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Seduciendo A Mister Bridgerton

Электронная книга - «Seduciendo A Mister Bridgerton». Краткое содержание книги:

A sus veintiocho años, Penélope se ha resignado ya a convertirse en una solterona destinada a envejecer cuidando a su madre. Durante una década, ha asistido a todas las fiestas de la aristocracia londinense, y siempre ha sido la muchacha mediocre, callada, la que nadie saca a bailar más que por compromiso, la que pasa inadvertida para todos. También para Colin Bridgerton, hermano de la mejor amiga de Penélope, guapo, audaz, soltero de oro… y su amor platónico desde siempre. Para Colin, Penélope siempre ha estado ahí, simpática, agradable, pero casi invisible. ¿Cómo es posible que todo cambie de repente? Sin saber bien cómo, el menor de los Bridgerton descubre a una mujer inteligente, sensible, audaz… y muy atractiva. Durante años se han conocido casi como hermanos, y de repente se dan cuenta de que no saben nada el uno del otro. Pero no todo lo que descubrirán va a resultar tan placentero…
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"Intenta imaginarlo," contesto ella. "O sustituirlo por cualquiera que consideres similar a Cressida."

"Penelope," él suspiró, "no soy tu. No nos puedes comparar. Además, si yo debiera publicar mis diarios, ellos difícilmente me arruinarían a los ojos de la sociedad."

Ella se desinfló en su asiento, suspirando en voz alta, y él sabía que su punto había estado bien dado. "Bueno", él anunció, "entonces esta decidido. Rasgaremos esto-" Él alcanzó la hoja de papel.

¡"No!" ella lanzó un grito, prácticamente saltando de su asiento. ¡"No lo hagas!"

"Pero tu dijiste-"

¡"No dije nada!" chillo. "Todo lo que hice fue suspirar."

"Ho, por Dios, Penelope," dijo irritado. "Tu claramente estabas de acuerdo con-"

Ella bostezó con audacia. ¿"Cuándo te di el permiso para interpretar mis suspiros?"

Él miró el papel incriminatorio, todavía sosteniéndolo en sus manos, y se preguntó lo que se suponía que haría con el en este momento.

"Y de todos modos," siguió ella, sus ojos destellaban con cólera y fuego que la hacia casi hermosa, "no es como si no memorizara cada última palabra. Tu puedes destruir aquel papel, pero no puedes destruirme. "

"Me gustaría a," refunfuñó él.

¿"Qué dijiste?"

"Whistledown," respondio. "Me gustaría destruir a Whistledown. Yo, estaría feliz de dejarlo así."

"Pero yo soy Whistledown."

"Dios nos ayude a todos nosotros."

Y luego algo dentro de ella simplemente se quebró. Toda su rabia, toda su frustración, cada último sentimiento negativo que había quedado embotellada dentro durante los años se rompió, todos dirigido a Colin, que, de toda la sociedad, era probablemente el que menos lo merecía.

¿"Por qué estas tan enojado conmigo?" ella estalló. ¿"Qué he hecho que es tan repelente? ¿Ser mas astuta que tu? ¿Guardar un secreto? ¿Reírme un poco de la sociedad?"

"Penelope, tu-"

"No," ella dijo enérgicamente. "Cállate. Este es mi turno para hablar."

Su mandíbula se aflojo mientras el la contemplaba, choqueado e incrédulo por lo que sus ojos veían.

"Estoy orgullosa de lo que he hecho," ella logró decir, su voz temblaba con la emoción. "No me importa lo que digas. No me importa lo que digan los demás. Nadie puede quitármelo."

"No estoy tratando-"

"No necesito que la gente sepa la verdad," dijo ella, interrumpiendo su protesta inoportuna. "Pero estaré condenada si permito Cressida Twombley, la misma persona que… que…" Su cuerpo entero temblaba ahora, recordando los recuerdos olvidados, todos ellos malos.

Cressida, renombrada por su gracia y porte, tropezando y derramando ponche en el vestido de Penelope el primer año – el único que su madre había permitido que ella comprara que no era amarillo o naranja.

Cressida, dulcemente pidió a los solteros jóvenes invitar a Penelope a bailar, su petición la hizo con tanto ruido y fervor que Penelope sólo podría ser mortificada por ello.

Cressida, diciendo frente a una multitud cuan preocupada estaba sobre el aspecto de Penelope. "No es saludable pesar más de ciento cuarenta libras a nuestra edad," había dicho ella.

