.

El de aquel día era el paseo más largo, hasta las tierras altas desde donde se podía ver el pequeño trozo de playa que era la salida al mar de la Flecha Roja. A pesar de los engaños pasivos de Mike, Della se había podido hacer una idea bastante aproximada del sistema de escape del viejo Kaladze. Por lo menos, conocía su magnitud y su técnica. Era una pequeña compensación a su aburrimiento y al sentimiento de que estaba siendo detenida como rehén durante el desarrollo de unos acontecimientos que ella debería estar dirigiendo.

Todo esto iba a cambiar con el juicio de los espías. Le hubiera gustado encender un fuego debajo de la gente que lo merecía.

Subieron a una colina por senderos ocultos entre los árboles. Se podían ver reparaciones viales, y algunas parecían muy recientes, pero había muchos sitios en donde las aguas habían hecho desaparecer casi por completo el camino. Esto era como otras muchas cosas relacionadas con los Quincalleros. Sus dispositivos electrónicos eran superlativos (aunque ahora sabía perfectamente que los encontrados por Avery eran objetos demasiado caros y raros para ser de los Quincalleros, que normalmente no se espiaban unos a otros), pero andaban muy escasos de mano de obra y carecían de equipos de gran potencia, lo que equivalía a decir que cosas como las reparaciones de caminos o como la colada se hicieran igual que en el siglo diecinueve. Y las durezas en las manos de Della podían dar fe de ello.

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