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La Leyenda De La Séptima Virgen

Электронная книга - «La Leyenda De La Séptima Virgen». Краткое содержание книги:

El peligroso viaje de una virgen, hasta convertirse en mujer…
La leyenda decía que seis novicias que vivían en un convento fueron convertidas en piedra cuando faltaron a sus votos. La séptima virgen debía enfrentar un destino diferente…
Muchos años más tarde, cuando el convento había pasado a ser la mansión de la familia St. Larston, el destino reclamó a otra joven virgen.
Kerensa Carlee era apenas una muchacha campesina, pero tenía ambición y era hermosa… y sabía muy bien usar ambas cosas. En esta mansión misteriosa, Kerensa en su calidad de dama de compañía, debió iniciar el peligroso viaje hasta convertirse en mujer.
La presencia de Kerensa evocó antiguos recuerdos y extraños acontecimientos del pasado. Ella fue la causa que se despertara ese ancestral espíritu de venganza, capaz de llevar hasta la locura, especialmente en noches de luna.
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El doctor Hilliard y la partera estaban junto a mi lecho, mientras me parecía que la casa entera estaba en tensión, aguardando el llanto de un niño.

Recuerdo haber pensado que el dolor de la monja emparedada no podía haber sido mayor que el mío. Sin embargo, ese dolor me llenaba de alborozo. Qué distinto era del suyo, que era el dolor de la derrota, mientras que el mío era el de la gloria.

Por fin llegó. El tan esperado llanto de un niño.

Vi a mi suegra con mi pequeño en los brazos; aquella mujer altiva lloraba. Vi brillar las lágrimas en sus mejillas y temí que algo malo pasara. Mi pequeño era lisiado, un monstruo, estaba muerto.

Pero eran lágrimas de orgullo y de alegría; se acercó a la cama y la suya fue la primera voz que oí proclamando la jubilosa noticia.

—Es un varón, Kerensa, un varón hermoso y sano.

* * *

"Nada puede salir mal", pensaba yo. "Basta con que haga mis planes, y mis sueños se tornan realidades."

"Soy Kerensa Saint Larston y he dado a luz un hijo. No hay otro niño varón que lo reemplace. Es el heredero de Saint Larston."

Pero podía ser derrotada en pequeñas cuestiones.

Estaba tendida en la cama, con el cabello volcado sobre los hombros, vistiendo una chaqueta de encaje blanco con cintas verdes, un regalo de mi suegra.

El pequeño estaba en su cuna, y ella se inclinaba sobre él, con la cara tan suavizada por el amor que parecía otra mujer.

—Tendremos que pensar un nombre para él, Kerensa —dijo mientras se acercaba a la cama y se sentaba sonriéndome.

—Pensé en Justin —dije.

Se volvió hacia mí con cierta sorpresa.

—Pero eso está descartado.

—¿Por qué? Me agrada Justin. Siempre hubo un Justin Saint Larston.

—Si Justin tiene un hijo, él será Justin. Debemos reservar para él ese nombre.

—¡Justin… tener un hijo!

—Todas las noches ruego que él y Judith reciban la misma bendición que han recibido tú y Johnny.

Me obligué a sonreír al responder:

—Por supuesto. Pensé simplemente que debería haber un Justin en la familia.

—Y así es. Pero será el hijo del hijo mayor.

—Hace ya un tiempo que están casados.

—Oh, sí, pero tienen años por delante. Espero ver la casa llena de niños antes de morir.

Me sentí desanimada. Luego me dije que el nombre no era importante.

—¿En qué otro nombre pensaste? —insistió ella. Quedé absorta. Tan segura había estado de que mi hijo sería Justin, que no había pensado en otro nombre para él. Ella me estaba observando y, sabiendo que era una anciana sagaz, no quise que supiera adónde iban mis pensamientos. Espontáneamente dije: —Carlyon.

—¿Carlyon? —repitió ella.

Tan pronto como lo dije, supe que ese era el nombre que deseaba para mi hijo, si no podía ser Justin. Carlyon. Encerraba un significado para mí. Me vi subiendo los escalones del pórtico en mi túnica de terciopelo rojo. Era la primera ocasión en que había tenido la— absoluta certeza de que los sueños podían volverse realidad.

—Es un buen nombre. Me gusta —declaré.

Lo repitió, haciéndolo girar sobre la lengua.

—Sí —dijo luego—. Me agrada. Carlyon John… el segundo por su padre. ¿Qué te parece?

Johnny por su padre, Carlyon por su madre. Sí; ya que no podía ser Justin, sería eso.

