La guerra de la paz [The Peace War - es]
- Автор: Виндж Вернор (Вернон) Стефан
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-0022-1
- Переводчик: Jose Maria Garcia
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La guerra de la paz [The Peace War - es]». Краткое содержание книги:
“La guerra de la paz” es la primera obra de la serie de las “burbujas” en la que un brillante autor de sólida formación científica nos narra un futuro posible y la rebelión contra una autoridad despótica en medio de una intriga política de gran alcance. Una interesante y dinámica exploración de cómo un nuevo y maravilloso artilugio científico todavía incomprendido puede alterar el destino del mundo.
Entonces Kaladze no tendría inconveniente en que Lu llamara a «su familia» de San Francisco. Pero si ella no había hecho todavía ninguna llamada era señal de que no tenía nada importante que comunicar a sus jefes.
Wili no le había explicado a Paul lo que sabía de Mike y de Lu. Tal vez debía haberlo hecho. Pero, después de lo que había pasado cuando había querido contarlo al coronel Kaladze… En vez de repetirlo había intentado identificar a Della Lu desde un lado distinto y buscando una evidencia independiente. Más del diez por ciento del tiempo de Jill se estaba utilizando en este esfuerzo. Pero hasta entonces no había conseguido nada definitivo. La historia de sus parientes en la Bahía parecía ser cierta. Si hubiera modo de hacerse con las comunicaciones o los archivos de la Paz, las cosas serían distintas. Ahora veía que sólo debería haber inutilizado los satélites de reconocimiento. Si sus satélites de comunicaciones estuvieran en uso, tal vez ellos gozarían de ciertas ventajas, pero él podría descifrar las claves de los canales criptográficos. Tal como iban las cosas, sabía muy poco de lo que sucedía dentro de la Autoridad.
Algunas veces, se preguntaba si era posible que el coronel Kaladze tuviera razón. Aquella mañana, en el bote, Wili había estado medio delirante. Mike y Della estaban alejados algunos metros de donde él se hallaba. ¿Sería posible que no hubiera interpretado correctamente lo que había oído? ¿Sería posible que, después de todo, resultase que eran inocentes? ¡No! Por el Único y Verdadero Dios, el había oído lo que había oído. Y Kaladze no había estado allí.
25
En las colinas todavía había luz solar, pero las tierras bajas y el lago Lompoc ya estaban cubiertos de sombras azules. Paul estaba sentado en la terraza y prestaba atención a las noticias de todo el mundo que los espías electrónicos de Wili ponían a su alcance.
Se oyó una discreta tos y Naismith levantó la vista. Por un momento pensó que era Allison quien estaba allí de pie. Entonces se dio cuento del cuidado con que se había colocado entre él y la superficie holo que estaba construida en la misma pared. Si él se desplazara sólo unos pocos centímetros, perdería algunas partes de la imagen. Sólo era Jill.
—Hola. —Le hizo seña de que se acercara y se sentase.
Ella se adelantó, procurando generar aquellos ruidos que lograban que su proyección fuera más real, y se sentó en la imagen de una silla. Paul examinó su cara cuando estuvo más cerca de él. Se dio cuenta de que, en realidad, había diferencias. Allison era muy bonita, pero él había hecho la cara de Jill extraordinariamente hermosa. Y como era de esperar, sus personalidades presentaban diferencias sutiles. No podía ser de otra manera si se consideraba que había sido diseñada con el recuerdo, seguramente embellecido, de cuarenta y cinco años atrás, y teniendo en cuenta, también, que el diseño se había ido corrigiendo por sus propios medios, en respuesta a las reacciones que provocaba en él. La Allison real era más lanzada, más impaciente. Y la sola presencia de Allison parecía que estaba haciendo cambiar a Jill. El programa de la interfase había estado mucho más tranquilo, en los últimos días.
Paul le sonrió.
—¿Ya has terminado todos los trabajos sobre la nueva teoría de las burbujas?
Ella le devolvió la sonrisa y se pareció más que otras veces a Allison.
—Es tu teoría. Yo no hago más que irla machacando.
—Yo no he hecho más que plantear la teoría. Necesitaría cien vidas para desarrollar todas las matemáticas simbólicas que requiere y alcanzar a ver el significado de la teoría.
Era un juego al que ellos (él) habían jugado antes en muchas ocasiones. El toma y daca siempre había logrado que Jill pareciera más real.
—¿Qué has conseguido?
