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El mundo invertido [The Inverted World - es]

Электронная книга - «El mundo invertido [The Inverted World - es]». Краткое содержание книги:

Cuando Helward Mann abandona la ciudad, no tiene motivos para pensar que el mundo que se extiende más allá no sea sino el de su propio planeta de origen. De hecho, y a pesar de las semejanzas, hay pruebas —que él no puede ignorar— que lentamente contradicen todas sus convicciones. A medida que crece su experiencia en el trabajo fuera de la ciudad, se ve forzado a aceptar la razón fundamental y descarnada de esa lucha por la supervivencia. El planeta no es la Tierra. De alguna manera, el mundo en que vive —y por cierto el universo mismo en el cual existe el planeta— es intrínsecamente diferente.
El mundo está invertido: un planeta de dimensiones infinitas existe y palpita en un universo de tamaño limitado. Esta novela, de brillante originalidad, ha sido distinguida con el premio a la mejor novela de ciencia-ficción publicada en Inglaterra, y está destinada a convertirse en un clásico de la literatura imaginativa.
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—Pero...

—Son normas gremiales.

Clausewitz dio media vuelta y se alejó con Denton, hacia el salón de los Futuros. Esa zuna también era mía, pero de repente me sentí excluido. Literalmente, no tenía dónde ir. Mientras estuve trabajando fuera de la ciudad dormía en las habitaciones de la milicia. Ahora, de licencia oficial, no sabía siquiera dónde residía. En la sala de los Futuros había literas y podía dormir ahí momentáneamente, pero sentía que tenía que ver a Victoria cuanto antes. Lo había estado postergando con el pretexto de mis viajes. No sabía cómo manejar la nueva situación, y la respuesta sólo podía encontrarla hablando con ella. Me di una ducha y me cambié de ropa.

CAPÍTULO SEIS

El interior de la ciudad no se había modificado mucho durante mi viaje al Norte. Los directores Domésticos y Médicos estaban totalmente abocados al cuidado de los heridos y a la reorganización de los alojamientos. Había menos huellas de desesperación en los rostros de la gente, y se había logrado mantener relativamente despejados los pasillos. Pero aun así me pareció que era un mal momento para arreglar un asunto personal.

Fue difícil hallar a Victoria. Luego de preguntar a varios directores, me mandaron a un dormitorio provisional en el nivel inferior, pero no estaba allí. Hablé con la mujer que cuidaba.

—Usted es su ex marido, ¿no?

—Sí. ¿Dónde está Victoria?

—Ella no quiere verlo. Está muy ocupada, y se pondrá después en contacto con usted.

—Quiero verla.

—No puede. Con su permiso, estamos muy atareados.

Me dio la espalda y continuó con su trabajo. Eché una mirada por el atestado dormitorio. En su extremo, dormían unos obreros, y en el otro, había varios heridos tendidos en camastros. Vi a algunas personas caminando entre las camas, pero Victoria no estaba entre ellas.

Regresé a la sala de los Futuros. Durante el tiempo que estuve buscando a Victoria tomé una decisión. No tenía sentido vagar sin rumbo por la ciudad; mejor sería que volviera a trabajar a las vías. Pero primero quería leer la copia que Clausewitz tenía de las Directivas de Destaine.

En la sala de los Futuros había un solo gremialista, que se presentó como Futuro Blayne.

—Usted es el hijo de Mann, ¿no?

—Si.

—Me alegro de conocerlo. ¿Ya fue al futuro?

—Sí —respondí. Me gustaba el aspecto de Blayne. No era mucho mayor que yo, y tenía una cara fresca, sincera. Parecía contento de encontrar alguien con quien hablar. Me contó que iba a ir al Norte en una de las expediciones que partían ese mismo día, y que viajaría solo durante las próximas millas.

—¿Es común que vayamos solos al Norte? —pregunté.

—Normalmente, sí. Podemos trabajar de a dos si Clausewitz da su aprobación, pero la mayoría de los Futuros prefieren trabajar por su cuenta. A mí me gusta ir acompañado. Me siento un poco solo allá. ¿Y usted?

—Yo fui al futuro una vez, con Denton.

—¿Cómo se llevaba con él?

Y así charlamos amablemente, sin las trabas con que siempre me topaba cuando hablaba con otros gremialistas. Inconscientemente yo había adoptado la misma costumbre, y supongo que al principio le habré parecido algo huraño. Al cabo de unos minutos, sin embargo, empezó a gustarme su conducta franca, y enseguida nos sentimos como viejos amigos.

Le conté que había filmado el sol en vídeo.

—¿Ya lo limpió?

—¿Qué quiere decir?

—Si borró la película.

—No... ¿Tendría que haberlo hecho?

