Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » El mundo invertido [The Inverted World - es]
El mundo invertido [The Inverted World - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El mundo invertido [The Inverted World - es]

Электронная книга - «El mundo invertido [The Inverted World - es]». Краткое содержание книги:

Cuando Helward Mann abandona la ciudad, no tiene motivos para pensar que el mundo que se extiende más allá no sea sino el de su propio planeta de origen. De hecho, y a pesar de las semejanzas, hay pruebas —que él no puede ignorar— que lentamente contradicen todas sus convicciones. A medida que crece su experiencia en el trabajo fuera de la ciudad, se ve forzado a aceptar la razón fundamental y descarnada de esa lucha por la supervivencia. El planeta no es la Tierra. De alguna manera, el mundo en que vive —y por cierto el universo mismo en el cual existe el planeta— es intrínsecamente diferente.
El mundo está invertido: un planeta de dimensiones infinitas existe y palpita en un universo de tamaño limitado. Esta novela, de brillante originalidad, ha sido distinguida con el premio a la mejor novela de ciencia-ficción publicada en Inglaterra, y está destinada a convertirse en un clásico de la literatura imaginativa.
1 ... 43 44 45 46 47 48 49 50 51 ... 63
Перейти на страницу:

Proponían —dijo— fijar un programa de tracción continua. Ello implicaría una colaboración más estrecha con el gremio de Vías, y quizás un riesgo mayor de que se cortaran los cables. Pero argumentaba que, dado que ahora teníamos una gran escasez de rieles luego del incendio del puente, la ciudad debería avanzar en trechos más cortos. El gremio de Tracción sugería tender vías más cortas al Norte de la ciudad, y mantener los guinches funcionando permanentemente. Los guinches serían quitados de circulación para una revisión periódica y, como las formas del terreno futuro nos favorecían, podríamos mover la ciudad a la velocidad necesaria para volver a alcanzar el óptimo dentro de veinte o veinticinco millas de tiempo.

Hubo pocas objeciones al proyecto, aunque el presidente solicitó un informe más completo. En el momento de la votación había nueve a favor y seis en contra. Cuando se presentara el informe requerido, la ciudad comenzaría a avanzar en forma continua lo más pronto posible.

CAPÍTULO OCHO

Tuve que abandonar la ciudad en una misión de reconocimiento, al Norte. Por la mañana, Clausewitz me había mandado a llamar para darme las instrucciones. Saldría al día siguiente, y viajan a veinticinco millas al Norte del óptimo con el objeto de traer un informe de las características del terreno y de la ubicación de las diversas aldeas. Me dieron a elegir entre trabajar por mi cuenta o ir con otro gremialista del Futuro. Recordando mi nueva amistad con Blayne, pedí ir con él, y me lo concedieron.

Estaba ansioso por partir. No me sentía obligado a continuar con el trabajo manual en las vías. Muchos hombres que nunca habían salido de la ciudad trabajaban ahora muy bien en equipos, y se adelantaba más que en las épocas en que se contrataba mano de obra local.

Parecía que había pasado mucho tiempo desde el último ataque de los nativos, y la moral estaba alta. Hablamos logrado atravesar exitosamente el desfiladero. Adelante nos esperaba la larga pendiente que bajaba hasta el valle. Tentamos buen tiempo y muchas esperanzas.

Al atardecer regresé a la ciudad. Había decidido conversar sobre la misión de reconocimiento con Blayne, y pasar la noche en la sala de los Futuros. Partiríamos con la primera luz.

Cuando recorría un pasillo vi a Victoria.

Estaba trabajando sola en una oficina pequeña, controlando una pila de papeles. Entré y cerré la puerta.

—Ah, eres tú —dijo.

—¿Te molesto?

—Estoy muy ocupada.

—Yo también.

—Entonces déjame sola y prosigue con tu trabajo.

—No —dije—. Quiero hablar contigo.

—En otro momento.

—No puedes esquivarme toda la vida.

—No tengo nada que decirte.

Le manotee la lapicera. Se cayeron los papeles al piso y ella se sobresaltó.

—¿Qué pasó, Victoria? ¿Por qué no me esperaste? Ella miraba los papeles desparramados, y no me respondía.

—Vamos, contéstame.

—Ha pasado ya mucho tiempo. ¿Todavía te importa?

—Sí.

Ahora me miraba, lo mismo que yo a ella. Victoria había cambiado mucho. Parecía mayor. Se la notaba más segura de sí misma, más mujer... pero a mí me resultaba familiar el modo en que inclinaba la cabeza, cómo se apretaba las manos.

