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Seduciendo A Mister Bridgerton

Электронная книга - «Seduciendo A Mister Bridgerton». Краткое содержание книги:

A sus veintiocho años, Penélope se ha resignado ya a convertirse en una solterona destinada a envejecer cuidando a su madre. Durante una década, ha asistido a todas las fiestas de la aristocracia londinense, y siempre ha sido la muchacha mediocre, callada, la que nadie saca a bailar más que por compromiso, la que pasa inadvertida para todos. También para Colin Bridgerton, hermano de la mejor amiga de Penélope, guapo, audaz, soltero de oro… y su amor platónico desde siempre. Para Colin, Penélope siempre ha estado ahí, simpática, agradable, pero casi invisible. ¿Cómo es posible que todo cambie de repente? Sin saber bien cómo, el menor de los Bridgerton descubre a una mujer inteligente, sensible, audaz… y muy atractiva. Durante años se han conocido casi como hermanos, y de repente se dan cuenta de que no saben nada el uno del otro. Pero no todo lo que descubrirán va a resultar tan placentero…
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Colin leyó las palabras.

Y luego él se hundió en el banco, exhausto, sin aliento.

"Ho, mi Dios," susurró él. "Ho, mi Dios."

* * *

Cuando Penelope llego los escalones externos de Saint Bride. La Iglesia de la Novia, estaba histérica. O al menos tan histérica como alguna vez lo estuvo. Su aliento cortado con ahogados gritos agudos, las lágrimas picaban sus ojos, y su corazón, se sentía…

Bueno, su corazón se sentía como si quisiera escapar, si tal cosa fuera posible.

¿Cómo podía él haber hecho esto? Él la había seguido. ¡Seguido a ella! ¿Por qué la seguiría Colin? ¿Qué podría que ganar? Por qué él-

Ella de repente miró su alrededor.

"Ho, ¡maldición!" lloró, sin preocuparse de que la oyeran. El carruaje se había marchado. Había dado instrucciones específicas al conductor de esperarla, que ella se demoraría sólo un minuto, pero no estaba a la vista, en ninguna parte.

Otra trasgresión que podía atribuirle a Colin. Él la había retrasado en el interior de la iglesia, y ahora el carruaje se había marchado, y estaba abandonada en los escalones de Saint Bride. En medio de la Ciudad de Londres, tan lejos de su casa en mayfer – como si hubiera estado en Francia. La gente la contemplaba y en cualquier momento estaba segura que la abordarían, ¿porque quién había visto alguna vez a una joven dama sola en la Ciudad, mucho menos una que estaba claramente al borde de un ataque nervioso?

¿Por qué por qué por qué había sido tan tonta en pensar que él era el hombre perfecto? Ella había gastado la mitad su vida en adorar a alguien que ni siquiera era real. Por que el Colin que conocía – no, el Colin que ella había pensado que conocía claramente no existía. Y quienquiera que este hombre fuera, ella no estaba hasta segura de que le gustara. El hombre que ella había amado tan fielmente durante los años nunca se habría comportado como este. Él no la habría seguido, Ho bien, lo hubiera hecho, pero sólo cerciorarse de su seguridad. Pero él no habría sido tan cruel, y seguramente no hubiera abierto su correspondencia privada.

¡Ella había leído dos páginas de su diario, en verdad, pero no estaba en un sobre sellado!

Ella se hundió en los peldaños y se sentó, la piedra fría se sentía hasta por la tela de su vestido. Había poco que pudiera hacer ahora además de sentarse aquí y esperar a Colin. Sólo una tonta caminaría a pie sola tan lejos de su casa. Ella supuso que podría alquilar un coche en la calle fleet, pero que si estaban todos ocupados, y además, ¿cual era el sentido de huir de Colin? Él sabía donde vivía, y a menos que decidiera huir hacia las Islas Orkney, ella probablemente no evitaría una confrontación.

Ella suspiró. Colin la encontraría probablemente en Orkneys, como el viajero experimentado que era. Y ella no queria huir hastaOrkneys.

Contuvo un sollozo. Ahora nada tenia sentido para ella. ¿Por qué pensaba en las Islas Orkney?

Y luego noto la voz de Colin detrás de ella, excitada y muy fría. "Levántate," fue todo lo que él dijo.

Ella lo hizo, no porque él lo había ordenado (a o al menos era lo que ella se dijo), y no por que le tuviera miedo, mas bien porque ella no podía sentarse en los escalones de Saint bride. para siempre, y aun si ella no quisiera nada más que esconderse de Colin durante los próximos seis meses, en este momento él era su único medio seguro para llegar a su casa.