Se rió.

—Los Navegantes le caerán encima si la llegan a ver. Está prohibido usar las cintas salvo para registrar los accidentes del terreno.

—¿La verán?

—Tal vez. Si están satisfechos con el mapa, probablemente quieran controlar algunas de las referencias. No creo que vayan a pasar toda la cinta. Pero si lo hacen...

—¿Qué tiene de malo? —pregunté.

—Son las reglas del gremio. La cinta es muy valiosa y no hay que desperdiciarla. Pero no se preocupe. ¿Y se puede saber por qué filmó el sol?

—Se me ocurrió una idea y quería analizarla. ¡Tiene una forma tan atractiva!

Me miró con renovado interés.

—¿Qué dedujo de ello?

—Valores invertidos.

—En efecto. ¿Cómo hizo para llegar a esa conclusión? ¿Alguien se lo dijo?

—Recordé algo de mis épocas de internado. Una hipérbola.

—¿Fue más allá en su elaboración? ¿Pensó en el área de superficie?

—Futuro Denton me explicaba que es muy grande.

—No es muy grande... es infinitamente grande. Al Norte de la ciudad la superficie se curva hasta que queda casi vertical, pero no del todo. Al Sur, se hace casi pero no del todo, horizontal. Que mundo gira sobre su eje y así, con un radio infinito, gira a infinita velocidad. Esto lo dijo con una voz sin matices, inexpresiva.

—Está bromeando —dije.

—No. Hablo totalmente en serio. Donde estamos ahora, cerca del óptimo, los efectos de la rotación son los mismos que en el planeta Tierra. Más al Sur, aunque la velocidad angular es idéntica, aumenta la rapidez. Cuando fue al pasado, ¿no sintió la fuerza centrífuga?

—Sí.

—Si se hubiese internado más lejos, no estaría aquí para contarlo. Esa fuerza es espantosamente efectiva.

—A mí me dijeron que no hay nada que pueda viajar más rápido que la luz.

—Es verdad. En teoría, la circunferencia del mundo es infinitamente larga y se mueve a una velocidad infinita. Pero hay —o se piensa que hay— un punto donde la materia deja de existir y funciona como circunferencia efectiva. Ese punto es donde la rotación del mundo imparte a la materia una velocidad equivalente a la de la luz.

—Entonces no es infinita.

—No totalmente. Pero enorme. Mire el sol.

—Lo he mirado a menudo.

—Es lo mismo. Si no estuviese girando sería, literalmente, infinitamente grande.

—Sin embargo, en teoría tiene ese tamaño. ¿Cómo puede haber espacio para más de un objeto de tamaño infinito?

—Hay una respuesta. Pero no le va a gustar.

—Póngame a prueba.

—Vaya a la biblioteca y busque un libro de astronomía. No importa cuál. Son todos libros del planeta Tierra, así que se manejan con los mismos supuestos. Si ahora estuviésemos en el planeta Tierra, estaría viviendo en un universo de tamaño infinito, el cual podría estar ocupado por una cantidad de cuerpos grandes, pero limitados. Aquí, la regla es inversa: vivimos en un universo grande pero limitado, ocupado por una cantidad de cuerpos de tamaño infinito.

—No tiene sentido.

—Lo sé —dijo Blayne—. Yo le dije que no le gustaría.

—¿Dónde estamos?

—Nadie lo sabe tampoco.

—Cuando fui al Pasado ocurrió algo insólito. Yo iba con tres. chicas, y a medida que nos aproximábamos al Sur, sus cuerpos se transformaban...

—¿No vio a nadie en el Futuro?

—No. No nos acercamos a las aldeas.

—Al Norte del óptimo los nativos cambian físicamente. Se hacen muy altos y delgados. Cuanto más al Norte nos vamos, más se alteran los factores físicos.

—Yo viajé sólo quince millas hacia el Norte.

—Entonces de todos modos no habría notado nada peculiar. Pasando las treinta y cinco millas del óptimo, es muy extraño.

Luego le pregunté:

—¿Por qué sé mueve el suelo?

—No estoy seguro —respondió Blayne.

—¿Alguien lo está?

—No.

—¿Hacia dónde se mueve?

—Más concretamente —dijo Blayne—, ¿desde dónde se mueve?

—¿Lo sabe?

—Destaine decía que el movimiento del suelo era cíclico. En sus Directivas afirma que en realidad está inmóvil en el polo Norte. Más al Sur, se mueve lentamente hacia el Ecuador. Cuanto más se aproxima al Ecuador, tanto más rápido se mueve, angularmente —debido a la rotación—, y linealmente. En el extremo más lejano se mueve en dos direcciones al mismo tiempo, a velocidad infinita.

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