Traficantes de dinero
- Автор: Хейли Артур
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Traficantes de dinero». Краткое содержание книги:
Se iniciaron negociaciones pero fracasaron, en parte porque los estudiantes presentaban «demandas no negociables». Después de dos días la administración llamó a la policía estatal, ayudada, no muy sabiamente, por la Guardia Nacional. Se lanzó un asalto contra el sitiado edificio.
Durante la lucha se dispararon algunos tiros y algunas cabezas recibieron golpes. Por milagro, los tiros no hirieron a nadie. Pero por una trágica desdicha una de las cabezas castigadas -la de Gregory- sufrió una hemorragia cerebral, que dio como resultado su muerte horas más tarde.
Finalmente, porque la indignación popular fue grande, un policía joven, asustado y sin experiencia, que había dado el golpe mortal, fue llevado ante los tribunales. Los cargos contra él fueron rechazados.
Margot, aunque sumida en un profundo dolor y atontamiento, era una estudiante de leyes bastante objetiva como para entender el rechazo. Su entrenamiento legal le sirvió también más adelante, con calma, para valorar y codificar sus propias convicciones. Era un proceso demorado que las presiones de la excitación y la emoción habían impedido por largo tiempo.
Ninguno de los puntos de vista sociales o políticos de Margot habían cambiado, ni entonces ni luego. Pero su percepción era tan honrada como para reconocer que la facción estudiantil había retirado a otros las libertades de las que se proclamaba defensora. También, en su celo, habían transgredido la ley, sistema al que estaban dedicados sus estudios, y presumiblemente sus vidas.
Faltaba sólo otro paso en el razonamiento, paso que Margot dio, para comprender que no se hubiera logrado menos, probablemente se habría conseguido mucho más, actuando dentro de los límites legales.
Y había confesado a Alex, la única vez que habían hablado de aquella parte del pasado de ella, que seguir dentro de lo legal era su principio guía, y el de toda su actividad, desde entonces.
Todavía acurrucada cómodamente junto a él, ella preguntó:
– ¿Cómo andan las cosas en el banco?
– Algunos días me siento como Sísifo. ¿Lo recuerdas?
– ¿No era el griego que empujaba una roca subiendo una montaña? Cada vez que llegaba a la cima la piedra se deslizaba para abajo.
– El mismo. Debería haber sido un ejecutivo bancario procurando hacer cambios. ¿Sabes algo de nosotros, los banqueros, Bracken?
– Háblame de vosotros.
– Tenemos éxito pese a nuestra falta de intuición e imaginación.
– ¿Permites que utilice tus palabras?
– Si lo haces juraré que nunca lo he dicho -murmuró él-. Pero, entre nosotros, los banqueros siempre reaccionan ante el cambio social, nunca lo anticipan. Todos los problemas que nos afectan ahora: ambientales, de ecología, energía, las minorías, hace tiempo que están entre nosotros. Lo que en esas áreas podía afectarnos hubiera podido ser previsto. Nosotros, los banqueros, podríamos ser dirigentes. En lugar de esto estamos siguiendo, sólo avanzamos cuando tenemos que hacerlo, cuando nos empujan.
– ¿Por qué sigues siendo banquero entonces?
– Porque es importante. Lo que hacemos vale la pena y, que avancemos de buena voluntad o no, somos profesionales necesarios. El sistema monetario se ha vuelto tan enorme, tan complicado y sofisticado, que sólo los bancos pueden manejarlo.
– Entonces lo que más necesitáis es un empujón de vez en cuando, ¿verdad?
Él la miró intensamente, con la curiosidad reanimada.
– Estás planeando algo en esa revuelta cabeza tuya.
– No he reconocido nada.
– Sea lo que sea, espero que no tenga que ver con los cuartos de aseo públicos…
– ¡Por Dios, no!
Ante el recuerdo de hacía un año, ambos rieron a carcajadas. Había sido una de las victorias combativas de Margot y había llamado mucho la atención.
