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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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– Sí, menudo riesgo hemos corrido.

– En mi opinión, fanfarroneaba un poco.

– ¡Sí, pero con un trasfondo de verdad! En cualquier caso, ahora conocemos Nueva York en profundidad. Venga, vamos.

Entran en Gap, en Brooks Brothers y en Levi's.

– No me lo puedo creer… Cuestan poquísimo, y tienen esos que no se encuentran en ninguna parte y que tanto me gustan…

– ¡Cómpratelos, cariño!

Luego van a Century 21.

– Pero si aquí venden de todo…

– ¡Y más aún!

Encuentran las cosas más variopintas, desde un abrigo de pana hasta la famosa cazadora de piel que compran por cuatro duros, pantalones de marca y otros que no lo son, y cada vez que se detienen en algún lado echan un vistazo al mapa en el Lonely Planet, se acerca a ellos un hombre, un joven o un policía americano y les preguntan: «May I help You?»

Alex y Niki se miran. «Yes, thanks» -responden a coro. Incluso eso se ha convertido ya en un juego.

Cuarenta y siete

Más tarde van al hotel para darse una ducha, esta vez, realmente rápida. Fred los espera luego con su coche para llevarlos al espectáculo de Fuerzabruta.

Los espectadores están de pie en el centro de un pequeño teatro y se desplazan siguiendo la obra. Alex y Niki están abrazados entre los demás, extranjeros entre cien extranjeros, y miran a lo alto. Una tela transparente con agua por encima, juegos de luz y hombres y mujeres desnudos que se lanzan por ese extraño tobogán. Esos mismos hombres y mujeres corren después en círculo por los laterales elevados del teatro sujetos a una cuerda. Bailarines que, siguiendo el ritmo, intentan darse alcance, corren en pos de los demás, se empujan y se acercan de nuevo: una extraña guerrilla física y sensual que se ejecuta sobre unas telas doradas envueltas en unos juegos de luz. Por último se produce una explosión repentina y mil hojas pequeñas y plateadas caen desde lo alto, lentas, girando sobre sí mismas e indicando el final del espectáculo.

– ¿Qué les ha parecido? ¿Tenía razón mi hijo?

– Sí. Es precioso… Único. El coreógrafo es realmente bueno, lo leí en alguna parte. No es su primer espectáculo de éxito, incluso se ha hablado de él en Italia…

– Ya veo.

Avanzan hasta llegar a una explanada.

– Hemos llegado. Justo a tiempo.

Niki no entiende nada.

– ¿Qué pasa?

Alex le coge la mano.

– Tenemos que bajar.

Niki sigue a Alex.

– Pero ¿qué hay aquí? Yo no veo nada…

– Porque está llegando… -Alex mira hacia lo alto.

Justo en ese momento, de detrás del rascacielos y acompañado de un fuerte estruendo, aparece un gran helicóptero negro con unas grandes palas encima y unos reflejos plateados debajo. Baja poco a poco y aterriza en la plaza que hay delante de ellos. El piloto abre la puerta lateral y les hace una seña para que suban.

Niki abraza a Alex.

– ¡Tengo miedo!

– No te preocupes, cariño. Es maravilloso, son americanos, los mejores, y además lo hacen a diario… En serio, tesoro… No debes tener miedo de estas cosas. A veces el miedo te impide vivir.

Esta última frase la convence, de manera que Niki lo sigue y se acomoda a su lado en el interior del helicóptero sin soltar su brazo, que aprieta con fuerza. Alex cierra la puerta. Es la señal. El aparato se ladea y se eleva entre los rascacielos con una hábil maniobra. A medida que va subiendo, el ruido se atenúa. Al alejarse de las paredes de los rascacielos retumba menos.

Niki observa a los dos pilotos que están sentados delante de ella y, Poco a poco, recupera la calma y suelta el brazo de Alex.

– Menos mal… Me lo estabas triturando.

Niki no le contesta. Mira hacia abajo e inspira profundamente.

– Madre mía… Es increíble… Estamos altísimos… Pero tenías razón: a veces el miedo te impide vivir estas cosas tan bonitas.

