La calle donde ella vive
- Автор: Шелдон (Шелвис) Джилл
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «La calle donde ella vive». Краткое содержание книги:
Su dulce hija de doce años se estaba convirtiendo en una adolescente huraña sin que Rachel Wellers pudiera hacer nada. Las lesiones del accidente que había sufrido estaban poniendo en peligro su carrera de dibujante. Y lo peor de todo era que Ben Asher, el hombre al que había echado de su vida hacía trece años, había regresado respondiendo a la llamada de la niña.
Cuando se enteró de que Rachel había sufrido un accidente, Ben no dudó en dejar de lado su trabajo y acudir a la ciudad que había jurado no volver a visitar. Prefería no cuestionarse los motivos por los que lo estaba haciendo… sólo sabía que tenía que ayudar a Rachel. Y no tardó en darse cuenta de que lo ocurrido no había sido un accidente y que quizá él era responsable.
Lo que no imaginaba era lo que iba a volver a surgir entre ellos, ni lo difícil que sería volver a alejarse de Rachel…
– Soy incapaz de quitarte absolutamente nada, Ben Asher.
– ¿Pero preferirías que me fuera cuanto antes?
Rachel lo miró a los ojos. Podía decir una mentira, pero ya era demasiado tarde para salvar su corazón. Hacía demasiado tiempo que lo había perdido entregándoselo al único hombre al que había amado. El mismo hombre que permanecía en aquel momento frente a ella. Perdido. Solo.
Por su manera de hacer las cosas, se recordó Rachel.
– Sí, me gustaría que te fueras antes.
– No lo haré -dijo Ben-. Pero me mantendré fuera de tu camino.
– Gracias.
– Adiós, Rachel.
Rachel no contestó y Ben no sabía si era porque no sabía cómo hacerlo o porque no le importaba.
En una ocasión, se había preguntado si podría haber algo más doloroso que haber perdido a Rachel trece años atrás y en ese momento, mientras salía de su dormitorio, estaba conociendo la respuesta.
Aquello era mucho peor. Sentía cómo se le rompían el corazón y el alma mientras regresaba a su dormitorio. Y cuando sacó la bolsa de viaje de debajo de la cama para preparar el equipaje, todo en su interior pareció rebelarse.
Su estancia en aquella casa había sido algo temporal, se recordó. Él prefería la provisionalidad, vivía para ella.
Pero eso había sido antes. Antes de conocer a Emily como debía hacerlo un padre. Antes de haber vivido tantos detalles del día a día y haber descubierto que no eran en absoluto tan tediosos como imaginaba.
Al principio, la necesidad de salir de allí lo devoraba, pero, de alguna manera, aquella urgencia había desaparecido para ser sustituida por un nuevo anhelo. El anhelo de algo que pudiera sentir propio. El anhelo de un hogar.
Comenzó a meter sus cosas en la bolsa sabiendo que al día siguiente estaría a miles de kilómetros de la cama de la que Rachel lo había echado.
Lo había echado de su corazón y de su cama. Se lo merecía, suponía, en primer lugar, por haber puesto su vida en peligro. Resignado a su destino, cerró la cremallera de la bolsa.
Rachel permanecía en bata, intentando consolarse a sí misma con una bolsa de barritas de chocolate. Y había terminado con la mitad de la bolsa, cuando se decidió a compartir aquella particular fiesta privada.
– ¿Todavía no has terminado las compras?
– Mi tarjeta de crédito todavía funciona, ¿por qué?
– He comido ya medio kilo de chocolate y no funciona.
– ¿Qué te pasa?
– Ben -contestó Rachel, y se echó a llorar.
– Oh, cariño, llego a casa en unos minutos.
Por su culpa, se decía Melanie mientras rodeaba el edificio de Rachel buscando un aparcamiento. Ella era la responsable del sufrimiento de la única persona que la había querido de verdad.
Durante todo ese tiempo, había pensado que odiaba a Garret por haberle hecho sentir que tenía el corazón podrido, cuando en realidad se odiaba a sí misma. Había vivido durante todos aquellos años sin preocuparse por nada ni por nadie. Pero, de alguna manera, aquello había empezado a cambiar.
Encontró por fin un lugar para el coche y corrió al interior de la casa. Estaba en silencio. Buscó por todas las habitaciones, y comenzaba a asustarse cuando vio a su hermana en el jardín. Cruzó las puertas de cristal del cuarto de estar y le hizo un gesto con la mano.
Su hermana, sentada en el césped con la perrita, se estaba llevando una patata frita a la boca y no le devolvió el saludo.
– No tenías por qué dejar de comprar sólo porque yo haya cometido una estupidez -le dijo.
Mel se sentó a su lado, intentando no pensar en el efecto que tendría la hierba sobre su vestido.