—Todo parece consistente. Hay algunas cosas, que ya fueron descartadas en la teoría antigua, que siguen siendo imposibles. Todavía es imposible hacer estallar una burbuja antes de que sea su tiempo de hacerlo. Es imposible generar una burbuja alrededor de otra. Por otra parte, por lo menos en teoría, debería ser posible impedir que actúe un generador de burbujas enemigo.
—Humm…
El simple hecho de llevar una pequeña burbuja era una especie de defensa para evitar ser encerrado en una burbuja, pero era una defensa muy arriesgada, una vez fuera conocida. Obligaría al atacante a proyectar pequeñas burbujas, o burbujas descentradas, tratando de encontrar un volumen que no estuviera «excluido». Un sistema que impidiera que las burbujas se generaran en su proximidad, sería un gran adelanto, y Naismith había supuesto que la nueva teoría iba a permitir que se pudiera lograr.
—Apuesto a que esto, desde el punto de vista de la ingeniería, será imposible durante mucho tiempo. Debemos concentrarnos en la fabricación de un generador de burbujas de baja energía. Lo que me parece que ha de ser muy difícil.
—Sí. Wili está trabajando en esto, tal como estaba previsto.
La imagen de Jill se inmovilizó y desapareció entre parpadeos. Naismith oyó que se abría la puerta de la terraza.
—Hola, Paul —era la voz de Allison que subía las escaleras—. ¿Estás solo?
—Sí. Estaba pensando.
Ella se dirigió hasta el final de la terraza y miró hacia el oeste. Durante aquellas últimas semanas, cada día había representado en la vida de Paul y en la del mundo que estaba detrás de las montañas, un cambio mayor que el correspondiente a un año normal. Pero para Allison sucedía exactamente lo contrario. Su mundo había cambiado, pero todo había sucedido en el espacio de una hora. Paul sabía que la velocidad de los acontecimientos actuales era terriblemente lenta para ella. Allison se puso a pasear por las losas de piedra, deteniéndose de vez en cuando, para mirar la puesta de sol en la Burbuja de Vandenberg.
¡Allison! ¡Allison! Pocos hombres viejos habían conseguido que sus sueños se convirtieran, tan de repente, en realidad. La energía, de Allison parecía que se irradiaba a cada paso que daba, a cada movimiento enérgico de sus brazos. En algunos aspectos el recuerdo de la Allison perdida había resultado ser menos doloroso que la realidad actual. Pero, a pesar de todo, se alegraba de no haber podido ocultarle lo que había sido de Paul Hoehler.
De pronto, Allison le sonrió y dijo:
—Lo siento. Mi ir y venir tal vez te ha distraído.
—No te preocupes. Sólo estaba…
Ella señaló con la mano hacia el oeste. El aire era tan transparente que la Cúpula era casi invisible, si se exceptuaba el lago y la línea de la costa que se reflejaban en su base.
—¿Cuándo explotará, Paul? Había más de tres mil de los nuestros cuando salimos de allí. Tenían cañones, aviones. ¿Cuándo saldrán?
Un mes antes a Paul no se le hubiera podido ocurrir esta pregunta. Dos semanas antes, no habría podido contestarla. En estas semanas se había arrinconado una teoría y había nacido otra. No se había experimentado con ella, pero pronto, muy pronto, todo iba a cambiar.
—¡Uh! Mi respuesta no es más que una suposición, Allison, la técnica de la Autoridad, por lo menos ahora no lo veo de otra manera, es un método de potencia brutal. Con su sistema, la vida de la burbuja será de unos cincuenta años. Hasta ahora, supongo que el radio y la masa son factores que pueden alterar el tiempo de vida de la burbuja, que creo es de unos cincuenta años. Las burbujas menores que ha hecho la Autoridad son de diez metros de diámetro. Son las que explotan primero. Tu nave de salida al espacio quedó atrapada en una burbuja de treinta metros. Tardó algo más en desintegrarse.
Paul se dio cuenta de que estaba divagando y trató de adaptar su respuesta a lo que ella en realidad quería saber. Pensó durante unos instantes y concluyó:
—La de Vandenberg deberá durar unos cincuenta y cinco años.
—Cinco años más. ¡Maldita sea! —anduvo hasta cerca de la ventana—. Supongo que tendrás que ganar sin su ayuda. Estaba preguntándome por qué no has hablado de mí a tus amigos, ni siquiera les has dicho que el tiempo está detenido dentro de las burbujas. Pensaba que querías dar una sorpresa a los de la Paz cuando vieran que sus víctimas, que ellos creían desde hacía muchos años muertas, estaban vivas.