* * *

Yo era una mujer diferente. Por primera vez en mi vida amaba a alguien más de lo que yo misma me amaba. Lo único que importaba era mi hijo. Muchas veces busqué disculpas por las cosas perversas que hice, diciéndome: "Fueron por Carlyon." Me repetía sin cesar que pecar en bien de alguien a quien se ama no es lo mismo que pecar por uno mismo. Sin embargo, en lo profundo de mi corazón sabía que la gloria de Carlyon era mía; y que mi amor por él era tan vehemente porque él era parte de mí, carne de mi carne y sangre de mi sangre, como en el dicho.

Era un hermoso niño, grande para su edad, y el único rasgo que había heredado de mí eran sus enormes ojos negros, aunque en ellos había una expresión de serenidad que los míos nunca tenían. ¿Y por qué no iban a ser serenos, me preguntaba yo, con una madre como yo para luchar por él? Era un pequeñuelo satisfecho; acostado en su cuna solía aceptar el homenaje de la familia como derecho propio… aunque no imperiosamente; sólo era feliz de que se le amara. Carlyon amaba a todos y todos amaban a Carlyon; pero, me aseguraba yo, en su bello rostro había una satisfacción especial cuando yo lo levantaba.

Lady Saint Larston planteó la cuestión de una nodriza para él. Enumeró algunas de las muchachas aceptables del poblado, pero yo las rechacé a todas. Sufría un sentimiento de culpa debido al absurdo temor que sentía —casi una premonición— de que podía ocurrirle a Judith algo que permitiera casarse a Justin y Mellyora. Yo no quería que tal cosa ocurriese. Quería que Judith viviera y siguiera siendo la esposa estéril de Justin, pues solamente así mi hijo podría llegar a ser Sir Carlyon y heredar el Abbas. Imaginaba el triste yermo que sería la vida de Mellyora, pero rechazaba mi remordimiento encogiéndome de hombros. ¿Acaso no era una elección entre mi amiga y mi hijo? ¿Y qué madre no preferiría siempre a su hijo antes que a una amiga, por íntima que esta fuese?

De todos modos, quería ayudar a. Mellyora y para ello había concebido un plan.

—No quiero que mi hijo termine hablando con acento aldeano —dije a mi suegra.

—Pero todos hemos tenido a esas muchachas como niñeras —me recordó ella.

—Deseo lo mejor para Carlyon.

—Todos deseamos eso, mi querida Kerensa.

—Yo había pensado en Mellyora Martin —dije. Viendo que el asombro se insinuaba en la cara de mi suegra, me apresuré a continuar—: Es una dama. Le tiene afecto y creo que sería buena con los niños. Podría enseñarle a medida que él crezca; podría ser su institutriz hasta que él esté listo para ir a la escuela.

Ella meditaba sobre los inconvenientes de renunciar a Mellyora. La echaría de menos; y sin embargo comprendía la lógica de lo que yo le estaba diciendo. Sería difícil hallar una niñera del calibre de la hija del párroco.

Ese día descubrí que la imperiosa anciana estaba dispuesta a hacer sacrificios por su nieto.

* * *

Me dirigí al cuarto de Mellyora, que estaba muy cansada, por haber tenido una tarde agotadora con Lady Saint Larston. Estaba tendida en su cama y pensé que parecía una flor que se ha dejado fuera del agua demasiado tiempo.

¡Pobre Mellyora, las tensiones de su vida se estaban volviendo excesivas para ella! Sentada en el borde de la cama, la estudié con atención.

—¿Ha sido un día muy agotador? —le pregunté. Ella se encogió de hombros—. Enseguida volveré —le dije entonces.

Fui a mi pieza y volví con parte del agua de colonia que había usado durante mi embarazo y que, según había sabido por Judith, podía calmar una jaqueca. Usando una almohadilla de algodón, mojé con ese líquido la frente de Mellyora.

—¡Qué lujo, ser atendida! —murmuró ella.

—¡Pobre Mellyora! Mi suegra es una tirana. Pero en el futuro la vida será mejor.

Abrió mucho sus bellos ojos azules, donde empezaba a evidenciarse un matiz de tristeza.

—Tendrás una nueva patrona, un nuevo puesto —agregué.

Forcejeó hasta incorporarse, mientras el temor asomaba a sus ojos. Yo pensé: "No te aturulles. No serás alejada de Justin, no temas." Y aquel demonio en mí susurró: "No; mientras tú estés aquí y haya ese amor sin esperanzas entre tú y Justin, él se siente menos inclinado todavía por la compañía de su esposa. Y cuanto menos inclinado se sienta él hacia ella, menos probable es que tengan un hijo que pudiera reemplazar a mi Carlyon."

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