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Deja en paz al diablo

Электронная книга - «Deja en paz al diablo». Краткое содержание книги:

Nada es nunca lo que parece. Y menos si David Gurney está involucrado.
Han pasado seis meses. David Gurney apenas ha conseguido reincorporarse a una cierta normalidad después de haberse encontrado al borde de la muerte tras resolver el caso más peligroso al que se había enfrentado. Madeleine, su esposa, está preocupada: ha sido diagnosticado con síndrome de estrés postraumático; nada parece alegrarle.
Hasta que recibe una llamada. Connie Clark, la periodista que creó la leyenda de superpoli, lo puso en la portada de una revista y lo catapultó a la fama, quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está realizando un documental sobre las familias de las víctimas de un asesino en serie al que nunca atraparon, el Buen Pastor, y Connie quiere que Gurney supervise sus investigaciones y la guíe. En parte por aburrimiento y en parte por hacerle un favor a Connie, Gurney acepta.
Sin embargo, esto no será más que el principio. Incapaz de ponerle coto a su curiosidad y a su necesidad de resolver cada una de las incógnitas que se le presentan, David Gurney se verá arrastrado a una investigación para descubrir la verdadera identidad del asesino. Un asesino que es tan imprevisible como peligroso.
Si en Sé lo que estás pensando te asombró y en No abras los ojos te aterró, con Deja en paz al diablo, John Verdon consigue lo inesperado: sorprender al lector a cada página hasta dejarlo sin aliento.
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Gurney sabía que era una de las preguntas estándar de una investigación por incendio que tenían que plantearse.

– No.

– ¿Pidió a alguien que lo hiciera?

– No.

– ¿Sabe quién lo hizo?

– No.

– ¿Tiene alguna otra información que pudiera ayudar en la investigación?

– Ahora mismo no.

Kramden lo miró.

– ¿Qué significa eso?

– Significa que ahora mismo no tengo ninguna otra información que pueda ayudar en la investigación.

Hubo un levísimo destello de rabia en los suspicaces ojos del investigador.

– ¿Significa que planea tener alguna información relevante en el futuro?

– Oh, sí, Everett, definitivamente tendré información relevante en el futuro. Cuente con ello.

24

Suben las apuestas

Kramden dedicó solo veinte minutos a cada una de las entrevistas con Madeleine y Kyle, pero luego pasó más de una hora con Kim.

En ese momento ya era casi mediodía. Madeleine le preguntó si quería comer algo, pero él declinó la oferta con una mirada que era más avinagrada que cortés. Sin dar explicaciones, salió de la casa, bajó la pendiente del prado y se metió en su furgoneta, que estaba aparcada a medio camino entre el estanque y las ruinas del granero.

La niebla matinal se había disipado. El día se había vuelto un poco más luminoso bajo las nubes altas. Gurney y Kim estaban sentados a la mesa, mientras que Madeleine estaba picando setas para hacer tortillas. Kyle miraba por la ventana de la cocina.

– ¿Qué demonios trama ahora?

– Probablemente está verificando el progreso de la cromatografía -dijo Gurney.

– O comiéndose el sándwich que se ha traído de casa -dijo Madeleine con una pizca de resentimiento.

– Una vez que preparas una cromatografía de líquidos y gases -continuó Gurney-, hace falta una hora para completar los análisis.

– ¿Qué puede averiguar con eso?

– Mucho. La cromatografía puede determinar los componentes de cualquier acelerante, las cantidades precisas de cada uno de ellos, lo que básicamente produce una huella dactilar del tipo de producto químico. En ocasiones incluso puede averiguarse la marca, si tiene una fórmula característica. Puede ser muy específico.

– Lástima que no sea tan específico sobre el hijo de perra que encendió el fuego -dijo Madeleine, cortando una cebolla en la tabla, clavando con fuerza el cuchillo.

– Bueno -dijo Kyle-, puede que el investigador Kramden tenga una máquina lista, pero él es un capullo. No ha dejado de preguntarme por mi linterna, por qué camino tomé exactamente desde la casa y cuánto tiempo estuve en el estanque con papá. Parecía estar sugiriendo que mentía al decirle que no sabía quién causó el fuego. Capullo. -Miró a Kim-. A ti te ha tenido más rato que a nadie. ¿Qué quería?

– Al parecer quería saberlo todo de Los huérfanos del crimen.

– ¿Tu programa de tele? ¿Por qué quería saber de eso?

Se encogió de hombros.

– ¿A lo mejor piensa que las dos cosas están relacionadas?

– ¿Ya sabía lo de Los huérfanos? -preguntó Gurney-. ¿Le has hablado de ello?

– Le he hablado de ello cuando me ha preguntado de qué te conocía y por qué estaba aquí.

– ¿Qué le has contado acerca de mi papel en el proyecto?

– Le he dicho que eras un asesor técnico en cuestiones relacionadas con el caso del Buen Pastor.

