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Электронная книга - «Lola Lo Revela Todo». Краткое содержание книги:

Cuando la ex modelo Lola Carlyle se entera de que unas fotos suyas muy privadas están colgadas en Internet, decide esconderse en un lugar soleado y?eso cree? seguro, hasta que las habladurías se apaguen. Todo va bien en el yate en el que Lola intenta relajarse, hasta que un hombre que asegura llamarse Max Zamora y trabajar como agente secreto del gobierno se apodera de la embarcación. Su cobertura ha fracasado y debe ocultarse de los hombres que lo persiguen. Lola no le es desconocida: la ha visto, casi desnuda, en las portadas de las revistas de moda. Es más hermosa y sexy en persona, pero el problema es que cuando se enfada resulta insoportable…
Esta extraña pareja se encontrará a la deriva en medio del océano, mientras la temperatura sube sin control…
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– No, pero el dinero no viene mal.

– ¿Estás loco, entonces?

Max se limpió la boca con la servilleta.

– Probablemente.

– Porque no creo que sea normal que a la gente le guste que le disparen, Max.

– No me gusta que me disparen, Lola -le dijo mientras alcanzaba la cerveza-. Pero eso forma parte del trabajo.

– Pues precisamente, tú ya tienes un trabajo de verdad. No tienes por qué lidiar con traficantes de droga o hacer estallar yates.

– Ya sé que no tengo por qué hacerlo.

Max se sirvió otro trozo de pollo. Ya había tenido conversaciones parecidas. Con otras mujeres. Aunque Lola era la única que se había enterado de lo que él hacía para el Gobierno, la única que conocía la faceta oscura de su trabajo, siempre lo reducía todo a una cuestión esenciaclass="underline" ¿por qué no podía Max sentar cabeza y llevar una vida normal en las afueras, criar a dos niños y conducir un monovolumen? Max no tenía otra respuesta que la verdad. Él no era ese tipo de hombre.

Max levantó la vista y advirtió que ella la observaba. El sol empezaba a ponerse y la luz de las velas titilaba en la mesa, los platos y las manos de Lola. Una ligera brisa acarició los nuevos rizos rubios de Lola, que tenía el ceño fruncido.

– ¿Qué? -dijo él.

– Entonces es que te gusta. Te gusta sentir el aguijón del miedo y quedarte sin aliento. Te gusta la incertidumbre, no saber si vas a vivir hasta día siguiente.

– Sí, me gusta lo que hago -admitió Max.

– No hay duda de por qué no te involucras en relaciones sentimentales con nadie. Imagino que debe de ser muy difícil mantener una relación seria con una mujer si tienes que marcharte a media noche para salvar el mundo, sobre todo porque no sabes cuándo vas a volver a casa, o si vas a volver siquiera. -Lola sacudió la cabeza y tomó un bocado de pollo.

Max cogió la cerveza y la miró por encima de la botella mientras bebía. No sabía si Lola pretendía mostrarse sarcástica, pero no lo parecía.

– Mantener una relación es difícil con el tipo de trabajo que tengo, si -respondió, aunque era una forma suave de decirlo. Mantener una relación era imposible.

Lola asintió con la cabeza.

– Para mí también. Es muy difícil porque no sé si un hombre quiere estar conmigo porque le gusto o sólo para que lo vean conmigo. -Lola se apoyó en el respaldo con los ojos muy abiertos-. Vaya frase más vanidosa me ha salido, ¿no?

Max rió. La luz de la vela parpadeaba sobre los labios de Lola.

– Sí, aunque imagino que es verdad.

– Lo que ocurre es que si una persona adquiere un poco de fama, por cualquier razón, siempre hay gente que quiere utilizarla para aparecer en los medios y captar la atención de los demás. No les gustas, sólo quieren que los vean contigo. -Lola se pasó los dedos por el pelo y se la apartó de la frente-. ¿Recuerdas a John Wayne Bobbitt? Su mujer le cortó el pene, lo que le dio fama, o más bien triste fama, a los ojos de la gente, y se rodeó de artistas del striptease y reinas del porno. Y es obvio que esas chicas no le habrían prestado la más mínima atención si él no hubiera salido en todos los programas de la tele gozando de sus quince minutos de fama. -Lola cruzó los brazos. Estaba tan indignada que tuvo que reírse-. Quizá John Wayne tenga buen carácter. Quizá sea un tipo simpático. -De pronto se puso seria-. Max, ese tipo volvió tan loca a su mujer que ella agarró un cuchillo y… -Hizo una pausa e imitó el gesto de cortar con la mano- le rebanó el pene.