—Helward, perdóname si te hice sufrir, pero yo también tuve mucho que soportar. ¿Te basta con esto?

—Sabes qué no. ¿Y qué me dices de todo lo que habíamos conversado?

—¿Qué cosas?

—Las cosas privadas. Las intimidades.

—No tienes que preocuparte por tu juramento.

—No estaba pensando en ello —dije—. Las otras cosas tuyas y mías.

—¿Lo que nos susurrábamos en la cama?

Sentí un escalofrío.

—Sí.

—Eso fue hace mucho tiempo. —Debe habérseme notado la reacción porque de repente Victoria suavizó tu tono—. Perdóname. No pienses que soy insensible.

—Esta bien. Di lo que quieras.

—Es que no esperaba verte. ¡Estuviste ausente tanto tiempo! Podías haberte muerto, que nadie me decía nada.

—¿A quién le preguntaste?

—A tu jefe, Clausewitz. Lo único que me respondía era que habías salido de la ciudad.

—Pero yo te dije a donde iba, que partía hacia el Sur.

—También dijiste que volverías al cabo de unas pocas millas de tiempo.

—Lo sé. Estaba equivocado.

—¿Qué ocurrió?

—Me... demoré. —No podía siquiera comenzar a explicarle.

—Te demoraste, eso es todo.

—Era mucho más lejos de lo que creía.

Victoria empezó a revolver los papeles, tratando de hacer una pila ordenada. Era sólo un modo de tener ocupadas las manos; Yo había abierto el camino de las confidencias.

—Nunca viste a David, ¿no?

—¿David? ¿Ese nombre le pusiste?

—Él era... —Me miró nuevamente, con los ojos bañados en lágrimas—. Tuve que ponerlo en el internado. ¡Había tanto trabajo! Lo veía todos los días. Luego vino el primer ataque. Yo tenía que estar junto a la boca de incendio, y no podía... Más tarde bajamos al...

Cerré los ojos y me di vuelta. Ella se cubrió el rostro con las manos y se echó a llorar. Me apoyé contra la pared, inclinando la cabeza sobre el antebrazo. Segundos más tarde yo también lloraba.

Entró una mujer en la habitación. Al ver lo que pasaba, salió rápidamente. Esta vez apoyé todo mi peso sobre la puerta para impedir otra interrupción.

Más adelante, dijo Victoria:

—Pensé que no ibas a volver nunca. Había mucha confusión en la ciudad, pero logré encontrar a una persona de tu gremio. Él me contó que muchos aprendices habían muerto en su viaje al Sur. Le dije cuánto tiempo hacía que te habías ido. El no quería comprometerse. Lo único que yo sabía era el tiempo que habías estado ausente, y cuándo habías dicho que regresarías. Fueron casi dos años, Helward.

—A mí me lo advirtieron —dije—. Pero no quise creerlo.

—¿Por qué no?

—Tenía que caminar una distancia de ochenta millas, ida y vuelta. Pensé que podía hacerlo en unos días. Nadie en el gremio me dijo por qué no podría ser.

—¿Pero ellos lo sabían?

—Indudablemente.

—Podrían haber esperado al menos hasta que naciera el bebé.

—Yo tenía que irme cuando me lo ordenaban. Era parte del entrenamiento del gremio.

Victoria estaba ahora más serena. La reacción emotiva había destruido el antagonismo latente, y pudimos hablar más tranquilos. Ella recogió los papeles caídos, los apiló y los guardó en un cajón. Había una silla junto a la pared de enfrente. Me senté.

—Sabes que el sistema de gremios tendrá que cambiar.

—No de una manera drástica.

—Se va a destruir por completo. Así tiene que ser. En realidad, eso ya ha sucedido. Ahora cualquiera puede salir de la ciudad. Los Navegantes se aferrarán al viejo esquema todo lo que puedan, porque viven en el pasado, pero...

—No son tan obstinados como piensas.

—Intentarán reimplantar el secreto y la represión en cuanto puedan.

—Estás equivocada —dije, lisa y llanamente—. Sé que estás en un error.

—De acuerdo... pero ciertas cosas habrán de modificarse. En la ciudad no hay nadie que no conozca el peligro en que nos encontramos. Hemos estado atravesando estas tierras valiéndonos de robos y engaños, y eso ha sido la causa del peligro. Es hora de que termine.

—Victoria, no...

1 ... 43 44 45 46 47 48 49 50 51 ... 63
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)