Seduciendo A Mister Bridgerton
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Seduciendo A Mister Bridgerton». Краткое содержание книги:
"Tus conductores," replico, "son claramente hombres de sabiduría impecable y sentido común."
Penelope no dijo nada.
¿"Tienes alguna idea de lo qué podría haberte pasado?" él exigió, su aguda máscara de control comienza a rajarse.
"Er, muy poco, realmente," dijo ella, tragando aire en la oración. "He venido aquí antes, y-"
¿"Qué?" Su mano se cerró sobre la parte superior de su brazo con dolorosa fuerza. ¿"Qué acabas de decir?"
Repetirlo parecía casi peligroso para su salud, entonces Penelope sólo lo contempló, esperando que tal vez fuera a romperse por la cólera salvaje de sus ojos y encontró en ellos al hombre ella conocía y amaba.
"Es sólo cuando tengo que dejar de un mensaje urgente a mi editor," explicó ella. "Envío un mensaje cifrado, entonces él sabe cuando recoger mi nota aquí. "
"Y hablando de eso," dijo Colin aproximándose, arrebatándole el papel doblado de sus manos, "¿que demonios es esto?"
Penelope lo contempló confusa. "Yo pensaba que era obvio. Yo-"
"Sí, por supuesto, tu eres la maldita Lady Whistledown, y probablemente te has estado riendo de mi por semanas mientras yo insistia que era Eloise." Su cara estaba torcida mientras hablaba, casi rompiendo su corazón.
¡"No!" ella lanzó un grito. "No, Colin, nunca. ¡Yo nunca me reiría de ti!"
Pero su cara le dijo claramente que él no la creyó. Había humillación en sus ojos de esmeralda, algo que ella nunca había visto allí, algo que ella nunca había esperado ver. Él era un Bridgerton. Él era popular, confidente, sereno. Nada podría avergonzarlo. Nadie podría humillarlo.
Excepto, por lo visto, ella.
"Yo no podía contarte," susurró, desesperadamente tratando de hacer desparecer aquella horrible mirada en sus ojos. "Seguramente tu sabes que no podía decírtelo."
Él se mantuvo en un agónico silencio por un largo rato, y luego, como si ella nunca hubiera hablado, nunca hubiera intentado explicarse, él levantó la hoja incriminatoria de papel en el aire y lo sacudió, completamente desatendiendo su protesta clamorosa apasionada. "Esto es estupidez," dijo él. ¿"Has perdido la cabeza?"
"No sé lo que quieres decir."
"Tenias una buena coartada, esperando por ti. Cressida Twombley quiso asumir la culpa por ti."
Y luego de repente sus manos estaban en sus hombros, y él la sostenía tan fuertemente que ella apenas podía respirar.
¿"Por qué no la dejaste solamente morir, Penelope?" Su voz era apresurada, sus ojos ardientes. Esta era la mayor expresión de sentimientos que hubiera visto alguna vez en él, y rompió su corazón que fue dirigido hacia ella con cólera. Y con vergüenza.
"No lo podía permitir," susurró ella. "Yo no podía dejarla ser yo."
El CAPÍTULO 13
¿"Por qué diablos no?"
Penelope solo lo miro fijamente durante varios segundos. "Porque… porque…" balbuceo, preguntándose como demonios se suponía que debía explicarle esto. Su corazón se rompía, su más aterrador – y regocijante- secreto había sido roto, y ¿él pensaba que ella tenía la presencia de la razón para explicarse?
"Realmente creo que ella es posiblemente la perra más grande…”
Penelope jadeó.
"… que Inglaterra ha producido en esta generación al menos, pero por Dios, Penelope" – él acomodo su pelo con su mano, luego fijó una dura mirada en su cara – "ella iba a tomar toda la culpa-"
"El crédito," interrumpió Penelope con irritación.
"La culpa," siguió él. ¿"Tienes alguna idea de lo qué te pasaría si la gente averigua quién eres realmente?"
Las comisuras de sus labios se apretaron con impaciencia… e irritación siendo tan obviamente condescendiente con ella. "Has tenido más de una década para rumiar la posibilidad."
