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La guerra de la paz [The Peace War - es]

Электронная книга - «La guerra de la paz [The Peace War - es]». Краткое содержание книги:

Paul Hoehler, un brillante científico, descubre el principio del funcionamiento de las “burbujas”, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables. Gracias a ellos, sus usuarios se harán con el poder e impondrán una “paz” forzada y un estancamiento científico-tecnológico en un mundo diezmado por los conflictos y las plagas.
“La guerra de la paz” es la primera obra de la serie de las “burbujas” en la que un brillante autor de sólida formación científica nos narra un futuro posible y la rebelión contra una autoridad despótica en medio de una intriga política de gran alcance. Una interesante y dinámica exploración de cómo un nuevo y maravilloso artilugio científico todavía incomprendido puede alterar el destino del mundo.
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«Si los tres nos hemos de reunir —pensó Avery—, ¿dónde mejor que aquí?» Había abandonado su séquito acostumbrado, en el césped que bordeaba la Milla Cuadrada. Él y un simple ayudante iban andando por la vetusta acera de cemento hacia el edificio gris de ventanas alargadas, donde en otros tiempos estaban ubicadas las oficinas centrales.

A cierta distancia de las zonas de césped cuidadosamente regadas y de los bosques ornamentales, el aire era cálido, muy en consonancia con el habitual clima de verano del valle de Livermore. La camisa blanca de Avery se le pegaba ya a la espalda.

En el interior, el aire acondicionado era ruidoso y antiguo, pero todavía resultaba eficaz. Caminó por encima de un antiguo suelo de linóleo, y pareció como si sus pisadas pudieran tener un eco del pasado. Su ayudante se adelantó para abrirle las puertas, y Hamilton Avery avanzó unos pasos para saludar (o enfrentarse) a sus iguales.

—Caballeros…

Alargó su brazo por encima de la mesa para dar un apretón de manos, primero a Kim Tioulang y, después, a Christian Gerrault. Ninguno de los dos estaba contento. Avery les había hecho esperar, pese a que no quería llegar tarde. En las últimas horas se había presentado una crisis tras otra hasta el punto de que la experiencia de toda una vida de actividad política y diplomática no le servía apenas para nada.

Por otra parte, Christian Gerrault nunca había tenido mucho tiempo para la diplomacia. Sus ojos porcinos estaban todavía más hundidos en su cara de lo que parecían estarlo en el vídeo. Tal vez era debido a su enfado.

—Usted tiene que explicar muchas cosas, monsieur. No somos sus sirvientes para que nos haga venir desde el otro extremo del mundo.

«Entonces, ¿por qué has venido, loco gordo?», pensó. Pero en voz alta dijo:

—Christian, monsieur le Directeur, nos hemos reunido aquí precisamente porque somos los hombres que cuentan.

Gerrault levantó un robusto brazo:

—¡Bah! Con la televisión siempre nos habíamos arreglado hasta ahora.

—La «televisión», monsieur, ya no funciona.

El centroafricano le lanzó una mirada de incredulidad, pero Avery sabía que la gente de Gerrault en París era lo bastante lista para descubrir que el satélite de comunicaciones del Atlántico no funcionaba desde hacía más de veinticuatro horas. No había sido un fallo parcial ni gradual, sino un cese total en la retransmisión de comunicaciones.

Pero Gerrault no hizo más que encogerse de hombros, y sus tres guardias personales se movieron, inquietos, detrás de él, Avery desvió su mirada hacia Tioulang. El anciano camboyano, el director en Asia, no estaba tan claramente trastornado. K. T. era uno de los originales. Antes de la guerra era estudiante graduado en Livermore. Él, Hamilton y algunos centenares más, escogidos por el padre de Avery, habían sido los fundadores del nuevo mundo. Entonces ya quedaban pocos. Cada año tenía que elegir a nuevos sucesores. Gerrault había sido el primer director que no formaba parte del grupo original. ¿Es esto el futuro? Adivinó la misma pregunta en los ojos de Tioulang. Christian era mucho más capaz de lo que aparentaba, pero a medida que pasaban los años, se hacía más difícil ignorar sus joyas, sus harenes, sus excesos. Cuando se hubiesen muerto todos los antiguos, ¿iba él mismo a proclamarse emperador?, ¿o solamente dios?