Su batalla había sido contra la comisión del aeropuerto que, en aquella época, pagaba a los centenares de porteros y limpiadores salarios sustancialmente más bajos de los que eran normales en la zona. El sindicato estaba corrompido, tenía un «contrato de novio» con la comisión, y no había hecho nada para ayudar. Desesperado, un grupo de trabajadores del aeropuerto había buscado la ayuda de Margot, que empezaba a ganar reputación en estos asuntos.
El acercamiento directo de Margot con la comisión, fue meramente rechazado. Ella decidió entonces que había que alertar a la opinión pública y que, una manera de lograrlo, era ridiculizar al aeropuerto y sus dirigentes. Como preparación, y trabajando con varios simpatizantes que antes la habían ayudado, Margot hizo un estudio inteligente del grande y ocupado aeropuerto en una noche de pesado tráfico.
Un factor señalado en el estudio era que, cuando los aviones de vuelos nocturnos, en los que se servían comidas y bebidas, descargaban a sus pasajeros, la mayoría de los recién llegados se dirigía inmediatamente a los cuartos de aseo del aeropuerto, creando así demandas máximas de esos lugares en un período de varias horas.
Al siguiente viernes por la noche, cuando el tráfico aéreo que llegaba y partía era más intenso, varios centenares de voluntarios, principalmente porteros y limpiadores que estaban libres ese momento, llegaron al aeropuerto bajo la dirección de Margot. Desde entonces hasta que se fueron, mucho más tarde, todos permanecieron tranquilos, en orden y cumpliendo con la ley.
El propósito era ocupar continuamente, a lo largo de la noche, todos los cuartos de aseo del aeropuerto. Y lo hicieron. Margot y sus ayudantes habían preparado un plan detallado y los voluntarios fueron a sitios designados, donde pagaron una moneda y se instalaron, entretenidos con material de lectura, radios portátiles e incluso comida que habían llevado. Algunas mujeres llevaron trabajos de costura o tejidos. Era lo último en cuanto a huelgas legales de brazos cruzados.
En los aseos de caballeros, nuevos voluntarios formaron largas filas junto a los urinarios, y cada fila se movía con abrumadora lentitud. Si un varón que no estaba en el complot se unía a la fila, tardaba una hora en llegar. Pocos, o ninguno, esperaron tanto tiempo.
Un contingente flotante explicaba tranquilamente a todo el mundo que quería escuchar, lo que estaba pasando, y por qué.
El aeropuerto se convirtió en un hervidero, con centenares de pasajeros enojados y angustiados, que se quejaban dura y calurosamente a las líneas aéreas que, a su vez, atacaron a la dirección del aeropuerto. La administración se vio frustrada e incapaz para hacer nada. Otros observadores, no involucrados ni necesitados, encontraron que la situación era cómica. Nadie permaneció indiferente.
Representantes de los medios informativos, avisados de antemano por Margot, estaban presentes en cantidad. Los periodistas rivalizaban entre sí para escribir historias que fueron propagadas a toda la nación por los servicios telegráficos, y luego repetidas internacionalmente y usadas en periódicos tan distintos como «Izvestia», el «Star» de Johannesburg y «The Times» de Londres. Al día siguiente, como resultado, el mundo entero reía.
En la mayoría de los comentarios el nombre de Margot Bracken figuró muy destacado. Había intimación de que nuevas huelgas «sentadas» proseguirían.
Tal como Margot había calculado, el ridículo es una de las armas más fuertes en cualquier arsenal. Después del fin de semana la comisión del aeropuerto accedió a discutir los salarios de los porteros y los limpiadores, lo que dio como resultado que los aumentaran más tarde. Un resultado consecuente fue que la dirección del sindicato corrompido perdió la votación y fue reemplazada por una más honrada.
Margot se agitó ahora, acercándose a Alex, y dijo suavemente:
– ¿Qué clase de mente has dicho que tengo?
– Revuelta como un trompo.
– ¿Y eso es bueno o malo?
– Es bueno para mí. Refrescante. Y casi siempre me gustan las causas por las que trabajas.
– Pero no siempre…
– No, no siempre.
– A veces las cosas que hago crean antagonismos. Muchas de ellas. Supongamos que el antagonismo es sobre algo en lo que no crees, o que te desagrada. Imagina que nuestros nombres aparecen vinculados en una ocasión en la que, digamos, no te gustaría estar asociado a mí.