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En el otro viento [The Other Wind - es]

Электронная книга - «En el otro viento [The Other Wind - es]». Краткое содержание книги:

Al hechicero Aliso le aterra conciliar el sueño, pues hacerlo significa trasladarse a la tierra de los muertos para encontrarse con su esposa. Ella falleció muy joven y desea tanto regresar a él que lo besó a través del bajo muro de piedra que separa nuestro mundo de la Tierra Seca, donde la hierba está marchita, las estrellas, siempre quedas, y los amantes se cruzan sin reconocerse. Cada noche, los muertos atraen a Aliso hacia ellos para, a través de él, liberarse e invador Terramar.
Desesperado, Aliso acude al antiguo Archimago Gavilán, quien le indica que parta a Havnor en busca de Tenar, Tehanu y el joven Rey Lebannen. Todos juntos e Irian, el dragón de ojos color ámbar capaz de transformarse en una mujer, viajarán al Bosquecillo Inmanente, en Roke, pues la incursión de los muertos no es el único peligro que amenaza Terramar: los dragones han regresado y, después de siglos de paz, reclaman lo que creen les pertenece…
La célebre saga iniciada con Un Mago de Terramar continúa en esta conmovedora historia de poderosa belleza repleta de magia, amor y fantasía.
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Porque los sueños que había tenido la noche anterior la habían dejado preocupada, y cuando Seserakh estalló con su sueño de romper el tabú, Tenar se había asustado mucho. Ella también había roto un tabú en su sueño, había cometido una trasgresión. Había subido los últimos tres escalones del Trono Vacío, los escalones prohibidos. El Lugar de las Tumbas en Atuan estaba muy lejos en tiempo y distancia, y tal vez el terremoto no había dejado ni trono ni escalones allí, en el templo en el que le habían quitado el nombre: pero los Antiguos Poderes de la Tierra estaban allí, y estaban aquí. No habían cambiado ni se habían movido. Eran el terremoto, y la tierra. Su justicia no era la justicia del hombre. Mientras caminaba junto a la colina redonda, el Collado de Roke, supo que estaba caminando por el lugar en el que se reunían todos los poderes.

Los había desafiado, hacía mucho tiempo, escapándose de las Tumbas, robando el tesoro, huyendo hacia poniente. Pero ellos estaban aquí. Debajo de sus pies. En las raíces de aquellos árboles, en las raíces de la colina.

De la misma manera, allí en el centro, en donde se reunían los poderes de la tierra, los poderes humanos también se habían reunido: un rey, una princesa, los Maestros de la magia. Y los dragones.

Y una sacerdotisa-ladrona convertida en campesina, y un hechicero de aldea con un corazón roto…

Buscó a Aliso con la mirada. Iba caminando junto a Tehanu. Estaban hablando muy suavemente. Tehanu hablaba de más buena gana con él que con nadie, incluyendo a Irian, y parecía estar cómoda cuando estaba con él. Tenar se puso muy contenta de verlos así, y siguió caminando debajo de los grandes árboles, dejando que su conciencia se escurriera en un medio trance de luz verde y hojas en movimiento. Lo lamentó cuando, después de haber caminado sólo un poco, el Maestro de las Formas se detuvo. Sentía que podría caminar para siempre por el Bosquecillo.

Se reunieron en el claro cubierto de hierba, abierto al cielo en el centro, donde las ramas no llegaban a unirse. Un afluente del Riacho de Zuil atravesaba con sus aguas uno de los lados del claro, había sauces y alisos creciendo a lo largo de su curso. No muy lejos del arroyuelo, había una casa baja y redonda construida de piedra y terrones herbosos, con un cobertizo más alto contra su pared, hecho de juncos y de alfombrillas de cañavera tejida. —Mi palacio de invierno, mi palacio de verano —dijo Azver.

Tanto Ónix como Lebannen se quedaron mirando fijamente y muy sorprendidos aquellas pequeñas estructuras, e Irian dijo: —¡Nunca supe que tenías una casa!

—No la tenía —dijo el Maestro de las Formas—. Pero los huesos se ponen viejos.

Con tan sólo un par de viajes al barco a buscar y cargar algunas cosas, la casa quedó en seguida equipada con camas para las mujeres y el cobertizo para los hombres. Casi todo el día unos muchachos estuvieron yendo y viniendo a la linde del Bosquecillo con abundantes provisiones provenientes de las cocinas de la Casa Grande. Y casi al atardecer, los Maestros de Roke acudieron en respuesta a la invitación del Maestro de las Formas para reunirse con la comitiva del Rey.

—¿Es aquí donde se reúnen para escoger al nuevo Archimago? —le preguntó Tenar a Ónix, porque Ged le había hablado de aquel claro secreto.