– Tú nunca has sido estúpida. ¿Has estado llorando? ¿Y todo por un hombre?
– No seas ridícula. En esto no tiene nada que ver ningún hombre.
– Mentirosa.
– Mañana se va, después de que llevemos a Emily a Los Ángeles a conocer a su amiga. Se montará en un avión y se marchará. Otra vez.
– ¿Y tú le has dicho que se vaya? ¿Otra vez?
Al ver la expresión de culpabilidad de Rachel, Melanie sacudió la cabeza.
– Lo has hecho.
– ¿Y eso qué importa?
– Claro que importa. Ben te quiere, Rachel. Caramba, eres tan idiota como yo. Él te quiere -repitió, pensando que Garret debería verla en aquel momento… Estaba deseando ser buena-, siempre te ha querido, pero debido a su infancia, jamás se quedaría en un lugar en el que no se siente querido.
– ¿Qué? ¿Qué acabas de decir?
– Oh, esto de hacer las cosas bien me va a matar -susurró Melanie mirando hacia el cielo.
– Ben no me quiere.
– ¿Has visto cómo te mira? Por favor, si le salen estrellas por los ojos. Ha cruzado medio mundo, lo ha dejado todo para venir a estar contigo. Dios mío, Rachel, se ha quedado a tu lado, por ti. ¿Tú sabes lo que le cuesta eso a un hombre como él?
Rachel se quedó mirándolo fijamente.
– ¿Por qué sabes que tuvo una infancia difícil?
– Todo el mundo lo sabe.
– Yo no lo sabía -susurró Rachel-, Ben no me ha contado los detalles hasta hace muy poco.
– Bueno, no te lo tomes a mal, hermanita, pero a ti tampoco se te da muy bien abrirte, o dejar que otros se abran a ti.
– Debería haberlo intentado.
– ¿Por qué? Tú, o bien te estás acostando con él o negando todo lo que sientes. Blanco o negro, siempre has sido así -al ver el sufrimiento que reflejaba el rostro de su hermana, suspiró-. Mira, ayúdame a hacer las cosas bien. Durante mucho tiempo, he hecho todo lo posible por evitar vuestra relación y me he equivocado por completo. Y… -ah, al infierno con todo-, Rach, hay algo más. Durante todos estos años, cuando le llevaba a Emily, jamás lo he visto con ninguna mujer.
– Pero tú decías…
– Sí, decía que se había convertido en un mujeriego, pero era mentira. Y… -se mordió el labio. Toda la culpa que nunca había sentido la inundaba en aquel momento-, y siempre preguntaba por ti, siempre.
– Él… -Rachel miró a su hermana aturdida. Y herida-. No me lo creo, ¿por qué ibas a mentirme?
– Ya te lo dije, quería ser feliz antes que tú. Y, bueno, ya que estoy siendo sincera, creo que debería decirte que pasé una noche salvaje con tu vecino.
– ¿Con Garret?
– ¿Te acuerdas de la última víspera de Año Nuevo? Tú te acostaste temprano y… yo no. Me fui a un bar, y él estaba allí. Dios mío, no sé cómo pasó exactamente, pero no volvimos a hacerlo nunca más.
– Ya entiendo… Así que querías que me acostara con Adam porque eso podría hacerme parcialmente feliz y tú podrías ser más feliz que yo y sentirte mejor contigo misma. Y no me hablaste de Garret porque… supongo que porque eso era asunto tuyo. Pero, Mel, no entiendo por qué me mentiste sobre Ben.
– Sí, bienvenida al club -se frotó la cara-. Mira Rach, lo siento, no pretendía hacerte daño.
– Pero me lo hacías. Me hacía sufrir cuando me decías todas esas cosas sobre Ben. Yo te creí y, durante años, eso ha cambiado la opinión que tenía sobre él. Mel, lo que has hecho ha sido increíblemente egoísta.
– Sí, pero eso no es nada nuevo, ¿verdad? -intentó sonreír.
Rachel no le devolvió la sonrisa.
– Estoy intentando arreglar las cosas -susurró Mel.
– Eso no siempre es posible.
– Rach…
– De acuerdo, ya basta -se llevó las manos a las sienes-, ¿sabes qué? Sólo necesito pensar, estar sola.
Mel asintió.
– De acuerdo, entraré en casa…
– No, creo que deberías irte a tu casa.
Rachel no podía evitarlo, su mente estaba trabajando a toda velocidad. Mel había intentado sabotear su felicidad. En realidad, eso no tenía nada de extraño. Pero su hermana había sido la única capaz de comprender la razón por la que Ben se había alejado de ella. En dos ocasiones.
Y Rachel no se había dado cuenta, aunque no era capaz de comprender por qué.