El mundo invertido [The Inverted World - es]
- Автор: Прист Кристофер
- Год: 1976
- Язык: испанский
- Год: Emec
- ISBN: 84-7386-077-2
- Переводчик: Maria Raquel Albornoz
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El mundo invertido [The Inverted World - es]». Краткое содержание книги:
El mundo está invertido: un planeta de dimensiones infinitas existe y palpita en un universo de tamaño limitado. Esta novela, de brillante originalidad, ha sido distinguida con el premio a la mejor novela de ciencia-ficción publicada en Inglaterra, y está destinada a convertirse en un clásico de la literatura imaginativa.
Había dos páginas más. Una era el relato de la formación del Gremio de Tranco y de la Milicia, y no tenía fecha. La otra página era un diagrama hecho a mano, mostraba la hipérbola producida por la ecuación y = I/x. Debajo había unos signos matemáticos que no pude entender.
Esas eran las Directivas de Destaine.
CAPÍTULO SIETE
El trabajo en las vías progresaba.
Ya se hablan levantado la mayoría de los rieles detrás de la ciudad, y había más cuadrillas tendiéndolos nuevamente desde la entrada del desfiladero, por el largo valle hacia el bosque que había al pie. Había mejorado el ambiente por el hecho de haber podido izar la ciudad del río exitosamente y sin alteraciones. Además, la cuesta del tramo siguiente era a nuestro favor. Tendrían que usarse los cables porque la loma no tenía la inclinación necesaria para contrarrestar los efectos de la fuerza centrífuga, que se percibían incluso aquí.
Me producía una sensación extraña estar parado en el suelo junto a la ciudad y verla extenderse horizontalmente. Ahora sabía que este aparente nivel no era tal. En el óptimo —que en la amplia escala de este mundo no estaba muy distante—, el terreno se inclinaba en una pendiente de cuarenta y cinco grados hacia el Norte. ¿Tenía esto algo de distinto de vivir en la superficie de un mundo esférico como el planeta Tierra? Recordé un libro que había leído en el internado, un libro para niños escrito en un lugar llamado Inglaterra. Describía la vida de una familia que planeaba emigrar a otro sitio llamado Australia. Los chicos del libro creían que iban a quedar dados vuelta, y el autor se había esmerado en describir cómo todos los puntos de la esfera parecían estar derechos debido a los efectos de la gravedad. Lo mismo ocurría en este mundo. Yo había estado tanto al Norte como al Sur del óptimo, y siempre el suelo daba la impresión de ser llano.
Me gustaba el trabajo en las vías. Era agradable volver a utilizar mi cuerpo, y no tener tiempo de pensar en otras cosas.
Quedaba, sin embargo, un cabo suelto por atar: Victoria.
Necesitaba verla, por más fastidiosa que pudiese resultar la entrevista, y quería arreglar pronto la situación. Hasta tanto no hablase con ella, cualquiera fuese el resultado, no me sentiría cómodo.
Había llegado a aceptar el entorno físico de la ciudad. Quedaban muy pocas preguntas por responder. Entendía cómo y por qué se trasladaba. Conocía los numerosos y sutiles riesgos que acechaban si llegase a interrumpir su viaje al Norte. Sabía que era vulnerable y que estaba, en este preciso momento, en peligro inminente de nuevos ataques, pero pensaba que ello se resolvería a la brevedad.
Todo esto, sin embargo, no podía hacerme superar la crisis personal de verme separado de una chica a quien había amado durante un lapso que a mí me pareció de pocos días.
Descubrí que, como gremialista, me estaba permitido asistir a las asambleas del Consejo de Navegantes. No podía intervenir en forma activa, pero no se me prohibía presenciar como espectador ningún tramo de las sesiones. Me dijeron que iba a haber un encuentro y decidí ir.
Se reunían en una pequeña habitación que quedaba detrás de la sala principal de los Navegantes. Todo fue muy informal. Yo creía que me iba a encontrar con mucha ceremonia y un ambiente de circunstancias, pero en realidad las reuniones eran cruciales para lograr una eficiente dirección de la ciudad sería cuando los Navegantes ingresaron y tomaron asiento alrededor de una mesa.
Estaban presentes dos de ellos que yo conocía de nombre —Oisson y McMahon—, y otros trece.
