La calle donde ella vive
- Автор: Шелдон (Шелвис) Джилл
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «La calle donde ella vive». Краткое содержание книги:
Su dulce hija de doce años se estaba convirtiendo en una adolescente huraña sin que Rachel Wellers pudiera hacer nada. Las lesiones del accidente que había sufrido estaban poniendo en peligro su carrera de dibujante. Y lo peor de todo era que Ben Asher, el hombre al que había echado de su vida hacía trece años, había regresado respondiendo a la llamada de la niña.
Cuando se enteró de que Rachel había sufrido un accidente, Ben no dudó en dejar de lado su trabajo y acudir a la ciudad que había jurado no volver a visitar. Prefería no cuestionarse los motivos por los que lo estaba haciendo… sólo sabía que tenía que ayudar a Rachel. Y no tardó en darse cuenta de que lo ocurrido no había sido un accidente y que quizá él era responsable.
Lo que no imaginaba era lo que iba a volver a surgir entre ellos, ni lo difícil que sería volver a alejarse de Rachel…
Confundida y humillantemente cerca de las lágrimas, Melanie se quitó las gafas de sol y alzó la mirada hacia él.
– No te burles de mí, Garret. Hoy no, he tenido un día horroroso.
– No me estoy burlando de ti.
– Pero… pero si ni siquiera me conoces.
– No me digas que crees en la atracción a primera vista, pero no en el amor.
– Amor -Rachel casi se atragantó al pronunciar aquella palabra. No tenía ninguna experiencia en el amor. Absolutamente ninguna-. Estás loco, ¿sabes?
Con otra tierna y delicada caricia que estuvo a punto de hacerle llorar, Garret le alzó la barbilla.
– Dime que no lo sientes, Melanie. Dime que no lo has sentido desde aquella noche.
– Aquella noche los dos estuvimos de acuerdo en que lo que había ocurrido había sido una estupidez.
– Yo jamás he pensado nada parecido, jamás -repitió con firmeza-. Simplemente quise que esperáramos hasta que estuvieras preparada para enfrentarte a lo que sucedió realmente aquella noche.
– ¿Qué crees que sucedió realmente aquella noche?
– Una conexión emocional. Mírame a los ojos, dime que no es cierto y te creeré.
– Yo… -la mirada de Garret era tan profunda… y sincera. Oh, Dios, estaba hablando en serio.
– Dilo, di una sola palabra y te dejaré en paz.
– No puedo -susurró Melanie sorprendida.
Garret la recompensó con un beso que no implicó el inmediato despertar de la pasión. No hubo roce de lenguas, ni de dientes. Sólo unos labios cálidos y firmes que la besaban con tanto sentimiento que Melanie tuvo que aferrarse a él.
Y entonces Garret la apartó.
– Sólo quiero pedirte una cosa, y si no puedes cumplirla, no podremos llegar a nada -le dijo Garret con la voz ligeramente enronquecida-. Yo confío en ti, Melanie, pero a cambio, tendrás que confiar en mí.
– ¿Qué tiene que ver la confianza con todo esto?
– Todo. Mira, por ejemplo, todo lo que has hecho para evitar que Rachel y Ben volvieran a estar juntos.
– Espera un momento, yo no…
– ¿No? Vamos, Melanie. Sabes perfectamente que deberían estar juntos, pero no soportas la idea de que Rachel sea feliz antes que tú.
– No, yo…
– Y has saboteado intencionadamente su felicidad porque tú no eres feliz.
Dios santo, aquello era una locura. Ella no le haría a su hermana algo así, ella… Le había hecho exactamente eso a su hermana.
Tambaleándose, se sentó en uno de los escalones de la entrada, olvidándose de la lujosa seda de su vestido.
– Dios mío, soy una bruja.
– No -Ben se sentó en cuclillas delante de ella y le tomó la mano-, eres una mujer apasionada, testaruda y libre de espíritu. Y yo confío en que continúes siéndolo. La cuestión es si tú serás capaz de confiar en mí a cambio. De confiar en que no voy a dejar de estar a tu lado.
En el diccionario de Melanie, «confianza» era una palabra peor que «amor». Recurriendo de nuevo a su orgullo, liberó su mano.
– Tienes razón, no podemos llegar a nada -se levantó.
Su corazón se desgarraba ante la perspectiva de alejarse de allí, pero era eso precisamente lo que estaba haciendo. Ya había alcanzado la puerta de Rachel cuando Garret le dijo con la voz cargada de arrepentimiento:
– Adiós, Melanie.
Melanie abrió la boca para decir adiós, pero no fue capaz. Se limitó a entrar en casa y a apoyarse en la puerta con un largo y trémulo suspiro. Una pequeña parte de ella temía haber arruinado lo mejor que le había ocurrido en toda su vida. Y la mayor parte de ella se estaba dedicando a maldecir a aquel canalla.