Él sacudió su cabeza hacia la calle. "Al carruaje."

Ella lo hizo, subiendo cuando oyó que Colin daba al conductor su dirección y luego instruirlo "de tomar el camino largo."

Ho, Dios.

Ellos habían estado en camino unos largos treinta segundos antes de que él le devolviera la carta que había estado doblada en el sobre que había dejado en la iglesia. "Creo que esto es tuyo," dijo él.

Ella tragó aire y miró hacia abajo, no por que lo necesitara. Ella ya había memorizado las palabras. Ella las había escrito y las había vuelto a escribir tantas veces la noche anterior, no pensó que alguna vez escaparían de su memoria.

No hay nada que desprecie más que un caballero que piense que es divertido dar a una dama un trato condescendiente mientras murmura murmura, "Es una prerrogativa de mujer el cambiar de opinión." Y en efecto, porque siento que siempre se debe apoyar las palabras de uno mismo con sus propias acciones, procuro mantener mis opiniones y decisiones firmes y verdaderas.

Es por lo qué, Querido Lector, cuando escribí mi columna del 19 de abril, yo realmente pretendía que fuera la ultima. Sin embargo, los acontecimientos estaban más allá de mi control (o más bien más allá de mi aprobación) forzándome a poner mi pluma en el papel una vez más.

Señoras y Señores, Esta Autora no es la Señora Cressida Twombley. Ella no es nada más que una intrigante impostora, y rompería mi corazón ver mis años de trabajo duro atribuidos a alguien como ella.

Revista de Sociedad de Lady Whistledown, el 21 de abril de 1824

Penelope dobló de nuevo el papel con gran precisión, usando el tiempo para tratar de componerse y comprender que demonios se suponía que debía decir en un momento como este. Finalmente, ella intentó una sonrisa, sin encontrar sus ojos, y bromeó, "¿lo imaginaste?"

Él no dijo nada, entonces se vio obligada a alzar la vista. Ella inmediatamente deseo no haberlo echo. Colin estaba diferente como si fuera otro. La fácil sonrisa que siempre se asomaba en sus labios, el buen humor que siempre brillaba en sus ojos – todos ellos se habían ido, sustituidos por líneas ásperas de hielo frío, puro.

El hombre que ella conocía, el hombre al que había amado durante tanto tiempo – no sabia quien era.

"Tomaré esto como un no," dijo ella insegura.

¿"Sabes qué trato de hacer ahora mismo?" preguntó él, su voz era fuerte y atronadora contra el rítmico clip-clop de los cascos de los caballos.

Ella abrió su boca para decir no, pero una mirada a su cara le dijo que él no deseaba una respuesta, entonces ella contuvo su lengua.

"Trato de decidir sobre qué, exactamente, estoy más enojado contigo," dijo él. "Como hay tantas cosas demasiadas cosas – que encuentro extraordinariamente difícil concentrarme solamente en una. "

Estaba en la punta de la lengua de Penelope sugerirle algo – su decepción era un buen punto para comenzar – pero pensándolo mejor, ahora parecía un momento excelente para guardar sus comentarios.

"En primer lugar," dijo, el terrible tono parejo de su voz sugería que él trataba con bastante fuerza mantener su temperamento controlado (y esto era, de por sí, bastante inquietante, Ya que ella no era consciente de que Colin poseyera tal temperamento), "¡no puedo creer que fueras tan entupida para arriesgarte en la Ciudad tu sola, y en un coche alquilado, ni menos!”

"Me era difícil ir en uno de nuestros carruajes," soltó Penelope antes de que ella recordara que había pensado permanecer silenciosa.

Su cabeza se movió una pulgada hacia la izquierda. Ella no sabía lo que esto significaba, pero no podía imaginar que fuera bueno, sobre todo ya que parecía como si su cuello se apretaba cuando este se enroscaba. ¿"Como dices?" él preguntó, su voz todavía era una mezcla horrible de satén y acero.

Bien, ahora ella tenía que contestar, ¿verdad? "Er, no es nada," dijo, esperando que la evasión redujera su atención en el resto de su respuesta. "Sólo que no me permiten salir sola."

"Soy consciente de eso," replico. "Hay una buena maldita razón para ello, también."

"Por lo tanto si yo quisiera salir sola," siguió ella, decidiendo no hacer caso de la segunda parte de su respuesta, " no podría usar uno de nuestros carros. Ninguno de nuestros conductores consentiría en traerme aquí."

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