Sus ojos se estrecharon. ¿"Estas siendo sarcástica?"
"Para nada," ella contesto. ¿"Realmente piensas que no he pasado una buena parte de los últimos diez años de mi vida contemplando qué pasaría si fuera descubierta? Yo sería una ciega idiota si no lo hubiera pensado."
Él la tomo por los hombros, sosteniendola firme justo cuando el carruaje pasaba sobre adoquines desiguales. "Tu estarás arruinada, Penelope. ¡Arruinada! ¿Entiendes lo qué digo?"
"Si yo no lo entendía," contestó ella, "te aseguro que ahora si, después de tus larguisimas disertaciones sobre el tema cuando acusabas a Eloise de ser Lady Whistledown."
Él frunció el ceño, obviamente enojado por arrojarle sus errores a la cara. "La gente dejará de hablarte," siguió él. "Ellos te condenaran-"
"La gente nunca se dirigió a mí," se rompió ella. "la mitad del tiempo no sabían ni siquiera que existía. ¿Cómo piensas que yo fui capaz de mantener la mentira por tanto tiempo en primer lugar? Yo era invisible, Colin. Nadie me vio, nadie se dirigió a mí. Sólo estuve de pie y escuché, y nadie lo notó"
"Eso no es verdad." Pero sus ojos se deslizaron de los suyo cuando él lo dijo.
"Ah, es verdad, y tu lo sabes. Tu solamente lo niegas," dijo, pinchándolo en el brazo, "porque te sientes culpable."
¡"Claro que no!"
"Ah, por favor," se mofó ella. "Todo lo que haces, es quitarte la culpa."
"Pen-"
"Eso me implica, al menos," corrigió ella. Su aliento se precipitaba por su garganta, y su piel se quemaba por la excitación, y por una vez, su alma ardió. ¿"Piensas que no sé cómo tu familia se compadecía de mí? ¿Piensas que no me he dado cuenta que cada vez que tu o tus hermanos estaban en el mismo baile que yo, me invitaban a bailar?"
"Somos corteses," protesto él, "y nos gustas."
"Y tu te compadeces de mí. Te gusta Felicity pero no te veo bailar con ella cada vez que cruzan caminos."
Él la soltó repentinamente y cruzo sus brazos. "Bueno, no me gusta tanto ella como me gustas tu."
Ella parpadeó, golpeada, por la claridad de su discurso. Confió en él como para aceptar un cumplido en medio de una discusión. Nada podría haberla desarmado más.
"Y," prosiguió levantando su barbilla, "No te has acercado al tema original."
¿"Cuál era?"
¡"Aquella Lady Whistledown te arruinará!"
"Por Dios," refunfuñó, " hablas como si ella fuera una persona independiente."
"Bien, perdóname si todavía tengo la dificultad de reconciliar a la mujer delante de mí con la bruja que escribe la columna."
¡"Colin!"
¿"Insultada?" se burló el.
¡"Sí! He trabajado con mucha esfuerzo en aquella columna." Ella apretó sus puños alrededor de la tela delgada de su vestido de mañana verde menta, inconsciente de las espirales arrugadas que creaba. Ella tenía que hacer algo con sus manos o explotaría posiblemente por la energía nerviosa y con la ira corriendo por sus venas. Su única otra opción parecía ser cruzar sus brazos y rechazar ceder ante un espectáculo tan obvio de petulancia. Además, él también estaba cruzado de brazos, y era necesario que uno de ellos actuara como alguien mayor de seis años.
"Yo no soñaría con denigrar lo que has hecho," dijo él con aire de superioridad.
"Por supuesto," interrumpió ella.
"No, no no."
¿"Entonces qué piensas tu que haces?"
¡"Ser un adulto!" contestó, cada vez más fuerte e impaciente. "Uno de nosotros tiene que serlo."
¡"No te atrevas a hablarme del comportamiento adulto!" ella explotó. "Tu, que corres en dirección contraria a la responsabilidad."
¿"Y qué demonios significa eso?" él replico.
"Pensé que era bastante obvio."
Él retrocedió. "No puedo creer que me hablas así."