Subió furiosa las escaleras y encontró a Rachel en el estudio.
– ¿Soy una egoísta? -le preguntó.
– Vaya, hola a ti también -respondió Rachel.
– Sí, hola, besos y abrazos -Melanie puso los brazos en jarras y miró a su hermana con expresión crítica-. Dime, ¿soy una egoísta?
– Es posible -contestó Rachel con sinceridad.
Sí, maldita fuera, lo sabía.
– ¿Ya lo has hecho con Ben?
Rachel pestañeó.
– Creía que querías que lo hiciera con Adam.
Melanie se adentró en el estudio, dándose cuenta mientras lo hacía de hasta qué punto Garret tenía razón. Ella siempre había querido que Melanie la necesitara y, estando Ben por medio, se había sentido amenazada. Dios, y cuánto se odiaba por ello.
– ¿Qué te pasa? -le preguntó Rachel.
– Oh, Rach, creo que esta vez lo he fastidiado todo.
– Oh, cariño -Rachel corrió inmediatamente hacia su hermana para darle un abrazo-, ¿qué ha pasado? Es lunes, ¿no deberías estar trabajando?
– Olvídate ahora de eso. Tengo que decirte algo y no encuentro la manera de hacerlo.
– Tú no tienes un átomo de delicadeza en todo tu cuerpo, ¿por qué empezar ahora? Suelta lo que tengas que decir. Te sentirás mejor.
– Bueno… he perdido mi trabajo.
– Oh, Mel…
Mel alzó las manos y sacudió la cabeza.
– Espera, no es eso lo que quería decirte. Por una vez, esto tiene que ver contigo, no conmigo -tomó una bocanada de aire-. De acuerdo, allá va. He intentando disuadirte de que estuvieras con Ben porque en realidad no quería que fueras feliz.
– ¿Qué?
– Lo que quiero decir es que, sí, yo quería que fueras feliz, y esa es la razón por la que quería que estuvieras con Adam y todo eso. Pero para ser realmente, realmente feliz, necesitas estar con Ben, y yo no quería que fueras realmente feliz hasta que yo no lo fuera.
Rachel dejó escapar una risa.
– Creía que habías dejado de fumar hachís.
– Y lo hice, maldita sea. No estoy drogada, y estoy hablando en serio. Ben es el hombre que te conviene, es tu media naranja y las dos lo sabemos.
Rachel se la quedó mirando en silencio durante largo rato y desvió después la mirada.
– Bueno, pues ya es demasiado tarde. Mañana se va.
– ¿Vas a dejar que se vaya?
– ¿Dejar? Melanie, nadie puede detener a ese hombre cuando se le mete una idea en la cabeza.
– Tú podrías.
– ¿Para que después se arrepintiera? Él quiere marcharse.
– Y tú vas a limitarte a contemplar cómo se marcha. Como la otra vez.
– Exacto.
Melanie asintió. Estupendo. Ella ya había hecho todo lo que podía. Para cualquier otra cosa, haría falta ser una santa. Y ella no era una santa.
Adiós, Ben. Adiós, Garret.
Ben se había levantado temprano para hacer las últimas fotografías en South Village. A media mañana, entró en casa de Rachel y percibió el olor a huevos quemados, lo que quería decir que Emily estaba cocinando otra vez. Tenía la mañana libre debido a las reuniones del profesorado. Una sonrisa asomó a los labios de Ben, antes de recordar que aquel era el último día que iba a poder disfrutar de los esfuerzos de su hija en la cocina.
Al día siguiente salía su avión. Muy serio, entró en la cocina a tiempo de oír decir a Racheclass="underline"
– No me hace ninguna gracia la idea de que vayas a Los Ángeles para encontrarte con alguien a quien has conocido por Internet.
– Mamá, no es una reunión porno, voy a ver a Alicia.
– No tienes la menor idea de si Alicia es quien dice ser.
– ¡Claro que lo es! Tiene doce años y va al mismo curso que yo. Es mi mejor amiga y queremos conocernos.
– ¿De quién ha sido la idea? ¿Tuya o de ella?
– De las dos.
– No me parece seguro, cariño.
Emily tiró la cuchara de madera sobre la cocina.
– ¡Eres una aguafiestas!
– Ya basta -dijo Ben, agarrándola del brazo cuando se disponía a abandonar la cocina-. No quiero oírte hablarle a tu madre en ese tono.
– ¡Pero ella me habla como si fuera una niña!
Rachel se levantó.
– Tú eres mi niña.
– ¡Mamá!
– De acuerdo, tranquila. Mira a tu madre y haz el favor de escucharla.