—K. T., Christian. Han recibido ustedes mis informes. Ya saben que tenemos aquí lo que podría llamarse una insurrección. Pero todavía no les he comunicado todo lo que está sucediendo. Han ocurrido cosas que difícilmente podían creer.

—Esto es algo perfectamente posible —dijo Gerrault.

Avery fingió ignorar la interrupción.

—Caballeros, nuestro enemigo ha conseguido hacer vuelos espaciales.

Durante unos momentos, sólo se oyó el ruido del acondicionador de aire. El sarcasmo de Gerrault se había esfumado, y fue Tioulang quien empezó a protestar:

—Pero, Hamilton, ¡piense en la base industrial que esto supondría! La Paz misma no tiene más que un pequeño programa no tripulado. En su día, durante la Guerra, nos cuidamos de que no quedara ninguna de las bases de lanzamiento sin destruir.

Advirtió que estaba diciendo cosas que los demás ya sabían, y esperó a que Avery continuara.

Avery indicó por señas a su ayudante que dejara las fotografías sobre la mesa.

—Ya lo sé, K. T. Parece algo imposible. Pero, mire: esto es una nave espacial, completamente funcional, del tipo que las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos tenían poco antes de la Guerra. Se ha estrellado cerca de la frontera entre California y Aztlán. No es un modelo ni una simulación. Resultó completamente destruida en el incendio que siguió a su caída, pero mi gente me asegura que acababa de regresar de un vuelo orbital.

Los dos directores se inclinaron sobre la mesa para mirar los holos. Tioulang dijo:

—Creo en su palabra, Hamilton, pero queda todavía la posibilidad de que sea un engaño. Yo estaba convencido de que se habían destruido todos estos vehículos, pero quizá quedó uno almacenado durante todos estos años. No hay duda, es algo que intimida, aunque no sea más que un engaño, pero…

—Pudiera ser como usted dice. Pero no hay ninguna evidencia de que el vehículo fuera llevado hasta allí a remolque. Hay un bosque muy espeso alrededor del lugar de la caída. Estamos recogiendo y trasladando aquí todos los restos que podemos para examinarlos a fondo. Podremos saber si fue construido durante la Guerra o si se trata de la reconstrucción de un modelo de aquella época. Estamos también ejerciendo presión sobre los de Alburquerque para que busquen en los archivos antiguos evidencias de algún lugar secreto de lanzamientos.

Gerrault inclinó su pesada mole hacia atrás para mirar a sus guardias personales. Avery podía imaginar lo que estaba sospechando. Al cabo de un tiempo, el africano pareció que llegaba a tomar una decisión. Se inclinó hacia adelante y dijo en voz baja:

—Supervivientes. ¿Hubo alguno a quien se pudiera interrogar?

Avery movió la cabeza negativamente.

—Había por lo menos dos personas a bordo. Una resultó muerta en el impacto. La otra resultó muerta por uno de nuestros hombres del equipo investigador. Fue un accidente.

La cara del otro se retorció, y Avery pudo imaginarse la muerte lenta que Christian habría dado a los responsables de un accidente parecido. Avery había actuado de forma rápida y muy dura con los incompetentes involucrados, pero no había sentido ningún placer al hacerlo.

—La tripulación no llevaba la menor señal de identificación, aparte de un nombre bordado en una etiqueta. Su traje de vuelo era uno de los usados antaño por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

Tioulang juntó sus manos en forma de capilla.

—Aceptando lo imposible, ¿qué intentaban?

—Al parecer, era una misión de reconocimiento. Estamos trasladando los restos hasta los laboratorios, pero todavía hay algunos aparatos que no hemos podido identificar.

Tioulang estudió una de las fotos aéreas.

—Probablemente venía del norte, tal vez hasta llegó a sobrevolar Livermore —sonrió tristemente—. La historia se repite. ¿Recuerdan aquel orbitador de las Fuerzas Aéreas que encerramos en una burbuja? Si hubiesen llegado a transmitir lo que habían descubierto, lo que estábamos haciendo en aquel momento crítico, el mundo de hoy podría ser muy diferente de lo que es.

(Algunos días después, Avery se preguntaría cómo había sido posible que el comentario de Tioulang no le hubiera hecho darse cuenta de la verdad. Tal vez fue la interrupción de Gerrault; el hombre era más joven y no estaba interesado en viejos recuerdos.)

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