– ¿Nada más?

– Nada más.

– ¿Le has hablado de Robby Meese?

– Sí, me ha preguntado sobre eso.

– ¿Sobre qué?

– Sobre si había tenido problemas con alguien.

– Así que le has contado las… cosas peculiares que han estado ocurriendo.

– Era muy persistente.

– ¿Le has dicho algo sobre la escalera? ¿Y sobre el murmullo?

– Sobre la escalera, sí. Acerca del murmullo, no. Yo no lo oí, así que pensé que era cosa tuya contarlo.

– ¿Qué más?

– Nada más. Ah, quería saber exactamente dónde estaba cuando salí de la casa anoche. Si oí algo, si vi algo, si vi a Kyle, si vi a alguien más, esa clase de cosas.

Gurney se sintió inquieto. En todo interrogatorio en una escena del crimen había un amplio espectro de datos que podían divulgarse o no. Por un lado, se situaban los detalles personales irrelevantes que ningún agente con dos dedos de frente esperaría que alguien contara de forma voluntaria. Por otro lado, estaban los hechos cruciales para la comprensión del crimen, hechos cuyo ocultamiento constituiría una obstrucción a la justicia.

En medio había una gran zona gris sujeta a debate.

La cuestión relevante era si el conflicto personal en la vida de Kim podía ser visto, por el incidente del sótano, como algo que afectara directamente a la vida de Gurney. Si ella había informado de una posible conexión entre el escalón y el incendio en el granero, ¿no debería haber informado de eso también él?

Más concretamente, ¿por qué no lo había hecho? ¿Era porque como buen policía tendía a querer controlarlo todo manejando él solo toda la información?

¿O era por algo más sencillo, algo que se negaba a creer? Por su demasiado lenta recuperación. Tal vez temía que sus capacidades hubieran disminuido, que no fuera tan fuerte, tan agudo y tan rápido como había sido. ¿Le atormentaba la idea de que en otro momento no se habría caído de bruces y no habría dejado escapar al tipo del susurro?

– Lo averiguarás -dijo Madeleine, deslizando una tabla llena de champiñones picados y cebolla en una gran sartén al fuego.

Se dio cuenta de que ella lo estaba observando. Una vez más demostraba que era capaz de leerle la mente, de averiguar por su mirada qué estaba pensando, qué sentía. Le resultaba tan fácil como si lo hubiera expresado en voz alta. En un primer momento, esa cualidad le había resultado casi aterradora, pero con el tiempo había llegado a considerarla como una de las cosas más benignas y felices de su vida en común.

La sartén empezó a chisporrotear y el olor a cebolla se extendió por la estancia.

– Eh, eso me recuerda -dijo Kyle mirando alrededor- que papá no llegó a abrir el regalo de cumpleaños en la cena de anoche.

Madeleine señaló la encimera. La caja, todavía en su envoltorio azul claro, estaba junto a la flecha. Kyle, sonriendo, la cogió y la colocó en la mesa delante de su padre.

– Bueno… -dijo Gurney, vagamente avergonzado. Empezó a quitar el papel.

– David, por el amor de Dios -dijo Madeleine-, parece que estés desactivando una bomba.

Él se rio nerviosamente, quitó el papel restante y abrió la caja, que era de un color azul idéntico. Después de desdoblar varias capas de papel blanco arrugado, encontró un bonito marco de plata de 20x25. En el marco había un recorte de periódico que ya empezaba a ponerse amarillo por el paso del tiempo. Lo miró, pestañeando.

– Léelo en voz alta -dijo Kyle.

– Yo…, eh…, no tengo aquí mis gafas de leer.

Madeleine lo miró entre curiosa y preocupada. Apagó el fuego, cruzó la estancia y cogió el recorte enmarcado. Lo examinó con rapidez.

– Es un artículo del New York Daily News. El titular dice: «Monstruoso asesino en serie detenido por detective novel». El artículo continúa: «David Gurney, uno de los detectives de homicidios más jóvenes de la ciudad, puso fin anoche a la espantosa carrera asesina de Charles Lermer, alias el Rebanador. Los superiores de Gurney le otorgaron la mayor parte del mérito por su inteligente persecución, identificación y detención final del monstruo, al que se considera responsable de al menos diecisiete asesinatos, en los que se sucedieron actos de canibalismo y mutilación. Tales actos se cometieron durante los últimos doce años. “A Gurney se le ocurrió un enfoque del caso radicalmente nuevo que condujo a su resolución”, explicó el teniente Scott Barry, portavoz del Departamento de Policía de Nueva York. “Todos podemos dormir más tranquilos esta noche”, añadió el policía, que rechazó hacer más comentarios, pues el proceso legal pendiente impedía divulgar otros detalles. No fue posible contactar con Gurney para que hiciera comentarios. El detective héroe es “alérgico a la publicidad”, según un colega del departamento». Está fechado el 1 de junio de 1987.

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