Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
– Tú eres mi sueño.
– Alex…, si nos casamos tenemos que decírselo también a mis padres…
– ¿También?
– Por supuesto… Es más, tendrías que pedírselo…
– ¡Ah, claro! -Alex despliega la servilleta y se la acomoda sobre el regazo-. ¿Y tendré que llevarlos también en helicóptero?
– ¡No, eso no!
– En cualquier caso, esperemos que digan que sí…
– Si quieres, después hablo yo con ellos…
– ¡Pero Niki!
Entre risas, comen paté de pato acompañado de helado de menta y una ensalada fresquísima, luego un filete medium rare para los dos con unas patatas enormes y magníficamente fritas y, por último, un pastel de queso ligerísimo…, bueno, la verdad es que no tanto, pero en cualquier caso realmente rico. Todo ello, acompañado de un óptimo Sassicaia que les ha aconsejado el maître.
– Habrá que encontrar la iglesia…, y el vestido.
– ¿Quieres que lo celebremos en un lugar clásico o prefieres que busquemos algo más original?
– ¿Tú qué te pondrás, Alex? Supongo que no querrás ir muy serio, ¿verdad? -dice Niki y añade-: También tenemos que elegir los recordatorios.
– ¡Y el banquete!
– Ah, sí… Yo serviría sólo pescado… pero ¿y si alguien es alérgico?
– ¿Al pescado? ¡Pues no lo invitamos!
– ¡Venga ya, eso no está bien!
– ¿Y las frituras?
– ¡No pueden faltar!
– ¿Y un poco de jamón crudo?
– ¡No puede faltar!
– ¿Y un poco de parmesano?
– ¡No puede faltar! -repiten los dos a coro.
Siguen inventando, soñando y extendiéndose por doquier.
– Ah, sí…, para la música me gustaría contratar a una banda de rock… Mejor dicho, no, trompetas. Sólo jazz. Quizá podríamos llamar a los Negramaro.
– ¡Figúrate si vienen!
– O a Gigi d'Alessio… ¡Piensa en mis padres!
– ¿Por qué? ¿No les gusta?
_¡No, no es eso! ¡Sólo que imagino que no querrás invitar a un tipo que se ha separado!
– Ah, entiendo…
– Eh… No es fácil organizar una boda.
Y siguen pensando en todas las cosas que van a necesitar.
Cuando acaban de cenar y se disponen a salir, los comensales vuelven a levantarse y les aplauden otra vez. Alex sonríe cohibido y levanta la mano como si de un presidente se tratara.
– Caray… Mouse me las pagará… Por si fuera poco, ahora tenemos un problema.
– ¿Qué quieres decir? -Niki lo mira sorprendida.
– ¡No podemos decepcionarlos!
– ¡Tonto! -Suben de nuevo al helicóptero y atraviesan Nueva York, Central Park, Manhattan, hasta que aterrizan sobre el hotel.
– ¡Gracias por todo! -dicen sonrientes a los pilotos antes de apearse.
Poco después se encuentran otra vez en su habitación.
– Ha sido una noche fantástica, Alex… -Niki se tumba sobre la gigantesca cama.
Alex se descalza y se echa a su lado.
– ¿Te ha gustado?
– Sí, todo ha sido maravilloso…
– Bueno, ¿sabes qué? Lo organicé todo desde Roma y debo decirte que, si bien estaba al corriente de cada detalle, a medida que se iban realizando me costaba creer que fuese verdad. Me preguntaba si no estaría soñando…
– Amor mío… -Niki se vuelve emocionada hacia él-. ¿Quieres hacerme llorar otra vez?
– No… Ojalá eso no suceda nunca… -Alex la abraza.
Niki se abandona mientras él la besa y a continuación sonríe.
– Jamás me habría imaginado… He pensado en este momento desde que era una niña… Oír que alguien me pedía: «Niki, ¿quieres casarte conmigo?» Me lo he imaginado de mil maneras, las más extrañas y hermosas.
– No es posible.
– ¿Por qué?
– Aún no me conocías.
– Idiota… -Niki exhala un largo suspiro-. Pero me has regalado un sueño que supera cualquier realidad…
Alex le sonríe. Cuando estás tan enamorado de una persona te parece que ninguna palabra, ninguna sorpresa pueden bastar para dárselo a entender. Te quiero, Niki. Te quiero con todas mis fuerzas y para siempre. Un beso, otro, y la luz se apaga. Los neones de los edificios de alrededor y alguna nube lejana juegan con la luna cambiando los haces luminosos que de vez en cuando los iluminan como si fuesen platillos volantes o unos aviones lejanos…, o la luz de un faro. La ropa se va deslizando lentamente de la cama.