El primer asunto a discutir era la situación militar. Un Navegante se puso de pie, dijo llamarse Thorens, y dio un sucinto informe de la situación actual.
La milicia había determinado que aún había al menos cien hombres en las proximidades de la ciudad, la mayoría, armados. Según la inteligencia militar, estos hombres tenían la moral baja porque habían sufrido muchas pérdidas lo cual contrastaba profundamente —decía el Navegante— con la moral de nuestras tropas, que se sentían capaces de repeler cualquier nuevo intento de agresión. Contaban ahora con veintiún rifles capturados de los nativos, y si bien no había muchas municiones, el gremio de Tracción había ideado un método para fabricarlas en pequeñas cantidades.
Un segundo Navegante confirmó lo expuesto.
El informe siguiente versaba sobre el estado de la estructura de la ciudad.
Se discutió considerablemente acerca de las tareas de reconstrucción que debían llevarse a cabo, y cuándo. Se dijo que los directores Domésticos se veían muy presionados y que había gran demanda de lugares donde dormir. Los Navegantes resolvieron dar prioridad a una nueva sala de dormitorio.
Este cambio de ideas condujo naturalmente a temas más amplios, que me resultaban de sumo interés.
Según pude apreciar, las opiniones estaban divididas. Había una escuela de pensamiento que opinaba que debía volver a adoptarse la antigua política de «ciudad cerrada» lo más pronto posible. Los otros consideraban que dicha política ya había cumplido su objetivo, y que debía dejársela de lado para siempre.
Me pareció que éste era un asunto de crucial importancia, que podía modificar en forma radical la estructura social de la ciudad... y de hecho, indirectamente era éste el tema de debate. De abandonarse el sistema «cerrado», ello implicaría que todas las personas que se criaran en la ciudad aprenderían gradualmente la verdadera situación en que vivíamos. Ello traería aparejado un nuevo modo de encarar la educación, el que a su vez provocaría cambios sutiles en los poderes de los mismos gremios.
Por último, luego de llamarse repetidamente a votación y de presentarse varios proyectos de reformas, la mayoría más uno decidió reintroducir el sistema de «ciudad cerrada» por el momento.
Hubo más novedades. En la ciudad había aún diecisiete mujeres transferidas, que estaban ahí desde el primer ataque de los nativos. Se cambiaron ideas acerca de lo que convenga hacer, y se informó a los presentes que ellas deseaban permanecer en la ciudad. Se hizo notar de inmediato que probablemente los ataques hubiesen sido hechos con el objeto de liberar a esas mujeres.
Otra votación: a las mujeres se les permitiría quedarse en la ciudad todo el tiempo que quisieran.
También se resolvió no volver a implantar la experiencia de viaje al pasado para los aprendices. Yo interpreté que estos viajes se habían suspendido luego del primer ataque, y varios Navegantes propiciaban su reimplantación. Se informó a la asamblea que doce aprendices habían sido muertos en el pasado, y que no se tenían noticias de otros— cinco. La suspensión continuaría en vigencia.
Estaba fascinado por lo que escuchaba. Jamás me había percatado en qué medida los Navegantes manejaban las cuestiones prácticas del sistema. Nunca me habían dicho nada especifico, pero existía entre ciertos gremialistas un sentimiento general de que los Navegantes eran unos viejos decrépitos que no tengan contacto con la realidad. Algunos de ellos eran por cierto entrados en años, pero no habían perdido sus facultades perceptivas. Paseé la mirada por la sala, y al ver tantos asientos vacíos, pensé que quizás más gremialistas debían asistir a las reuniones del Consejo.
Había más asuntos en carpeta. El Navegante McMahon presentó el informe que Denton y yo habíamos redactado, y anunció, además, que se estaban llevando a cabo otras dos expediciones con cinco grados de diferencia, cuyos resultados se conocerían en uno o dos días.
Los asistentes decidieron que la ciudad tomaría provisoriamente el rumbo que Denton y yo hablamos marcado, hasta tanto no se hallara un camino mejor.
Finalmente, el Navegante Lucan trajo a colación el tema de la tracción de la ciudad. Dijo que el gremio respectivo había elevado un proyecto para hacer mover la ciudad levemente más rápido. Había que recuperar terreno para poder volver a la situación normal —afirmaba—, y hubo consenso general.