Alex esboza una sonrisa. Sí, sí, piensa para sus adentros. Poco ha faltado para que el miedo arruinase lo que he preparado. En ese preciso momento, como si todo estuviera orquestado, recibe un mensaje en el móvil. Lo abre y lo lee. «Os veo, estáis llegando, todo está listo. Mouse.»

Alex se apresura a contestarle: «OK.» A continuación exhala un suspiro. Ya no hay tiempo. O ahora o nunca. Tiene que ser ahora.

– Niki…

Se vuelve hacia ella exultante de felicidad.

– ¿Sí?

Alex traga saliva.

– Llevo varias noches sin dormir tratando de encontrar las pala bras adecuadas que te permitan comprender cuánto te quiero, has qué punto tu sonrisa, tu aliento, cada uno de tus movimientos son la razón de mi vida. Me gustaría poder resistir, decir que no es así, hacer como si nada…, pero no puedo…

Alex mira de nuevo afuera. Ya está, todo está saliendo como estaba previsto. El Empire State Building está justo delante de ellos. Se vuelve de nuevo hacia Niki.

– Lo siento, pero es así… ¡No puedo evitarlo!

Ella lo mira sin comprender una palabra.

– ¿De qué estás hablando?

Alex abre los brazos.

– Niki, perdona…

– ¿Perdona?

En ese instante, las luces del último piso del rascacielos que tienen delante se encienden en la noche. Niki ve un gran letrero, inmenso y perfectamente iluminado, como si fuese de día. Alex le sonríe mientras lo lee: «¡Sí, perdona, pero quiero casarme contigo!»

Niki se queda pasmada y cuando se vuelve lo ve allí, frente a sí, con un estuche abierto en la mano. En su interior hay un anillo con un pequeño diamante que brilla en la noche. Alex sonríe emocionado. Se podría decir que él resplandece también.

– ¿Niki?

Ella sigue boquiabierta. Alex le sonríe.

– Ahora, la mujer, que en este caso eres tú, suele decir que sí o que no…

Niki se abalanza sobre él.

– ¡Sí, sí, sí! Mil veces sí… -y casi consigue que se caigan del asiento.

– ¡Socorro! -Alex logra no perder el anillo y al final se ve arrastrado debajo de ella y ríe entusiasta y feliz de que todo haya salido a pedir de boca.

A Niki se le saltan las lágrimas.

– ¡Cariño! Mira… Me has hecho llorar de felicidad. Caramba…

Sin dejar de reírse, Alex le pone el anillo y ella se enjuga el rímel que se le ha corrido.

Poco después, el helicóptero aterriza en la azotea del rascacielos, y cuando entran en el restaurante del Empire State Building algunos clientes se levantan de sus mesas para aplaudirles. Niki está emocionada.

– Lo saben todos…

– Eso parece.

Después los conducen hasta una mesa. Al fondo del restaurante aparece Mouse. Alza el pulgar y les pregunta divertido desde lejos:

– ¿Todo bien?

Alex levanta a su vez el pulgar, como diciendo: «De maravilla.»

Niki los ve.

– ¡Pero si es Mouse! Qué guay…

– Sí, me ha echado una mano. ¡Pero me ha dicho que cuando los del Empire State se enteraron de mi idea organizaron la velada y reservaron las mesas al doble del precio habitual!

– ¡No me digas!

– ¡Sí! Toda esta gente ha venido a cenar aquí por nosotros… ¿Qué te creías, guapa?, les ha encantado la ocurrencia de la propuesta de matrimonio en pleno vuelo mientras se iluminaba el último piso del rascacielos.

– Claro… ¡estás loco, guapo! ¿Qué se podía esperar de un publicista…? -Y se ríen del cómico e inútil intento de parecer unos macarras romanos.

De inmediato se acerca a ellos un camarero para preguntarles qué desean, mientras otro les sirve el champán y un habilidoso violinista se aproxima entonando para ellos las notas de la canción que Niki adora. I Really Want You, de James Blunt.

– Nooo… No me lo puedo creer, es un auténtico sueño.

Alex le sonríe y le coge la mano.

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