– Joder. -Max aspiró aire a través de los dientes-. ¿Podemos habla de cualquier otra cosa?

– Oh, lo lamento. -Pero no parecía lamentarlo en absoluto. Las comisuras de los labios de Lola se curvaron en una sonrisa-. Supongo que me he dejado llevar. Mis amigas y yo hablamos de cosas así. -Se inclinó hacia delante y comió un poco de ensalada-. ¿De qué hablas con tus amigos?

De nada que Max quisiera hablar con ella.

– De deportes.

– Qué aburrimiento. Apuesto a que habláis de mujeres.

Max decidió que era mejor no hacer ningún comentario, así que se concentró en la comida.

– Vamos, puedes decírmelo. Somos amigos, ¿recuerdas?

Max meneó la cabeza y tragó el bocado de pollo.

– Olvídalo. Si te lo digo, ya no seremos amigos.

– ¿Tan malo es? -En lugar de dejarlo correr, Lola insistió-: Te diré de qué hablan las mujeres si tú me dices de qué hablan los hombres.

Max se había criado sin la presencia de una mujer en casa. Su padre había tenido relaciones esporádicas, pero nunca había entablado una relación lo suficientemente duradera para que Max recibiera una influencia femenina. Las mujeres solteras que Max había conocido hablaban principalmente de su trabajo y de sus relaciones pasadas, y las mujeres de sus amigos hablaban de la agonía del parto. Aunque Max sentía curiosidad por saber de qué hablaban las mujeres cuando no estaban con los hombres, tenía la sensación de que en una conversación así le saldría el tiro por la culata.

– ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con tu ex-novio? -le preguntó, para cambiar de tema.

Lola cruzó los brazos de nuevo.

– Déjame pensar. La última vez que hablé con él fue cuando le ofrecí dinero a cambio de esas fotos. La última vez que lo vi fue en los tribunales, hace unos cuantos meses. Se presentó con un traje de Armani y unos zapatos de Gucci. Estoy segura de que se los compró con el dinero que está ganando a mi costa: lo único que yo deseaba era estrangularlo con mis propias manos.

Max también quería estrangularlo. Levantarlo por el cuello hasta que sus pies dejasen de tocar el suelo, pero no a causa del traje, los zapatos o la página web. No, más bien porque Lola la había amado. Los celos, obsesionantes e intensos, se le instalaron en las tripas. Max nunca había sentido celos por una mujer, y no le gustó.

– ¿Es que no tenía dinero antes de colgar la página en Internet?

– Cuando yo estaba con él, sí tenía. Pero invirtió mucho dinero en nuevas tecnologías y, cuando el mercado se hundió, se quedó sin un centavo. Esa es la razón de que pusiera la página en Internet. Sam ama el dinero. -Lola se encogió de hombros-. Y me odia a mí.

– ¿Por qué te odia?

– Porque rompí el compromiso tres meses antes de la boda. No pudo soportarlo. Supongo que me consideraba un objeto de su propiedad.

Max puso a un lado el plato vacío.

– ¿Por eso rompiste el compromiso?

– No, no me di cuenta de eso hasta que rompí. Lo hice porque cuando quise dejar la carrera de modelo, él no me apoyó. En realidad, intentó sabotear mi recuperación. Él quería a la Lola delgada y bulímica. -Lola separó los brazos-. Ya no soy ésa.

Quizá no, pero a él le parecía muy bien. Tan bien que le costó formular la siguiente pregunta:

– ¿Dónde vive Sam?

– Vivía en Manhattan, pero cuando perdió el dinero tuvo que mudarse. Según las últimas noticias que tuve, vive en Baltimore y trabaja para sí mismo. Ahora se gana la vida con el comercio y con la página lolaenbolas.com. -Lola terminó el pollo y apartó el plato. La luz de la vela le acariciaba la cara y bailaba sobre la camiseta-. Entonces, ¿cuál es el plan?

– Todavía no la sé -respondió Max.

Las rosas y las magnolias perfumaban el aire de la noche y Max se preguntó de nuevo qué estaba haciendo allí, sentado en el patio trasero de Lola escuchando su voz mientras el perro saltaba persiguiendo luciérnagas. Normalmente, los viernes y los sábados por la noche Max jugaba a los dardos con los colegas en bares oscuros donde tomaban cerveza fría y tocaban temas calientes. Eran lugares donde se tiraban las cáscaras de cacahuete al suelo y donde las peleas a puñetazos eran algo frecuente.

– Debo averiguar algunas cosas. Saber exactamente dónde vive y si trabaja fuera de casa. Conocer su agenda. Adonde va y qué hace.

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