Ónix negó con la cabeza. —Creo que no —dijo—. El Rey seguramente lo sabe, puesto que estuvo allí la última vez que se reunieron. Pero tal vez únicamente el Maestro de las Formas pueda decírtelo. Porque las cosas cambian en este bosque, ¿sabes?, «no siempre está donde está». Ni los caminos que lo atraviesan son siempre los mismos, creo.

—Debería ser aterrador —dijo Tenar—, pero no siento miedo en absoluto.

Ónix sonrió. —Así es como es todo aquí —le dijo.

Ella observó a los maestros entrando en el claro, quien iba al frente era el inmenso Maestro de Invocaciones, parecido a un oso, y Gamble, el joven Maestro del Clima. Ónix le explicó quiénes eran los demás: el Transformador, el Maestro de Cantos, el Maestro de Hierbas, el Malabar: todos tenían los cabellos grises, el Transformador se veía frágil por la vejez, utilizaba su vara de mago como bastón para ayudarse a caminar. El Portero, con su rostro tranquilo y sus ojos como almendras, no parecía ni joven ni viejo. El Maestro de los Nombres, que venía último, parecía tener alrededor de cuarenta años. Su rostro se veía apacible y cercano. Él mismo se presentó al Rey, diciendo que se llamaba Kurremkarmerruk.

En ese momento, Irian exclamó, indignada: —¡Pero si no eres tú!

Él la miró y dijo sosegadamente: —Ése es el nombre del Maestro de los Nombres.

—Entonces ¿mi Kurremkarmerruk está muerto?

El mago asintió con la cabeza.

—¡Oh —gritó ella—, ésas sí son malas noticias! ¡Era mi amigo, cuando yo tenía muy pocos amigos aquí! —Se dio la vuelta para no mirar al Maestro de los Nombres, furiosa y con los ojos secos en su dolor. Había saludado con afecto al Maestro de Hierbas, y al Portero, pero a los otros no les habló.

Tenar vio que observaban a Irian por debajo de sus cejas grises, con miradas intranquilas.

Luego posaron sus miradas en Tehanu; y volvieron a apartar la vista: y lanzaron otra mirada, de soslayo. Y Tenar comenzó a preguntarse qué verían ellos cuando miraban a Tehanu y a Irian. Porque éstos eran hombres que miraban con ojos de mago.

De modo que se obligó a sí misma a perdonar al Maestro de Invocaciones por su grosería y por no haber ocultado su horror cuando vio por primera vez a Tehanu. Tal vez no había sido horror. Tal vez había sido sobrecogimiento.

Cuando ya todos habían sido presentados y estaban sentados en círculo, con cojines y asientos de tocones para quienes los necesitaban, la hierba como alfombra, y el cielo y las hojas por techo, el Maestro de las Formas dijo con su voz que aún conservaba algo del acento kargo: —Si a él le complace, mis compañeros Maestros, escucharemos al Rey.

Lebannen se puso de pie. Mientras hablaba, Tenar lo observaba con irreprimible orgullo. Era tan apuesto, ¡tan sabio en su juventud! Al principio no escuchó cada una de las palabras que decía, sólo el sentimiento y la pasión que contenían.

Les explicó a los Maestros, breve y claramente, todo el asunto que lo había llevado hasta Roke: los dragones y los sueños. Acabó diciendo:

—A nosotros nos parece que, noche tras noche, todas estas cosas se juntan, siempre con más certeza, para algún suceso, algún fin. Pensamos que aquí, en esta tierra, con vuestro conocimiento y vuestro poder para ayudarnos, puede que podamos prever y encontrarnos con ese suceso, sin dejar que abrume nuestro entendimiento. El más sabio de nuestros magos ha predicho: un gran cambio se cierne sobre nosotros. Debemos unirnos para descubrir cuál es ese cambio, cuáles son sus causas, cuál es el curso que seguirá, y cómo podemos tener la esperanza de poder evitar que sea un conflicto y que arruine la armonía y la paz, en la que se basa todo mi reinado.

Brand el Invocador se puso de pie para responderle. Después de algunas frases corteses y majestuosas, y de darle una especial bienvenida a la Suprema Princesa, dijo:

—Que los sueños de los hombres, y más que sus sueños, nos previenen de grandes cambios, es algo en lo que todos los Maestros y los magos de Roke estamos de acuerdo. Que hay una alteración de las sólidas fronteras entre la vida y la muerte, transgresiones de esas fronteras, y la amenaza de algo peor, también lo confirmamos. Pero que estas alteraciones puedan ser comprendidas y controladas por cualquiera que no sea un maestro del arte de la magia, eso lo dudamos. Y dudamos muy profundamente que se pueda confiar en que los dragones, cuyas vidas y muertes son completamente diferentes a las de los hombres, repriman su cólera y sus celos salvajes por el bien de la humanidad.

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