– Eh, éstas no las había visto…
– ¿Te gustan?
– Mucho…
– Las he comprado hoy a escondidas, a Victoria's Secret…
– Hum, quiero verlas más de cerca…
Una sonrisa en la penumbra, una mano furtiva, un placer inesperado, un mordisco, un suspiro y un deseo infinito de seguir soñando y haciendo el amor. Después, la noche. Una noche oscura. Una noche profunda. Una noche inmóvil. Y sólida. Una noche suspendida. Una noche que parece no transcurrir nunca. Alex inspira profundamente, está sereno, tranquilo. Medio desnudo, tumbado boca abajo, con los brazos debajo de la almohada, los hombros al aire, ligeramente envueltos por las sábanas, que recuerdan a una pequeña ola en una extensa playa. Duerme profundamente. Un pálido rayo de luna traza el perfil de su reposo.
Un poco más allá se encuentra la almohada de Niki, vacía. La habitación parece suspendida en el tiempo. Un gran sillón con algunos vestidos desperdigados por encima, una mesa con unos cuantos objetos, una lámpara apagada y un cuadro moderno de colores intensos. Todo está en silencio, rigurosamente a la espera. En el cuarto de baño cerrado, detrás de la puerta, Niki se ha apoyado en la pila para no caerse.
Su respiración es entrecortada, irregular, y tiene la frente ligeramente perlada de sudor. Siente el estómago encogido en esa noche perfecta. No es posible, Niki, ¿qué te ocurre? Esto es pánico, auténtico pánico, miedo, terror… Niki, ¿tienes miedo de casarte? Se mira al espejo, se lava la cara por cuarta vez, se seca con la toalla blanca que hay bajo la pila y casi se pierde entre los gruesos pliegues de su tejido perfecto. La respiración es ahora más lenta, al igual que los latidos del corazón, poco a poco va recuperando el aliento. Por arte de magia, cuando vuelve a mirarse al espejo se ve de repente como si tuviera diez años más. Tiene la cara sudada, el pelo enmarañado, ¡y con algún mechón blanco! Varias arrugas alrededor de los ojos y el semblante fatigado. Niki se observa con mayor detenimiento. Oh, no. «¡Mamá, mamá!» Un niño tira de su vestido. «¿Mamá? Mamá.» Pero… Lo mira fijamente: es su hijo. Y a su lado hay otro. «¡Tengo hambre, mamá!» ¡Esta vez se trata de una niña! De repente se siente hinchada, torpe, se mira al espejo y su rostro le parece ligeramente más ancho. Mira hacia abajo. «¡Oh, no!» Tiene una barriga increíble. Estoy embarazada…, quiero decir, no es posible, estoy esperando otro hijo. Veamos…, ¡si ya tengo tres! Tres, el número perfecto. En ese momento Alex entra en la cocina imaginaria sonriendo. Tiene alguna que otra cana, pero sólo en las patillas, y además le sientan bien… Por si fuera poco, apenas ha engordado. Caramba, no es posible.
– Hola, cariño… ¡Hola, pequeñajos! Niki, voy a salir…
Se queda sola en la cocina, aún más sudada, con esa barriga enorme y los niños que gritan a su alrededor. Tiene un montón de platos sucios por lavar que casi ondean sobre la pila y se derrumbaría de no ser porque se apoya sobre otra que hay justo al lado. Los dos montones se inclinan, los platos caen al interior de la pila y se rompen, explotan, disparan salsa, pasta y restos de comida como si fuesen una extraña ametralladora enloquecida. Niki se limpia la cara con el delantal mojado. Ahora está sudada y cubierta de salsa. Le entran ganas de llorar. De la penumbra sale Susanna, la esposa de Pietro.
– Hola, Niki. ¿Lo has entendido? «Voy a salir.»
Susanna la ayuda a limpiarse.
– Ellos van a su aire mientras nosotras tenemos que quedarnos con los críos… -señala a los niños, que corretean por la cocina gritando como locos, tirándose del pelo y pegándose, y que al final, convertidos en unas jovencísimas furias, desaparecen en la oscuridad de la habitación-. Mientras ellos se divierten, ¿comprendes? Simulan que trabajan, se quedan en el despacho hasta las nueve y media de la noche… Pero ¿realmente están allí? La única vez que lo busqué de verdad lo encontré con otra…