Penelope nunca supo si Cressida habia sido capaz de esconder su sonrisa satisfecha después de su ataque. Ella había huido al cuarto, cegado por las lágrimas, incapaz no de ignorar la forma en que sus caderas zangoloteaban cuando escapó.

Cressida siempre sabía exactamente donde enterrar su espada, y ella sabía enroscar su bayoneta. Esto no importaba ya que Eloise era la campeona de Penelope o aquella Señora Bridgerton que siempre trataba de sostener su confianza. Penelope se había dormido angustiada más veces de las que ella podría recordar, siempre debido a algún ataque bien dirigido de Cressida Cowper Twombley.

Ella le había dado tanto a Cressida en el pasado, todos porque no tenía el coraje para defenderse. Pero ella no podía dejar a Cressida salirse con esta. No su vida secreta, no el pequeño rincón de su alma que era fuerte y orgulloso y totalmente sin miedo.

Penelope no sabía como defenderse, pero por dios, Lady Whistledown si sabia.

¿"Penelope?" preguntó Colin con cautela.

Ella lo miró sin expresión, tomando varios segundos para recordar que esto era 1824, no 1814, y estaba aquí en un carruaje con Colin Bridgerton, que no se encogía en un rincón de un salón de baile, tratando de evitar a Cressida Cowper.

¿"Te encuentras bien?" preguntó.

Ella asintió con la cabeza. O al menos lo intentó.

Él abrió su boca para decir algo, luego hizo una pausa, sus labios permanecieron separados durante varios segundos. Finalmente, él sólo colocó su mano sobre la suya, diciendo, "¿lo hablamos después?"

Esta vez ella hizo un pequeño gesto con la cabeza. Y realmente, sólo quería que la horrible tarde acabara, pero había algo que ella no podía dejar ir aún.

“Cressida no quedo arruinada," dijo ella silenciosamente.

Él se volvió hacia ella, un leve velo de confusión descendió sobre sus ojos. ¿"Perdón?"

Su voz se elevó ligeramente. "Cressida dijo que ella era Lady Whistledown, y no quedo arruinada."

'Esto es porque nadie la creyó," contestó Colin. "Y además," añadió él sin pensarlo, "ella es… diferente."

Ella se volteo despacio. Muy despacio, con ojos firmes. ¿"Diferente cómo?"

Algo parecido al pánico comenzó a palpitar en el pecho de Colin. Él sabía que había dicho las palabras correctas justo cuando se derramaron de sus labios. ¿Cómo una frase tan pequeña podía estar tan mal, una pequeña palabra podía equivocarse tanto?

Ella es diferente.

Ambos sabían lo que él había querido decir. Cressida era popular, Cressida era hermosa, Cressida podría tomar todo esto con aplomo.

Penelope, por otra parte…

Ella era Penelope. Penelope Featherington. Y no tenía el aplomo ni los contactos para guardarla de la ruina. Los Bridgertons podrían estar de pie detrás de ella y ofrecer el apoyo, pero hasta ellos no serían capaces impedir su perdición. Algún otro escándalo podría haber sido manejable, pero Lady Whis-tledown había insultado, en algún momento, a casi todas las personas relevantes de las Islas británicas. Una vez que la gente superara su sorpresa, era cuando comenzarían los comentarios poco amables.

No elogiarían a Penelope de ser inteligente o ingeniosa o audaz.

La llamarían mediocre, y pequeña, y celosa.

Colin conocía bien a la sociedad. Él sabía como actuarían sus pares. La aristocracia era capaz de la grandeza individual, pero colectivamente tendían a hundirse al denominador común más bajo.

Que era muy bajo, en efecto.

"Ya veo," dijo Penelope en el silencio.

"No," él dijo rápidamente, "no lo haces. "Yo" "

"No, Colin," dijo, pareciendo casi dolorosamente sabia, "lo hago. Supongo que yo siempre espere que tu fueras diferente."

Sus ojos se aferraron a los suyos, y de alguna manera sus manos estaban sobre sus hombros, tomándola con tal intensidad que ella no podía alejarse de su mirada. Él no dijo nada, dejando a sus ojos hacer sus preguntas.

"Pensé que tu creías en mí," dijo ella, "que verías más allá del patito feo."

Su cara era tan familiar para él; él la había visto mil veces antes, y aún en estas últimas semanas, él no podía haber dicho que realmente la conocía. ¿Habría recordado él que ella tenía una pequeña marca de nacimiento cerca del lóbulo de su oreja izquierda? ¿Había notado alguna vez él el brillo calido de su piel? ¿O que sus ojos marrones tenían manchas de oro, directamente cerca de la pupila?

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